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El grupo, en una de las paradas en el viaje de vuelta, cerca de Burdeos (foto: José A. Clemente).

El grupo, en una de las paradas en el viaje de vuelta, cerca de Burdeos (foto: José A. Clemente).

La invasión militar del ejército ruso en territorio ucraniano ha vuelto a poner en evidencia el compromiso y la solidaridad de la ciudadanía de Rivas con este tipo de situaciones de emergencia humanitaria.

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Dos empresarios y vecinos del municipio, José A. Clemente y Guillermo Magadán, junto con otro vecino más de la ciudad, Mariano Sanz, y dos acompañantes, Juan Luis Macías y Jean Christophe Desborde, han recorrido en sus respectivos vehículos los 3.000 kilómetros que separan Rivas de la frontera de Ucrania con Polonia para entregar material y recoger a personas, mujeres y niños, con contactos personales en España.

“A partir del primer día de la invasión, estaba preocupado por las imágenes que llegaban, y estar en el sofá viéndolo como si fuera una película me generaba bastante malestar. Como en una de nuestras empresas tenemos un autobús, mi socio Guillermo me planteó utilizarlo, y así empezó a gestarse esta aventura que iniciamos contactando con asociaciones ucranianas en España y otros contactos personales que teníamos nosotros”, explica José A. Clemente, psicólogo y director de Cénit Psicología.

Por la dificultad para encontrar dos conductores (ellos no disponen del permiso correspondiente) y por otro inconveniente con la documentación del vehículo, el viaje se retrasó unos días y se reformuló. José y Guillermo pensaron entonces en conducir una furgoneta de 9 plazas y una autocaravana para 7 ocupantes. Esta fue la opción elegida para el transporte. “Se animó un vecino más, Mariano, que tiene un todoterreno de 7 plazas, y por eso hemos podido llevar tres vehículos, pero también suponía un incremento de los gastos del viaje”, apunta José A. Clemente.

Por este motivo, a tres días de partir la expedición ripense hacia Polonia, José envió un mensaje a su comunidad de vecinos y vecinas por si deseaban donar material de primera necesidad y dinero para ayudar a costear el trayecto de ida y vuelta. El mensaje se hizo viral vía WhatsApp y la respuesta ciudadana fue tal que incluso tuvieron que dejar material sin enviar porque no entraba todo lo donado en los tres vehículos. “Ya estamos viendo cómo hacerlo llegar a corto plazo”, señala el psicólogo.

Descarga de material en la ciudad polaca de Medyka (foto: José A. Clemente)

Descarga de material en la ciudad polaca de Medyka (foto: José A. Clemente).

5 días de viaje y 14 personas transportadas a España

El domingo 13 de marzo, los tres vehículos partieron desde Rivas con destino a la frontera ucraniana con Polonia. “Hemos ido 5 personas porque nos falló una conductora ucraniana que tuvo que salir finalmente antes a recoger a su familia, lo que hizo que tuviéramos que hacer turnos de conducción más cortos al no llevar dos personas por vehículo”, explica José A. Clemente.

El martes 15 por la mañana, el psicólogo, que ha ido informando diariamente de la situación vía redes sociales a las personas que han colaborado en la iniciativa, confirmó que se encontraban en las inmediaciones de la ciudad polaca de Medyka, paso fronterizo con Ucrania. Hacia las dos de la tarde del día siguiente, miércoles 16 de marzo, otro mensaje de Clemente informaba de que los tres vehículos ponían rumbo de nuevo hacia Madrid.

En las poco más de 24 horas que permanecieron en la zona recogieron a las 14 personas que tenían planificado traer a España y entregaron todo el material transportado desde Rivas. Antes del viaje y también durante el trayecto, había afianzado la comunicación y el vínculo con los familiares y contactos de estas que les esperaban en España para acogerles a su llegada. «Pero no fue fácil», reconoce Clemente, porque no conocían a las personas que debían recoger en persona más allá de fotos y porque cada grupo estaba en un punto distinto de la frontera. “Empezamos por un polideportivo cerca de Cracovia, luego fuimos a Medyka y otras ciudades y lugares cercanos, buscando a las familias y personas”, indica.

