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Capitán de Guardia Civil José Manuel López Luque (Fuente: Guardia Civil)

Capitán de Guardia Civil José Manuel López Luque (Fuente: Guardia Civil)

José Manuel López Luque ha sido hasta el mes de diciembre y durante trece años el responsable del puesto principal de Guardia Civil de Rivas, primero como alférez y luego como teniente. Tras ser ascendido a capitán, tiene que abandonar este cometido para trabajar en la Comandancia de Madrid. Mientras, la Benemérita en Rivas queda en un período de interinidad hasta que llegue un nuevo oficial a hacerse cargo del equipo. Luque atendió a Diario de Rivas para hacer una entrevista de despedida en la que realiza un análisis de la evolución y el estado de la seguridad en el municipio.

¿Cómo ha evolucionado Rivas en materia de seguridad en estos trece años?
La evolución ha ido en función de la población. Cuando llegué, Rivas estaba en torno a 45.000 habitantes. Ahora está en 85.000 y la proyección a pocos años vista es que se llegue a los 100.000 por el desarrollo del barrio de La Luna y de Rivas Futura. La parte más difícil, que era la zona de la Cañada, la consideraba cuando vine un paraíso. Sé perfectamente los delitos que podía haber aquí entonces y de cada cien, el 60 o el 70 por ciento podían ser robos con fuerza en el interior de vehículos, que es el delito tipo en Rivas y el que más se repite. Hoy estamos más o menos igual, pero la Cañada no tenía la entidad que tiene hoy, ya que evolucionó y acogió a más población por el desmantelamiento de otros núcleos chabolistas de Madrid, que la convirtió en un foco de venta de drogas en la parte de Valdemingómez, en el término municipal de Madrid. Lo que tenía más cerca entonces el drogodependiente era Rivas, porque podía llegar andando; hoy pueden llegar al ensanche de Vallecas. A pesar de ser un municipio ya con cierta entidad y de tener Metro, Rivas tenía una estadística bajísima de delincuencia, con la característica de que era una ciudad totalmente dormitorio, con un polígono industrial pequeño y de distribución mayorista. Así, la incidencia delictiva era mínima y se trataba de un municipio muy seguro. En ese momento, por nuestra parte, hubo un impasse. Veníamos de estar en dos casitas en el pueblo de forma provisional mientras se acababa de construir el nuevo cuartel; se pasó de 32 componentes a 19 y yo, sin más compañeros que pudieran ejercer labores de jefatura, ni alférez, ni sargento. La situación fue esa durante un año hasta la llegada del coronel Aguilera, que planteó que el puesto tenía que crecer, porque vio que era un municipio en expansión y ya se veía la potencialidad de la Cañada. El alcalde de la época, José Masa, fue muy insistente en que la Guardia Civil creciera en el municipio por el aumento de la población. Así, se apostó por Rivas y se conformó como un puesto de grandes dimensiones. Hubo un primer aumento de plantilla a 55 o 60 guardias inicialmente, pudiendo así garantizar una patrulla permanente o dos. Y, en 2008, la Cañada sufrió una transformación brutal porque se terminó de desmantelar los poblados chabolistas de Madrid, especialmente los núcleos de droga. Entonces hubo un movimiento brutal de esas personas a Valdemingómez y donde antes había 20 puntos de venta de drogas, hubo de pronto más de cien.

¿Y en Rivas hay puntos de venta de drogas?
Siempre me refiero a Valdemingómez porque en Rivas nunca ha habido, como tal, un punto de venta de drogas. Alguna vez ha habido algún intento, pero hemos estado muy atentos a que no se trasladara porque sabíamos que, en el momento en que eso ocurriera, tendríamos el problema nosotros. La Cañada se pudo establecer donde está hoy porque era la nada, el medio del campo para Madrid, para Rivas, para Getafe y el resto de municipios. Entre 2008 y 2010, eso se volvió una locura. La gente empieza a ver que donde antes había un toxicómano por la calle, después había gente que vivía y dormía en la calle. Se empezó a ver el fenómeno de la drogadicción como algo natural cuando no lo había sido. Valdemingómez se había convertido en el punto de referencia, estableciéndose como el mayor foco de venta de droga de Europa, y yo lo atestiguo. Pero, a base de mucho trabajo, sobre todo, de la Policía Nacional, que ha actuado en esta zona que le corresponde y ha colaborado con los municipios implicados, derribando viviendas ilegales y eliminando puntos de venta, es verdad que hoy la cosa está hoy día en el nivel en la que estaba en 2005, con unos 20 puntos de venta de droga. La situación no es exactamente igual, pero, aun estando por encima, se ha avanzado mucho en el nivel de delincuencia, porque el volumen de ciudad es mucho mayor.

