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OPINIÓN

Bernardo González

Bernardo González

Portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid

Son las 10 de una fría noche de octubre. Paquita, la vecina del primero, escucha cómo se cierra la persiana del bar de abajo, el de toda la vida. Una acción diaria que la acompaña desde hace decenios, pero que ahora todos tenemos mucho más presente por dos razones.

La primera es que ocurre mucho más temprano: el chirriar del cerramiento llega a nuestros oídos mucho antes de medianoche. La segunda y más terrible es que esta segunda ola está provocando un tsunami en la restauración, un terremoto que está acabando con gran parte de este tejido económico, pero también con un tejido social que ha construido España durante generaciones.

Detrás de cada persiana que se baja, hay una familia con un sueño hecho añicos, trabajadores que, después de poner miles de cortados, menta poleos y cañas, ven cómo se enfrentan a la ruina prácticamente sin ayuda.

Aquí es donde Ciudadanos ha tratado desde marzo de tener un papel importante. Desde la Comunidad de Madrid se han asumido las cuotas de estos autónomos, mientras la administración dirigida por Pedro Sánchez se mantenía aletargada. Se han desarrollado decenas de medidas, pero, sobre todo, se ha hecho al ritmo que marcaba la pandemia. No se ha esperado a ver qué ocurre o qué hace el resto para poner parches, como ocurren en la receta por la que se apuesta en Rivas.

Y esta es una realidad crónica: el gobierno de Rivas actúa solo al son que le marcan las otras administraciones. Su prioridad no es solucionar problemas locales, es la confrontación. Si estas administraciones son afines a él, aplaude; si son de otro color o signo político las atiza, considerando que todo lo malo que ocurre en Rivas es fruto de las decisiones tomadas en otros lugares y no de la gestión de los sucesivos alcaldes de este municipio.

Un ejemplo. Hace meses prometieron, apoyando una propuesta de Ciudadanos, que el contenedor marrón llegaría a Rivas antes de terminar el año; pero por ahora nada se sabe de esta propuesta y pinta que, como siempre, se retrasará, provocando un agravio comparativo entre los ripenses y los vecinos de otros municipios que disponen de este servicio municipal. Como ha ocurrido también desde hace años con el enlace de la M-50, donde continúan insistiendo en que la culpa es de la Comunidad de Madrid, aunque la justicia ya ha dicho que la construcción es una responsabilidad del Gobierno de la nación y de este ayuntamiento que debería haber exigido a los propietarios de los terrenos que se hiciese ese enlace.

Actualmente, Rivas cuenta con una oficina de empleo de la Comunidad de Madrid, sin embargo, no se pueden pedir prestaciones porque no hay delegación del SEPE, una responsabilidad estatal. Las promesas de que llegará son crónicas, pero no es un problema prioritario para el alcalde y su equipo de Gobierno: no han declarado la emergencia con la que bautizan otros problemas, no han hecho manifestaciones ni enviado notas de prensa. Esperan pacientemente a que sus homólogos reaccionen implantando una infraestructura esencial para los casi 100.000 habitantes de Rivas.

Otro problema crónico que tiene Rivas es que su equipo de Gobierno es extremadamente olvidadizo. En la primera ola de la pandemia se firmó un Pacto de Ciudad, un documento donde se recogieron, con cierto retraso, las medidas que desde Ciudadanos se han lanzado a diario durante la pandemia.

En él, por ejemplo, se planteaban ayudas para que los comercios se preparasen para una posible nueva ola. A estas familias de emprendedores se les pedía que dieran un paso adelante y se adaptaran convirtiéndose en digitales, fomentando que, de ocurrir lo que ahora estamos viviendo, estuvieran preparados para poder continuar vendiendo sus productos. En definitiva, para evitar que se cerraran persianas.

¿Qué ha pasado? Pues que todo ha quedado en papel mojado. Hasta ahora, los comercios no han visto estas ayudas, pero sí han tenido que leer cómo el alcalde les decía a través de una entrevista que la solución estaba en manos de los vecinos. Vamos, que ellos, como políticos, se definen como incapaces e ineficaces.

Les confieso que me preocupa que la mejor apuesta que tienen para evitar los cierres, a la que han dado prioridad y visibilidad, sea un concurso de cortos. Creo que los comerciantes necesitan soluciones para sus problemas, no pueden permitirse un equipo de Gobierno descentrado y que ha olvidado que está contratado por los vecinos para mejorar el municipio y no para repartir el poder en concejalías interminables entre los distintos socios de este nutrido equipo de Gobierno.

Ellos deben asumir responsabilidades. Hay que poner las ayudas a disposición de comercios, autónomos y PYMES. La coalición de socialistas y chavistas va por detrás del virus, están llegando tarde a todas las necesidades que se plantean, centrándose en cambiar nombres de calles. Ahora es el momento de actuar y de ayudar a los emprendedores y familias que hay detrás de esos negocios antes de que bajen su persiana para siempre.

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