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Carlos Abad, conservador del Parque Regional del Sureste, y Pedro López Nieva, geógrafo del Centro de Conservación del Parque Regional del Sureste

Carlos Abad, conservador del Parque Regional del Sureste, y Pedro López Nieva, geógrafo del Centro de Conservación del Parque Regional del Sureste (©Diario de Rivas)

En las últimas semanas, la conservación del Parque Regional del Sureste y las amenazas para este medio natural han sido objeto de numerosos debates. El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid aprobó a finales de marzo una moción en la que instaban a recuperar órganos participados para la gestión del parque y abrir una reflexión sobre este espacio de alto valor ambiental. Diario de Rivas ha charlado con Carlos Abad, conservador del Parque Regional del Sureste, y Pedro López Nieva, geógrafo del órgano de conservación del parque, para conocer la situación de este espacio y los problemas a los que se enfrenta.

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A raíz de la valla instalada en la finca de Casa Eulogio, se ha vuelto a poner de manifiesto el estado de conservación del Parque Regional del Sureste, un espacio protegido no solo de cara a su conservación, sino que es necesario regenerar. ¿Cuál es el estado del Parque Regional del Sureste a día de hoy?

Carlos Abad (C.A.): Un escrito que impulsó un grupo político de Rivas Vaciamadrid, al que contestamos hace unos días, planteaba diferentes aspectos. Respecto a las explotaciones mineras, no tenían la información actualizada, porque la más grande que hay en el Parque Regional del Sureste, que se centraba en El Porcal, ya no cuenta con actividad de extracción porque ha agotado el recurso. El plan de restauración del espacio natural que tenían los humedales era muy antiguo y ahora estos espacios han sufrido una transformación muy grande. Este plan se ha modificado hace un año o año y medio, y lo hemos informado favorablemente puesto que, hoy en día, El Porcal es uno de los mejores, si no el mejor, humedal del Parque del Sureste en cuanto a riqueza de especies y otra serie de cuestiones. Entonces, no se puede decir que las explotaciones mineras, por lo menos, en la zona de Rivas, sean una amenaza en este momento.

Otro tema son las explotaciones agrícolas. Mencionan que el gran incendio que se produjo en 2015 fue por el tema de la agricultura, y en realidad, el fuego salió de unas alpacas de paja que había en la parcela. En principio, se apagó el primer conato de incendio, pero luego, se reavivó. Así que el incendio fue por una mala extinción del primer conato. A partir de ahí, supongo que se daban las condiciones más desfavorables para la extinción de incendios, mucho calor, mucho viento… Y entonces se descontroló. Es decir, no fue propiamente la explotación agrícola el problema. Además, hay que tener en cuenta que las fincas y la explotación agrícola y, por ejemplo, la repoblación forestal, son muy anteriores a la aprobación del parque. Y esa gestión del territorio es la que condujo a que, en su momento, se considerase que la zona tenía unos valores ambientales. Es decir, si no hubiera existido esa gestión agrícola y forestal, no existiría el parque. Si hubiera estado urbanizado como gran parte del término de Rivas, entonces no tendríamos parque ni nada. No podemos decir que la agricultura esté provocando afección en esos parques. Lo que está provocando afección es la presión urbanística, no la agricultura, siempre que se desarrolle con arreglo a unas pautas no esquilmantes, que no se usen fitosanitarios de forma excesiva, etcétera. Pero la actividad agrícola no es, creo yo, una de las principales amenazas del Parque Regional del Sureste hoy en día.

Una de las cuestiones que se han puesto sobre la mesa es que, debido a las limitaciones de movilidad, se está haciendo un uso más intensivo del parque.

