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Rubén Muñoz, Sara Muñoz, Mónica García y José Mayoral, miembros de la iniciativa CriptourbanIA

Rubén Muñoz, Sara Muñoz, Mónica García y José Mayoral, miembros de la iniciativa CriptourbanIA (©Diario de Rivas)

El pasado 3 de marzo, Diario de Rivas conversó con varias de las personas que impulsan CriptourbanIA, un proyecto que pretende convertir la ciudad en referente tecnológico a la hora de aplicar la inteligencia artificial (IA) para mejorar la vida de la ciudadanía. Durante la conversación, que tuvo lugar cuando todavía ni siquiera se atisbaba la gravedad de la crisis del Covid-19, abordaron la toma de decisiones en un mundo cada vez más impredecible; cómo puede la ciudadanía tomar el control de sus datos y ‘ponerlos a trabajar’ a su favor; y por qué Rivas Vaciamadrid es un lugar «idóneo» para una experiencia así. Desde entonces, y pese al confinamiento, sus miembros se han puesto manos a la obra para sacar adelante su primer proyecto: aplicar la tecnología para reducir la factura energética de los hogares.

¿Qué es CriptourbanIA?

CriptourbanIA es un grupo de personas que tiene conocimientos y visiones complementarias sobre la utilidad de la tecnología para atacar determinados problemas de la sociedad.

¿Cuáles son esos problemas?

Los que nosotros decidamos. Hoy día se piensa cómo hacer mejor tecnología para hacer más adictas a las personas a través de plataformas tecnológicas, pero no para fomentar el comercio local o para resolver problemas de la sociedad a nivel de medio ambiente o de justicia social. Si tenemos definidos unos indicadores con datos sobre estas materias, podremos desarrollar acciones a través de la tecnología. Queremos generar un movimiento que nos permita, primero, identificar los problemas que tiene la ciudadanía para poder priorizar y ver cómo nos pueden ayudar las tecnologías.

Las siglas ‘IA’ de CriptourbanIA hacen referencia a la Inteligencia Artificial. ¿De qué hablamos exactamente?

De tecnologías que ya existen en la vida cotidiana, que se alimentan de datos y, en función de ellos, generan un nuevo conocimiento que te permite cambiar tu respuesta a ese entorno. Para eso se necesitan datos y algoritmos, es decir, instrucciones sobre qué hacer con esos datos. Hay que despojar de ‘glamour’ la palabra ‘inteligencia artificial (IA)’: se trata de utilizar toda la información que tenemos como sociedad hoy día para solucionar esos problemas. Las aplicaciones de IA que utilizamos van desde navegadores GPS hasta buscadores, recomendaciones online… Así, cualquier tipo de información que captan estas plataformas sobre nosotros la utilizan para que gastemos tiempo en sus sitios.

¿Y cómo se puede llevar a cabo un proyecto basado en IA en Rivas?

Primero, los problemas deben salir de donde están. En CriptourbanIA hemos pensado que había tres temas específicos: la economía, la ecología y la sociedad, desde los cuales irán emergiendo ideas para definir de manera clara cuáles son los problemas a los que vamos a dar respuesta. Por ejemplo, el comercio de proximidad: hay otros asuntos de competitividad del comercio local que se pueden paliar mediante el desarrollo de tecnologías que permitieran, por ejemplo, hacer una logística de los productos en una ciudad tan alargada como esta. O, por ejemplo, una plataforma de economía colaborativa real, que no es la que nos venden con esas palabras; es decir, conseguir que la tecnología ayude a los comercios del pueblo a vender en Covibar y viceversa. Este sería un ejemplo de problema que la tecnología podría solucionar. En cualquier caso, queremos empezar por los problemas, no por la tecnología, y para definirlos hemos creado tres grupos de trabajo. Después, con los problemas bien definidos, iremos a donde tengamos que ir para adoptar soluciones tecnológicas y aplicarlas.

¿Qué otros ejemplos de problemas podrían abordarse?

