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Antonio Martínez, de la Plataforma Jarama Vivo

Antonio Martínez, de la Plataforma Jarama Vivo (©Diario de Rivas)

El estado del Parque Regional del Sureste ha saltado al debate público en las últimas semanas. Tras entrevistar a sus conservadores, Diario de Rivas analiza la situación de este entorno natural con las organizaciones ecologistas. Antonio Martínez es representante de la Plataforma Jarama Vivo, que incluye las organizaciones El Soto, Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA), Asociación para la Defensa del Bosque Autóctono (ARBA) y Ecologistas en Acción.

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Los humedales (lagunas) son los entornos más conocidos y emblemáticos del Parque Regional del Sureste. ¿Cuál es su situación?

En general, las lagunas tienen graves problemas. Tiene que ver con las especies invasoras que albergan, que han desplazado a las autóctonas. Y no me refiero solo a los peces, que ya solo queda el barbo común: el resto de los peces que vemos en las lagunas son todos especies invasoras. Me refiero también a todos los animales que hay alrededor de estos humedales: la tortuga de Florida, los mapaches, las cotorras… Esto es un jardín de los horrores tremendo y creciente. Pero hay un problema aún más gordo: las lagunas, unas con un proceso más avanzado que otras, tienen un grave problema de eutrofización, es decir, se están pudriendo. Esto tiene que ver con el origen artificial que tienen todas ellas, más de cien en el parque, basado en la extracción de áridos que hubo en su día. No tienen comunicación con el río y su suelo, al haber extraído todo el árido, no es permeable y poco a poco se van pudriendo; van generando algas y algunas, como las de Velilla o el Soto de las Juntas, van emitiendo malos olores. Hay mortandades de peces recurrentes; en Velilla ya hemos tenido varias. Es un problema que va creciendo y que debería abordarse cuanto antes, mejor.

¿Cómo podría solucionarse?

Nosotros, los grupos ecologistas, junto a algunos ayuntamientos, estamos pidiendo a la Consejería que adopte medidas que son viables y muy baratas para frenar los procesos de eutrofización de estas lagunas. Consisten en pasar agua del río por una canalización sencilla de una a otra laguna, con su desagüe, que ya lo tienen algunas además, para ir regenerando el agua. Es un sistema barato, que se ha probado hace años por la Consejería en la laguna de Las Islillas en Mejorada, y debe hacerse en las de Velilla, en la del Soto de las Juntas… Otras tienen un proceso mucho más lento, como la de El Campillo, ya que tiene mucha profundidad, pero en general todas van a ir entrando en procesos de degradación de la calidad del agua por esta eutrofización. O se adoptan medidas, o estamos condenados a tener charcas inmundas, muchas de las cuales están cerca de poblaciones.

Laguna del Soto de las Juntas, en Rivas Vaciamadrid

¿Qué hay de los ríos?

Los ríos Jarama, Manzanares y Henares son las ‘venas’ del Parque Regional del Sureste, y están cada año en una situación más degradada. Están muy contaminados. Más del 90% del caudal que pasa por Velilla y San Fernando procede de las aguas de las depuradoras, es decir, ya no tenemos casi agua limpia que dejen pasar desde las presas. Son ríos además que tienen una alta regulación, es decir, que en verano les dejan bajar muy poquita agua limpia, lo que está generando no solo un problema ambiental, sino sanitario. Lo que ocurre en San Fernando de Henares, Paracuellos o Coslada es una auténtica vergüenza: son millones y millones de toallitas que forman ya las riberas del río. La acumulación de toallitas, plásticos y cantidad de materiales sólidos arrastrados junto con aguas fecales a través de más de 20 sumideros entre Paracuellos y San Fernando, han formado ya riberas artificiales. Hoy, acercarse a un río como el Jarama en San Fernando de Henares es acercarse a una cloaca a cielo abierto. No siempre el agua del río huele mal, pero la composición de las tierras, de las riberas y en ocasiones lo que se ve tras una tormenta son millones de materiales que se han soltado al cauce y que están colgando de los árboles… Es una situación verdaderamente dramática. Esto sucede porque tenemos problemas con las redes de saneamiento y las administraciones no están interviniendo. Todo esto se sabe, se conocen las soluciones, que son los tanques de tormentas, pero sobre todo la administración regional, que es la que administra el Parque Regional del Sureste y sus exosistemas (humedales, ríos, cantiles), no está interviniendo. Nosotros le presentamos denuncias de colectores que sueltan aguas fecales, vertidos a las lagunas, y nunca han querido intervenir. Se lavan las manos en el peor sentido. Si las administraciones miran para otro lado, esto no se va a arreglar: esa es nuestra conclusión. Y este desinterés es la principal amenaza que tiene el Parque Regional del Sureste. Ya no es que alguien cometa una infracción o vertido: es que la administración, a sabiendas, permite que se incumpla la ley. Denuncias concretas, con fotografías, no tienen ninguna repercusión, más allá de que dentro de siete o diez meses, que nos ha ocurrido muy a menudo, nos anuncian que va a haber una inspección, cuando ya no hay ni rastro de lo que había ocurrido. En esta situación sobreviven a duras penas algunas cosas porque la naturaleza se encarga de que brote todo durante la primavera, y tengamos algunos escenarios muy agradables a la vista. Pero debajo de esto hay unos problemas tremendos que crecen año a año. No hay prácticamente inversión, ni actividades de educación ambiental que sean visibles, salvo las que hacen algunos ayuntamientos por su cuenta, como visitas de escolares, pero son cosas muy puntuales, y por supuesto la Consejería no tiene nada previsto para divulgar esto, salvo una página web que está muy desactualizada. El abandono institucional es lo que más nos preocupa, y no es una cuestión de dinero, sino de interés, de tener planes de recuperación y de atajar problemas que ya se sabe que van a ir a más y cuya solución va a conllevar mucho más dinero público.

