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OPINIÓN

Juanma del Castillo

Juanma del Castillo

Periodista

Es el capitán Guillermo de Ribas, a iniciativa del Consejo de Segovia, quien crea Rivas en torno al año 1100 y utiliza su apellido como nombre para la nueva villa. Francisco de Pablo Tamayo, en su ‘Historia de Rivas Vaciamadrid’ dice que el nombre proviene de la antigua calzada romana ‘ripa carpetana’. Y Agustín Sánchez Millán (el cronista de Rivas), en su también ‘Rivas Vaciamadrid, mi pueblo’ lo relaciona con el hecho de estar cerca de la ribera del Jarama. Posteriormente, el municipio de Rivas anexionó en 1845 el municipio colindante de Vaciamadrid, entidad perteneciente hasta entonces a la Villa de Vallecas. 

El nombre se cambió por Ribas de Jarama (o Rivas de Jarama en ocasiones). Eran dos pequeños pueblos con la población muy dispersa. Quedaron destruidos durante la Guerra Civil española por encontrarse en medio del frente. Fueron posteriormente reconstruidos por la Dirección General de Regiones Devastadas en 1954, ya como un solo núcleo, cambiando el nombre de Ribas de Jarama por el de Rivas Vaciamadrid. Ya en el enclave actual, porque Vaciamadrid estaba situado a la derecha de la A-3 y quedó totalmente demolido.

El nombre de Vaciamadrid procede del árabe Faḥṣ Maŷrit, que significa «campo de Madrid», por encontrarse en ese lugar, en época andalusí, algunos de los campos de cultivo que abastecían a la población de Madrid. Otra hipótesis sitúa su origen en el también árabe Manzil Maŷrit, que significa el «parador de Madrid», en referencia a una posada para caminantes. Fue después Mazalmadrit, y luego Haçalmadrit. Con los siglos, olvidado ya su significado original, se confundieron ambas palabras con la expresión «Va hacia Madrid».

El nuevo Rivas Vaciamadrid se construye con el objetivo de hacer casas asequibles para las familias menos pudientes. Con ese criterio empiezan a desarrollarse las cooperativas de viviendas Pablo Iglesias, desde el sindicato UGT y Covibar (Cooperativa de viviendas baratas). “Mi insistencia fue de ¿por qué los trabajadores y trabajadoras no pueden vivir en casas decentes y asequibles con sus ingresos económicos?”. Esto se lo he escuchado a A. Rodríguez Vallina, precursor de Covibar, en múltiples ocasiones.

Y así fue al principio, por la década de los 70 y 80 del siglo pasado. Se multiplicaron las cooperativas de viviendas y empezaron a llegar a Rivas Vaciamadrid gentes procedentes de todos los lugares de la Comunidad de Madrid y de otros sitios de toda España. Iban creciendo construcciones en medio de un erial, rodeadas de campo yermo, sin ni siquiera un solo árbol, sin tiendas, sin colegios, sin servicios médicos… y como transporte público, una camioneta que llegaba solo con hora aproximada, en intervalos de cuarenta, sesenta o más minutos, y que te dejaba en la plaza de Conde de Casal. Así empezamos.

Inicialmente se construía en bloques de cuatro o seis plantas los de Covibar, y en forma de dúplex de dos alturas en el barrio de Pablo Iglesias. Así lo permitía el Plan General de Ordenación Urbana de Rivas-Vaciamadrid, aprobado por el Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid, el 13 de mayo de 1993. Y que procedía de otro plan anterior de 1985.

Más tarde, fueron cooperativas de chalet adosados, pareados e individuales, los que proliferaron dentro del término municipal, pero a cuatro kilómetros del pequeño casco urbano que configuraba el pueblo. Las viviendas se multiplicaban, y cada vez en mayor número las construidas en planta. Hasta que el ayuntamiento empieza a ser consciente de que una ciudad construida en su mayor parte con viviendas individuales en planta será prácticamente insostenible o los vecinos y vecinas que ocupen estas viviendas deberán soportar unos impuestos exageradamente altos. Hoy Rivas tiene aproximadamente doscientos kilómetros de calles que hay que limpiar, recoger las papeleras, hacer mantenimiento, conducciones de agua sanitaria, alcantarillados, alumbrados, asfaltado, mantenimiento de arbolado, etc. Así como las zonas ajardinadas que suman 679,78 hectáreas, correspondiendo 81,15 metros cuadrados de zonas verdes y 17,92 metros cuadrados de espacios ajardinados por habitante. Los árboles inventariados en Rivas son alrededor de 57.000. Los costes que supone todo esto, resultaría del todo imposible de asumir por una población del estilo concebido al principio para Rivas. Cuando yo mismo vine a vivir a Rivas, la gestora de la cooperativa en la que nos metíamos, nos dijo que el techo de habitantes de este municipio serían 20.000 como máximo, esto era por el año 1985. Hoy, en el 2023, somos 100.000 habitantes.

