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OPINIÓN

Antonio de la Peña

Antonio de la Peña

Doctor en Ciencias Biológicas, licenciado en Ciencias Geológicas y diplomado en Medio Ambiente

He leído, en Diario de Rivas, la apuesta de la concejalía de «Transición ecológica» de impulsar un modelo de economía circular para el municipio de Rivas Vaciamadrid. No hagan caso del lapsus cálami del Tuit del alcalde, de fecha 3 de diciembre de 2020, que la vincula a la Concejalía de «Transición energética», ni a la noticia de la página del Ayuntamiento. Dicha concejalía no existe.

La economía circular es presupuesto, es dinero, es negocio. He intentado explicar este aspecto en mis dos artículos anteriores en este mismo medio informativo digital. Recuerdan los lobbies de TOMRA. Añadir que STADLER y TOMRA han creado para Sysav Industri AB una planta de clasificación de residuos mixtos textiles pre y postconsumo en Skåne, al sur de Suecia.

Le ha tocado el turno al mundo de la cosmética, de la moda y del textil. Podemos sospechar que “Humana” está en el punto de mira del cazador y de su Lobby.

Dejemos el mundo de la economía sensu estricto. Entremos, ahora, en el aspecto de la sociedad y los recursos humanos. En cualquier empresa, la gestión de los recursos es fundamental. Consecuentemente, la economía circular es un modelo que trata de optimizar todos los recursos, incluidos los humanos. Además, en los modelos de desarrollo sostenible, la sociedad es una de sus tres variables fundamentales.

A falta de un plan estratégico de economía circular, que está por hacer, la concejal propone la creación de dos comisiones. Una primera comisión ciudadana y una segunda comisión de expertos. Estas comisiones deberán perfilar ese plan estratégico y el modo de implantar la economía circular en nuestro municipio. Repetimos exactamente el mismo modelo que ha fracasado para ‘Rivas Ecópolis’, y para la planta de tratamiento de residuos ‘Ecohispánica’.

La comisión ciudadana estaría compuesta por todas aquellas personas físicas y/o jurídicas interesadas en la elaboración de este modelo de economía circular para Rivas. Sería una comisión configurada por ripenses para Rivas. Pero lo cierto es que ese tipo de comisión ya existe. Se trata del Consejo Sectorial de Medio Ambiente. No reutilizarlo, cuando se necesita y para los temas que es competente, es desde luego un mal uso de recursos humanos. Es también un agravio para aquellos miembros del consejo que llevan años aportando, cuando les dejan, ideas para la gestión medio ambiental del municipio. Es un fracaso para la concejalía del gremio, que no considera suficientemente relevantes las aportaciones de su foro de consulta y participación. Por último, sería un primer fracaso del modelo de economía circular de Rivas que no reutiliza para reflexionar los recursos disponibles.

El Consejo Sectorial de Medio Ambiente de Rivas Vaciamadrid tiene su origen en 2008. Su mayor logro ha sido la elaboración de un reglamento interno de funcionamiento que fue aprobado inicialmente en el punto séptimo del orden del día, del Pleno de 26 de noviembre de 2009. Posteriormente, se publicó en el BOCM Nº83, de fecha 8 de abril de 2010. En ese reglamento se establecen: la organización, competencia y periodicidad de reuniones de la Consejo. Desde 2011 debía haberse reunido en 40 ocasiones. Cuatro veces al año. Lo ha hecho en 13. Es decir, no llega al tercio de las proyectadas. Como soy profesor lo expresaré en una nota: 3.25 sobre 10. Un suspenso, deficiente. Se trata de un órgano consultivo ‘ad doc’ medioambiental del municipio. Puede participar todo ciudadano que lo desee. Están todos invitados, con voz y voto. ¿Cuál es el motivo de no ser utilizado?

Además, y para terminar con este aspecto. A las comisiones específicas creadas para temas relacionadas con medio ambiente, fuera del Consejo Sectorial de Medio Ambiente, participaban y asistían los miembros del Consejo Sectorial de Medio Ambiente. Sorprendente. ¿Alguien podía pensar lo contrario?

Las comisiones de expertos en Rivas no han tenido el éxito deseado con anterioridad. El primer caso a recordar es el de ‘Rivas Ecópolis’. Los expertos no conocían el municipio, estaban en campañas antárticas y no aparecían, representaban más una ideología —y/o ONG— que un proyecto de futuro sostenible para Rivas. La consecuencia fue un rotundo fracaso del proyecto. Ninguno de los objetivos propuestos para 2020 se han conseguido. Las revistas medio ambientales, las plazas, las casas, los seguimientos de niveles de CO2, los estanques de microfanerófitos, nunca han funcionado, están en evidente decadencia o ya no existen.

Tampoco funcionó la comisión de expertos de la planta de tratamiento de residuos de ‘Ecohispánica’. Su informe no gustaba a parte de los miembros del gobierno municipal, a parte de los partidos de la oposición, y/o a parte de las asociaciones ecologistas del municipio. Nunca se tomó en consideración. La planta de tratamiento de residuos ni se desmantela ni se deja de desmantelar. A todas luces, otro fracaso de proyecto y de comisión. La economía circular, en la sede de la administración, necesita de un proyecto común de todos. Es necesario para su viabilidad a largo plazo o terminará en el olvido.

Tenemos y debemos ser positivos. Es necesario aprender de nuestros errores. Los dos casos anteriores de comisiones expertos muestran varios aspectos a mejorar. En primer lugar, los perfiles de los expertos comisionados son de vital importancia. En este sentido, y utilizando principios de economía circular, los criterios de selección que debieran ser considerados son:

  1. Conocimiento del municipio. Es decir, de su territorio; de sus ciudadanos; y de su organización.
  2. Ser competente en la normativa legal que afecta a este municipio (europea, estatal, autonómica y local).
  3. Ser competente y estar capacitado en economía. Más concretamente, de la aplicación del modelo de economía circular en una administración pública.
  4. No participar en el entramado Política + Lobbies (incluidas las ONG palanca involucradas) de una determinada estrategia de negocio. Podemos, bajo criterios estrictamente éticos y estéticos, inhabilitar un currículo para la toma de decisión en el modelo economía circular a seguir. La neutralidad del informe emitido es absolutamente exigible en un asunto de todos y para todos.

En segundo lugar, se ha de lograr una mayor coordinación entre los expertos comisionados designados, la comisión ciudadana —que sobra—, el Consejo Sectorial de Medio Ambiente, y en definitiva con la sociedad civil ripense.

Con respecto a la comisión ciudadana, decir que sentar a las mismas personas en comisiones diferentes para tratar el mismo asunto no es compatible con los principios de economía circular. Además, las nalgas de los consejeros, de los comisionados y de los concejales se lo agradecerán. Por si no me creen, y como ya demostró S. J. Gould, en su excelente libro ‘Brotosaurus y la nalga del ministro”, los asuntos de nalgas pueden cambiar la concepción del hombre, la ciencia y el mundo. ¡Y vaya si lo cambió!

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