A día de hoy, ¿es Rivas una ciudad segura?

Hay que contar que Rivas tiene 85.000 habitantes y la Cañada tiene empadronados en esta zona unos mil más. A esos hay que sumar la población de derecho en el asentamiento, que no está empadronada aquí pero viene aquí a comprar desde Valdemingómez y alrededores porque es el sitio más próximo. Son unos 8.000 o 10.000 habitantes, y seguramente más, que generan un movimiento adicional en la ciudad. Eso hace que Rivas sea, de hecho, una ciudad de más de 100.000 habitantes desde hace mucho tiempo. Aun con ese crecimiento, el delito tipo sigue siendo el robo con fuerza e interior de vehículos, que es típico de la ciudad. La Cañada es un sitio donde se compra y se vende todo. A veces, el problema no es solo el punto de venta de droga, sino la instalación de todo tipo de empresas ilegales a su alrededor que viven del mundo de la drogadicción. Eso genera una cadena que hay que combatir porque, en esas circunstancias, el delincuente está totalmente volcado en ese tipo de actos para poder subsistir. Cualquier persona cercana a la delincuencia compra en la Cañada una bici robada o vende un televisor robado.En la Cañada vive mucha gente honrada y que hace lo que puede para vivir, pero es muy difícil que una actuación policial en esta zona  no tenga su principio o final en este lugar.

La principal preocupación de los ripenses es que, ante el desmantelamiento del sector VI de la Cañada, se traslade la venta de droga a la parte de Rivas.
Lo veo complicado. No digo que no pueda haber algún caso, pero es muy difícil porque ese traslado se intentó hacer hace unos años, cuando empezó a haber operaciones policiales importantes. Al final, ese traslado se produjo hacia la zona de Morata y Chinchón. Los grandes patriarcas de Valdemingómez que se dedicaban en exclusiva a la venta de drogas trasladaron su residencia a la ribera del Tajuña y empezaron a comprar allí terrenos y viviendas que están en situación cercana a la ilegalidad en cuanto a escrituras de propiedad. Ese traslado se hizo entre 2010 y 2011. Rivas ha tenido una pequeña ventaja en ese sentido, y es que la parte de la Cañada del municipio contaba con mucha huerta. No vivienda como tal, sino quizás un pequeño cobertizo o una casa de aperos, pero no vivienda. Así, en la práctica, las parcelas, al ser extensas, no la convierten en la parte más construida y eso les obliga a construir una casa, y ese fenómeno no se ha llegado a dar, porque les habríamos parado antes. Puede ser que donde había una casa, hay ahora una mayor; o donde hubiera un terreno, hoy haya diez interiores.; pero no se ha construido nada de cero. Y tal y como está la cosa, es muy difícil hacerlo ahora y trasladar el problema aquí. El fenómeno de Valdemingómez era diferente y es que la gente tenía su parcela con su casa construida. Ese es el fenómeno que ha librado a Rivas, que tiene construcciones en la zona pegada a Covibar. La zona cercana a Coslada está sin habitar. Además, el crecimiento del ensanche de Vallecas, que está muy próximo a la Cañada y que está muy degradado por esta situación, ha ayudado a Rivas. Los patriarcas se trasladaron porque querían vivir en otro lado, pero los puntos de venta de droga se mantuvieron en Valdemingómez, de tal manera que, hasta que no se ha tirado el punto de venta, la cosa ha estado igual. Puede ser que el movimiento que tememos se haya hecho hacia el interior de Madrid otra vez; estamos viendo constantemente, sobre todo en Vallecas, el desmantelamiento de narcopisos. Eso da una pista de hacia dónde se está moviendo el negocio: en vez de traspasar fronteras, vuelve a la ciudad, a barrios obreros, donde la vivienda es más barata y es más fácil instalarse. Los narcopisos son la triste realidad de algunos barrios de Madrid.

¿Hay narcopisos en Rivas?
No hemos detectado ninguno y estamos muy pendientes de eso. Como en tantas cosas, la Policía Local nos echa una mano muy importante. No obstante, también ocurre que cuando quieres actuar es cuando tienes el punto de venta establecido. En el tema de la droga, siempre vamos a ir un poco por detrás, porque tú no sabes la intención de la gente cuando compra o vende el piso. Igual es para vivir o igual para vender; hasta que los vecinos lo detectan y se interviene judicialmente, pasa un tiempo.

