La casa real de Vaciamadrid: el pequeño retiro italianizante de Felipe II junto al Jarama

por | May 13, 2024 | 1 Comentario

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La casa real de Vaciamadrid (no el palacio real de Vaciamadrid, ni la casa palacio de Vaciamadrid, como se ha denominado en ocasiones erróneamente) fue un real sitio creado por Felipe II, que quiso convertir este pueblo en la primera parada de un río Tajo que fuese navegable. Diario de Rivas ha investigado en varios archivos la historia de este inmueble que articuló buena parte del municipio que conocemos hoy día.

Tras convertir Madrid en capital de su imperio, Felipe II quiso poner en valor la ciudad creando una red de edificaciones reales con la creación de casas de campo, cotos de caza y obras de ingeniería como canalizaciones y regadíos. Dentro de su plan, quería crear una red de conexión fluvial entre sus reales sitios, desde El Pardo hasta Aranjuez (Pérez, 1998). En ese sentido, se considera que Vaciamadrid, en la confluencia entre los ríos Manzanares y Jarama, era un punto clave.

Después de varios análisis preliminares de la zona desde 1577 (AGP, 1580), el monarca visitó Vaciamadrid en 1584. Y es que el ingeniero militar Juan Bautista Antonelli propuso al rey el 22 de mayo de 1581 convertir en navegables los principales ríos peninsulares. El italiano realizó dos pruebas en chalupa en el río Tajo, demostrando que era factible la operación. Así, como decíamos, en 1584, el rey trató de hacer lo propio navegando desde Vaciamadrid a Aranjuez con toda su familia y comitiva (Llaguno, 1829), en dos barcas ornamentadas de grandes dimensiones. En Vaciamadrid (que pudo ser considerada la primera parada del viaje fluvial hasta Lisboa, habida cuenta del poco caudal del río Manzanares -Cabanes, 1829-), se construyó un muelle (denominado popularmente en el pueblo como ‘la sartén’. Allí se hicieron bailes y conciertos para despedir al rey, y el viaje discurrió sin contratiempos.

Detalle de hoja kilométrica de Vaciamadrid en 1860 que muestra la 'sartén' del canal navegable que se ideó en época de Felipe II (fuente: IGN).
Detalle de hoja kilométrica de Vaciamadrid en 1860 que muestra la ‘sartén’ del canal navegable que se ideó en época de Felipe II (fuente: IGN).

Palomar y bodega

El 13 de febrero de 1589, el rey Felipe II ordenó mediante cédula (AGP, 1589) a la Junta de Obras y Bosques la compra a los herederos de su ayuda de cámara, Sebastián Cordero de Nevares, conocido como Sebastián Santoyo, de su casa de campo en Vaciamadrid y sus tierras anejas, un total de 19 parcelas. Incluía, entre otros, la explotación de espacios como Palomarejo y Balgondo, así como los derechos de pesca en el río (AGP, 1593).

Encargó a Luis Osorio, gobernador de Aranjuez, que las cuidase y conservase. Pocos días después recayó la responsabilidad en Gaspar Frías de Miranda, mayordomo del sitio de Aranjuez, que tomó posesión el 8 de marzo del inmueble y comenzó una política de arrendamiento de los distintos espacios relativos al sitio por períodos quinquenales. El primer adjudicatario fueron los herederos de Santoyo hasta febrero de 1592, que perdieron toda la relación con el sitio. El siguiente beneficiario fue un vecino de Getafe llamado Pasqual Pingarrón (probablemente, dio nombre al tristemente célebre cerro en el que murieron cientos de personas durante la batalla del Jarama, en febrero de 1937). Inmediatamente, el rey ordenó destinar madera de Aranjuez para realizar obras en las cocinas, los aposentos y las armaduras del tejado de la nueva adquisición (AGP, 1594).

Escrito de adjudicación de la gestión de la casa de Vaciamadrid a Pasqual Pingarrón (AGS, 1592).
Escrito de adjudicación de la gestión de la casa de Vaciamadrid a Pasqual Pingarrón (AGS, 1592).

