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OPINIÓN

José Manuel Castro

José Manuel Castro

Concejal de Patrimonio del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid

El nuevo panorama político en el Congreso de los Diputados y en muchas otras instituciones tras los últimos procesos electorales no es alentador. El ascenso de la extrema derecha sin matices amenaza muchos de los avances logrados en democracia por la igualdad, la justicia social o la memoria democrática.

Pero la lucha que no se gana es la que se abandona. Esto lo saben bien aquellas y aquellos que mantienen viva la llama y van pasando el testigo de generación en generación por la recuperación de la memoria de las víctimas del franquismo, sabiendo que esa llama perenne es su gran victoria y que aún prende como el primer día.

Los no tan lejanos años de la República y de la guerra civil en que comenzaron esta batalla de futuro siguen prendidos, por ellas, en las solapas de sus hijas e hijos, de sus nietas y nietos, que hace pocas fechas fueron cronistas, al fin, de la salida del dictador de su mausoleo.

Ellas y ellos, y nunca otros, son los verdaderos héroes y heroínas de esta historia que no termina, sino que simplemente cerró un intenso capítulo que tendrá continuación con la resignificación de Cuelgamuros y con la búsqueda de todas las víctimas de la barbarie fascista en las fosas y cunetas de este país. Ellos y ellas, con su convicción y su ejemplo, son las responsables de que hoy en España exista un poco más de dignidad en un camino que seguirá dando pronto sus frutos.

Esa dignidad tiene muchos nombres y muchas caras, muchas de ellas de mujer. Aquellas que representan, con su mirada y su puño en alto, todo el bagaje de quienes lucharon por recuperar la democracia en España. Como es precisamente el de Dolores Ibárruri, que del brazo de Rafael Alberti —en una imagen que ha quedado para siempre en nuestras retinas— trajo a este país por las escalinatas del Congreso otro de esos capítulos, de aquellos en los que nuestra victoria prende recordando a todo el mundo que queda mucho por hacer, pero que nunca nos hemos detenido. Por eso, el pasado jueves 24 de octubre, las mujeres y los hombres de Izquierda Unida quisimos celebrar con ella, con La Pasionaria, aquel momento histórico en el que el dictador salía de su monumento infame. Porque 30 años después de su marcha, el legado de Dolores vive y representa a todas aquellas que nos han llevado de la mano, perdiendo incluso su vida, a ver con nuestros propios ojos ese momento simbólico, pero importante.

Es conocido que en Rivas existe una fuerte convicción de que la memoria democrática es un legado a defender y mantener como garantía para la construcción de un futuro más justo y más digno. Un futuro en el que la sociedad haya sido capaz de reparar de algún modo el dolor y la injusticia provocados por la guerra y la represión franquista en este país. Tenemos una deuda enorme con aquellas y aquellos que nunca sintieron el abrazo institucional tras tanta injusticia, y que nunca pudieron recuperar a sus familiares, o las posesiones de éstos robadas, por quienes impusieron su régimen por la fuerza.

Por eso en Rivas, desde la institución local, hemos pretendido hacer todo lo que está en nuestra mano para lograr ese propósito que demandan y defienden, con justicia, muchos movimientos sociales y personas individuales que en otros espacios se han podido sentir huérfanos de apoyo social e institucional.

Con el 80 Aniversario de la Batalla del Jarama, momento clave de la Defensa de Madrid ante la agresión del ejército de Franco en 1937, y junto a la Asociación Jarama 80 y la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, se impulsó un homenaje a aquella “memoria necesaria” con una serie de actos. Es uno de los ejemplos de las medidas tomadas en los últimos años en esta línea.

Por otro lado Rivas se unió a la llamada “querella Argentina”, que busca juzgar los crímenes del franquismo. Y para facilitar esta vía se puso en marcha una oficina dedicada a recoger los testimonios de las víctimas que quisieran sumarse a esta acción. Además, este mismo año tuvo lugar la I Semana por la Memoria Democrática con un amplio programa de actividades que tendrán continuidad en el futuro, se han presentado importantes textos sobre este tema como el libro “No murieron, viven en nuestra memoria” que recoge multitud de testimonios inmensamente valiosos, y se impulsaron los trabajos arqueológicos dirigidos por el CSIC en el entorno del frente de la Batalla del Jarama.

Fortalecer la memoria democrática es uno de esos objetivos principales que defendemos, de aquellos que van más allá de una legislatura, porque creemos que fundamenta las bases de una sociedad futura más justa en la que hayamos dejado de dar la espalda, como sí se ha hecho en otros países, a las víctimas, que todavía lo son, del fascismo en la Europa del Siglo XX.

Y utilizar referentes indiscutibles como Dolores es otro modo de mantener esa llama. Ella es uno de nuestros símbolos de lucha y constancia para que continuemos avanzando en nuestra sociedad hacia la memoria y la reparación absoluta para todas aquellas que dejaron su vida por nuestra libertad. Ella es nuestra referente para que nadie olvide, en ningún espacio o institución, que a Franco lo sacaron ellas y ellos. Que la democracia y su proceso imparable, que ninguna ultraderecha puede detener, no tiene más dueño que las personas que comprometieron sus vidas por ella en las calles. Porque nadie merece más honores que las responsables de que, 80 años después, podamos disfrutar de muchas libertades que otros cercenaron y que nunca nadie más cercenará. Y para que nadie olvide que queda mucho camino para hacer justicia por quienes nos precedieron logrando mantener viva la llama de su inevitable victoria final.

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