¿Qué otros problemas tiene el Parque Regional del Sureste?

Los usos y los abusos. Hay actividades que concluyeron ya de manera sostenible, como la minería de áridos. Aquí los áridos se agotaron y se fueron, pero concluimos los últimos años con proyectos mineros sostenibles porque la legislación les obligaba y les vigilaban. Pero tenemos otros problemas nuevos, como la caza. La caza podría ser perfectamente compatible con la existencia del Parque Regional del Sureste: no hay ningún problema con que se cace en algunos sitios. El problema es que se caza en el 85% del territorio del Parque Regional del Sureste, y el parque está rodeado por, cuando no tiene dentro, poblaciones muy importantes. Aquí viven alrededor de 300.000 personas, dentro o en su periferia; todos los caminos que atraviesan el parque en esta época o en invierno están transitados por ciclistas o paseantes, que tienen que compartir sus paseos con los disparos de los cazadores. Y esto es un grave problema: hay un grave riesgo para la seguridad de las personas porque hay una actividad permitida, facilitada incluso por la propia administración regional, que es la caza, considerada prioritaria y fundamental. La caza debería ser un complemento de las muchas actividades que se pueden hacer, pero no un abuso al nivel que se está haciendo. En Velilla se han producido situaciones de personas a las que obligaban a pararse en el camino porque tenían que seguir disparando: ¡pero si en los caminos está prohibido cazar! No hay vigilancia, y ese es otro problema: los agentes forestales no tienen la culpa, porque tienen pocos medios, pero quienes nos movemos por el campo esperamos a veces tres o cuatro años para cruzarnos con alguno. Y eso no puede ser. La Policía Municipal en general, a pesar de que tiene competencias sobre todo el término municipal y no solo sobre la parte urbana, más allá de la última calle del pueblo es raro que se les vea. La caza y la poca vigilancia es un desastre y un riesgo para la seguridad, además de poner en peligro especies. Aquí ya no solo se caza en temporada de caza, sino varios meses más, salvo julio y agosto. Bajo la excusa de que hay muchos conejos, que es verdad, y causan daños a la agricultura, lo que se hace es caza de descaste, es decir, fuera de la temporada autorizada. Aquí lo que pasa es que se caza conejo, zorro y de todo: los depredadores de los conejos también se cazan, porque lo importante es cazar. Nosotros hemos visto no uno, sino muchos casos de cotos de caza que van a pedir un permiso para descaste de conejos, porque se quejan los agricultores de los conejos, y a la semana siguiente van a pedir descaste de depredadores de los conejos, como el zorro, por ejemplo. Y también les dan la autorización.

¿Y los jabalíes?

También. No atacan a la gente, como se cree, pero también los tenemos. En general, la caza van a tener que regularla, y por desgracia lo vana hacer cuando se produzca algún accidente grave. Llevamos un montón de años avisando de que no puede ser que el 85% del territorio del Parque Regional del Sureste sea territorio de caza. En los meses de diciembre y enero, se oyen disparos por todas partes: es como la guerra. Da lo mismo que sea un día de niebla o que estén circulando los ciclistas por los caminos. Ocurrirá alguna desgracia.