¿Hay pisos ocupados en Rivas, independientemente de que se usen para vivir o para la venta de drogas?
El fenómeno de la ocupación existe en Rivas, pero no hemos detectado que ninguno de ellos esté ligado a un punto de venta de drogas como tal. Suelen ser personas que no tienen dónde vivir y ocupan viviendas. La ocupación genera avisos a diario; lo que más nos preocupa es que el piso se habite cuando el morador habitual sale a comprar, por ejemplo, porque es un fenómeno complicado de atender y ocurre, así como que la gente no se quede en un estado de precariedad absoluto, que también se ha dado en casos. También hay entidades u organismos como las empresas municipales de la vivienda o el Ivima que están pendientes del fenómeno e incluso poniendo vigilantes para evitar que alguien acceda a las viviendas en el intervalo en el que la vivienda pasa de un usuario a otro. En esos casos, nos suelen pedir colaboración y los vecinos suelen estar al tanto. Por otro lado, hay gente que hace negocio con ello, y eso nos ha pasado aquí; por ejemplo, gente que va a alquilar el chalé y alguien lo ocupa y exige una contraprestación económica a cambio de abandonarlo.

Ha crecido la contestación ciudadana al problema de los vertidos ilegales en Cañada. El Ayuntamiento ha denunciado ante Delegación del Gobierno que el Seprona dispone de pocos recursos para luchar contra este fenómeno. ¿Hay solución a los vertidos?
El problema de la Cañada es global y transversal. La zona se ha dejado degradar, pero eso se ha producido porque alguien ha dejado que se creen esos vertederos ilegales. La inacción de las administraciones a la hora de afrontar problemas y la situación de la Cañada al límite del término municipal ha permitido que se produzca este fenómeno. Los vertidos que puede haber ahí pueden ser de cientos de miles de toneladas por camiones  durante décadas. Si se ve un camión, se le intenta denunciar. La Policía Local de Rivas está también en esa labor pero son problemas que se arrastran desde hace muchos años. Estoy seguro de que el vertedero que ha sido tan problemático con los humos en Covibar no es uno que lleva instalado un año, sino que lleva mucho tiempo. Lo que ocurre es que el tema medioambiental, a nivel policial, es muy complicado de abordar porque exige una acción muy inmediata para verificar las denuncias, y porque los resultados son muy lentos, llegando algunas a prescribir por el paso del tiempo. Ni a nivel policial, ni a nivel judicial hay medios para ello. Es más, a veces, a estas personas que se dedican a hacer los vertidos, les merece la pena pagar las sanciones y seguir haciéndolo porque el beneficio económico es brutal. Me consta que el Seprona está haciendo todo lo que puede, pero es que los tres efectivos con que contamos aquí cubren catorce municipios, no solo Rivas. Con lo que está claro que ellos solos no pueden hacerlo, incluso con el apoyo de las unidades de Seprona del espacio metropolitano de Madrid.

Ha habido un repunte de la delincuencia en Rivas, según las estadísticas del Ministerio del Interior.
Se están incrementando los delitos contra el patrimonio, los delitos de hurto leves y en centros comerciales, los robos con fuerza en interior de vehículo y en algunos casos en viviendas. Luego, en general, hay bajadas en otros tipos de delitos, como las sustracciones de vehículos. El robo con fuerza en interior de vehículos lo hemos reducido en dos años en un cincuenta por ciento y ahora hemos tenido un ligero repunte. Aun así, el índice de criminalidad en Rivas está en la media de la Comunidad de Madrid y, seguramente, está por debajo de la media nacional. De todas formas, la delincuencia ni se crea, ni se destruye, solo se desplaza en función de dónde se hace más presión contra ella en cada momento. Rivas es una ciudad, por un lado, segura, y, por otro, muy grande. Quiero pensar que, si mañana la Cañada va a mejor, que parece que sí, Rivas será una ciudad más tranquila, porque contará con menos pequeños delitos vinculados a drogodependencia, como son estos casos. Hemos tenido estos últimos meses un pequeño repunte del robo con violencia entre menores y hemos hecho una operación con catorce detenidos, mayores y menores, que robaban con violencia. Eso implica que en los próximos meses eso se reflejará en las estadísticas con un bajón. Con respecto a los hurtos en tiendas, hemos pasado de un período en que las empresas consideraban que no les compensaba meterse en procesos judiciales por pequeños hurtos a denunciarlos todos, que es lo de debe de ser. No obstante, las estadísticas siempre hay que tratarlas con prudencia, al igual que la percepción subjetiva de la seguridad en la calle. Aquí en Rivas hay una percepción subjetiva de inseguridad en barrios como Covibar. Tiene su lógica, porque llevan toda la vida sufriendo el fenómeno de la delincuencia; es raro al que no le han intentado robar el coche. Mientras, en el pueblo, probablemente no le ha pasado a casi nadie.  Pero la realidad es que, si miras el mapa delictivo de Rivas, los fenómenos están repartidos en todos los barrios, todos los días y todas las franjas horarias, independientemente de la sensación. La realidad es que no hay mayor inseguridad en los barrios cercanos a la Cañada que en el resto.