La casa estaba situada entre un baldío de la Villa de Madrid y tierras de Francisca Luxan, Juana Luzón, Francisco Herrera e Inés de Bracamonte. También colindaba con el camino que iba a la barca de Arganda. En la escritura, se citaba que el inmueble, ubicado sobre una pequeña elevación, contaba con palomar, cueva (bodega), casas de labor, corrales y pajar, todo rodeado de una cerca. Tenía adscritas varias tierras de labor en los alrededores que proveían de varias fanegas (alrededor de unas treinta) de cereal al complejo.

Diseños geométricos en boj

Atendiendo al cuadro de este real sitio que se conserva en el Monasterio de El Escorial, atribuido a Jusepe Leonardo, se trataba de una casa de campo de estilo castellano. Este caserón rústico tenía tres cuerpos. Uno de ellos, con dos plantas con buhardillas y tejado a tres aguas. Otro, con dos plantas y balconada en el tercer piso, coronada con tejado a dos aguas, cruz y veleta. Por último, otro con dos plantas de menor altura y doble chimenea, por lo que puede entenderse que una se compartía con el edificio central para calentar los habitáculos y otra debía ser el horno. Tenía zócalo de mampostería pétrea (hay un ejemplar del mismo frente a la escuela municipal de música de Rivas), con fábrica de ladrillo rojizo, cajas de mampostería entre los vanos y ventanas balconadas. Los aposentos reales estaban en la planta baja, por lo que el uso de las instancias superiores correspondería a la servidumbre o a usos auxiliares. Por lo menos, hasta la construcción de la ‘casa nueva’, es decir, los nuevos edificios, de menos alturas, que ordenó el rey.

Felipe II también ordenó destinar madera para construir un puente con el que cruzar el río para facilitar su tránsito por tierra a Aranjuez (hasta entonces, el paso se hacía en barcas) -AGP, 1589-. No obstante, su elemento paradigmático fue el jardín, añadido posteriormente. Se trataba de un conjunto vegetal cercado de estilo italiano con una fuente. Según las investigaciones de la historiadora del arte, Beatriz Tejero (1998), este elemento “es una de las claves que permite entender la importancia de este conjunto real, añadiendo un uso lúdico como lugar de recreación, a su función primordial de pabellón de reposo en el camino hacia Aranjuez. Partiendo de elemento arquitectónicos convencionales, la Casa de Vaciamadrid fue ejemplo de asimilación del concepto de villa a la italiana, lo que le confirió un valor de notable modernidad”. Para incentivarlo, el monarca contrató en 1592 al jardinero italiano Francisco Marcos, que ya había trabajado en los jardines del Huerto de la Priora.

Piedra del Real Sitio de Felipe II en Vaciamadrid (Fuente: Diario de Rivas)
Piedra del Real Sitio de Felipe II en Vaciamadrid (Fuente: Diario de Rivas)

Tejero incide, en base al cuadro de El Escorial, que la disposición del vergel se basaba en “un trazado ortogonal compuesto de veinte cuadros con diseños geométricos recortados en boj y una sencilla fuente de dos tazas en el centro. El conjunto, con reminiscencias flamencas, se ornamentó a través de diferentes tipos de flores, tanto en pequeños macizos distribuidos en los cuadros como en los elementos ornamentales trepadores, pero, sobre todo, plantadas en tiestos vidriados en blanco y verde distribuidos alrededor de la fachada y en los cuadros que enmarcaban la fuente”. También contaba con una noria que alimentaba a través de un canal la vegetación y un estanque. No obstante, este jardín no siguió la corriente renacentista, pues, a juicio de la historiadora, se mantuvo ajeno incluso al mobiliario italiano.

