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Yacimiento arqueológico de Miralrío (fuente: Diario de Rivas)

Yacimiento arqueológico visitable de Miralrío, en Rivas Vaciamadrid (fuente: Diario de Rivas)

Rivas Vaciamadrid alberga el yacimiento arqueológico visitable de Miralrío, uno de los ámbitos más característicos de la cultura carpetana en la región, cogestionado por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento ripense. La historia de este asentamiento se extiende durante más de un milenio. Diario de Rivas ha hablado con expertos y ha consultado los informes de las excavaciones para reconstruir su historia.

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El yacimiento de Miralrío (antes denominado Laguna del Campillo) vio la luz en 1996, después de haber sido incluido en la zona arqueológica de la margen derecha del río Jarama, según resolución regional publicada en 1991, y en la carta arqueológica de la ciudad. Se trataba de un espacio cercano a un antiguo arenero, rellenado con escombros, que estaba muy degradado por la acción humana. Tras una primera prospección en 1992, tres años después (noviembre de 1995 a enero de 1996), cuando se estaban llevando a cabo los primeros trabajos de preparación del suelo para la construcción de chalets junto al Casco antiguo de Vaciamadrid, se realizaron sondeos arqueológicos de delimitación del ámbito, bajo la dirección del arqueólogo Eduardo Penedo, que derivaron en su reserva urbanística como zona verde (ejecutada en 2004) y en la orden de la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid para que se elaborase un proyecto para su conservación y musealización. Entre 2004 y 2006 se llevaron a cabo dos nuevas campañas de excavación, desarrolladas por el arqueólogo Daniel Vicente Pérez y su equipo, para realizar una limpieza intensiva y documentar nuevos períodos de asentamiento en la zona.

Las excavaciones mostraron la existencia, a una profundidad de solo 60 centímetros, de un asentamiento carpetano constituido por una construcción aislada en la que se aprecian tres fases de ocupación del asentamiento de tres culturas distintas con idénticas necesidades: recursos de subsistencia, suelo apto para la agricultura y una zona fácilmente defendible. Este espacio ripense era un ámbito elevado cercano a los ríos Manzanares y Jarama desde el que se controlaban los movimientos de ribera y, a su vez, se podía explotar un terreno rico en recursos naturales. Reúne características similares a otros yacimientos carpetanos de importancia en los valles del Henares y el Jarama. Según algunos estudios de flora del territorio, los habitantes del ámbito podrían haber acabado con el encinar existente en la zona para poder cultivar, lo que habría alterado la fisonomía de la zona hasta nuestros días.

Excavaciones arqueológicas en el yacimiento de Miralrío de 1995-1996 (autor: Eduardo Penedo Cobo)

Excavaciones arqueológicas en el yacimiento visitable de Miralrío, en Rivas Vaciamadrid, de 1995-1996 (autor: Eduardo Penedo Cobo)

Forrados de barro

La más antigua de las fases de ocupación mencionadas corresponde con el período histórico Bronce Final I, coetáneo con el importante yacimiento abulense (en la localidad de Cardeñosa) de Cogotas (1.500-1.000 a.C.). De ella, se conservan las bocas de tres silos (que eran interiores a las viviendas, lo que induce a pensar que existieron sendas cabañas sobre ellos que no se han conservado). Estos silos estaban forrados de barro compactado para mantener una temperatura fresca y constante que conservara el grano (se hallaron restos de cereal y semillas, además de basura en estratos superiores) en perfecto estado.

 

La siguiente organización corresponde con la primera Edad del Hierro, coetáneo al período tartésico (siglo V a.C.), en el que se aprecia una cimentación con tres basas pétreas para pilares de madera que, probablemente, respondía a una construcción de planta oval. Esta disposición evolucionó a una última fase de ocupación, en la segunda Edad del Hierro (siglo IV a.C. hasta su definitivo abandono en el siglo II a.C., más o menos al comienzo de la segunda guerra púnica) que transformó el inmueble en una vivienda agrícola simple de planta rectangular con dos estancias (un almacén y un habitáculo con un hogar y un horno con revoco para hornear pan, unidas mediante un vano de acceso), construida mediante un zócalo pétreo de tres hileras de roca unidas con arcilla sobre el que se elevaban paredes de tapial y adobe sin ventanas con pilares de madera, suelo apisonado y un tejado de ramaje (retama y brezo, probablemente), impermeabilizado con arcillas. 

Esta cimentación contaba con oquedades en las paredes para guardar vasijas cerámicas para el almacenamiento, así como un banco corrido alrededor del hogar. En el exterior, una hilera de guijarros delimitaría un eje simple y longitudinal que ordenaría de manera simple el espacio público como eje vertebrador del asentamiento. También se hallaron empedrados pertenecientes a estructuras ya desaparecidas, aunque no fueron espacios habitados.