En 2016, se inició el proceso de clausura de una serie de bares que vendían droga. ¿Se ha concluido el proceso?
Estaban preventivamente cerrados a nivel judicial. En estos clubes de fumadores, bastaba ver la actividad que existía para darse cuenta de que, para algunos de los que estaban, podía constituir un ‘modus vivendi’. La actividad que ejercían era totalmente ilegal. Había locales muy bien preparados donde se consumía sin problemas, pero también se vendía sin ningún tipo de control marihuana, hachís y otras drogas. Hasta se vendía alcohol. Yo participé en algunas operaciones y en los establecimientos tenían vitrinas que parecía el ‘Corte Inglés del cannabis’; estaban muy bien habilitados. La gente compraba y salía a la calle y, además, la mayoría iban al lugar en coche y, después de consumir, conducían. Argumentaron que los que iban eran socios y tenían control de accesos, pero había actividad ilegal. Ahora uno de los cuatro establecimientos clausurados ha reabierto porque se ha levantado el precinto judicial. Lo que debe quedar claro es que nosotros actuamos con autorización judicial y, si mañana el juez dice que se vuelva a precintar por estas prácticas u otras, lo haremos.

Entre los datos de criminalidad del primer semestre de 2017 constaba una violación en el municipio. ¿Han ocurrido más agresiones sexuales?
La estadística tiene sus cuestiones a perfilar. Ese caso concreto no se produjo en Rivas; la violación se produjo en Valdemingómez y la denuncia se puso aquí. Ante hechos de esta magnitud, el cuerpo ante el que se denuncia se hace cargo, aunque no sea de su competencia territorial; en este caso, Policía Judicial, al igual que en el caso de los abusos sexuales a menores. Son dos hechos a los que se les da la máxima prioridad, con un protocolo tanto en hospitales como en las fuerzas de seguridad. La máxima que prima es dar la mayor protección y asistencia a esa persona. En este caso, es un delito que debería haberse computado a Madrid o a un lugar inespecífico.

¿Hay muchas denuncias de abusos sexuales en Rivas?
Sí suele haber varias denuncias al año. Tenemos un protocolo y en función de la edad de la víctima se encargan distintos equipos. Para los menores de edad muy pequeños, hay una sección de análisis de comportamiento delictivo integrada por psicólogos, que son los que se encargarían de tomar manifestación a los menores. Con los que son un poco más mayores, pero menores de trece años, se incorpora el equipo de Mujer-Menor de la Comandancia, que es un equipo de Policía Judicial especializado en estos temas. A partir de los catorce años y hasta los dieciséis, entraría el equipo territorial de Policía Judicial. Como mínimo, en unos abusos sexuales, va a instruir el equipo de Policía Judicial, que tiene gente expresamente formada en cuestión de menores. Unos abusos sexuales para el resto de personas, mayores de 16, si no tienen un agravante específico, como una disminución psíquica, lo llevaría el puesto.

¿Existe prostitución en Rivas?
Eso es un bulo. Desde el punto de vista de investigación, no tenemos constancia. Hemos oído alguna vez cosas así sobre algún chalé, pero no hay ningún problema ni constancia oficial. A nuestro nivel no tenemos conocimiento.