C.A.: En ese sentido, tenía razón el hijo de una de las propietarias de Casa Eulogio cuando decía que, en Rivas Vaciamadrid, está muy cerca la población de la zona de máxima protección del parque. No hay una zona intermedia de amortiguación que libere estas zonas de máxima protección de la presión de uso público tan grande que tiene un municipio con tanta población como es Rivas. Desde que se produjo el confinamiento, como la gente quiere salir a hacer actividades al aire libre, se han multiplicado las visitas y el uso de los espacios del parque. La prueba está en que, antes, un día normal venían 15 o 20 coches y ahora vienen por cientos. Los fines de semana es una cosa exagerada. Por eso, de forma conjunta con el Ayuntamiento, se ha establecido el cierre de la zona en los períodos de máxima afluencia y presión. Y, bajo mi punto de vista, en el futuro, las administraciones tendrán que coordinarse para abordar este problema de una forma que sea satisfactoria, porque no debemos olvidar que el plan de ordenación de los recursos naturales del Parque del Sureste plantea como objetivo dar a conocer los valores culturales y naturales del mismo pero, al mismo tiempo, dice que se deben regular los usos recreativos del mismo de forma sostenible para que no disminuya la calidad ambiental. Es decir, que hay que compaginar unas cosas con otras. No se puede priorizar que todo el monte es orégano y que la gente puede ir por donde quiera y puede pisotear lo que quiera, ni tampoco prohibir todo de forma exagerada. Es un tema complicado al que habrá que dar una vuelta para ver cómo se puede solucionar. Nosotros, como gestores, siempre estamos abiertos y pensando la mejor forma de gestionar el parque sin que se degrade.

Pedro López Nieva (P.L.N.): Además, teniendo en cuenta la historia del parque, cuando se empiezan los proyectos para proteger esta zona, en el año 1991, y se llega a la declaración del parque en 1994, se ve una peculiaridad y es que, normalmente, en un proceso legislativo de protección de un espacio, tú haces un plan de ordenación de recursos naturales para saber lo que tienes y después estableces unas normas básicas. Y en este caso, no es así: en el Parque del Sureste, se hace primero la ley para proteger y después se desarrolla el plan. Es decir, se es consciente de la presión que tiene el espacio. Porque, si tú miras en un mapa, San Fernando, Coslada, Mejorada, Velilla, Rivas y San Martín de la Vega tienen su núcleo de población en el límite del parque. Solo hay que comparar la población que tenía Rivas en el año 1981 y ver qué población tiene hoy: se ha multiplicado por mucho más que cien. Eso da una idea de la presión tan tremenda que tiene el parque. Es decir, esto se protege para que no se degrade más. Podemos hacer un ejercicio de imaginación de qué supondría que no estuviera protegido y podemos llegar a una conclusión rápida: sería un desastre. Esto se protege para que esos valores naturales, culturales, biológicos, históricos, etcétera no se pierdan para siempre. A partir de ahí, la dificultad es máxima porque está la presión humana, la actividad económica, la posición del parque en el arco sureste de la Comunidad de Madrid… factores que no lo convierten en un espacio demasiado con demasiadas condiciones para poder hacer una gestión típica de un espacio protegido de conservación. Aquí hay que proteger primero y reflexionarlo mucho, porque es un espacio distinto.

Ciclistas y peatones, junto a la valla de Casa Eulogio, este sábado

Ciclistas y peatones, junto a la valla de Casa Eulogio, este sábado (©Diario de Rivas)

Se ha debatido sobre el aspecto de la propiedad privada en el Parque Regional del Sureste, que es más del 80 por ciento de su superficie total. ¿Cómo influye esto en la gestión y en la conservación? 

P.L.N.: Cada propietario tiene unos derechos sobre su propiedad, siempre que cumpla con la legalidad del parque y el Plan de Ordenación. Hay que añadir que este es un espacio protegido por la Red Natura 2000 y tiene un plan de gestión de la zona especial de conservación que impone una serie de normas que hay que cumplir.

C.A.: Cuando se declara un espacio protegido, se limitan los usos y actividades que se pueden realizar. Es una especie de ‘miniexpropiación’, porque el propietario no puede actuar de la forma que quisiera: por ejemplo, no puede hacer desarrollos urbanísticos o industriales que están limitados por los condicionantes del parque y del espacio Red Natura. Por lo tanto, a efectos del parque, siempre que se garantice que la gestión se va a hacer respetando las normas, tampoco tiene tanta importancia que sea privado o público, puesto que lo que tenemos que garantizar es que se haga una buena conservación de los valores del parque. Lo que nosotros vigilamos es que se respete la normativa y, una vez que se respete, da lo mismo su régimen de propiedad.

P.L.N.: En algunos casos, el hecho de que la titularidad sea privada favorece en cierto sentido la conservación, en tanto que tú puedes limitar el acceso de la gente. Es decir, a todos nos gusta pasear y disfrutar del campo, pero todo tiene sus consecuencias. Por ejemplo, el número de parejas de halcón en Casa Eulogio ha descendido: ahora mismo, solo hay una pareja. El halcón es una especie que requiere tranquilidad. Si pasa la gente, pasan los ciclistas, ese disfrute va en contra de determinadas especies. La dificultad está en decidir entre disfrutar y mantener ese espacio.

