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Brigadistas internacionales junto al puente

Brigadistas internacionales junto al puente (foto: Wikimedia. Archivo General de la Administración)

Este mes de febrero se cumplen ochenta años de la batalla del Jarama, la confrontación que convirtió la Guerra Civil Española en un conflicto ‘total’ (la primera en la que coincidieron todas las armas del ejército, salvo la Marina), campo de pruebas de la Segunda Guerra Mundial. También fue el escenario en el que forjaron su leyenda las Brigadas Internacionales. Planeta Rivas reconstruye el episodio con la ayuda de especialistas y cronistas en busca de la verdadera dimensión histórica del suceso.

Después de varios días de lluvias, el tiempo dio una tregua y rompió otra en el eje del sureste. 6 de febrero de 1937. Franco quería terminar su maniobra envolvente para asediar Madrid, después del fracaso de la carretera de La Coruña. Había que cortar cualquier comunicación con el exterior y eso suponía bloquear todas las carreteras radiales. Por el este, los planes sublevados consistían en converger desde Parla, Pinto y Ciempozuelos con las tropas italianas en Alcalá de Henares, para cerrar la carretera de Valencia. Luego, la caída de la capital sería cuestión de tiempo. El objetivo era muy exigente, pues el alto mando solo daba un puñado de días para completar la misión.

Las lluvias habían convertido los valles del Jarama, el Manzanares y el Tajuña en un barrizal por el que, desde el primer día, miles de soldados sublevados, acompañados de tropas y carros de combate alemanes, armados hasta los dientes, avanzaron sobre Morata y Arganda. Los soldados gubernamentales habían aprovechado la orografía para preparar la defensa, aunque estaban en precario. A golpe de cuchillo, los soldados africanos tomaron los puentes del Pindoque (con la penúltima carga de caballería de la historia de España incluida) y San Martín de la Vega, procedentes del Cerro de La Marañosa. Cuando llegaron los refuerzos, con el general Líster a la cabeza, la partida se equilibró.

El exalcalde de Rivas Vaciamadrid Francisco de Pablo Tamayo explica en su ‘Historia’ del municipio cómo este hecho militar, determinante en el devenir del pueblo, “se produjo sobre una zona que ya había conocido diversos intentos de las fuerzas republicanas para romper la endeble línea de las tropas que presionaban a Madrid. El mando nacionalista, que hasta enero se había conformado con resistir, dispuso a finales de ese mes de varias poderosas columnas con las que intentar arrebatar al enemigo la decisión estratégica. El hecho de que éste hubiera a su vez decidido llevar a cabo, en el mismo espacio topográfico, otra acción para penetrar fuertemente en el campo rebelde, daría como resultado un durísimo choque que no se resolvería sino ‘en tablas'”.

Fortín de la Batalla del Jarama

Fortín de la Batalla del Jarama (foto: Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid)

Severiano Montero, historiador de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, concreta que “Franco fue demasiado audaz en el Jarama e intentó una pequeña ‘guerra relámpago’, como en la carretera de La Coruña, para concluir el embolsamiento de la ciudad. Pero igualmente fracasó porque no esperaba tanta resistencia y no aguardó la llegada de los refuerzos italianos. Estaba gastando los últimos cartuchos del ejército de África y los republicanos habían conseguido el milagro de conformar un ejército en plena guerra, que se puso de gala en esta batalla”. “La batalla demostró cómo la aviación fue determinante para defender Madrid y garantizar sus comunicaciones. Implicó la reacción de militares profesionales republicanos como Miaja y Rojo, que recibieron órdenes del Gobierno valenciano de organizar desde la Junta de Defensa de Madrid las operaciones. Se demostró que la república podía defender la ciudad y dar respuesta proporcionada en un frente masivo como el del Jarama”, apostilla Pedro Montoliú, cronista de la Villa de Madrid y autor de ‘Madrid en la Guerra Civil’.

