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OPINIÓN

Alberto Cabeza

Alberto Cabeza

Concejal del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid

Si en la crisis financiera y económica de 2008 aprendimos, o por lo menos nos cansamos de hablar de ellos, conceptos como bono alemán, mercado de deuda o prima de riesgo; en esta crisis de 2020 ocasionada por el coronavirus Covid-19 nos vamos a cansar de hablar y escuchar del ERTE. Se trata de, según sus iniciales, un Expediente de Regulación Temporal de Empleo, que desgraciadamente va a ser solicitado solamente aquí en Rivas por decenas y decenas de empresas. Sectores como los concesionarios, talleres, restaurantes, cafeterías, comercio minorista y empresas del sector servicios van a ver cómo su actividad cesa ante el Estado de Alarma y el confinamiento de las personas en sus casas, que hace que sólo los bienes de primera necesidad sean objeto de consumo por los ciudadanos.

Rivas cuenta con unas cifras de paro de alrededor de 4.000 personas desempleadas, que supone una tasa de paro del 7,8 %, 6 puntos por debajo de las cifras a nivel nacional. Y a mediados de 2019 teníamos la tasa de actividad más alta de España. Es fácil pensar que esas cifras en Rivas se van a ver muy negativamente afectadas por la situación actual provocada por el COVID-19 y el Estado de Alarma.

Decir primero que ERTE ya existía, pero que ahora se trata de una medida que intenta paliar las consecuencias de la crisis sanitaria y económica en las empresas, suspendiendo los contratos de trabajos de muchos trabajadores hasta que la situación vuelva a ser parecida a la que había con anterioridad al necesario escenario de Estado de Alarma. El Gobierno en el Real Decreto de Estado de Alarma promueve esta medida temporal, facilitando que se autoricen la mayoría de los ERTE solicitados, aun sabiendo del tremendo coste para las arcas públicas que puede suponer. Si en otras crisis se ha optado por favorecer otros colectivos o clases económicas, en esta ocasión creo que, con buen criterio, se está protegiendo especialmente a los trabajadores, esa población que es más vulnerable a las crisis económicas, y que tienen como principal bien su puesto de trabajo.

Mediante el ERTE, la empresa solicita a la autoridad laboral que se suspendan los contratos de trabajo del total o de parte de su plantilla, alegando causa mayor por la crisis sanitaria, tal y como establece el Real Decreto del Estado de Alarma. La autoridad laboral contesta en 5 días, y si ve acreditadas las razones expuestas por la empresa lo autoriza, y el SEPE (el paro, en términos coloquiales) es quien abona al trabajador, en función de su base reguladora, el salario correspondiente al tiempo que dure la suspensión del contrato. Y es más: este periodo que consume el trabajador de prestación por desempleo no se tendrá en cuenta en una futura ocasión en que el trabajador tenga necesidad de ella. La empresa, además de tener la obligación de readmitir al trabajador en cuanto pase el escenario que causó el ERTE, porque no se trata de un despido, ha de mantener esa relación laboral seis meses más por lo menos.

Es verdad, y no me olvido de ello, que el trabajador pierde poder adquisitivo durante el ERTE (va a percibir más o menos el 70% de la base reguladora); pero también es cierto que se intenta que el trabajador no se vea afectado por un ERE o un despido, que en estos casos queda despedido automáticamente, y con pérdida de su puesto de trabajo.

Rivas cuenta con un gran tejido económico de comercio minorista y pymes que tienen su comercio o sede industrial mediante contrato de arrendamiento, que ya en situación normal es un gran muro para poder solventar la viabilidad económica. Ahora, con el cierre de estas instalaciones comerciales o productivas, el pago del arrendamiento puede ser una barrera insalvable para las empresas y comerciantes, cuando sus ingresos son cero, o prácticamente nulos. Apelo desde aquí a la comprensión de todos para poder ser flexibles en los derechos que legítimamente se tienen, y que pensemos que haciendo la vida más cómoda a nuestros arrendatarios nos aseguramos a corto y largo plazo la existencia y continuidad del contrato, y con ello seguir manteniendo como arrendadores los locales ocupados y así obtener ingresos por las rentas.

Pero lo más importante es que los vecinos y vecinas de Rivas, con o sin ERTE, saldremos de esta. TODO VA A IR BIEN.

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