Estacadas en el río

Conviene destacar que, al contrario de lo que han venido defendiendo los investigadores hasta ahora, la utilidad de Vaciamadrid no era tanto la de un punto de paso hacia Aranjuez, sino la de un punto final de viaje. Este diario ha consultado toda la documentación de las jornadas o viajes de los reyes de España a Aranjuez y sólo se cita el uso de Vaciamadrid como espacio de paso al Real Sitio en una ocasión (sí que se repite el tránsito por Getafe y Gózquez). Es decir, que, a falta de una estación definitiva, la casa era un espacio de recreo, de esparcimiento o un lugar para el tiempo privado para los monarcas (por ejemplo, para llevar allí a sus amantes) y, de ahí, las reformas en un espacio que respondía a los principales gustos del emperador hispánico (especialmente, la caza).

Felipe III derivó la manutención de la casa al Monasterio de San Lorenzo el Real, cuyo prior, el 12 de diciembre de 1603, tasó en 11.002 reales los costes anuales de conservación (AGS, 1603), cuando los beneficios de las dehesas que tenía vinculadas ascendían a cuatro mil. Por ello, el inmueble sufrió un fuerte abandono, relacionado con los problemas económicos del reinado, que se agravaron con Felipe IV y derivaron en su venta parcial. De hecho, la Junta de Obras y Bosques sugirió al rey el 30 de mayo de 1612 enajenar el inmueble, pues consideraba que su mantenimiento era “a mucha costa de la Real Hacienda y ya no son de ningún servicio ni recreación del rey” (AGS, 1613).

Detalle de hoja kilométrica de 1860 del pueblo de Vaciamadrid (fuente: IGN).
Detalle de hoja kilométrica de 1860 del pueblo de Vaciamadrid (fuente: IGN).

Sin embargo, este aprobó una partida de mil ducados para arreglar el edificio. Así, se arreglaron las solerías de los aposentos y las cerraduras, se socalzaron las puertas, las paredes de separación entre las casas, el revoco de las paredes exteriores, la reconstrucción de chimeneas y hornos, el solado del inmueble, la reconstrucción de la armadura de los tejados, el retejado, la reparación de los encañados y la noria que regaba los planteles. También, se fortaleció la margen del río junto al edificio con la instalación de dos estacadas de sauce con cajones de piedra para defender la orilla de las avenidas del río.

Desamparada

No existe constancia de la reparación del puente, cuya estructura “está casi toda ella caída y de manera que apenas se puede pasar una persona y toda la madera podrida y de qualidad que no podra servir de nada, porque es fuerza haviendo de haver esta puente aquí que como sigo suele solo servir para pasar su Majestad quando no se puede vadear el río que se haga de nuevo y dize el aparejador que costara hasta dos mil ducados” (AGS, 1613).

En 1618, falleció Francisco Marcos, después de una enfermedad que sufría desde 1614 (AGS, 1614), y se hizo cargo del inmueble su viuda Catalina Ruíz, con ayuda de un criado, después de que pidieran la plaza Matheo Martínez, jardinero de Aranjuez, y Juan Martín, arbolista de este Real Sitio.

En 1621, a la muerte de esta, el proceso de cesión de la explotación del inmueble se complicó. La hija del matrimonio, Ángela Marcos, de tres años de edad, quedaba en el más absoluto desamparo porque sus padres habían gastado el poco dinero que tenían en médicos para curar sus enfermedades. De tal modo, sus preceptores pidieron que se le diera un maestro que se hiciera con la casa de Vaciamadrid para su sostenimiento. Se presentaron varias personas, incluido el segundo marido de Ruiz, Francisco Baquerizo, que se había hecho cargo de la niña, así como el curador (persona designada legalmente para complementar la capacidad limitada de algunas personas) de esta, Miguel Ruiz, vecino de Arganda del Rey.