C.A.: Tenemos el caso de los pinares de Casa Vieja y Casa Eulogio que, aparte de ser propiedad privada, al ser montes consorciados, la gestión es del parque y, entonces, hay una barrera con un cartel en el que se prohíbe el paso a las bicicletas, pero mucha gente no lo respeta. Es decir, no es solo que el espacio sea propiedad privada, sino que, incluso siendo monte, tal y como dice el plan de ordenación y otra normativa al respecto —como una orden sobre el uso recreativo de este tipo de espacios y una resolución para el uso de bicicletas en los montes de la Comunidad de Madrid— podemos limitar el paso a las bicicletas. Sin embargo, vas por ahí y te cruzas con ellas todo el rato. No se respeta la propiedad privada, ni tampoco la normativa forestal y del parque. Por ejemplo, en determinados momentos del año, cuando se está produciendo la nidificación, cualquier molestia va en perjuicio de la conservación de esas especies, pero no se respetan estos límites.

¿A qué efectos concretos del paso de bicicletas se refieren?

P.L.N.: Algo muy concreto es la aparición de triaderas, es decir, zonas en las que el ciclista se tira abajo buscando el descenso. La zona de Casa Eulogio y Casa Vieja cuenta con una zona de interés comunitario prioritario que corresponde, además, con la vegetación gipsícola. Y esas triaderas la rompen.

C.A.: Al desaparecer la vegetación con el pisoteo y tener las laderas mucha pendiente, luego la lluvia arrastra los elementos finos y eso contribuye a la erosión. De ahí se pasa a las cárcavas y los barrancos. A la vista está, por ejemplo, en la sierra, en la zona de La Pedriza. Es una zona muy arenosa y, entonces, la gente se tira por cualquier sitio y crea sendas que llegan a ser un problema grave.

P.L.N.: Además, está el asunto de la convivencia: tú quieres dar un paseo tranquilamente y las bicicletas van a mucha velocidad. Eso ocurre en el Soto de las Juntas, donde se puso un cartel recordando que el espacio es de uso compartido y que es necesario respetarnos, porque pueden producirse accidentes por un uso indebido del espacio.

¿Cuál sería la solución? ¿Limitar aforos?

P.L.N.: Hay una parte que es un poco filosófica y es que todos, administraciones y población, debemos comprender que esto no es un parque periurbano. Tiene unos valores culturales y ambientales que conviene conocer y proteger, porque eso ayudaría a conservarlos. No es un espacio para venir con la pelota para echar un partido de fútbol en una zona de reserva natural: es una reserva natural por determinadas consideraciones. Por el tema de la fauna, por el de la botánica, por tema arqueológico… Esos valores hay que conocerlos. Ahí debe haber un conocimiento y, desde ese conocimiento, tener mayor disfrute. Pero no es un parque urbano y hay gente que se confunde.

C.A.: En Rivas Vaciamadrid lo que se echa de menos es una zona, digamos, intermedia, donde se puedan hacer actividades al aire libre de forma más libre, para que se respetaran las zonas que tienen mayor protección, que la tienen por algo, no por un capricho.

Algunos partidos políticos plantean la expropiación de estos espacios. ¿Qué beneficios supondría que fueran suelo público?

C.A.: Creo que es económicamente inviable. ¿Quién va a invertir una millonada para expropiar esas fincas? Además, hay que argumentar utilidad pública o interés general mayor que la que aporta esa propiedad particular. Como he dicho antes, ya se encuentra protegido. ¿El hecho de que sea público lo va a proteger más? No sé hasta qué punto. Lo importante es que los usos y actividades estén limitados y se ajusten a los usos y actividades del parque. Si eso se cumple siendo privado, ¿qué necesidad existe? A no ser que quieran expropiarlo para otro uso distinto.

Laguna del Campillo

Laguna del Campillo (©Diario de Rivas)

¿Qué hay de la industria en el parque? Está, por ejemplo, la fábrica de Pacadar en la Laguna del Campillo…

C.A.: Pacadar fue la primera fábrica de hormigón pretensado de España. Se ha quedado en un sitio en el que tiene dificultades para sacar su producción porque tiene una carretera.

Pero esa fábrica se encuentra en mitad de un paraje natural…

P.L.N.: Yo puedo comprarme una casa junto a un cable de alta tensión, pero si el cable estaba antes de la casa… Desde luego, no es lo ideal a nivel paisajístico, pero estaba ahí.