Problemas ambientales de calidad del aire: pensamos en soluciones basadas en la naturaleza que permitan, por ejemplo, identificar qué vegetación se adapta mejor a Rivas; qué tipo de mediciones tenemos que hacer en suelos, aguas subterráneas, y cómo se relaciona eso con los hábitos de movilidad de las personas. Podemos hacer modelos digitales de la ciudad que permitan una toma de decisiones mucho mejor, y con la presencia de la ciudadanía en la definición del problema que se quiere mejorar.

Aunque todos tendemos a pensar que nuestro problema es el más importante, hay muchos problemas que están interconectados; incluso a veces, cuando solucionas un problema, ocasionas otro. Hay que definir lo que queremos mejorar y, una vez que tengamos eso, ya veremos en qué proyectos europeos nos involucramos, de dónde viene la financiación, qué tipo de empresas pueden participar…

¿De dónde va a salir la financiación para estos proyectos?

El Ayuntamiento de Rivas tiene que comprometerse, y ese compromiso debe plasmarse en el aspecto económico y en infraestructuras. La idea que tenemos es que la inversión municipal pueda atraer dinero de fuera, fundamentalmente proyectos europeos y nacionales. Al Ayuntamiento no solo le vamos a pedir dinero, sino también implicación de personas; incluso es más importante lo segundo que lo primero. Ya han contactado con nosotros fondos de inversión sostenible y empresas del ámbito B-Corp para ver cómo podían ayudar. La idea es generar un ecosistema de cooperativas, de empresas de la economía social y solidaria, de asociaciones, que traccionen la iniciativa para resolver los problemas, y el dinero no va a ser un inconveniente. La inteligencia artificial puede sonarles cara a algunas personas, pero nada más lejos de la realidad: hay grupos de investigación españoles que están deseando que pongamos problemas sociales encima de la mesa para que ellos trabajen. Gratis no va a ser, pero queremos captar dinero de la Unión Europea. Nosotros ya estamos aportando contactos a nivel político, empresarial y social, para intentar avanzar e ir a hablar con UE, el Gobierno, la Comunidad de Madrid, para que nos ayuden como iniciativa estratégica que pueda ser extrapolable a otras ciudades. Y esto no es muy caro; normalmente las infraestructuras tecnológicas son mucho menos costosas que las físicas. El dinero se va en construir edificios, pero las tecnologías son mucho más asequibles.

Móvil y redes sociales

Los datos, al servicio de las personas

El proyecto plantea recopilar datos que, en vez de ser utilizados por multinacionales, puedan ser puestos por sus propios ‘dueños’ al servicio de estos proyectos. ¿Qué pasa con la intimidad, con la seguridad de esos datos?

Nuestros datos los seguirán teniendo Facebook o Google, o quien queramos que los tenga mientras interactuamos con esas plataformas. El valor de esos datos, hoy en día, solo se obtiene en el entorno de esas tecnológicas; los datos, además, pueden utilizarse todas las veces que se quiera. El hecho de poder agrupar datos tuyos, personales, en un entorno controlado por ti te permite generar valor al juntarlos con los de los demás. Das permiso a terceros, pero los integras y los pones a tu servicio. Al principio queremos utilizar datos muy poco sensibles, pero que tengan una especial importancia para la economía; por ejemplo, los datos de consumo energético. Esos datos, agregados, nos permiten generar una cooperativa con capacidad de negociación en los mercados, quitándonos a la comercializadora de en medio, o unir capacidad de inversión en energías renovables, como placas fotovoltaicas. Es como lo que está haciendo el Ayuntamiento, pero extendido a toda la ciudadanía de Rivas. Cuando hablo de agregar, hablo de datos de administración pública, ciudadanía y empresas que quieran hacerlo, para ganar capacidad de negociación o de inversión. Incluso podemos pensar con el Ayuntamiento de Rivas cómo se puede hacer una fiscalidad que incentive la inversión cooperativa en energías fotovoltaicas. Por ejemplo, se puede detectar que un bloque de viviendas no tiene una situación idónea para instalar esas placas, pero sus habitantes quieren invertir en ellas, y las sitúan en un colegio que se encuentre en una zona más propicia para albergar energcía fotovoltaica. Se trata de pensar como si la ciudad fuera nuestra. Si tuviéramos elementos para regular el consumo, podríamos agregar flexibilidad para venderla a la red. Otro ejemplo: seguro que hay equipos consumiendo en industrias de Rivas que, si quisieran cambiar a una tecnología más eficiente y más gestionable, tendrían muy buen retorno, pero no lo pueden hacer por la inversión que requiere; por eso, las inversiones para hacer más eficiente energéticamente la ciudad pueden ser colaborativas. Y esta colaboración la hacen posible las tecnologías que tenemos hoy día. Nosotros no queremos que nos regalen esos datos, sino que se reinviertan y tengan un retorno en sus propios dueños; que, por ejemplo, puedas tener beneficios en el comercio local cuando has cedido un número determinado de datos. Es decir: lo suyo sería que eso se reinvirtiera aquí. Ahora mismo ignoramos lo que es la inteligencia artificial (IA), pero ella sí nos conoce a nosotros, de manera que tenemos que empezar a interactuar con ella y aprenderla. Por eso, una de nuestras ‘patas’ consiste en que llegar a los más pequeños.