Entre estos lugares se incluye, cuenta José A. Clemente, “un antiguo hospital psiquiátrico en medio de la montaña a dos horas de cualquier sitio”. Explica que llegaron allí pasada la medianoche y narra la odisea que tuvieron que pasar para conseguir subir en sus vehículos a una mujer, Tania, y sus dos hijos de 2 y 8 años de edad que les esperaban dentro. “Allí las familias disponen de un espacio que no será de más de 2×2 donde duermen en esterillas. Si sales del edificio los militares que lo custodian no te dejan entrar de nuevo, y la cola fuera, de familias con niños pequeños y a varios grados bajo cero, es larga. Por eso, la mujer no quería salir y buscaba nuestra furgoneta desde la ventana. Estaba atemorizada, así que finalmente entré a intentar encontrarla y sacarla y justo había salido ella por otro lado. Pero finalmente nos encontramos y después de que ella confirmara que éramos nosotros su contacto, se fio de nosotros y se subieron”, detalla Clemente.

Antiguo hospital psiquiátrico donde la expedición ripense recogió a Tania y sus dos hijos de 2 y 8 años (foto: José A. Clemente).

Antiguo hospital psiquiátrico donde la expedición ripense recogió a Tania y sus dos hijos de 2 y 8 años (foto: José A. Clemente).

Otro de los espacios visitados fue un centro comercial en Cracovia. El lugar impactó especialmente a José A. Clemente: “En la plata de arriba los polacos hacen vida completamente normal, compran en sus tiendas y disfrutan de su tiempo de ocio, pero bajas las escaleras mecánicas, avanzas 50 metros y te encuentras otro mundo”, expone. Como en el hospital psiquiátrico abandonado, las familias con niños viven hacinadas en un espacio reducido. “La mayoría esperan que el Estado les ayude y puedan volver a su país porque no tienen contactos en otros países que les acojan, y otros tratan de salir pero el transporte está colapsado”, apunta el psicólogo.

Para que las mujeres que debían recoger en Ucrania supieran que eran de fiar se había hecho fotos con sus contactos en España que utilizaban como prueba. No eran las únicas, cuenta Clemente, pero sí las más fiables para las familias. Y ni siquiera así terminaban de confiar en ellos. “La situación que se vive allí es tan dura que te encoge el alma; duele mucho más en directo cuando sientes el frío y ves como están las mujeres con sus niños pequeños en brazos. Y a ello se suma la desinformación, los bulos que corren y también parte de realidad por la inseguridad que generan las mafias que hay en la frontera”, expone el empresario ripense para intentar describir el contexto en el que estas familias tienen que depositar su confianza en unas personas que no dejan de ser desconocidas para ellas. “En cada parada del viaje que hacíamos se juntaban como en una especie de gabinete de crisis, temiendo por si las íbamos a hacer algo, y no paraban de hacernos preguntas; incluso cuando nos desviamos un poco de la ruta que les habíamos dicho que haríamos”, recuerda.

El grupo al completo con las 16 personas evacuadas por carretera y aire (foto: José A. Clemente).

El grupo al completo con las 16 personas evacuadas por carretera y aire (foto: José A. Clemente).

Antes de poner rumbo a Madrid con 3 mujeres y sus respectivos hijos (5 niños y niñas en total) y cuatro mujeres que viajaban en solitario más a bordo, intentaron ayudar a otras personas a salir de la frontera pagándoles un billete de avión, tren o autobús con el excedente de las donaciones entregadas por las personas que habían colaborado previamente. “Fuimos a la estación de Cracovia. No hablan inglés, no hablan español y estaban asustados, como para irse con alguien desconocido que dice que les va a pagar el billete”, señala Clemente. “Al ser tan complicado, hablé con las autoridades militares de allí y les expliqué que podíamos hacer. La respuesta fue que no podían hacer nada porque no estábamos identificados como organización”, continúa. “Me contaron las propias autoridades que había casos de familias divididas, detenidos por secuestro de bebé… Me partió por la mitad. No me lo podía creer. Pensaba que eran rumores pero cuando te lo dice la autoridad en Cracovia, negándote la ayuda con todo masificado de gente para salir…”, concluye.

Finalmente, “solo” pudieron ayudar de esta manera a una madre y una hija que aceptaron la compra de un billete de avión con destino a Barcelona, donde les esperaba su contacto. “No habían volado en la vida; estaban traumatizadas y se asustaron cuando les dijimos que solo podemos ayudarlas así. Y encima, sus pasaportes están en cirílico así que fue una odisea contratar el billete por internet. Tuvimos que ir en persona al aeropuerto para poder hacerlo”, dice Clemente, que confirma que ambas mujeres se encuentran bien, ya en la ciudad condal.

