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Las deposiciones caninas en la vía pública, parques y jardines es uno de los principales caballos de batalla contra los que deben luchar los Ayuntamientos y los servicios públicos de limpieza. Una guerra diaria contra esta lacra en la que los recursos, en el caso de Rivas, se han multiplicado en los últimos tiempos y en la que es imprescindible, a su vez, una mayor sensibilización y concienciación ciudadana para acabar con este problema.

Desde el pasado mes de mayo, y en base a una propuesta aprobada en los Presupuestos Participativos de Rivas Vaciamadrid, la empresa municipal de servicios Rivamadrid ha reforzado el servicio de limpieza de excretas para tratar de poner coto a esta práctica antihigiénica y antiestética, que genera no pocos problemas a los vecinos y vecinas de la ciudad y que aún está lejos de erradicarse.

Para ello, Rivamadrid sumó al servicio, que se venía prestando en parques y jardines para la recogida de excrementos caninos, un nuevo camión de caja abierta y un operario adscritos al área de Limpieza Viaria que recorre diariamente la ciudad, con especial atención a aquellas zonas “más conflictivas”, para optimizar este servicio en calles, aceras y alcorques en jornada de tarde. Asimismo, existen 259 papeleras destinadas a recoger este tipo de residuos, que se recogen una vez por semana.

Un refuerzo que, a tenor de los datos, es más que necesario. Así, durante los primeros cinco meses (de mayo a septiembre) de funcionamiento de este servicio —que completa el realizado por el personal de Parques y Jardines—, se recogieron en Rivas un total de 7.591 unidades, lo que suma casi 873 kilos de excrementos caninos en la vía pública, es decir, una media de casi 175 kilos al mes.

Una cantidad que invita a la reflexión de los propietarios y propietarias de mascotas y a la necesidad de una mayor concienciación a la hora de recoger las deposiciones caninas, en un municipio en el que el censo de perros es elevado.

Cartel campaña 'La caca no es abono'

Cartel de la campaña municipal ‘La caca no es abono’

«En determinadas zonas es alarmante»

Víctor Hernando es el trabajador encargado de este nuevo servicio. En conversación con Diario de Rivas, recuerda que, hasta el pasado mayo, la recogida de excretas se realizaba fundamentalmente en parques y jardines de Rivas. “Ahora se está llevando a cabo un refuerzo en la vía pública, con la adquisición de de este vehículo se refuerza en jornada de tarde mientras que por las mañanas  hay dos compañeros más que pertenecen al área de jardinería dedicados a ello”, indica.

“La necesidad existe, y por parte de los vecinos, aunque me duele decirlo, sigue existiendo aún un problema con la sensibilización, sigue habiendo bastantes excretas, sobre todo en determinadas zonas concretas”, explica Víctor, para añadir que “habría que reforzar más la sensibilización de la población con perros para que fueran más responsables recogiendo las excretas de sus mascotas”.

En su labor, este operario cuenta con una ruta marcada por 36 zonas distintas de la localidad, alguna de ellas señalada en rojo por la numerosa presencia de deposiciones en la vía pública que obliga a intensificar el servicio, al menos una vez por semana.

“Hay determinadas áreas donde es alarmante, es exagerado, sobre todo en alcorques, que literalmente parecen el WC de los canes”, confiesa. En particular, hay una zona en el barrio de La Luna donde Rivamadrid ha puesto el foco, un área sin edificar pero urbanizada donde existen áreas infantiles, aceras y alcorques que sufren esta lacra.

Para acabar con ello, Rivamadrid sigue poniendo «todos los medios a su alcance de forma reactiva», si bien es necesario que los propietarios de mascotas se sensibilicen sobre el daño que estas prácticas generan en el medio ambiente y en la imagen de la ciudad.

Riesgos para la salud

Las deposiciones caninas, según recalca Rivamadrid, pueden transmitir bacterias, virus y parásitos. Algunos de estos elementos permanecen en el terreno aún después de que la lluvia y el sol hayan disipado las heces. De hecho, existen algunos huevos de parásitos que flotan en el ambiente y que pueden ser absorbidos por una persona al respirar.

Sumado a esto, algunas enfermedades parasitarias son crónicas, por lo que pude darse el caso de que un niño ingiera huevos y enferme de adulto o después de muchos años.

El centro de control de enfermedades presenta una lista con más de 100 enfermedades que pueden transmitirse entre animales y personas, y entre ellas se cuentan al menos 11 que pueden contagiar los perros.

Entre estas últimas, además, 8 pueden transmitirse sin necesidad de tener acceso al animal enfermo, sólo por entrar en contacto con sus heces. Amén del riesgo para la salud, los excrementos en lugares públicos son estéticamente molestos y representan una afrenta contra los derechos de otras personas sobre el uso de esos espacios.

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