En el mismo logo de CriptourbanIA se recoge la fecha 2020-2023. ¿Por qué este plazo?

Si en tres años no hemos sido capaces de cambiar el paradigma, deben intentarlo otros.

¿Y qué objetivos concretos habría que cumplir para considerar que se ha cambiado el paradigma?

Que las personas nos empoderemos en nuestro proceso de gestión digital. Que existan nuevas infraestructuras municipales digitales a disposición de la ciudadanía; que esas infraestructuras tengan también un uso tanto económico como social… Ahora mismo se toman decisiones basadas en emociones. O en tres años hemos hecho que la gente de aquí, las empresas, las administraciones pueda tomar decisiones basadas en datos, y el mundo nos mira con simpatía y con ganas de replicar esto, o no tendrá sentido seguir.

¿Las decisiones administrativas actuales no se basan en datos?

La administración, igual que todos, toma decisiones basadas en los datos que somos capaces de percibir, almacenar y gestionar a nivel humano. Pero tenemos limitaciones en cuanto a capacidad de percepción, almacenamiento o incluso reconocimiento de patrones. Se trata de poner a disposición de los que tomamos decisiones herramientas mucho más potentes, que a veces nos dirán que tenemos que tomar decisiones contraintuitivas; es duro, pero es así. Un ejemplo: puedes ir conduciendo e ir a un destino conocido, pero el GPS te envía por otro lado porque considera que vas a tardar menos. Lo ignoras y te encuentras la carretera cortada. La próxima vez, aunque sea contraintuitivo, el algoritmo estará por encima de tu intuición. Esto me parece fundamental. Además, los algoritmos deben ser absolutamente transparentes. Por eso hay que crear una especie de nodo o ente social donde estén representados la administración local, el mayor número de asociaciones, expertos en temas de IA, legislación, etcétera. Para dar seguridad a los algoritmos, se trabaja desde hace tiempo para que la informática sea de libre acceso. Y nosotros tenemos contactos al más alto nivel en materia de ética de algoritmos. El proyecto tendrá éxito cuando demos tres pasos adelante en cuanto a conocimiento del entorno y utilicemos los algoritmos para solucionar problemas que hayamos decidido nosotros; también en cuanto a que las asociaciones, empresas y administraciones públicas sean mucho más conscientes de la toma de decisiones basada en los datos.

¿Cómo se miden esos objetivos?

