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Desde que entran al centro con tan solo 1 año hasta que concluyen las etapas de ESO, Bachillerato o FP, el alumnado de la Ciudad Educativa Municipal (CEM) Hipatia-FUHEM de Rivas Vaciamadrid es el auténtico protagonista de su aprendizaje. El centro educativo, que pronto cumplirá una década, desarrolla un proyecto educativo integral en el que el profesorado acompaña al alumnado a lo largo de toda su educación, respetando y posibilitando el desarrollo natural de todas sus capacidades.

El alumno y la alumna como centro del aprendizaje: esa es la perspectiva del CEM Hipatia-FUHEM. Su comunidad educativa —no solo profesorado, sino resto del personal del centro, implicado al mismo nivel en el proyecto ecosocial del centro— mantiene la mirada atenta en cada uno de los protagonistas de este ‘viaje’ hacia la madurez, hacia una «escuela del cuidado mutuo» educándoles para vivir en comunidad, para cuidar a las personas que les rodean y al entorno, donde el alumnado aprende que si es respetado en sus necesidades también debe respetar y cuidar las necesidades del resto.

Desde el primer ciclo de Infantil, a partir de un año de edad, ya se adoptan medidas en este sentido, como la agrupación, a partir del próximo curso, del alumnado en función de su desarrollo evolutivo, y no de su fecha de nacimiento. «El sistema ‘tradicional’, que divide al alumnado en función del año y el mes en el que ha nacido, hace que convivan con frecuencia niños y niñas que aún empiezan a gatear con otros que ya corren», explica la coordinadora de Educación Infantil, Marta Cañadilla. Por ello, una de las novedades que traerá el curso que viene a Hipatia será la agrupación de los niños y niñas en función del momento real de su desarrollo, en grupos no homogéneos, donde se den las condiciones idóneas para el avance de cada uno de ellos gracias a la interacción con el resto del grupo.

En estas aulas, los más ‘peques’ encontrarán ambientes creados a partir de la observación y evaluación exhaustiva de cada grupo, para ‘provocar’ el aprendizaje espontáneo que se produce cuando, de forma libre, los niños y niñas interactúan con este entorno, «creando una escuela más amable, no solo por el trato, que ya lo es, sino también, y cada vez más, por un entorno habitable». De esta forma, ya desde 1 año de edad cada alumno o alumna irá desarrollando su propio aprendizaje, a su ritmo, desde la experimentación con el entorno, la psicomotricidad vivenciada (no dirigida) y la interacción con un espacio que la comunidad siente como propio.

El ‘salto’ al segundo ciclo de Educación Infantil se produce, como cada cambio de etapa en Hipatia, de manera suave, sin brusquedades y aprovechando las oportunidades que ofrece una comunidad educativa integrada por alumnado de todos los niveles. En el caso de los niños y niñas que van a pasar al curso de 3 años, se programan una serie de visitas a los espacios donde van a proseguir su aprendizaje el curso que viene y se les ‘presenta’ a sus compañeros del ciclo superior, «fomentando así la comunidad: los mayores cuidan a los pequeños», explica el equipo de coordinación.

En este momento es cuando se produce la entrada de más alumnado procedente de otras escuelas infantiles o que nunca ha estado escolarizado, por lo que se pone especial cuidado en la cohesión de los grupos y la adaptación paulatina, en función de las necesidades del niño o niña y la de sus familias, que pueden entrar al aula e intercambiar impresiones con las tutoras. Aquí se trabaja —como se hace siempre que surge la oportunidad en Hipatia— por proyectos, trabajando la lectoescritura o las matemáticas de manera transversal mediante las actividades que se van desarrollando, y cuidando una vez más el ambiente, la creación colectiva de espacios por parte de la comunidad educativa. El clima se hace propicio para el cuidado en el desarrollo de las emociones a través de la rutina diaria, en una etapa, la del segundo ciclo de Infantil, en la que el alumnado avanza a pasos agigantados en la toma de conciencia de lo que le sucede y lo que siente en cada momento.

