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Asociación Vecinal La Luna

Ainhoa Vega, presidenta de la Asociación Vecinal La Luna (©Planeta Rivas)

La Luna no es un ‘satélite’ de Rivas. Los ‘selenitas’ lo tienen claro: el barrio de La Luna, una zona de la ciudad en pleno crecimiento y constante cambio, se mueve cada vez más para luchar por unas dotaciones que van haciendo más y más falta con cada aluvión de nuevos vecinos. Planeta Rivas analiza los problemas —y las virtudes— de esta barriada ripense con la presidenta de la Asociación Vecinal La Luna, Ainhoa Vega.

A veces, se habla de La Luna como un barrio alejado. Parafraseando algunas bromas recurrentes de las redes sociales, ¿el barrio de la Luna es Mordor?
No. Es verdad que estaba previsto que se completara antes el barrio, pero llegó la crisis, paró la construcción y algunos edificios se quedaron aislados. Por eso, en el barrio a veces nos hemos sentido un poco ‘Mordor’, olvidados de todo, del transporte, de los servicios públicos… pero en realidad hay vida.

Ahora se empiezan a construir algunas dotaciones, como el colegio La Luna…
Hay movimiento, aunque a veces parece, tal y como se refleja en las redes sociales, que vivimos en el desierto. Uno de los lemas que tuvimos en las fiestas fue que ‘Vivimos en la luna… no en el desierto’, por eso, porque nos sentíamos un poco aislados, pero, realmente, no es así. Hay mucho comercio, hay vida por las calles, el bulevar es precioso, se está empezando a construir muchísimo, ya está previsto el colegio en breve y después vamos a por el centro de salud, la biblioteca y la ciudad deportiva.

¿Cómo son los habitantes del barrio de la Luna?
Son familias muy jóvenes, entre 30 y 45 años como mucho, que están teniendo a los primeros niños y niñas. Se ve mucho niño pequeño. y gente con mucha iniciativa y ganas de hacer cosas. Falta un poco la conciencia de barrio, quizás por esa falta de dotaciones, porque la gente tiene que ir fuera a buscarlas.

El alcalde explicaba en una entrevista a Planeta Rivas la importancia de los bulevares como lugares de encuentro. ¿Influye el modelo de construcción en la forma de relacionarse de los vecinos?
Es un modelo de construcción que estuvo muy de moda durante un tiempo. Es verdad que en cada edificio tenemos nuestra piscina, nuestros parques infantiles… Eso favorece que la gente se quede dentro. Pero cuando viene el buen tiempo, la gente sale al bulevar porque no puedes quedarte siempre dentro de tu comunidad. También tenemos un problema con la sombra: es un barrio muy nuevo, los árboles todavía no tienen altura suficiente y tenemos que aprovechar el paseo en las horas nocturnas o cuando todavía no hace mucho calor porque, a partir de finales de junio, ya no se puede pasear.

¿Qué le hace falta a este barrio para cohesionarse?
Hace falta más visión de barrio, más comercio local. Reclamamos un mercado de toda la vida: hacen falta tiendas, una carnicería, una papelería… Que puedas encontrar los servicios básicos cerca. Hace falta un centro de salud. Y hacen falta dotaciones sociales para que los vecinos no se vayan a buscar cosas fuera. Creemos que, una vez que todo eso esté, habrá mucha más cultura de barrio, que es lo que realmente une a la gente.

¿Qué es lo más urgente?
Tenemos varios frentes abiertos. Faltan muchas cosas en el barrio. El colegio es una prueba prácticamente superada. Es necesario un centro de salud: primero, porque en Rivas hace falta; en segundo lugar, porque los ‘selenitas’ estamos derivados a distintos centros de salud, que están colapsados. Otro tema muy importante en la asociación es problema del transporte. Tenemos muy mala comunicación, tanto hacia Madrid como hacia el interior de Rivas, y vemos a mucha gente bajar caminando al metro porque el autobús da muchísima vuelta.

¿Qué propone la asociación de vecinos en materia de transporte?
El transporte es prioritario porque afecta a la chavalería y a los adultos. Hay padres con bebés que no tienen cómo moverse hasta el centro de salud: la ruta del 333 da una vuelta tremenda. Tenemos previsto preguntar a los vecinos sobre las necesidades en esta materia, con micrófono en mano; también alguna acción en el metro y los autobuses, con hojas de reclamaciones incluidas. Estamos viéndolo con personas de otras zonas también, aunque el barrio de la Luna es una de las zonas más afectadas.

¿Cuál es la relación de La Luna con el resto de Rivas, dadas las condiciones actuales?
Aunque el barrio está un poco apartado, también es verdad que muchas personas que viven aquí son gente de Rivas de toda la vida que se ha emancipado y se ha venido a vivir a viviendas de protección oficial en el barrio de La Luna, y tiene una visión de Rivas al completo. El barrio de La Luna forma parte de Rivas, sigue moviéndose e interactúa con el resto del municipio.

¿Cómo lucha la asociación de vecinos contra los humos y los vertidos que afectan a la zona oeste de Rivas?
Hemos hecho varias campañas. Una fue recogiendo firmas junto a una organización de Rivas; también nos hemos reunido con la Guardia Civil para saber cómo van a atajar el problema y nos dijeron que iban a poner refuerzos y a establecer protocolos para mitigar el tema de los fuegos.

¿Cómo ven el inminente pacto para resolver el problema de la Cañada Real?

El problema de la Cañada es muy complicado de resolver. Nosotros exigimos que se resuelva, pero hay que tener en cuenta que en ese espacio hay muchos tipos de personas y de situaciones y es muy complicado solucionarlo a día de hoy. Entendemos que no va a ser rápido. Rivas siempre ha estado por la labor de solucionar estos temas, pero hay muchos municipios involucrados. Esperamos que el acuerdo se lleve a cabo y que sea beneficioso para todos.