Terreno donde estuvo ubicado el antiguo pueblo de Vaciamadrid, desde la posición del antiguo ayuntamiento (Fuente: Diario de Rivas)
Terreno donde estuvo ubicado el antiguo pueblo de Vaciamadrid, desde la posición del antiguo ayuntamiento (Fuente: Diario de Rivas)

Tejado podrido

Sin embargo, el 16 de enero de 1621, se otorgó el cuidado de la niña y, por extensión, la explotación de la casa real a Diego Morán, cuñado de Catalina Ruíz y tío de la pequeña. A la sazón, había sido el ayudante de jardinero. La Corona rechazaba en el proceso a jardineros profesionales de primer nivel como Francisco Navas, que había gestionado el Huerto de la Priora, o Sebastián de Solís, jardinero real, lo que indica que el criterio era más el ahorro que la inversión en el complejo. Morán enfermó pronto, por lo que su mujer, Isabel Ruíz, pidió al rey la pensión que solía concederse a las mujeres de los jardineros cuando enviudó, en 1626. Recibió 50 ducados para su sostenimiento y el de sus dos hijos (AGS, 1626).

Ese mismo año, Juan Gómez de Mora indicaba que en un informe de las casas del rey que “es la cassa muy bonita, y todos sus aposentos en bajo. Tiene jardines y en particular un gran soto de conejos. Desta cassa gustaba mucho su dueño y las mas beces yba por ella a Aranjuez. Ay comodidad para aposentar los criados y offiçios del serbicio de los Reyes dentro, y fuera de la cassa, en cassas particulares de los veçinos” (Péres, 1998).

Más allá de la descripción, la realidad era bien otra. El tamaño de las deudas por la casa era de tal calibre (100.000 reales) que los acreedores se presentaban en la Junta de Obras y Bosques reclamando a voces su dinero. Y, aun así, los informes de Juan Gavilán, encargado de la casa, indicaban que había que arreglar la noria, el tejado (estaba podrido y era necesario actuar para evitar su derrumbamiento), varios pilares de madera, los suelos de yeso, un cañón de la chimenea y el chapitel (AGP, 1626).

La ‘posesión’

En estas circunstancias, la Corona comenzó a rendirse a la evidencia de desprenderse de la propiedad y la iniciativa privada no tardó en poner sus ojos sobre el edificio. El conde duque de Olivares inició una estrategia de control directo de alcaidías para aumentar su influencia sobre el gobierno de los reales sitios mediante la adquisición de nombramientos. El 4 de abril de 1627, el rey Felipe IV le vendió, entre otros, el lugar de Vaciamadrid al valido por 5.600 ducados, ante la situación de las finanzas de la Corona (AVM, 1626). El 17 de junio, el contador Juan Moreno tomaba posesión del lugar.

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Fragmento de croquis de Rivas Vaciamadrid y sus vías pecuarias de 1948 (fuente: archivo MITMA).
Fragmento de croquis de Rivas Vaciamadrid y sus vías pecuarias de 1948 (fuente: archivo MITMA).

El escrito sobre la visita formal de reconocimiento del señorío jurisdiccional que realizó el conde duque a Vaciamadrid un año después (AGS, 1638) describe con gran exactitud los límites de los territorios incluidos dentro de lo que pasó a llamarse como ‘la posesión’ (que, luego, daría nombre a una de las principales vías pecuarias del municipio). Con leves modificaciones, se trata del mismo territorio que hoy ostenta Rivas Vaciamadrid en su mitad sur.

No obstante, el ‘rey planeta’ disponía del inmueble para sus necesidades y así, en abril de 1629, autorizó a la marquesa de la Laguna a residir durante dos meses en la casa por problemas de salud. Justificaba su acción poniendo en valor la calidad del aire de Vaciamadrid y la cercanía a la Corte, lo que le permitía mantener sus negocios, y recibir a los médicos y medicinas que necesitaba con puntualidad (AGS, 1629).

Porcelana de imitación

Frente a esta estrategia político-inmobiliaria, un empresario trató de convertir el ámbito en un centro industrial. El maestro alfarero y vidriero de Talavera de la Reina, Francisco Fernández de la Ballesta, propuso al rey hacerse cargo de la explotación de la casa. Decía haber desarrollado una tecnología de cerámica vidriada con la que, a través de un nuevo tipo de molino, podía abaratar los costes de producción de una imitación de porcelana china (la famosa ‘porcelana blanda’). En su proyecto, planteaba construir a su costa hornos en los corrales del complejo real para desarrollar durante doce años una fábrica de vidriado y azulejos del material antes citado, aprovechando la calidad de los barros que para esta actividad tenían los suelos de Vaciamadrid (alto contenido en fosfatos y gran cantidad de caolín) -AGS, 1630-. La propuesta no debió llegar a buen puerto, pues la documentación no muestra ningún tipo de continuidad.