En los primeros días de combate, los republicanos fueron replegándose. La llegada de nuevas brigadas, al mando del general ruso Dmitri Pávlov (trabajo por el que fue condecorado como Héroe de la Unión Soviética, antes de ser utilizado como chivo expiatorio por Stalin ante los primeros fracasos rusos en la Segunda Guerra Mundial), puso a la defensiva a los legionarios nacionales. En el cielo, los cazas rusos (‘Chatos’, ‘Moscas’, ‘Natachas’ y ‘Katiuskas’) neutralizaban cualquier superioridad aérea prevista por las aeronaves italianas y alemanas, Fiat y Junkers. El monte Pingarrón se convirtió en la posición clave para ambos bandos, pues dejaba la carretera de Valencia a tiro de artillería. Un auténtico avispero en el que se luchó metro a metro y se produjo una auténtica carnicería entre los brigadistas internacionales. Como escribió el poeta John Lepper, “la muerte acechaba entre los olivares”.

Miguel Ángel García, miembro de la Asociación Tajar de estudios históricos de la Batalla del Jarama, apostilla: “Fue en este episodio cuando el ejército en España entró en el siglo XX. Dejó de ser una guerra de columnas para convertirse en un conflicto total en el que participaron todas las armas del ejército, salvo la Marina. En la batalla fueron decisivas las Brigadas Internacionales. Allí construyeron la leyenda militar que luego se plasmaría en canciones y poemas”. Fue el caso de la célebre melodía ‘Jarama Valley’, que se convirtió en el himno del batallón Lincoln y de los brigadistas de medio mundo.

Así concluyó la batalla: con el agotamiento de ambas partes. Los sublevados habían ganado 15 kilómetros al frente del sureste. Sin embargo, no consiguieron estrangular la conexión del Gobierno republicano, instalado en Valencia, con la capital. Los gubernamentales lograron mantener abierta la carretera hacia Levante, aunque desaprovecharon una ingente cantidad de tropas y recursos en el proceso. Un empate técnico que segó la vida de casi 18.000 personas y derivó en un frente fosilizado durante toda la guerra. Agustín Sánchez Millán, cronista de Rivas Vaciamadrid, recientemente fallecido, rememoraba en uno de sus artículos, incluidos en su libro ‘Crónicas de Rivas Vaciamadrid. Mi Pueblo’, cómo las tropas de Franco ocuparon parte de las fincas de El Porcal, Casa Eulogio y el Cerro de Coberteras, convirtiéndolas en primera línea de fuego. “El resto del municipio se declaró zona de guerra, aunque algunas fincas siguieron cultivándose. Los archivos municipales desaparecieron en su totalidad en los dos años de frente estable”, sentenció. Similar destino sufrieron los pueblos cercanos. El conflicto arrasó campos, casas y caminos hasta sus cimientos, y se cobró la vida de habitantes de toda la comarca, que no se recuperó de las heridas de la contienda hasta muchos años más tarde. De Pablo concluye: “Con esta batalla, una de las más duras y sangrientas, fracasaba el alzamiento y comenzaba una cruenta guerra civil que asoló España durante tres largos años”.

Mapa de la Batalla del Jarama

Mapa de la Batalla del Jarama (fuente: Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid).

Más información:

Bibliografía:

  • Montoliú Camps, Pedro. ‘Madrid en la Guerra Civil. Volumen 1’. Ed. Sílex. Madrid, 1998.
  • Sánchez Millán, Agustín. ‘Crónicas de Rivas Vaciamadrid. Mi Pueblo’. Asociación Cultural Prima Littera, 2009. Rivas Vaciamadrid. 2009.
  • De Pablo Tamayo, Francisco José. ‘Historia de Rivas Vaciamadrid’. 
  • VV.AA. ‘La Guerra Civil Española. Mes a mes’. Vol. 10. Biblioteca El Mundo. Unidad Editorial, 2005. Madrid.
  • VV.AA. Monográfico de la Batalla del Jarama. Rutas bélicas, 2015.

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