Camino cortado de Casa Eulogio

Camino cortado de Casa Eulogio (©Diario de Rivas)

El 85% del Parque Regional del Sureste es propiedad privada. Esta es una cuestión que ha salido a relucir a raíz de la instalación de una valla en casa Eulogio, en Rivas Vaciamadrid, tras lo cual el Ayuntamiento ripense abogó por que la Comunidad de Madrid expropiara terrenos. ¿Qué opinan ustedes?

Lo que dijo el alcalde de Rivas Vaciamadrid fue un brindis al sol. Ellos hace tiempo que podían haber hecho intercambios en los desarrollos urbanísticos que ha tenido Rivas Vaciamadrid, que han sido disparatados en los últimos veinte o treinta años, y sin embargo las compensaciones que han intentado conseguir en las licencias urbanísticas no tenían que ver con territorio del Parque Regional, sino con suelo urbano. Yo comprendo que es más goloso, pero podrían haber pensado que eran buenas oportunidades que se podían aprovechar para captar terreno rústico de valor natural en el Parque Regional del Sureste. El hecho de que sean suelos privados no quiere decir que no estén sometidos a la ley, pero es cierto que por ejemplo el camino que enlaza el puente de Casa Eulogio con el camino público que bordea Los Cantiles es un tramo privado. Lo que tenía que haber hecho el Ayuntamiento (no menciono a la Consejería, porque la damos siempre por desaparecida: existe, pero no se va a implicar en nada) es negociar con la propiedad para que por lo menos facilite el paso en determinados momentos del año, por ejemplo cuando no se caza, y a determinados momentos. Por ejemplo, para excursiones que organice una institución. Esas negociaciones sí se pueden hacer con las empresas privadas. En la laguna de Picón de los Conejos se llegó a un acuerdo con la gravera y se hizo un plan de restauración. Se puede hablar con ellos: lo que no puedes hacer luego es quejarte solo para quedar bien con tus vecinos, que es lo que nosotros creemos que es esa declaración, porque ya no tenía remedio en ese momento. La negociación tenía que haberse intentado antes, pero aún están a tiempo.

En el Parque Regional del Sureste aún hay industria. Por ejemplo, la fábrica de Pacadar que hay junto a la Laguna del Campillo…

Que tendría que haberse ido hace ya tiempo. Además está en suelo no compatible con esa actividad, según la legislación del parque. Pero claro, es que Rivas, precisamente, no es un buen ejemplo de prácticas urbanísticas sostenibles: no digamos ya del crecimiento desordenado a base de chalets con su piscina en tiempos en los que en Madrid el agua limpia ya estaba desapareciendo de los ríos mientras las piscinas se llenan todos los fines de semana. Me refiero a que hemos denunciado algunos casos de cómo el Ayuntamiento de Rivas ha otorgado licencias de ampliación a determinadas instalaciones incompatibles con la legislación del Parque Regional del Sureste. Es verdad que no se pueden cerrar de la noche a la mañana, pero no se puede dar una licencia de ampliación. En general, el Ayuntamiento de Rivas no ha actuado correctamente en defensa de los intereses del Parque Regional del Sureste en demasiadas ocasiones. Es verdad que en otras, como por ejemplo la amenaza de la gravera de El Piul, sí que actuó bien; pero en otras lo hizo de manera reprobable. Otra cosa es que haya industrias en mitad del campo antes de que se elaborara la legislación del parque, y en este caso se quedan, pero después no pueden alimentarse con ampliaciones, y lo han permitido.

Se ha hablado del incremento de personas que pasean por el Parque Regional del Sureste, con usos intensivos que han hecho saltar algunas alarmas…

El Soto de las Juntas es uno de los problemas que tiene. Allí va mucha gente por los pocos caminos que hay. Y estamos teniendo otro problema que deberíamos haber previsto, viviendo como vivimos en pueblos con muchos chalets, y es la gran cantidad de mascotas sueltas por el campo. Tenemos tres normativas: ordenanza municipal, legislación del Parque Regional —que dice que no hay que molestar a la fauna silvestre— y el Plan de Conservación de Humedales de la Comunidad de Madrid, del año pasado, que dicen que no se puede andar con perros sueltos en las inmediaciones de los humedales. Y el 90% de los perros que vemos andar por esas zonas van sueltos. En el Soto de las Juntas, la última vez que estuve hace dos o tres meses, vi uno o dos perros agarrados. No pasa nada: a veces el perro va con el dueño y está educado, pero otras va siguiendo rastros, persiguiendo lo que pilla, y molestando a especies autóctonas, como las nutrias. Y la gran cantidad de gente con sus mascotas en entornos relativamente pequeños, como el Soto de las Juntas, sí son un problema, porque son incompatibles con el ambiente de tranquilidad que requiere la presencia de determinada fauna. Y además hemos tenido conatos de incendio: el día que haya fuego por el abandono de una botella, vamos a tener un grave problema, como ha ocurrido hace poco en otros municipios, como Mejorada del Campo. Donde circula mucha gente, tarde o temprano algún conato de incendio tenemos.

