¿Te parece interesante? ¡Compártelo!

OPINIÓN

Antonio de la Peña

Antonio de la Peña

Doctor en Ciencias Biológicas, licenciado en Ciencias Geológicas y diplomado en Medio Ambiente

He leído en Diario de Rivas que la Guardia Civil de Rivas homenajea a su patrona en el Día de la Hispanidad. Como cada 12 de octubre el comandante del puesto de la Guardia Civil, de nuestro municipio, invita a las autoridades locales, Policía Nacional, Policía Local, Protección Civil y Bomberos a los festejos que organizan en honor del día de la Virgen del Pilar.

Como era obligado en la celebración eucarística católica, D. Jesús Toledano, nuestro párroco, se dirigió a la asamblea con un regaló, una hermosa homilía. Será discurso, para los agnósticos y ateos. Se trata de un acto de carácter social donde se reúnen un aforo de ciudadanos. Los argumentos que esgrimió fueron básicamente dos: los migrantes hispanoamericanos son nuestros hermanos, no nuestros competidores; y la Guardia Civil son nuestros servidores, y por ello les debemos una enorme gratitud. Resumiendo, simbiosis y gratitud.

En biología evolutiva, el concepto de Selección Natural (Darwin, 1859) fue complementado por el de simbiosis (Margulis, 1983). El cambio de la biosfera no progresa solamente por lucha y supervivencia del más apto, también por la cooperación entre organismos. Este concepto de cooperación es explicado, y matizado, como biomímesis (Benyus, 2012) en el campo del metabolismo industrial, de la economía, la economía verde, la economía azul o de la economía circular.

Las sociedades biológicas son más eficientes (mejores) con la especialización, y subsiguiente cooperación, de sus miembros. Las sociedades humanas son mejores con la colaboración de sus instituciones.

A la Eucarística asistieron los anfitriones, los Guardias Civiles. Entre los invitados pudimos ver a cuatro concejales, todos de la oposición (dos del PP, uno de VoX; y uno de Cs); tres representantes de la Policía Nacional; cuatro representantes de Protección Civil; y un miembro de los Bomberos. Destaca la ausencia de la alcaldesa y vicealcaldesa; los concejales de gobierno; y ningún miembro de la Policía Local. Estarán conmigo que las ausencias son destacables. Probablemente, todas ellas, no casuales.

El hecho fue tan llamativo que cinco ciudadanos del público se aproximaron a preguntarme. ¿Por qué no ha venido la alcaldesa? ¿Por qué no están los miembros de la Policía Local? Afirmaron: “todos ellos son nuestros representantes y servidores”.  Créanme que la conversación existió en estos términos. No estoy adornando el escrito con metáfora alguna. Por último, me hicieron un ruego: “Antonio, hazles llegar que, también, les damos las gracias y rezamos por ellos en este acto”. Promesa cumplida.

Es obvio que se trata de personas de bien, y contrariadas por una situación anómala. Si hermoso fueron las palabras de D. Jesús, el párroco, no menos hermoso fue el testimonio de estos cinco anónimos ripenses. A ellos también les doy, y en su nombre, del que quiera al leer estas líneas, nuestro agradecimiento.

A mi entender una alcaldesa y una vicealcaldesa lo son de todos sus ciudadanos. Representan a todos y cada uno de nosotros. Les voten o no les voten, compartan o no sus posturas ideológicas y/o creencias religiosas. Si es cierta mi argumentación, la alcaldesa y vicealcaldesa representaban a todos los miembros de la comunidad que se acercaron al templo católico a dar gracias a la Guardia Civil. ¿Qué mal, o que daño hace dar gracias a persona o institución alguna, bajo cualquier tradición, rito o costumbre? Sinceramente creo que no hace ningún mal. Es más, engrandece a, quien no comulgado con esas costumbres y creencias, comparte esa dicha.

Puedo estar equivocado, pero la incomparecencia de miembro alguno de la Policía Local parece responder a una orden explícita. En este sentido la Policía estuvo tan desaparecida como el arma perdida. Por cierto, aspecto que no ha sido convenientemente resuelto. Se mantiene en un profundo oscurantismo. Eso, a pesar de haber sido verbalizado como muy grave por todos los responsables políticos.  Se trata de la tradición hispana la de no dimitir y/o cesar al responsable si es de mi cuerda. En este caso el procedimiento de “ausencia” funciono.  Seguro se aplicó el Reglamento de Laicidad Municipal de Rivas Vaciamadrid (BOCM 32, de 7 de febrero de 2019).

