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OPINIÓN

Francisco Gallardo

Francisco Gallardo

Concejal del PP en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid

Queridos Reyes Magos,

Disculpad que os escriba tan tarde. Seguro que ya habéis empezado a repartir regalos, juguetes, ilusión y magia… Ojalá llegue a tiempo mi carta antes de que acabe la noche. 

A veces sé mi nombre, empiezo a levantar mi índice diciendo que tengo un añito y sé que vivo en Rivas y, dado que tan solo tengo 19 meses, he tenido que usar a mi papá para que transcriba cuanto le voy parloteando; disculpadme si alguna expresión o palabra no la uso bien. 

Sinceramente, hoy me siento muy mal, muy triste: terminan las Fiestas y en mi ciudad ni he apreciado algo significativo al respecto, ni decoración navideña alguna, salvo por unas pocas y tristes luces dispersas por alguna de las calles principales de mi ciudad. Triste porque he estado buscando —todos estos días— algún Belén con su San José, su burrito, su buey, etcétera, pero no he tenido suerte (salvo en algún centro comercial privado). Seguro que mi mami —que es muy divertida— los ha debido de esconder por alguna calle por la que no he pasado.

Sin embargo, esta tarde, como colofón, mis ilusiones se habían renovado porque mis papis me han llevado a ver a sus Majestades los Reyes Magos y podía ir a la Cabalgata. Me ha encantado el ¿“carnaval”? y la variedad de músicas que han llevado. He cogido muchos caramelos que ponían H2O entre carrozas de batucada, otra de música tecno, otra de música pop, otra de heavy (sí, sí el espíritu heavy que todo el mundo, incluso yo a mis meses, sabe que sintoniza 100% con la Navidad). Y, jo, además una de las carrozas llevaba una carta muy, muy grande en color verde que ponía algo que le pregunté a mi papi y me dijo algo que no entendí: “Nada, hija, proclamas ideológicas”. Debe de ser algo tan mágico que seguro vosotros, Reyes, lo entendéis.

Cerrando las cortita cabalgata —para un municipio que ya supera con creces los 80.000 habitantes— (mi mami dice: “Hija, bueno y breve…”), finalmente, al fin, dos Reyes Magos, sí, sí DOS, que ya hasta tres sé contar. Papi decía que el tercero, Baltasar, no estaba porque ya estaría envolviendo regalos e iba un primo lejano suyo, porque, la verdad, yo creo que se parecía más a Melchor.

De vuelta a casa me puse a llorar. Extrañaba el día que fuimos a Arganda con mis papis y como sus calles, esas sí, estaban plenamente iluminadas con preciosas luces y guirnaldas. Recordaba con melancolía cómo me divertí con mis primas en Torrejón y cómo asistí a cientos de recreaciones, puestos y un espectáculo en el centro del pueblo que me hablaba de la fábrica de los juguetes, la magia, ahí sí, de la Navidad, etcétera. Me sentía mal recordando villancicos de zonas de Madrid. No comprendía por qué a los y las nenas que vivimos en Rivas se nos priva de Belén. Y lo peor es que no encontraba aliento cuando he visto cómo mis primas me mandaban fotos de su Cabalgata en Parla, donde salían, ahí sí, pajes, duendes, hadas, y muchas, muchas carrozas sin proclamas: tan sólo recreando esta noche de ilusión y donde —qué curioso— sí que tenían a Baltasar: debía de ser porque ya habría terminado de envolver los juguetes…

Mis papis me han intentando sofocar. Me dicen que no sea ñoña, pero creo, Reyes Magos, que no es justo; aun siendo tan pequeña creo que no lo es… Y solo pude preguntaros si me prometéis que algún día en Rivas yo podré disfrutar algo medio similar al resto de mis amiguitos y amiguitas que viven en otros sitios. ¿Podré ser igual al resto de bebés? Mis papis me han dicho que seguro, siempre que os escribiera esta carta. Y que sois los únicos que no sé qué de la ‘aldea gala’, no les he entendido, la verdad, no veo a esos tales ‘galos’ ser tan malos para que a los niños y niñas de Rivas se nos prohiba disfrutar de la Navidad. Vosotros, que sois Magos, ¿creéis que lo vais a conseguir? De verdad en Rivas, ¿los nenes y las nenas disfrutaremos algún día a la altura de nuestros y nuestras vecinas? Seguro que lo volvéis a conseguir… 

Recordad comeros el turrón que os dejé y no tiréis el agua de los camellos. ¡Ah! Dadle un beso a Baltasar, y ojalá el próximo año sí que pueda venir… Prometo portarme bien todo el año. Besos

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