El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid propone que se reúnan los municipios del Parque Regional del Sureste para hablar con la Comunidad y participar en las políticas de conservación de este espacio natural.

No sabemos si ha sido un amago. En el Ayuntamiento de San Fernando de Henares, debido a la lamentable situación del Jarama a su paso por el municipio con los restos de toallitas y demás que comentábamos antes, aguas fecales, en fin, un desastre que hay que ver para creer, el alcalde, Javier Corpa, anunció que iba a ponerse en contacto con otros ayuntamientos de la zona para ver cómo influir en la administración regional, que no está haciendo nada, para que se recupere el río. El asunto es arduo porque aquí las competencias reales son de la Comunidad de Madrid, porque el Canal de Isabel II es el que depura y la Consejería de Medio Ambiente es la que administra el Parque Regional, pero también tiene competencias la Confederación Hidrográfica del Tajo o la Red Natura 2000, que la administra la Consejería. No solo tenemos un problema de salud pública, que también, como decía el alcalde de San Fernando: es que con esas aguas tan contaminadas, más las aguas contaminadas del Manzanares por debajo de Madrid, donde están las depuradoras, que depuran fatal, por cierto; con esas aguas, digo, se riegan 10.000 hectáreas del ‘huerto de Madrid’, es decir, desde Rivas y Arganda hasta Toledo. Cuando las zanahorias van a Mercamadrid, se han regado con aguas prácticamente fecales, con una gran cantidad de metales pesados que cualquiera que busque en internet analíticas de contaminación del río Jarama se escandalizará, y eso que ha mejorado en los últimos años; más los sedimentos que tiene el río en las presas, depositados durante años y años. Con eso se riegan las patatas, zanahorias y resto de verduras en San Martín de la Vega, Aranjuez o Toledo. Estamos ante un problema sanitario grave al que nadie quiere meter mano, a pesar de que nos hemos dirigido a todos los grupos de la Asamblea de Madrid con los informes de analíticas. No puede ser que se esté regando con estas aguas sin tratar, pero nadie quiere meterse con ese tema. El alcalde de San Fernando, escandalizado por la situación sanitaria de su tramo fluvial, ha dicho que quiere ver a los alcaldes. Nosotros les hemos hecho una oferta de colaboración sostenida, no puntual, es decir, más allá de llamar la atención sobre un determinado problema. Nosotros queremos que los ayuntamientos se organicen mancomunadamente en la zona para defender el medio natural. Por ejemplo, ¿no se vigilan las lagunas y el río? Se podría mancomunar un servicio de vigilancia del medio natural que complemente el escaso número de agentes forestales. Por ejemplo, ellos conocen la existencia de focos de contaminación del río, así que pueden vigilarlos, tomar muestras, etcétera. En cuanto a los programas de educación ambiental, podrían compartir las pocas infraestructuras que tienen unos y otros. Nosotros les hemos remitido siete propuestas de trabajo conjuntas para trabajar de manera estable por siete objetivos, y no hemos recibido ninguna respuesta. Y tienen que hacerlo, porque mientras las administraciones no se pongan a trabajar —y la Comunidad de Madrid no tiene mucha voluntad—, esto va a seguir degradándose cada vez más. Por desgracia, es así.

Río Jarama a su paso por El Piúl (Fuente: Diario de Rivas)

Río Jarama a su paso por El Piul (Fuente: Diario de Rivas)

Desde Jarama Vivo afirman que el Parque Regional del Sureste está en su peor momento… ¿por qué?

Hemos tenido malos momentos. En mi opinión, en lo que respecta al abandono, sí, es el peor momento. Arrastramos entre 10 y 15 años de absoluto desinterés. Cuando se creó el Parque Regional del Sureste en 1994, nos constituimos en asociación varios técnicos de Medio Ambiente de distintos ayuntamientos: yo lo era de San Fernando, otros eran de Rivas…, que ya veníamos trabajando en el proyecto de parque. Incluso llegamos a negociar con la Consejería algunos contenidos de la ley del parque, como ampliar territorio en algunas zonas. En los años posteriores, se nombró un director conservador con el que teníamos diferencias, pero con el que nos veíamos prácticamente todos los meses para discutir distintos aspectos. A veces no nos hacía caso, otras veces sí, pero teníamos contacto. Pero desde hace quince años, sabemos que existe la figura del conservador, pero no hemos mantenido ninguna reunión.