  Madre e hija, a su llegada a Barcelona junto a su familiar, contacto que permitió su ecuación de la frontera (foto: José A. Clemente).

Madre e hija, a su llegada a Barcelona junto a su familiar, contacto que permitió su ecuación de la frontera (foto: José A. Clemente).

Punto de encuentro en Alcalá de Henares

Después de dos días largos de viaje de regreso a Madrid, llegó el momento en el que 12 de las 14 personas que la expedición evacuó de Ucrania en los tres vehículos se encontraron con sus familiares y conocidos. “Fijamos un punto de encuentro en Alcalá de Henares. Y fue muy emocionante. Cuando vieron a sus familiares lloraron, gritaron, saltaron… Pone los pelos de punta lo que ocurrió en ese momento”, subraya José A. Clemente.

Pero tampoco entonces pudieron respirar tranquilos porque un problema de uno de los familiares impidió a dos de las personas transportadas, Victoria e Ina, ser recogidas. Explica Clemente que “Llegando a Madrid surgió este problema con el familiar, que estaba en Cancún, y esto provocó otra pequeña crisis porque empezaron todas las mujeres a desconfiar de nuevo”.

Para solucionar este caso, el psicólogo volvió a hacer uso de la red de contactos afianzada en los últimos días. A través de uno de estos contactos, activaron una posible solución temporal en el municipio de Villaviciosa de Odón. “Tienen una bolsa de personas apuntadas para recoger familias y así se avisó a Maite, en el mismo día de nuestra llegada. Tuvimos que hablar con ella, pedirla toda la información personal para verificar su identidad y también tuvimos que convencer a esta madre y su hija —”una economista con un nivel de vida medio alto en su país, que estaba haciendo vida normal unos días antes, por lo que estaba en shock”, puntualiza Clemente—de que esta opción temporal era buena para ellas”, explica.

El propio Clemente le ofreció su casa de manera temporal. “Le dije yo personalmente que si no estaba confiada que se podía quedar en mi casa, pero finalmente accedió a ser acogida junto a su hija por Maite”, señala.

En estas primeras horas posteriores al viaje, han mantenido el contacto con las 14 personas evacuadas hasta España. “Estamos en contacto con todas las familias y las mujeres de momento están todas muy bien”, dice el empresario ripense, que junto a sus compañeros de aventuras también ayudó a salir de Ucrania a otra familia de 6 miembros junto a una pareja de enfermeros española, amigos personales del psicólogo, que llegaron a la frontera de Ucrania dos días después que los 5 hombres que partieron de Rivas el domingo 13 de marzo.

Carolina y Rubén, junto a la familia de seis miembros en cuyo traslado a España ha ayudado la expedición ripense (foto: José A. Clemente).

Carolina y Rubén, junto a la familia de seis miembros en cuyo traslado a España ha ayudado la expedición ripense (foto: José A. Clemente).

Segunda expedición: fletar un autobús con 55 plazas

Con las aportaciones económicas desinteresadas, “unas 250” según José A. Clemente, además sufragar gastos directos del viaje de la expedición, se han costeado los citados billetes de avión a Barcelona de una madre y su hija que accedieron a ello al no disponer de más plazas libres en los tres coches enviados desde Rivas. Pero ha sobrado dinero, un excedente que ya se está pensando cómo invertir en traer a más personas. “Nuestra idea era ayudar a más gente así dado que no nos entraba más gente pero no nos fue posible”, se lamenta el psicólogo.

“Como hicimos todo lo posible para traer más gente a través del avión, el tren y el autobús y no fue posible por la negativa de las autoridades en la frontera al ser particulares y no miembros de una organización tipo Cruz Roja o Acnur, estamos ya preparando una segunda expedición”, explica José A. Clemente.

Su idea es fletar un autobús con 55 plazas más. “Estoy obsesionado con ello y aunque por la dificultad es máxima porque tendremos que hacer una minirruta previa para poder recoger de distintos puntos a todas las personas que se suban al bus, lo vamos a hacer; que la gente que nos ha ayudado con sus donaciones lo sepa”, concluye Clemente.

 

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