Las empresas estamos muy contentas cuando todo es tranquilo y podemos planificar, y elaborar una estrategia con hitos, porque así podemos hacer presupuestos plurianuales. Pero cuando el entorno es complejo, volátil, lo que tienes que hacer es poner metas cortas que añadan valor, incluso aunque te veas obligado a parar el proyecto. Lo que tenemos que hacer es fijar metas concretas, de manera que si tuviéramos que parar la iniciativa, al menos esa meta que queda ahí aportara valor. Las empresas de todos los sectores están implementando las metodologías ágiles y ya no vale preguntar cómo vamos a medir. Lo que vamos a hacer nosotros es crear una cooperativa de electricidad. Con eso, vamos a ver si podemos hacer que la gente pague menos, que las empresas de Rivas sean más rentables, que se genere comunidad de cercanía. Todo eso a través de un proceso digital que gestione datos que no sean muy sensibles, como los de consumo de electricidad. Si somos capaces de hacer eso, hablaremos del siguiente paso, pero no nos vamos a poner una estrategia a medio o largo plazo, porque sabemos que el entorno es absolutamente volátil.

Si alguien quiere involucrarse en este proyecto, ¿cómo puede hacerlo?

Se han creado tres grupos de trabajo en los que va a haber información general sobre la iniciativa, además de información sobre cada uno de los proyectos. En ellos deberíamos definir bien los problemas. A quien quiera involucrarse le pedimos un poco de tiempo para poder quedar cuando sean las sesiones, ganas de debatir sobre cuáles son los problemas reales, de cara a la búsqueda de una solución a esos problemas. A partir de ahí no sé si se generarán empresas, asociaciones, autónomos que quieran colaborar, confederaciones… El cómo es lo que menos nos ha preocupado, pero si estamos de acuerdo en el por qué y en el qué, el cómo vendrá solo. Asociación seguro que va a haber; una que integre a todas las partes. El concepto de B-corp es algo que me encaja: son corporaciones donde el retorno económico no es el objetivo principal, sino el retorno social. De esos problemas y de la tecnología que vayamos metiendo probablemente salgan spin-off de universidades, con universitarios que desarrollen un algoritmo que aporte valor y se involucren; empresas de aquí que consideran que pueden solucionar un problema que ya existe o mejorar la forma de solucionarlo que se aplica hoy día; asociaciones… Es decir, un ecosistema de generación de valor, crear un nuevo polo que es un concepto muy urbano y una tendencia en muchos proyectos europeos. Es un modelo en el que Rivas encaja muy bien como ciudad que puede ser referente a nivel europeo para aplicar esas soluciones en otros sitios.

Panorámica de Rivas Vaciamadrid

Panorámica de Rivas Vaciamadrid (foto: Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid)

CriptourbanIA en Rivas

¿Qué es lo que hace que Rivas sea una idónea para esto?

No vamos a poder competir con Silicon Valley en la cantidad de inversión que reciben para hacer cosas nuevas. En Estados Unidos lo que no es ilegal es legal; aquí en Europa, lo que ciudad no es legal es ilegal. Pero lo que sí nos distingue es que los europeos tenemos una capacidad de cooperar y de asociarnos, y Rivas es un referente. Es una ciudad muy abierta en la que convivimos personas procedentes de muchas partes de Madrid, lo que trae grandeza y pensamientos distintos. Además, es una ciudad muy joven y por tanto con facilidad para interactuar con la tecnología, no solo como usuarios, sino de manera más profunda. Y la tercera es que es una ciudad en crecimiento constante. Se pueden hacer herramientas de microinversión en infraestructuras locales, lo que puede permitir, por ejemplo, que los beneficios de un polideportivo vayan a parar a más gente, y hagas una cooperativa que permita un uso más eficiente, porque es tuyo; y con eso, puedes hacer economía social y solidaria. El medio físico, tal y como está configurado, nos aleja, pero la tecnología puede conseguir acercarnos. Los datos pueden ayudar a configurar la trama urbana ajustándose a las necesidades reales y sabiendo lo que funciona y lo que no.

¿Qué le piden al Ayuntamiento de Rivas?

Esperamos que estos proyectos se conviertan en proyectos estratégicos de ciudad, independientemente de quién gobierne.

Existe una nueva oficina llamada de ‘Proyectos Estratégicos de Ciudad’, dotada con 40.000 euros en los presupuestos para 2020 del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid.