El Parque Tecnológico de Valdemingómez también está dentro del parque regional…

P.L.N.: Así quedó reflejado en la propia ley, que zonificó el Parque Regional del Sureste teniendo en cuenta que Valdemingómez quedaba dentro.

¿Qué procesos industriales quedan dentro del parque que vinieran de períodos previos a la protección?

P.L.N.: Prácticamente, no ha habido nada nuevo desde la declaración del parque. Ha habido modificaciones, por ejemplo, el vertedero de Pinto, que está dentro del parque, pero la zonificación reconoce esa singularidad y ese espacio. También hay depuradoras. Por lo menos, tres en la zona del Manzanares y el arroyo Culebro. Polígonos industriales no hay como tales en todo el parque, aunque sí hay un poco de actividad antigua en la zona de La Esperilla de Arganda del Rey.

Cuando terminen sus concesiones, ¿deben extinguir su actividad?

P.L.N.: Dentro del parque regional, hay una normativa que dice las actividades que están permitidas y las que no, los usos prioritarios, etcétera. No creo que un uso industrial intensivo esté permitido en ninguna de las zonas. Bueno, en 1999 se creó una nueva, que es la zona G, para ordenar las actividades económicas, pero es espacio urbano que se había quedado en medio del parque y su catalogación no tenía sentido. Es el caso de San Martín de la Vega, que no tenía sentido que fuera zona de reserva natural.

¿Hay actividad minera de extracción en el parque?

C.A.: Sí que hay. Después de la crisis, se paralizó mucho, pero las concesiones mineras se mantuvieron. Nosotros tenemos que garantizar la restauración de los espacios naturales, que se realice conforme a los criterios adecuados.

Si un propietario tiene una extracción minera en terreno del Parque Regional del Sureste, ¿tiene la obligación de restaurarla ambientalmente?

C.A.: Es que, tal y como hablábamos de la zonificación, hay unas zonas que pueden incluir explotaciones mineras y otras que no. De hecho, en las que había no se pueden hacer nuevas. En las zonas donde sí se puede, como las zonas D, se tramitan los permisos con la Dirección General de Minas de la Comunidad de Madrid, que es la que se encarga de las licencias. Ahora, una vez que se realice la explotación minera, se ha de restaurar de la forma adecuada. Ahí es donde tenemos la obligación de estar encima y garantizar que se hace bien. Pero no quiere decir que esté prohibida la actividad.

P.L.N.: Ha habido un cambio de paradigma en las explotaciones mineras y es que tienden a hacer buenos planes de restauración ambiental. Son más cuidadosos de lo que eran en un primer momento. Hay proyectos bastante interesantes, incluso de recuperación de aves ligadas a las paredes de los cortados que quedaron en las explotaciones, recuperación de especies vegetales que había en su momento… Hay proyectos muy buenos, incluso premiados, dentro del parque.

C.A.: Las empresas mineras, sobre todo, las grandes, han tomado conciencia de que precisamente el tema ambiental es un valor que les puede beneficiar. En vez de ir solo al tema económico de gastarse lo menos posible, es al contrario, precisamente, porque obtienen mucho más valor como empresas.

 

La moción que se aprobó hace poco en el Pleno de Rivas Vaciamadrid también ponía sobre la mesa el tema de la caza. ¿Cuál es el impacto real de los cotos de caza en el Parque Regional del Sureste?

C.A.: Ahora se está tramitando el nuevo plan rector de uso y gestión (PRUG). Uno de los temas controvertidos es el de la caza. Es cierto que la caza siempre aparece como uno de los sospechosos habituales de la disminución del número de ejemplares de determinadas especies, pero también hay otra serie de factores que influyen como la intensificación de la agricultura debido a la Política Agrícola Común de la Unión Europea. Esto crea una serie de problemas, como que desaparecen los ribazos o que no se dejan barbechos. Esto está provocando que las poblaciones de determinadas especies, como las aves esteparias, caigan en picado. Cuando se ve que hay una especie o un determinado grupo de especies, se señalan sospechosos, pero a veces no hay un conocimiento exhaustivo de cuál es el verdadero problema. Por ejemplo, los fitosanitarios son un problema si se usan de manera excesiva. Y también se achaca a la caza, pero no tengo tan claro que sea el único culpable, siempre que se realice de manera controlada. Porque, claro, si no se cazara en absoluto, se llegaría al punto de que determinadas especies proliferarían de forma exagerada y eso, al final, provoca problemas enfermedades epizootias. Yo creo que la caza es compatible, si se realiza de manera regulada y no perjudicial para las especies protegidas.

