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Terraza de La Coqueta

Un reportaje de Diario de Rivas para La Coqueta

En pleno barrio Centro de Rivas, existe un pequeño rincón donde parejas y pequeños grupos de comensales se reúnen para disfrutar de la buena gastronomía en la intimidad. La Coqueta de Rivas nació como ‘niña bonita’ y creció sin estridencias, fiel a su estilo tradicional actualizado con el toque ‘chic’ de los gastrobares modernos, hasta convertirse, pese a su (todavía) corta edad, en todo un clásico de la gastronomía ripense.

Primero revolucionaron el tapeo ripense con Bébola, una apuesta rompedora basada en la innovación y la experimentación gastronómica. Aquel proyecto creció y creció y, entonces, sus creadores, en medio de aquella “locura”, decidieron darse un capricho. Fue así como, en abril de 2015, crearon la Coqueta, un espacio para evadirse del trajín cotidiano, donde las parejas y los pequeños grupos de tres o cuatro personas encuentran la seguridad de un refugio gastronómico cuidado y abarcable.

La cocina de esta ‘niña bonita’ está hecha a base de ingredientes muy reconocibles, con el ‘maquillaje justo’ en las técnicas culinarias y el producto, que saca partido de sus ‘fondos de armario’ para sorprender y enamorar al paladar. Así, en la carta de La Coqueta pueden encontrarse pulpo —del de toda la vida— acompañado de patatas revolconas —de las de toda la vida—, en una combinación lo bastante inusual para escaparse de la rutina y lo bastante tradicional para no dejar de ser lo que son: sabores de siempre. Ocurre lo mismo con sus croquetas —de jamón o de calamar—, su ‘burger’ de pollo crujiente o su ensalada César con polvo de aceitunas, que en La Coqueta comparten ‘armario’ con influencias de otros países, como gyozas de pollo con verduritas y teriyaki, quesadillas con confitura de pimientos, pan bretzel de pull-pork o entraña con chimichurri. Su oferta gastronómica cuenta también con un apartado especial para los amantes de la brasa, otro ‘capricho’ de sus creadores, que se dieron el gusto de diseñar la cocina a su antojo, “con ese punto de encanto que va en consonancia con el local”. “En resumen, contamos con todo un abanico de platos presentados en sartenes de hierro o cazuelas de las de toda la vida, en las raciones justas para combinar distintas experiencias en una única comida o cena, haciéndola, de esta forma, más divertida y dinámica”, apunta Labrador.

FOTOGALERÍA: ASÍ ES LA COQUETA DE RIVAS

 

La bodega de La Coqueta rota con más rapidez que la carta, para mantener una oferta pequeña —con unas 15 referencias—, pero variada y actual. “Apostamos por marcas extranjeras, como vinos franceses, blancos alsacianos o caldos del Mosel alemán; y también por denominaciones de origen nacionales, siempre con un punto de originalidad”, dice Labrador. La Coqueta es, además, el único local de Rivas que ofrece champán por copas, una iniciativa que sido muy bien recibida por las parejas que se acercan al local a cenar.

Estos detalles, en sintonía con las pequeñas dimensiones del gastrobar, se combinan con una decoración acogedora, casi hogareña, en la que no faltan la calidez de la madera ni la frescura de su ‘jardín vertical’. En verano, sin embargo, La Coqueta invita a disfrutar del buen tiempo con su terraza de césped artificial, en cuyas mesas se suceden las familias con niños, atraídas por el parque infantil contiguo donde los pequeños pueden jugar mientras el resto de la familia alarga la sobremesa. La Coqueta cierra los domingos por la tarde y los  lunes y, aunque entre semana es más sencillo conseguir una mesa, es recomendable reservar con antelación, en especial los fines de semana y festivos.

“Aquí se viene a probar platos de toda la vida, pero con toque diferente y una variedad que aporten ese plus de coquetería que buscábamos”, resume Labrador. No en vano, de los tres locales que él y su socio regentan en la ciudad —Bébola, Reixa y La Coqueta—, este último es el más estable: la carta cambia con cada temporada de verano o invierno, pero mantiene la mayoría de sus propuestas, al igual que la decoración, que se ha conservado desde los inicios sin grandes alteraciones. Después de más de tres años abierto, el gastrobar cuenta con clientes habituales e, incluso, puede presumir de estabilidad en su equipo, pues la mayoría del personal de cocina y de camareros llevan allí prácticamente desde sus inicios: toda una hazaña en un sector tan inestable como la hostelería. “Todos ellos conocen muy bien el local y su oferta, y están acostumbrados a asesorar a unos comensales que cada vez se muestran más abiertos a escuchar nuevas propuestas”, concluye Labrador.

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