Este muy desafortunado reglamento, ya desde su título, confunde laicidad con aconfesionalidad. No, no es lo mismo. El Estado, y la administración general del Estado, por mandato constitucional debe ser aconfesional. Como católico estoy absolutamente conforme con dicha norma. La libertad de culto, incluida la laicidad, debe ser practicada en el ámbito público por quien quiera, y de la manera que quiera. Me parece interesante hacer una acotación: siempre que respete el bien común, y el estado de derecho que nos hemos dado.

No puedo entender, y consecuentemente compartir, que mis representantes haciendo uso de su “potestas” no asistan a un acto social de dación de gracias. Evidentemente pierden “auroritas”. La libertad religiosa debe ser preservada en el ámbito público. En el ámbito privado, dentro mi casa, no necesito a nadie. Tampoco autorizo, ni permito, que me vigile y me diga si puedo, o no, rezar.

No entiendo que asistan cinco concejales de tres partidos políticos, y no asistan los miembros del Gobierno de mi ciudad. Gobierno que me representa a mí, entre otros 100.000. En tal caso, ¿qué sanción deben recibir los concejales insumisos? Como diría Gila: “aquí ¡alguien ha matado alguien!”. Los primeros que deben cumplir las ordenanzas son mis representantes políticos. Si las normas son tan defectuosas que quien las dicto, en Pleno, deciden cumplirla o no. Entonces, a mí, ¿por qué se me exige cumplir cualquier otra instrucción? El porqué de esta queja es evidente. Este acto es una carga de profundidad a un reglamento, norma y/o procedimiento que es absolutamente caprichoso. Tan deficiente como define, a la luz de los hechos, el modo de proceder, registrar y entregar un arma en dependencias policiales.

El Reglamento de Laicidad lo ha cumplido quien, en conciencia, pensaba que debía hacerlo. Lo ha incumplido, quien, en conciencia, valoraba que no debía hacerlo. Consecuencia, nadie, ningún gobierno puede obligar a ser laicos. Yo no lo soy ni por mandato reglamentario ripense. Iré a misa cuando me plazca, sea, o no, concejal. Aplaudiré, y les daré las gracias, a la Guardia Civil en su cuartel, o en el parroquia de Santa Mónica. Ambos recintos públicos.

Dicho lo anterior, ahora debo explicar que un acto de estas características no es sólo un acto religioso. Se trata de un acto social. De normalización democrática. En la iglesia nadie obliga a orar. Puedes estar y pensar en el Che Guevara, si a uno le apetece. Me gusta viajar. He estado en templos budistas, mezquitas musulmanas e iglesias de, que recuerde, otras tres o cuatro confesiones religiosas, diferentes a las mías. He entrado admirado su cultura, tradición y arte. Me he quitado zapatos y limpiado los pies. Puesto de rodillas ante ritos que ni entendía, ni comprendía, ni compartía. Estaba realizando un acto social, de hombría de bien, de respeto a su forma de ser, a su tradición y a su cultura. Me invitaron a hacer cosas que me parecían superchería. Pero lo hice siempre con el máximo respeto, intentado no dañar a ellos y sus ritos.

Vivir en sociedades integradoras, con migrantes, multiculturales es positivo. Rivas presume de ello. Los migrantes siempre han aportado. Una sociedad con migrantes es beneficiosa para todos si se gestiona correctamente (Shamshad Akhtar, 2016). La economía circular requiere (con R de Rivas) de biomímesis. Eso obliga a nuestros representantes políticos, y especialmente a nuestro gobierno municipal, a ir donde no les apetece. Deben hacer acto de presencia en el centro cultural Soka Gakkai budista de Rivas, que lo hacen. A ir a las mezquitas musulmanas cuando las construyan, dentro de la legalidad. A representarnos en los templos ortodoxos, de muchos rumanos, cuando les inviten. Apoyar a las pequeñas capillas de evangelistas, que las hay. Como cabe duda, deben participar en eventos organizados por laicos. Pero por supuesto asistir, también, a las iglesias católicas. Se trata, por el principio de ejemplaridad, de normalizar e integrar, de compartir y no combatir. Se trata de buscar el bien común. Recuerden (con R de Rivas) la canción de Jarcha (1976), “libertad sin ira”.

En resumen, el principio de biomímesis de la Economía Circular no daña la libertad religiosa o laica de nadie. Todo lo contrario, la simbiosis, de compartir ritos, incrementa la libertad religiosa y laica de cada uno y, gestionada correctamente, es beneficiosa para todos.

Más artículos de opinión en Diario de Rivas

¿Te parece interesante? ¡Compártelo!