 

Excavaciones arqueológicas en el yacimiento de Miralrío de 2006 (autor: Daniel Pérez Vicente)

Excavaciones arqueológicas en el yacimiento visitable de Miralrío, en Rivas Vaciamadrid, de 2006 (autor: Daniel Pérez Vicente)

Fíbulas, lanzas y telares

Los arqueólogos de la Comunidad de Madrid hallaron, en un radio de 3.000 metros cuadrados, restos de cerámica jaspeada, ibérica (decoración pintada con temas geométricos), y de influencia céltica (negra bruñida y espatulada; y estampillada de pasta gris) en forma de ollas, queseras, platos, escudillas… Además, se hallaron molederas de barco para trabajar el cereal y molinos de piedra, útiles agrícolas –hoces-, una fíbula de doble codo, un clavo de sección cuadrada, fragmentos de pesas de telar, utensilios de hueso y una punta de lanza de sílex.

El estudio de los elementos hallados y de la cultura de los asentamientos circundantes muestra que los habitantes de Miralrío, sobre todo, en las últimas fases de asentamiento, hacían vida en el exterior durante el día, por lo que se presuponen toldos o porches que ganasen espacio externo. Modelaban cerámica con un torno mecanizado, cultivaban trigo, centeno y cebada (que trillaban de manera rudimentaria), leguminosas, vid y olivas. Criaban ovejas, cabras y, probablemente, tenían algún bóvido, según los restos encontrados. Cazaban jabalíes, ciervos y conejos, y pescaban. Recolectaban frutos del bosque, bellotas y castañas. También tejían y hacían cestería con mimbre y esparto, y producían cal.

Yacimiento arqueológico de Miralrío (fuente: Diario de Rivas)

Silos del Bronce Medio y muros de época carpetana con oquedades para incluir vasijas de almacenamiento del yacimiento arqueológico visitable de Miralrío (fuente: Diario de Rivas)

Eduardo Penedo, arqueólogo de la empresa Áqaba y director de las primeras excavaciones del yacimiento, incide en que se trata de “un asentamiento característico de época carpetana de gran interés para el conocimiento del período prerromano en la Comunidad de Madrid. Se trata de un yacimiento donde se percibe ya un incipiente urbanismo, localizado en una de las vías de comunicación natural más importantes del centro peninsular, que conectaría, tanto la Meseta norte y la Meseta sur, como las cuencas de los ríos Duero y Tajo».

Yacimiento arqueológico de Miralrío (fuente: Diario de Rivas)

Acceso al yacimiento arqueológico visitable de Miralrío (fuente: Diario de Rivas).

Tierra de carpetanos

Según señala Diego Salvador en su libro ‘Tierra de carpetanos’, publicado por Ediciones La Librería, este ámbito arqueológico (que podría corresponder con el asentamiento denominado ‘Varcial’, tributario de ‘Varcila’ o ‘Alternia’ —Arganda del Rey, en función de si se trataba de su toponimia carpetana u olcade—, al igual que otras pedanías como ‘Velila’ —Velilla—, ‘Varcile- cha’ —Valdilecha—, ‘Licinia’ —posiblemente, Morata de Tajuña— o Vilches) constituye un ejemplo paradigmático de espacio agrario sencillo dentro del entramado territorial carpetano del centro peninsular, en el triángulo formado entre Titulcia, Miaccum (Collado Mediano) y Complutum (Alcalá de Henares), en el que también se fijaron asentamientos de la importancia del yacimiento de Santa María —Villarejo de Salvanés—, La Gavia, el cerro del Ecce Homo y el salto del cura —Alcalá de Henares—, El Colegio —Valdemoro—, Arroyo Culebro —Getafe—, arroyo de la Recomba y cerro de la Fuente de la Mora —Leganés— y, un poco más allá, Santorcaz.

 

Yacimiento arqueológico de Miralrío (fuente: Diario de Rivas)

Restos de basa, horno, hogar y zócalo de asentamiento en el yacimiento arqueológico de Miralrío, en Rivas Vaciamadrid (fuente: Diario de Rivas).

 

El yacimiento de Miralrío, abierto al público en 2009, está incluido dentro del Plan de Yacimientos visitables de la Comunidad de Madrid, creado por la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Consejería de Cultura y Turismo en 2003 para potenciar la difusión del patrimonio arqueológico y paleontológico de la región. Dicho plan cuenta con 20 yacimientos abiertos. El situado en Rivas Vaciamadrid está gestionado por el Ayuntamiento ripense, que ofrece visitas los últimos sábados de cada mes previa reserva, gestionadas por el Centro de recursos ambientales Chico Mendes.

 

Más información:

Reportaje RTVE: El túnel del tiempo: Miralrío

Actas de Patrimonio Arqueológico de la Comunidad de Madrid (2006)

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