El 29 de julio de 1634, el conde duque de Olivares obtuvo la tenencia y jurisdicción (no la propiedad y, por tanto, tampoco el coste de mantenimiento, ni de salarios) perpetua de la villa de Vaciamadrid en forma de alcaidía y la casa real junto sus campos, jardines y tierras agregadas, convirtiéndola así en un espacio de señorío.

Aun así, el rey seguía usando la villa como un espacio lejano a los ojos de la Corte, donde, según los escritos de la época, se encontraba con una de sus amantes, la actriz María Calderón, conocida como ‘Marizápalos’. Se atribuye a varios autores del siglo XVII la siguiente coplilla (Illari, 2000):

“Marizápalos bajó una tarde al fresco sotillo de Vaciamadrid porque entonces, pisándole ella no hubiese más Flandes que ver sus pies” -en relación al jardín de la casa real-.

No obstante, al no poder realizar la gestión de la propiedad directamente, nombró en 1636 a su yerno, Diego Mexía Felípez de Guzmán, primer marqués de Leganés, como teniente de alcaide del sitio. Este cargo fue confirmado por la viuda de Olivares, Inés de Zúñiga y Velasco, antes de fallecer, a su vez, en 1645. El 11 de abril de 1652, la propiedad pasó definitivamente al Marquesado de Leganés y, el 15 de octubre de 1654, se le reconoció la alcaidía perpetua por cédula real.

Terreno donde estuvo ubicado el antiguo pueblo de Vaciamadrid
Terreno donde estuvo ubicado el antiguo pueblo de Vaciamadrid (Fuente: Diario de Rivas)

Sisa del vino

Los vecinos usaban la casa real como concejo y ayuntamiento (ASA, 1635). El edificio contaba en esa época con un alcalde ordinario de la casa real (el verdadero gestor, llamado Pedro Bravo), un alguacil, un jardinero, un pastor, dos jornaleros y un mozo (ASA, 1635). Bravo se había hecho con la adjudicación en 1631 y, en 1633, ya se le adeudaban catorce mil reales, a pesar de haber tomado en arrendamiento la sisa del vino, el vinagre y el aceite de la villa para poder sustentarse.

La deuda real era de tal calibre que todos los días había diligencieros (acreedores) que le molestaban y vejaban para recibir sus pagos (AGS, 1633). El adeudo persistió, pues el veedor de las obras del Real Alcázar de Madrid, en 1650, certificaba que la viuda de Bravo, Ángela Márquez, que debió heredar la explotación de la casa de Vaciamadrid, junto con su nuevo marido, reivindicaban a la Corona el pago de 11.392 reales de atrasos, que les mantenían en una situación de ruina (AGS, 1650).

Desde mediados del siglo XVII, el Marquesado de Leganés y la Real Hacienda de Aranjuez mantuvieron una larga contienda legales por el control de las tierras vinculadas al real sitio durante medio siglo. En 1696, la Junta de Obras y Bosques consultó al rey (AGP, 1696) con el objetivo de tratar de reducir el dominio de algunos alcaldes sobre sus territorios adquiridos. En 1700, Diego Felípez de Guzmán, tercer marqués de Leganés, pidió que se le reintegrasen tierras dependientes de la Casa de Vaciamadrid que habían sido transferidas a la jurisdicción del Real Sitio de Aranjuez para, con su arrendamiento, realizar obras en el complejo (AGP, 1700).