Lo sabemos, pero ahora no existe más que sobre el papel. Lo único que queremos es que el Ayuntamiento haga esta iniciativa estratégica y sea generoso con el resto de partidos políticos, y que ellos apoyen la iniciativa en todo lo que tiene que ver en Rivas y con los apoyos que necesitamos fuera del municipio. Hemos hablado con el alcalde, Ciudadanos, PP, PSOE y Podemos. La idea que tenemos es que todos los partidos políticos estén implicados en los grupos de trabajo, incluso los que no tienen representación, como Vecinos por Rivas o Rivas Puede; y también las asociaciones. Al final, esto es para los ciudadanos. Y al final, lo que queremos es que el Ayuntamiento nos quite de las manos el liderazgo de la iniciativa y se comprometa; que sea quien más tire de esto. A nivel práctico, necesitaríamos un lugar en la Casa de Asociaciones o en otro sitio donde nos podamos sentar, y que se comprometan con el dinero necesario para empezar esto.

¿Sería suficiente, por ejemplo, con esos 40.000 euros?

Probablemente menos. A nivel práctico, sería bastante útil que habilitara una ventanilla, e hiciera suya la propuesta; que sea tractor junto a los demás partidos, además de darle visibilidad. Es un proyecto de la ciudadanía; esto sin el ayuntamiento no lo podemos hacer, y sin el resto de partidos tampoco, porque vamos a tener que ir a Europa y trabajar con entidades supramunicipales, y cualquier ayuda que tengamos va a ser poca. Nosotros en el grupo tenemos a personas con muchísima experiencia en pedir proyectos europeos. Además, el Ayuntamiento puede poner, por ejemplo, el almacenamiento de los datos, que no es nada costoso: lo que le pedimos es el compromiso de intentar considerar los datos de su ciudadanía como algo que tiene valor, como una infraestructura a proteger.

Para eso habría que generar confianza.

¿En quién confías más, en Google o en una administración? En cualquier caso, las capacidades técnicas para la ciberseguridad tienen que venir de organismos públicos supramunicipales, pero tiene que haber esa conexión. Y en cualquier caso nadie tendrá obligación de nada: tú no tienes por qué utilizar tu trastero digital, ni de permitir que otros utilicen tus datos para nada.

¿Pero sería obligatorio tener un ‘trastero digital’?

Tu trastero digital se habilita en el momento en el que tú quieres. Imagina un ‘pen drive’ que tuviera el Ayuntamiento y que dijera: ‘quien quiera guardar aquí sus datos, puede hacerlo’. Es un servicio hecho con tu información, una información que ya está en manos de multinacionales. Es como una piscina municipal: puedes utilizarla o no. La palabra ‘trastero digital’ se refiere a un sitio en el que mis datos puedan estar protegidos, incluso ordenados. Y a futuro, quieras o no, lo vas a tener. Cuando interactúas en la web, estás creando un perfil: tú tienes un ‘yo’ digital que no es como tú, y eso provoca que haya gente que tiene una imagen tuya muy sesgada. Pero esos datos se utilizan en algoritmos que sirven en otras instancias para tomar decisiones. Tu ‘gemelo digital’ te permite ir el día de mañana, por ejemplo, ir a un banco y dar acceso a tu trastero digital, porque prefieres que analice esos datos que los que traslucen, por ejemplo, las redes sociales.

¿Cómo pueden involucrarse las personas que no utilizan la tecnología?

También les atañe. Si tienes cara que se pueda controlar, otros pueden saber dónde estás en todo momento, igual que si llevas móvil. Casi el 90% de los nuestros datos son pasivos, no los proporcionamos activamente ni con permiso; no te puedes esconder de cámaras que te reconozcan por tu rostro, o por tus andares. Hay un montón de cosas que dicen quién eres tú, dónde estás, qué piensas, cómo te comportas… El valor de esos datos ahora mismo se saca en entornos empresariales, y lo que queremos nosotros es que se saque en entornos cooperativos. Y que permita además tener acceso a esos datos, si nosotros queremos.

Más información:

Web de CriptourbanIA

CriptourbanIA en Facebook

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