¿Cuáles son los mejores aspectos del barrio?
El bulevar: permite la interacción y el paseo y que gente de toda la vida de Rivas y gente nueva se conozcan entre sí. También los bares y los parques infantiles. Y, por supuesto, las fiestas de septiembre. Este año no sabemos si vamos a hacer fiestas porque falta mucha participación por parte del vecindario y es una carga grande. Una de las motivaciones fundamentales para hacer las fiestas era la participación vecinal y que la gente conociera la asociación, viniera y entrara a formar parte de ella, con pensamientos diversos para construir un barrio entre todos y todas. Pero, en realidad, las fiestas se han convertido en un grupo de personas trabajando para organizarlas. Los miembros de las asociación tenemos vida y, si fuéramos más, no sería tanto trabajo, pero los que organizamos al final las fiestas, nos pegamos una paliza tremenda. Es muy desalentador ver que la gente no viene a participar y echarte una mano. Viene gente del municipio a ayudar, y otras organizaciones, pero poca gente del barrio.

¿Qué se puede hacer para cambiar esto?
La gente tiene que mentalizarse de que el barrio se hace desde dentro; no puedes esperar a que te lo den todo hecho. Además, el barrio nunca va a tener personalidad propia si los vecinos no lo sienten así, y tenemos una oportunidad para hacer un barrio precioso con dotaciones y propuestas. Para mí es un gusto ir por la calle y saludar a todo el mundo, porque me he movido por muchos ambientes en el barrio gracias a la asociación. Eso, para mí, es un barrio: que nos ayudemos unos a otros, que formemos parte de algo común. Creo que mucha gente entiende que el barrio es un sitio al que venir a dormir, quizás por esa falta de servicios, y es desalentador. La gente tiene que participar porque, en realidad, luego no es tanto trabajo; simplemente, se trata de mostrar que hay interés y hay propuestas.

Miembros de la Asociación Vecinal La Luna posan en su sede para Planeta Rivas

Miembros de la Asociación Vecinal La Luna posan en su sede para Planeta Rivas (©Planeta Rivas)

¿Cómo se vive en el barrio la llegada casi constante de nuevos vecinos?
Hace años se dio una entrega de vivienda grande, luego se paró por la crisis y ahora se ha empezado otra vez. A mí me encanta, porque es gente nueva y diferente y ves nuevos proyectos de vida aquí. Eso es muy bonito, porque, dentro de veinte años, todos habremos hecho aquí nuestra vida. Cuando vas a la inauguración del VI Plan de la Vivienda y ves a esas familias o a esas personas solas, tan nerviosas e ilusionadas, disfrutas mucho. Desde la asociación tratamos de dar la bienvenida a los nuevos vecinos. Estuvimos en la entrega de llaves del pasado mes de diciembre para ofrecer nuestra ayuda y para que nos pongan cara, darnos a conocer y facilitar el acceso a la asociación. De hecho, algunos ya se han puesto en contacto para participar. Eso es lo que nos motiva a seguir haciendo cosas.

Y todavía quedan viviendas por construir…
Ahora mismo, vivimos entre ocho y nueve mil personas, y esto no ha hecho más que empezar. Al ser tantas viviendas, a veces nos cuesta llegar a todo el vecindario; por eso hacemos mucho uso de las redes sociales. Nuestra intención es que todos se sientan parte del barrio. Una de nuestras reivindicaciones es que La Luna es todo: no hay una distinción entre La Luna y el Cristo. El plan urbanístico era el Cristo de Rivas y, cuando se entregaron las primeras viviendas, en el bulevar, se denominó a la zona barrio de La Luna, que abarca toda la zona del Cristo hasta el plan de La Fortuna, que está al lado del CEIP Mario Benedetti, que ya es otro nuevo. El barrio de La Luna es extensísimo.

¿Cuáles son los principales logros de la Asociación Vecinal La Luna hasta ahora?

Sin duda, el colegio La Luna ha sido nuestra lucha desde el primer día. Hemos visto el sí y el no, los anuncios de comienzo de obras; la construcción de un colegio concertado al lado, a pesar de que las encuestas entre los vecinos salían con un 80 por ciento de personas a favor de un colegio público… Hubo momentos en que vimos peligrar mucho la posibilidad de tener un colegio. Ha sido nuestra mayor pelea y nuestro mayor logro. Habrá que hacer una fiesta cuando se construya.

¿Está de acuerdo la asociación con la ubicación del colegio?
La ubicación no es la mejor, pero es la que hay. No es una zona que esté muy lejos, pero sí que creemos que podría haber cubierto más si hubiese estado ubicado más hacia la zona de Savia Joven; ahí está cerca del Rafael Alberti y del Mario Benedetti y quizás hubiera sido más útil más hacia arriba. Nosotros participamos en la comisión de infraestructuras con esta propuesta y no había otras parcelas, porque la única que había era más pequeña y no cumplía los requisitos para incluir un colegio con primaria y secundaria.

¿Cómo ha cambiado el planeamiento desde su proyección original?
El gran cambio ha sido la ciudad deportiva. Está parada y no sabemos si algún día llegará a construirse. Es una de nuestras reivindicaciones y parece ser que a corto plazo no va a estar construida. Luego, estaba planificada la ciudad del agua y la energía en el descampado entre las viviendas y la M-50, que también está parada. No sabemos si se va a replantear. Las prioridades ahora mismo son un mercado, un centro de salud, servicios deportivos… En este barrio somos muchos y ya hacen falta.

 

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