El trabajo de la empatía y el respeto a las emociones de cada alumno o alumna se revelan aquí como aspectos fundamentales que continuarán trabajándose, de manera trasversal, a lo largo de todo el recorrido educativo en Hipatia. A los 6 años, el alumnado pasa a Primaria, donde la mirada continúa centrada en el alumnado y sus familias. Aquí llegan, de nuevo, las actividades ‘rampa’ que sirven para ayudarles en el cambio de ciclo, con una programación de acogida en que incluye actividades en «contextos significativos» en las que continúan las interacciones con Infantil. Así, se trabaja en la cohesión de los nuevos grupos, rompiendo por unos días —los que sean necesarios, en función de la evolución del alumnado— la dinámica de las clases.

Según explican las coordinadoras de esta etapa, Lourdes Delicado y Josefina López, toca ahora ceñirse al currículo que marcan las leyes educativas y al programa bilingüe del centro, «que nos condicionan, pero no nos determinan de manera rígida como etapa, ni modifican o interfieren en las condiciones metodológicas a través de las cuales se vertebran los contenidos» y que son la seña de identidad del centro. Así, se trabaja con una programación propia en la que la lengua se trabaja no con libro de actividades, sino directamente a partir del texto y con un enfoque comunicativo; y metodologías propias que se desarrollarán hasta 3º de Primaria. De 4º  6º de Primaria, si bien el profesorado se apoya más en los libros de texto, no deja de lado el proyecto fundamental, acompañando al alumnado a la hora de desarrollar su autoconocimiento con la mirada empática, puesta en el otro.

La atención al alumnado con necesidades educativas especiales, de cualquier tipo, es en Hipatia una oportunidad de aprendizaje para todos. Ello implica también que se flexibilice el currículo: los refuerzos ordinarios y los apoyos específicos se realizan dentro de las aulas, lo que genera una programación propia a través de dinámicas y talleres que incluyen a todo el alumnado. Así, con la mirada siempre puesta en los alumnos y alumnas, se hace hincapié en la franja del aprendizaje que necesita ser potenciada mediante la ayuda de otra persona, y no solo aquellas habilidades o conocimientos que puede adquirir por sí mismo, marcando de nuevo la diferencia respecto a la escuela ‘tradicional’. Todas las personas de la comunidad educativa de Hipatia (alumnado, familias, personal docente y no docente, otras personas…) se constituyen, así, en elementos «facilitadores» (generadores de oportunidades para aprender), en un sistema en el que cada uno recibe, pero también da.

 

GALERÍA: Así es la Ciudad Educativa Municipal (CEM) Hipatia-FUHEM

(fotos: Fernando Galán)

Con la llegada a la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), y tras las correspondientes ‘actividades rampa’ que incluyen una programación de acogida, amén de intercambios e interacciones entre el alumnado que ya se encuentra en esa etapa y aquellos que llegan desde primaria, toca seguir acompañando al alumnado en «una edad preciosa, llena de altibajos», donde la mirada atenta al alumnado cobra, si cabe, aún más importancia. A partir de la observación permanente por parte de toda la comunidad educativa, se toman decisiones para facilitar el desarrollo del alumnado, que pueden ir desde las adaptaciones curriculares significativas o metodológicas hasta el cuidado de las familias, las relaciones entre iguales y la gestión de los conflictos. La atención a la diversidad continúa aquí, pues, como una herramienta clave del ‘puzzle’ de Hipatia, que cuenta con un equipo de orientación volcado en acompañar al alumnado en esta etapa clave para su futuro. Al llegar ya a 3º y 4º de ESO, las rutinas del alumnado —salidas, desayunos, interacciones en los recreos— continúan fomentando la empatía, la mirada en el otro, la comunicación como arte y medio de resolución de conflictos y de fortalecimiento de la comunidad educativa. El modelo ‘tradicional’ de aprendizaje —profesor, libros, audiovisuales— se transforma en Hipatia en aprendizaje continuo y con un mismo sentido, dentro y fuera del aula, enfocado al proyecto ecosocial, al cuidado del entorno social y ambiental. «Nos fijamos en el desarrollo individual de cada alumno o alumna; no solo en que no haya adquirido un conocimiento determinado, sino en su evolución con la mirada puesta en el futuro; no solo en lo que hace, sino en lo que es capaz de hacer», resumen Belén Montero y Yolanda Castilla, coordinadoras de ESO en Hipatia.