Bando de Clemente Rojas (Fuente: Asociación Cultural del Grupo de investigadores del parque lineal del Manzanares)
Bando de Clemente Rojas (Fuente: Asociación Cultural del Grupo de investigadores del parque lineal del Manzanares)

Expansionismo

En estas circunstancias, Carlos II, un mes antes de fallecer (AGP, 1700), emitió una cédula por la que declaró las tierras y el jardín como posesión del marqués de Leganés, desagregándolas del Real Sitio de Aranjuez. No obstante, los pleitos continuaron durante el siglo XVIII. Por ejemplo, el 12 de octubre de 1703, el alcalde de Obras y Bosques, Juan Manuel de Lebrante, condenó a dos vecinos de Arganda del Rey, Juan de Augusta y Manuel de Balmaseda, por usurpación de las tierras pertenecientes a la Casa de Vaciamadrid. En 1704, el rey hizo firme la sentencia y los acusados fueron encarcelados hasta el pago de las multas demandadas, pues todavía entonces las consideraba de su propiedad.

Mientras, en 1799, la Corona facultaba a Madrid para sacar de los fondos de propios 3,52 millones de maravedíes para el tanteo o incorporación a la Corona de la jurisdicción de Vaciamadrid (AVM, 1799). El motivo era el celo expansionista en sus derechos y atribuciones del conde propietario del sitio. Especialmente, sobre terrenos de la finca de El Porcal. El silencio administrativo a este respecto puede responder a la crisis política y económica que sufrió España y la Corona en el siguiente cuarto de siglo.

En 1820, la finca ya no figuraba entre las que la Monarquía cedió al Estado (AGP, 1820). Ese mismo año, un oficio de la Junta Suprema de Reintegros servía para procesar al empresario Clemente Rojas por comprar, en época del reinado de José I, bienes nacionales. En la relación de adquisiciones constaban varias fincas del lugar de Vaciamadrid como Calvario, Campillo Alto y Bajo, Palomarejo, Sopeña, Soto de San Esteban, Cerros Grandes, Hondonadas y Tuña Calba.

Casa de postas

En la década de 1830, Rojas, ya convertido en conde de Montarco, era el propietario más importante del Vaciamadrid que hoy conocemos tras comprar al XII conde de Altamira, Vicente Isabel Osorio de Moscoso, varias de sus propiedades, así como el heredamiento del término municipal, excepto el soto del Congosto y el de Santistevan, y un pedazo de la vega de Cuelgamures. En ese terreno, estaba incluido lo que quedaba de la casa real de Felipe II (AVM, 1836).

Ruinas del antiguo ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid (fuente: Archivo Municipal de Rivas Vaciamadrid).
Ruinas del antiguo ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid (fuente: Archivo Municipal de Rivas Vaciamadrid).

Para entonces, el edificio ya era una ruina. En 1848, Pascual Madoz citaba lo que quedaba del inmueble en su Diccionario geográfico- estadístico-histórico de España: “(…) existe, casi arruinado, el palacio de Felipe IV (…) La parte más conservada de este edificio está destinada a casa de postas (…)”. Es decir, se reutilizó como casa de postas en el antiguo camino a Valencia, que se abandonó al construirse el puente colgante del río en 1843 (Núñez, 2018).

Vecinos e investigadores teorizan si el edificio del Ayuntamiento que fue destruido durante la guerra civil pudo ser el resto de la casa real de Felipe II. Sin embargo, ni la documentación, ni las excavaciones realizadas por el equipo del CSIC, liderado por Alfredo González Ruibal y Pedro Rodríguez Simón, en el ámbito, en 2018, han logrado determinar la localización exacta de la casa real (Incipit-CSIC, 2018). En todo caso, si quedaba algún resto después de la Guerra Civil, fue destruido al trasladar la población al otro lado de la carretera de Valencia.

Agradecimientos:

Archivo General de Palacio (especialmente, D. Antonio Alonso), D. José Luis Sancho, Jefe del Servicio de investigación histórica de la Dirección de Inmuebles y Medio Natural del Palacio Real, el doctor arquitecto D. José Manuel Barbeito, Archivo General de Simancas, Archivo de Villa de Madrid, Biblioteca Nacional.

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1 Comentario

  1. ANTONIO DE LA PEÑA

    Enrique,
    Excelente, divertido y bien documentado. Gran trabajo.

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