Hubo un desaparecido en Rivas en 2017. El caso de Diego Menéndez sigue abierto. ¿Ha habido algún avance?
No se ha dejado nunca de trabajar en el caso. No se le da por desaparecido, se pone un sello y hasta siempre; es un caso que se mantiene permanentemente abierto en función de nuevas pesquisas o indicios que no se habían tenido en cuenta… Por ejemplo, si la familia pensaba que nos había contado todo y, de repente, se acuerda de algo más que se había pasado por alto. El problema es que en este caso la persona tenía un principio de alzheimer, y se agrava la situación porque es población de riesgo, en este caso por su enfermedad. Ocurre mucho, además, la desaparición de fin de semana: mucho menor de edad que se enfada con los padres, se escapa de casa unas horas y está desaparecido antes de de volver a casa. A veces son muy recurrentes y son siempre las mismas personas. El hecho de que sean repetitivas hace que, en esas personas, su apreciación de riesgo es baja por esa reiteración. Pero una desaparición de un menor o de una persona con sus facultades disminuidas ya es un riesgo alto. Hasta donde sé, en el caso de Diego Menéndez se ha mirado todo lo que se debía haber mirado. ¿Se ha pasado algo por alto? Igual sí, no digo que no, pero ¿qué versiones puede haber? Se puede especular con la lógica. Es una desaparición complicada, porque el teléfono no aparece, pero la última posición que da el móvil se sitúa bastante alejada de Rivas, en el término municipal de Arganda lindando con otros términos municipales, y por la distancia a la que se halla nos hace pensar que este hombre, andando, no ha podido llegar en ese tiempo. Se ha revisado el transporte público y no hay constancia de que lo utilizara. Podría existir la posibilidad de que alguien lo hubiera transportado, como un camión o un vehículo, pero tampoco hay constancia. Eso nos hace pensar que esa desaparición voluntaria es complicada. Luego, es una zona totalmente triangulada por repetidores, pero en una extensión enorme de terreno, por lo que el margen de error en este tipo de posiciones es tan sumamente grande que abarca muchísimos kilómetros. Todo esto quizás da a entender que ha podido sufrir un accidente la perrita y el hombre, al intentar ayudarla, ha tenido otro. Y el tipo de terreno que hay en Rivas, con mucha trinchera, mucho cortado, mucha hendidura en el terreno, no ayuda. Nos pasó hace dos años que un sargento del puesto, en un paseo por los cantiles de El Piul, encontró por casualidad a un hombre que había caído en una hendidura oculta por unas zarzas y llevaba allí dos días, y estaba a punto de morirse. Era un sitio de difícil acceso, no se le oía, no se le veía, había habido batidas para encontrarle y no se había dado con él. Por fortuna, se le pudo sacar. Yo creo que la desaparición de la que hablamos va en línea con un caso como este. Luego hay otras líneas de investigación que se pueden dar, pero no podemos descartar unas para apostar por otras.

Concluye una etapa en el puesto de Rivas para desempeñar nuevas responsabilidades. ¿Cómo quiere despedirse?
Quiero agradecer desde el primer minuto a toda la población su acogida. Al equipo municipal, al exalcalde Pepe Masa, con el que tuve un gran ‘feeling’ a la hora de tratar los problemas que surgían en el municipio, habiendo una gran lealtad institucional. Con el actual alcalde, Pedro del Cura, al que conocí de concejal, me pasa exactamente lo mismo; tenemos una buenísima relación. En la Guardia Civil somos profesionales y, gobierne quien gobierne, vamos a estar al servicio del ciudadano. En eso nos van a tener a su lado, seguro. Agradecer a Fernando Argote, jefe de la Policía Local de Rivas, el apoyo en estos años. Por extensión, a todo su equipo. A la Policía Local la he tenido más como compañeros que como cuerpo diferente. He contado siempre con ellos porque desde el inicio, que me quedé muy solo con muy poca gente, ellos hicieron un plus para defender este municipio hasta que el cuartel creció y se posicionó con la dimensión de la ciudad. Protección Civil, Cruz Roja, Summa, Bomberos, Rivamadrid, trabajadores del Ayuntamiento… Todas las entidades, organismos, empresas y personas, privadas y públicas que siempre colaboran con nosotros. Podrás entender que en una ciudad de 85.000 habitantes hay mucha gente con la que colaboras. Pero, sobre todo, agradecer a la ciudadanía y, en mi caso personal, a la gente de Vaciamadrid, del pueblo, que a mí me trataron como un familiar más cuando llegué aquí. Creo que conozco a casi todas las personas que he tenido que conocer, quizás muchas, y me quedo, sobre todo, con el recuerdo de la gente del pueblo. Gente muy mayor que, cuando vine, me adoptaron como a un hijo y les tengo ese cariño especial. Esa es la parte de nostalgia que me da de pensar que esto se ha acabado. Han sido años duros, pero bonitos: la mejor parte de mi vida profesional. Espero que a los mandos que están por venir les den el mismo cariño y, por supuesto, agradecer a los guardias, que son los que realmente tiran del carro y se involucran de forma profesional y cercana a la gente. Por eso somos beneméritos.

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