El 29 de marzo de 2004, se aprueba el actual Plan General de Ordenación Urbana, mediante el cual se cambia casi toda la ordenación del suelo y la tipología de viviendas a construir. Se priorizan las viviendas en altura, aunque no se desechan las construcciones de chalets, que siguen proliferando en gran cantidad. Este plan ya contempla hasta 110.000 habitantes, que seguro serán muchos más. Posteriormente se han venido realizando modificaciones puntuales con objetivos distintos, pero uno de ellos, ‘ir restringiendo cada vez más las construcciones de viviendas unifamiliares’. El Pleno Municipal de fecha 25 de noviembre de 2021 aprobó la iniciación de los trabajos para la formación del ‘avance para la revisión y modificación del PGOU de 2004’. Inmediatamente después, de nuevo el Pleno Municipal, aprobó suspender las licencias de forma temporal, partiendo del proceso ‘Párate a pensar’, hasta adecuar los servicios públicos (competencia de la Comunidad de Madrid: educación, sanidad…), al número de nuevos vecinos y vecinas previstos para su llegada a Rivas.

Durante estos más de cuarenta años últimos, Rivas Vaciamadrid se ha ido desarrollando como una ciudad espléndida y deseable por muchos de los que aún no vivían aquí. Pero esta ciudad es como es, porque los primeros vecinos y vecinas que vinieron a vivir aquí han querido que sea así.

¡No obstante, algo ha fallado…!

Rivas dispone de calles amplias, limpias, muchas zonas verdes, entornos visitables…, y sobre todo muchos servicios públicos de calidad. Tanto es así, que son muchas personas las que quieren venirse a vivir a Rivas. “En Rivas se vende todo lo que se construye” me comentaba el gerente de una de las inmobiliarias más importantes. Y ante una gran demanda, la oferta se dispara: las nuevas viviendas en altura están entre los doscientos y cerca de cuatrocientos mil euros y entre seiscientos y ochocientos mil los chalets.

Los jóvenes ya no pueden quedarse a vivir en Rivas y una pareja normal con dos sueldos de menos de dos mil euros, no pueden soportar una hipoteca para pagar esas viviendas. Por tanto, quienes vienen a vivir a Rivas ya no son los que buscaban antaño ‘viviendas baratas’, son economías de clase media, media-alta, cuyas nóminas o poder adquisitivo es bastante más alto.

‘A la aldea gala ya le cuesta resistir los envites de los romanos’. Los que primero vinimos a vivir a Rivas construimos esta ciudad con mucha participación y esfuerzo, mucha gente de pensamiento de izquierdas y otros que, aunque no lo fueran, les gustaba la ciudad en la que vivían; la mayoría votábamos siempre gobiernos de izquierdas, a políticos que, generalmente, antepusieron los intereses de los vecinos y vecinas a los suyos propios, lo prioritario era el bien común, los servicios públicos y la calidad de vida… No es casualidad que en Rivas gobierne la izquierda durante los últimos 36 años. Pero algo ha cambiado, en las elecciones municipales últimas, ha sido la primera vez en que el Partido Popular las ha ganado. Y este es un dato muy importante. Alguien me decía “claro, si construimos viviendas para ricos, los ricos no votan a la izquierda”, y supongo que tiene toda la razón.

Desde el 2004 que se creó la Empresa Municipal de la Vivienda de Rivas (EMV) se han construido cerca de cuatro mil viviendas (hasta el 2019) en régimen de venta o alquiler, destinadas a garantizar el acceso y derecho a la vivienda a jóvenes de Rivas. El efecto inmediato de estas políticas de vivienda fue la contención de los precios, principalmente. Por eso, desde entonces hasta ahora, los precios de las casas están ‘por las nubes’.

En mayo del año pasado, la EMV ha iniciado la construcción de 83 viviendas en régimen de alquiler. Esta es una buena iniciativa, hoy no son muchas las parejas jóvenes que puedan optar a comprarse una vivienda en Rivas, ni tampoco los chicos y chicas que puedan independizarse de sus padres para vivir en su propia casa, aunque sea de alquiler, ya que rondan por los setecientos cincuenta euros, de ahí para arriba.

Supongo que es uno de los principales retos del nuevo gobierno municipal: recuperar el espíritu con el que nació el nuevo Rivas ‘una ciudad para vivir’, pero para poder vivir todos/as, no solo los más ricos.

Vecinos y vecinas que habéis venido a vivir a Rivas porque os gusta la ciudad, los servicios que tenemos, la oferta cultural y deportiva, etc. Todo esto lo hemos hecho los primeros que vinimos a vivir aquí, junto con los gobiernos de izquierdas que hemos sabido elegir. Quienes llegáis ahora, deberéis conservar y mejorar lo conseguido. Y que se haya podido demostrar, solo los gobiernos de izquierdas lo garantizan.

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