¿Cuáles son las principales líneas de este PRUG que se está empezando a elaborar y los principales cambios que puede traer al Parque Regional del Sureste?

C.A.: El anterior se anuló por sentencia, por lo que se están barajando las directrices en la misma línea que el anterior, mejorando las cuestiones que dieron lugar a la anulación. La tramitación está en un estado bastante incipiente y, cuando avance un poco más, habrá un proceso de participación pública, como dice la normativa, con reuniones y toma de contacto de todos los sectores implicados. Entonces, en función de todas estas reuniones que se tengan, habrá que enfocar hacia donde tiene que ir, siempre respetando la ley y el Plan de Ordenación de Recursos Naturales. Por eso, el margen de maniobra no es muy amplio. El PRUG es un instrumento de gestión, pero no puede decir negro donde el otro dice blanco.

P.L.N.: No deja de ser una herramienta de gestión del espacio. Por supuesto, hay problemas que tienes ahora que no tenías en 1994 y que se tendrán que abordar.

¿Cuáles son las principales amenazas que tiene ahora el Parque Regional del Sureste?

P.L.N.: Es difícil establecer una amenaza principal. Es un conjunto de situaciones que derivan en una pérdida de estatus de conservación de espacios. Por ejemplo, la pérdida de linderos supone una merma de polinizadores que, a su vez, afecta a la alimentación de las aves y, al final, deriva en su desaparición. Ya trabajamos en eso y, cuando hablamos de restauración, incluimos que se mantengan setos, que se respeten esos linderos… Y lo que hablábamos del uso público, más intensivo ahora. Son varias amenazas. No son aspectos concretos, sino conjuntos que conllevan situaciones que hay que atajar.

¿Creen que habría que incidir en labores de educación ambiental para el conocimiento del entorno?

C.A.: Hace dos años, hicimos unas encuestas a los visitantes del Soto de las Juntas y del Campillo sobre diversas cuestiones, para tener mejor conocimiento de la población que usa este espacio. Vimos que la mitad o más de las personas que venían eran del municipio de Rivas, lo que demuestra que la presión más importante viene del núcleo de Rivas. En Madrid ciudad hay un escaso o nulo conocimiento de este parque. Y menos aún de sus valores ambientales.

P.L.N: En el año 2005, se publicó el Atlas del Parque Regional del Sureste y se distribuyó en colegios de la zona y bibliotecas. Se hace un esfuerzo en los centros de educación ambiental con sus programas, tanto en El Campillo como en Caserío del Henares, para dar a conocer el espacio a través de excursiones y charlas. El parque colabora con centros de educación, con universidades… Nos apoyamos en charlas de algún aspecto de la asignatura que se imparte y también trabajamos con empresas. En el año 2015 o 2016, se celebraron en el Jardín Botánico las jornadas del vigésimo aniversario del parque. En la medida de lo posible, todo nuestro esfuerzo va encaminado en esa dirección de dar a conocer el parque y a conocerlo bien, porque eso supondrá darle un buen trato. Es cierto que asociamos muchas veces naturaleza al verde y las montañas. Es una cuestión un poco histórica de la gestión de los espacios protegidos. Conocer la naturaleza de los espacios áridos también es educación ambiental. Por ejemplo, cuando yo empecé a trabajar me destinaron a una zona llamada El Espartal: pensaba que era la Luna. Pero, si vas con alguien que te explique que no es exactamente así, te das cuenta que hay especies vegetales adaptadas a vivir en los yesos, es decir, que no tienen suelo. Y cada especie se coloca en un estrato porque aprovecha lo que deja la de arriba. Hay que explicar eso. Creo que era Humboldt el que hablaba de los distintos niveles de aproximación al paisaje.

C.A.: La mayoría tenemos un paradigma de zona frondosa y exuberante como algo de mucho valor ambiental y, sin embargo, también lo pequeño es hermoso. Hay que conocer exactamente las cosas para saber el valor que realmente tienen. No porque sean muy espectaculares, son más valiosas. Sin duda, la vegetación gipsícola es lo más espectacular del parque y son esos matorrales, lo más singular, una de las cosas más importantes por las que se declara el espacio protegido.

