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CEIPSO La Luna de Rivas

Un aula del CEIPSO La Luna (©Diario de Rivas)

El colegio público La Luna de Rivas está llevando a cabo un proyecto piloto pionero con medidores de CO2 dentro de sus aulas, una iniciativa avalada científicamente e impulsada por Criptourbania, asociación de científicos y tecnólogos vinculada al municipio ripense, para conocer la calidad del aire en las clases en tiempo real y poder garantizar así un entorno común saludable para los niños y personal educativo en el que se pueda alcanzar al mismo tiempo el mayor confort climático posible.

“La Organización Mundial de la Salud apuntaba al principio de la pandemia que la vía principal de contagio de la COVID-19 eran las partículas más gruesas que emitimos al hablar, los llamados fomites o ‘perdigonazos’”, explica Rubén Muñoz, uno de los impulsores de la organización sin ánimo de lucro Criptourbania. Lo que hemos aprendido según han ido avanzando las investigaciones es que esto no era del todo así, y que de hecho la principal vía de contagio del SARS-CoV-02 son los aerosoles, las partículas más pequeñas que quedan flotando por el aire. Esto implica que, además de mascarilla y distancia de seguridad, la ventilación de interiores sea crítica. En este contexto se enmarca el proyecto que se ha puesto en marcha en el CEIPSO la Luna, que lleva funcionando desde Navidad.

Para prevenir el contagio por vía aérea, se deben tomar medidas de prevención como el uso de la mascarilla, la distancia de seguridad y la ventilación del aire en espacios cerrados, entre otras. Esto incluye a los espacios públicos donde se concentran reuniones sociales numerosas, como es el caso de los colegios, cuyo protocolo de actuación al respecto viene marcado por la guía para ventilación en las aulas difundida por el Ministerio de Ciencia e Innovación y elaborada por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y técnicos de la Asociación Mesura.

A comienzos del pasado mes de noviembre, la Federación de Asociaciones de Parientes de Alumnado de Rivas Vaciamadrid, FAPA Rivas, organizó junto a Criptourbania una videoconferencia titulada ‘Ventilación de las aulas en tiempos de Covid-19’ para dar a conocer entre la comunidad educativa ripense la guía, y fue entonces cuando empezó a tomar forma el proyecto piloto que se lleva a cabo en la actualidad en el CEIPSO La Luna de Rivas.

“Seguimos la conferencia organizada por FAPA Rivas y Criptourbania en la que se vio el potencial de la ventilación como mecanismo de prevención contra el virus, y decidimos aprovechar la oportunidad —Rubén Muñoz es papá de una alumna del centro— para ir más allá, porque existe una sensación de falsa seguridad que no es cierta, ya que no por colocar un purificador estás seguro en un aula”, explica Rosa Infante, miembro de la Comisión de Mediciones de CO2 y vocal en la Junta Directiva del AMPA de La Luna, promotora del proyecto.

Esa oportunidad a la que hace referencia Infante es la instalación en las aulas y los distintos espacios comunes del centro CEIPSO La Luna de unos medidores inteligentes de CO2 de fabricación propia cuya instalación impulsa Aireamos, proyecto científico en el que están involucrados distintos actores de la comunidad científica, entre ellos Criptourbania —también el CSIC, la Universidad de Colororado Boulder, y la Universidad de Castilla La Mancha, entre otros—, y en el que cada uno de ellos pone su granito de arena en su campo de especialización. En el caso concreto de Criptourbania, es la responsable del diseño, desarrollo y ensamblado tanto del prototipo del sensor como de la plataforma de datos a las que van conectados los dispositivos de medición del CO2.

Medidor de CO2 instalado en un aula del CEIPSO La Luna

Medidor de CO2 instalado en un aula del CEIPSO La Luna (foto: Diario de Rivas).

Según Rubén Muñoz, «la clave no es saber el conocimiento científico, sino cómo desplegarlo de forma útil para la ciudadanía sin necesidad de ser experto de aerosoles». «Es tecnología abierta, tanto el software como el hardware, así que está disponible para quien desee acceder a ella», incide Muñoz. Otro de los objetivos de la iniciativa, que se pueda involucrar a la comunidad también en el proceso de producción de los sensores. Esto ya ocurre en Rivas con la “Comunidad Makers”, que se va a encargar de la fabricación de los contenedores y el montaje de futuros dispositivos. «No es tecnología de la NASA, hasta los alumnos de la especialidad de tecnología podrían construir los sensores en clase», concluye Muñoz al respecto.