¿Nunca se han reunido con él?

Ecologistas en Acción, Jarama Vivo, ARBA, GRAMA… no hemos tenido contacto. Esto fue un proceso en el que cortaron toda comunicación con la sociedad civil. Desapareció la junta rectora del Parque Regional del Sureste y a partir de ahí no hemos encontrado cauces de comunicación. Antes estaba la junta rectora y también manteníamos contacto personal, pero desde que desapareció, también lo hizo la figura del director, el Parque Regional del Sureste quedó casi sin presupuesto, ya no había reuniones, no se informaba de los proyectos que hay para este territorio… Ahora nos enteramos por los hechos consumados. No tenemos relación, no les vemos y tampoco vemos que hagan gran cosa, y cuando nos dirigimos a ellos para comunicarles cualquier situación, no obtenemos respuesta. Nosotros vamos volcando en nuestra web no solo las denuncias, que ya van unas 120, sino que les decimos lo que sucede en cada rincón, les enviamos fotos… Y sabemos que les llega, pero nadie contesta. En los últimos 10-15 años la Consejería ha desaparecido. Me imagino que se verán con algún ayuntamiento, pero en los asuntos de trascendencia no están. Les hemos dicho que hay que sanear las lagunas, que se están eutrofizando; que hay siluros… Desde una de las lagunas de Velilla, por ejemplo, hay un desagüe que va al río y, si sale agua de ahí, saldrán también los alevines de los siluros, y se puede contaminar biológicamente el río Jarama. Esto fue hace tres años, y no hay respuesta.

¿Qué opinión les merece el plan de humedales de la Comunidad de Madrid?

Dijimos en su momento que era muy limitado, empezando por el presupuesto: queda reducido a unos seis millones. No se tuvieron en cuenta nuestras alegaciones. Queríamos que quedara claro que en los humedales había una zona periférica de verdadera protección; no solo formal, sino real, y no se ha tenido en cuenta, y la han establecido acomodándose a las necesidades de otras actividades, como la caza. Este es un ejemplo, pero hay otras pegas. Está habiendo problemas con el gran número de ciclistas que circulan por caminos que a veces son muy angostos. No es que queramos dar prioridad a unos sobre otros, pero los ciclistas causan más problemas que los paseantes. Entre las sete propuestas que hicimos fue la creación de la vía verde entre la zona de Mejorada-San Fernando y Arganda, por el antiguo trazado del tren de la Azucarera, lo que desviaría buena parte del tránsito ciclista. En el plan de humedales les propusimos que no se permitiera el paso de ciclistas por caminos muy estrechos. Ha habido problemas no solo con los paseantes, sino entre ellos también. El Plan de Humedales de la Comunidad de Madrid ha sido un intento fallido, que ha quedado muy por debajo de las expectativas que teníamos para preservar algunos humedales. Por ejemplo, en ese plan no se ha abordado la eutrofización de humedales como las lagunas de Velilla, el Soto de las Juntas y otras en la zona de Arganda del Rey. Hablan de que el estado de conservación es malo y tiene que ver con riesgos de generación de algas y exceso de materia orgánica, pero no abordan soluciones para eso. Lo más que hacen es proponer la construcción de un observatorio de aves en Velilla, que está bien, pero para seis años y seis millones de euros de gasto en los humedales nos parece muy pobre. El reparto de esfuerzo de educación ambiental y regeneración de ecosistemas es muy pobre. La mayor parte del dinero se va en estudios: analíticas, conteos de fauna, que no digo que no esté bien, pero es muy insuficiente: no nos va a servir para mejorar la conservación, sino para conocer el estado de degradación. Y solo con eso no es suficiente.

Antonio Martínez, de la Plataforma Jarama Vivo

Antonio Martínez, de la Plataforma Jarama Vivo (©Diario de Rivas)

¿Creen que la solución sería restaurar la junta rectora del Parque Regional del Sureste?

Es una necesidad, y una consecuencia de la legislación de este país, que favorece la participación pública: no nos estamos inventando nada. Cuando se fundó, no era un acto revolucionario, sino la aplicación de la legislación que existe ahora, que obliga a las instituciones públicas a adoptar canales de participación. La mayoría los han anulado porque no querían testigos, o tenían previsto abandonar su implicación en la conservación del Parque; no lo sé. Pero dejarnos sin participación no era lo grave: nosotros podríamos no existir, pero no solo nos quedamos fuera sino que el propio Parque Regional del Sureste quedó abandonado a su suerte desde entonces.

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