P.L.N.: Y este espacio tiene de todo. Dos ríos, bosques de ribera… El Soto de las Juntas en el año 2000 era una explotación abandonada. Recuerdo la primera vez que fui porque habían quemado unos coches después de una fiesta. Ahí se empieza una primera restauración en el año 2002 o 2003, en la que se modifica el vaso de la laguna para hacer unos entrantes para que haya zonas más someras en las que pueda haber distintos tipos de aves. Se rebajó toda la zona, se abrió el camino. En 2016 o 2017, se quita la barra de defensa de río y, con el material limpio, se hacen dos islotes nuevos para aumentar el índice de costa y que haya más diversidad. Los escombros se retiran y se sigue aplicando barra de defensa porque las que habían estaban provocando una afección grave sobre la vegetación de ribera. Si tienes una barra de defensa muy alta, el río va excavando, con lo que los árboles no se desarrollan porque no encuentran cómo. Nosotros trabajamos por devolver la fisonomía; luego, plantamos y se nos inundó la zona. Perdimos plantas, pero fue para bien.

C.A.:  Cuando viene un pico de crecida, el río disipa la energía que trae desbordándose para seguir su curso normal. Si tú constriñes su curso a un paso, lo que hace el río es excavar hacia abajo, se encajona y se pierde la dinámica fluvial que tenía el río de forma natural. Eso es lo que está pasando en la mayoría de los ríos y están cambiando su configuración original. También por los embalses. Los ríos no son como un grifo y estos cambios modifican el hábitat. Una de nuestras líneas de trabajo es intentar devolver a los ríos su dinámica natural. Por eso, cuando viene una crecida, se desborda de manera ordenada.

P.L.N.: Hacemos una reforestación ordenada, poniendo cerca del agua a las especies que tienen que estar allí, alejándose las especies con más tamaño. Todo eso es así porque así era naturalmente. Y vemos que hay zonas que se han recuperado perfectamente. No solo eso, sino que tú, además, ahora vas a pasear y ves el río. Antes no lo veías porque se producía una barrera. Por eso, también se ha recuperado el paisaje. El parque tiene un plan de recuperación de riberas y la Comunidad de Madrid tiene un plan de recuperación de humedales, y también estamos trabajando en un plan de recuperación de ríos. Todo el mundo es consciente de ese problema y casi todo el mundo trabaja bien en esa línea. Es decir, Confederación Hidrográfica del Tajo favorece esas intervenciones.

C.A.: De hecho, son los que han financiado los trabajos de retirada de la barra de defensa. La Confederación, a través del programa RIO y las directivas de aguas, se ha dado cuenta que esta situación hay que revertirla en la medida de lo posible a los cursos naturales.

Laguna del Soto de las Juntas, en Rivas Vaciamadrid

Laguna del Soto de las Juntas, en Rivas Vaciamadrid (©Diario de Rivas)

Hay otras cuestiones que se ponían de manifiesto en el Pleno de Rivas Vaciamadrid, como la «escasa» inversión de la Comunidad de Madrid en el Parque Regional del Sureste: algo más de un millón y medio de euros. ¿Qué recursos supone esto?

C.A.: Nosotros gestionamos un contrato de conservación y mantenimiento que ronda algo menos del millón y medio de euros para el funcionamiento de cuadrillas, técnicos y medios materiales. Aparte, hay unas inversiones de estudios que hacen todos los años sobre fauna, flora o aspectos que consideremos que son más interesantes. Y hay otros gastos de gestión que no entran aquí, como los agentes forestales, que dependen de la Consejería de Presidencia, y su actividad y financiación va por otro lado, al igual que la prevención y extinción de incendios. Es muy difícil cuantificar toda la intervención junta.

Otro de los aspectos que se están planteando es que, después de la tormenta Filomena, los árboles han sufrido mucho y hay quien está avisando que esta situación puede desembocar en incendios en verano. ¿Qué medidas han adoptado?