Estos medidores de CO2 que se están testando en el colegio La Luna permiten no solo medir la cantidad de dióxido de carbono y la temperatura que hay en un espacio cerrado, sino que ofrecen datos en tiempo real al estar conectados a una plataforma donde vuelcan toda la información que recogen. «Son sensores baratos, porque están fabricados con tecnología ‘do it yourself’, ya que se compran los componentes por separado, e igual de fiables, y encima cuentan con el factor diferencial de la conectividad a una plataforma y a una aplicación en los que se pueden consultar en tiempo real», explica Rubén Muñoz antes de añadir que al estar conectados a la red, también es mucho más rápido detectar y arreglar posibles incidencias en los sensores.

Los datos correspondientes quedan reflejados en dos gráficas que miden la evolución del CO2 y de la temperatura en el aula respectivamente. Así se puede apreciar a modo de ejemplo en la que describe la calidad del aire del aula piloto del CEIPSO La Luna durante el horario lectivo del lunes 25 de enero.

Evolución diaria del CO2 en un aula del CEIPSO La Luna

Gráfica sobre la evolución diaria del CO2 en el aula del CEIPSO La Luna registrada por el sensor de Criptourbania (Fuente: Criptourbania).

Esto se traduce en muchas ventajas sobre el terreno más allá de las de índole sanitaria, que en el caso concreto de la actividad en las aulas Rosa Infante focaliza sobre todo en dos: «No hay que medir a mano, ni tampoco saber dónde ponerlo exactamente, y a distancia se puede saber si funciona, algo fundamental para liberar al profesorado, que tienen que estar pendientes de enseñar y no a este tipo de tareas que no forman parte de sus funciones», indica.

Los sensores ocupan poco espacio, en ningún caso molesto para la dinámica habitual de las clases; se cargan mediante un cargador similar al del teléfono móvil, y avisan de la calidad del aire mediante un display con los valores de medición y un semáforo de colores —rojo, amarillo y verde— muy visual para el profesor que supervisa la clase en cada momento.

Dependiendo de la calidad del aire, se enciende una u otra luz. «Es una gran oportunidad de beneficiarnos de un indicador muy fiable a largo plazo con poquísima inversión, porque permite disponer del mayor confort térmico posible en un espacio seguro a través de una mayor eficiencia en la ventilación de las aulas», afirma Rosa Infante, del AMPA de La Luna.

El proyecto en el CEIPSO La Luna, en plena marcha

El proyecto piloto con sensores de medición de CO2 en el CEIP La Luna arrancó en Navidad con la instalación del primer y único sensor hasta la fecha que está funcionando en el colegio ripense. «Este es un proyecto de centro, promovido por el AMPA pero en el que están igualmente involucrados el resto de actores del colegio, tanto la dirección como los padres de los alumnos», recalca Infante.

De lo contrario, explica, no sería posible porque, entre otros aspectos, es la dirección del colegio la que autoriza el acceso para instalar el sensor cuando la actividad docente se detiene. «También está al tanto la Concejalía de Educación del Ayuntamiento de Rivas, y de hecho han mostrado interés en compartir los resultados del estudio piloto en la comisión de medioambiente del Consejo municipal de Educación», añade.

Para poder disponer de dichos resultados no habrá que esperar demasiado tiempo, porque es clave aprovechar el clima para completar el estudio piloto: es en invierno cuando la ventilación complica más alcanzar el confort térmico en las aulas de forma segura. Para ello, se ampliará el número de medidores instalados en distintos puntos del centro en las próximas fechas. «En breve dispondremos de seis sensores más para poder medir otros espacios del cole, como el comedor o un pasillo», indica Rosa Infante.

Esta instalación de equipos que complementen al que ya está operativo desde las pasadas Navidades es un paso definitivo para tener una fotografía completa del proyecto piloto que se lleva a cabo en el CEIPSO La Luna antes de extraer conclusiones definitivas. «Una vez hemos identificado el primer aula, y hemos afinado su conexión para que nada falle, el siguiente paso es desplegar el resto de sensores en distintos tipos de salas, y partir de ahí haremos una guía extrapolable», explica Rubén Muñoz.

Para poder tener una referencia aproximada del recorrido y el impacto potencial que puede tener un proyecto piloto como el que se está ejecutando en el colegio ripense si se extrapola en el futuro a toda la red educativa y a otros ámbitos de la vida pública, el propio Muñoz pone como ejemplo los proyectos similares que se están realizando en la red de autobuses públicos de Zaragoza y en los establecimientos comerciales de Valladolid de la mano de sus respectivos ayuntamientos con estos mismos sensores.

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