Parte del alumnado de ESO proseguirá sus estudios de Bachillerato, una etapa que también se oferta en Hipatia en todas sus ramas. Es el único centro de Rivas en el que, además de ofrecerse las ramas de Humanidades, ciencias Sociales o Ciencias (rama sanitaria o tecnológica), puede cursarse el Bachillerato de Artes. Precisamente las artes son una de las señas de identidad de Hipatia, un medio de expresión que desborda las aulas y que impregna todo el centro, cuyos espacios son ‘intervenidos’ cada año por el alumnado y el resto de la comunidad educativa: de nuevo, los espacios propios, amables y concebidos para servir de entorno ideal para el aprendizaje. Así lo explica Pilar Rodríguez, directora de esta etapa en Hipatia: «Las artes se trabajan de manera transversal y de forma coordinada con el resto de la comunidad educativa, promoviendo el arte como forma de vida, como elemento de reflexión, expresión y comunicación».  En esta etapa, marcada especialmente por la prueba de acceso a la universidad, el aprendizaje se vive, de nuevo, en comunidad, compartiendo con el resto de las personas que integran la ‘gran familia’ de Hipatia actividades que promueven los valores ecosociales.

Hipatia ofrece, también, estudios de Formación Profesional (FP) en las ramas de Hostelería y Turismo e Informática. Buena parte del alumnado de estos cursos procede de otros centros educativos, y llegan enfocándose en construir un futuro profesional. Aquí la diversidad es, si cabe, más acentuada, por lo que el trabajo del equipo de orientación y de la comunidad educativa se revela clave para la convivencia. «El trabajo en FP se realiza de forma totalmente personalizada», explica Silvia Giménez, coordinadora de esta etapa, «implicando muy especialmente a las familias, que se vuelcan con sus hijos e hijas en esta tarea», salvando de esta forma posibles dificultades de adaptación. La enseñanza en FP es eminentemente práctica —en hostelería, gracias al restaurante escuela Bitácora, donde el alumnado realiza prácticas reales— y con un claro carácter de servicio a la comunidad: como ejemplos, los desayunos saludables que confecciona el alumnado de hostelería, el servicio de restaurante abierto al público (previa reserva) o las contribuciones del alumnado de informática a las necesidades educativas que van surgiendo en cada momento en Hipatia.

Marta González, coordinadora pedagógica, subraya la «coherencia» del proyecto educativo de Hipatia, que se plasma a lo largo de todo el desarrollo evolutivo del alumnado. «En todo el centro se hace hincapié en el aprendizaje cooperativo, las actuaciones educativas de éxito en todos los niveles (grupos interactivos, lecturas compartidas, tertulias dialógicas), los materiales propios —creados al servicio del propósito ecosocial— y la inclusión. La sensibilización ambiental y democrática (gracias a las actividades de servicio a la comunidad o las asambleas), el feminismo, la lucha contra la LGTBIfobia, la empatía y la cultura del cuidado mutuo, que se extiende también a las familias, son algunas de las señas de identidad de Hipatia. Además destaca la importancia de realizar intercambios entre las distintas etapas, donde alumnado de distintos niveles comparte y se enseña mutuamente. «El alumnado es protagonista de su aprendizaje y nunca se le pierde de vista, fomentando la inclusión y evitando la segregación y encontrando apoyo en todo momento», resume González.

La convivencia en Hipatia

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