C.A: Estamos trabajando en dos líneas. Por un lado, a través de contrato de conservación y mantenimiento, estamos actuando con el personal del parque. Primero, hemos intervenido en casi todas las áreas recreativas y de mayor uso público del parque. El resto de los montes que tienen, en principio, un uso público menos intensivo, la Consejería de Medio Ambiente ha sacado un contrato externo urgente que se ha adjudicado a una empresa. Estamos trabajando con ellos en Casa Gozquez, en San Martín de la Vega; en Chinchón, que no está en el parque pero sí en la comarca 8, que queda bajo nuestra gestión. Luego pasaremos a Casa Eulogio y Casa Vieja porque, por el valor arqueológico y cultural que tiene, hay que hacerlo de una forma mucho más cuidadosa y teniendo mucho respeto con la conservación de estos restos. Estamos preparando un proyecto arqueológico para que supervise todo para obtener el permiso de Patrimonio. Cuando esté todo preparado trabajaremos en la zona que se pueda con maquinaria y en otras zonas, con otras técnicas.

¿Qué restos arqueológicos hay en el parque regional pendientes de conservar o de analizar?

.C.A.: La Consejería de Cultura tiene un catálogo con todos los bienes patrimoniales inventariados. En la zona de Casa Eulogio, están las trincheras y los yacimientos de la Edad del Bronce y del Hierro. Creo recordar que hay restos tardorromanos. Hace muchos años, se hizo un estudio de interés arqueológico y paleontológico y se detectó un valor altísimo en la zona de la vega. Tenemos el canal histórico del Jarama, los antiguos ferrocarriles de Arganda y La Poveda, las salinas de Espartinas de Ciempozuelos de origen romano…

¿Cómo condiciona toda esta normativa a los propietarios de terrenos privados en el Parque Regional del Sureste?

P.L.N.: Depende de la zona. En Casa Eulogio, por ejemplo, las zonas de cortado y matorral, y los pinares, son reservas integrales; y, luego, hay zonas de reservas naturales. Todo está recogido en el plan de protección: los usos permitidos y los usos restringidos.

C.A.: Habría que hacer una distinción. Aquí confluyen varias cosas: es finca privada y es parque regional. Respecto a la normativa del parque, en las zonas A y B, por supuesto, no pueden hacer más que lo que ponga en el plan. Luego, otras zonas, como las agrícolas, pueden seguir con su actividad tradicional, respetando la normativa en cuanto a una serie de cosas que especifica la Ley. Además, hay otra capa que se superpone. Toda la zona de pinar es un pinar consorciado. Es una figura jurídica que se estableció en su momento en la que, lo que se hacía era que el propietario aportaba el suelo y la administración se encargaba de la repoblación. Entonces, se hacía un contrato por el que los beneficios de la producción de monte a futuro, se repartían en un 60 por ciento a la administración para resarcir los gastos y un 40 por ciento al propietario. Además, en el momento de firma del contrato, la gestión de ese monte pasa a la administración. El propietario ahí no tiene prácticamente nada que decir hasta que se extinga el consorcio. A medida que ha ido pasando el tiempo, los gestores se han dado cuenta que los pinares no dan madera de mucha calidad, pero tienen un gran valor paisajístico y ambiental, por lo que la labor es la de conservarlos y gestionarlos de la zona más adecuada para que no haya excesiva densidad. Es otra visión del monte totalmente diferente. Por tanto, no hay fechas de extinción de esos contratos. Se considera ‘sine die’ hasta que surja una normativa que extinga los consorcios y, de momento, eso no va a suceder a corto plazo.

 

El crecimiento de Rivas y Arganda y la dinamización de la plataforma logística de Arganda han derivado en anuncios para ampliar carriles en la A-3. ¿Cómo afectaría esto al Parque Regional del Sureste?

C.A.: Habría que ver los límites de lo que es la zona de carreteras y ver el proyecto. Todo lo que sea disminuir la superficie del parque es complicado. Pero volvemos a la zonificación, si se quiere hacer en una zona en la que se permiten las infraestructuras de transporte, no hay problema. Ahora, si se metiera en zonas de máxima protección, solo se podría hacer si el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, por motivos muy justificados, lo aprobara. Por eso, depende del proyecto, las afecciones y las medidas compensatorias. Pero es muy difícil que apruebe una cosa contra los informes del parque, a no ser que sea por defensa nacional o de máxima urgencia. Por ejemplo, en la ampliación del vertedero de Pinto, se barajaron unos acopios en el parque que se denegaron.

P.L.N.: La zona de máxima protección es el cortado, pero la zona del arroyo de Los Migueles está catalogada como zona E de reserva natural. El parque, en su zona norte, está muy segmentado por grandes infraestructuras: la A-3, la R-3, el metro, el AVE, la M-45, la M-50, el puente de entronque… Y si se demostrara que hay un interés superior, no habría más que hablar.

 

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