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Andrés Lagar, psicopedagogo especialista en psicopatología y salud. Coautor del libro 'El Alma sin Velo' sobre terapia regresiva (Fuente: Diario de Rivas).

Andrés Lagar, psicopedagogo especialista en psicopatología y salud. Coautor del libro ‘El Alma sin Velo’ sobre terapia regresiva (Fuente: Diario de Rivas).

Andrés Lagar (Badajoz, 1972) es psicopedagogo especialista en psicopatología y salud, y terapeuta familiar. Es coautor del libro ‘El alma sin velo‘, un escrito, editado por Punto Rojo Libros, donde doce profesionales de la terapia regresiva exponen testimonios reales sobre este método y explican las posibles aplicaciones y potencialidades de esta práctica en psicoterapia. Lagar presentará este miércoles, 14 de diciembre, este volumen en el centro social de Covibar, a las 19.15 horas.

Este es un libro coral.
Es un libro a doce manos donde participa, entre otros, José Luis Cabouli, que es un cirujano argentino que, en un momento de su vida, abandona su trabajo y decide dedicarse a la terapia regresiva. Construyó un método quirúrgico de terapia que se ha convertido en una referencia. Se hace la regresión y, luego, vamos como auténticos cirujanos trabajando lo que es el trauma del paciente -nota: a partir de ahora, se utilizará la terminología técnica y se definirá a este como consultante- para extirparlo.

¿Qué es la terapia regresiva?
Es una terapia que consiste en hacer consciente lo que hay en el inconsciente. Es decir, cuando ocurre cualquier hecho, lo grabamos con nuestra mente racional, pero, también, hay aspectos que se graban de manera inconsciente. Y esa es la que no podemos abordar fácilmente para resolver, si existe cualquier problema. Las técnicas habituales suelen trabajar a través del lenguaje y la razón. Pueden resolver muchas cosas pero, a veces, ese trauma está en el inconsciente y no puedes llegar a él, a no ser que dispongas de una técnica que trabaje con el hemisferio derecho, que es el que alberga el inconsciente. A través de los sentimientos y las emociones, hacemos que el consultante llegue al inconsciente y traiga lo que hay guardado de ese hecho. Y, una vez que lo hace, se da cuenta que ese hecho es algo que le ha ocurrido en el pasado pero que ya puede soltar. Desbloquea el problema, lo comprende y lo arregla. Trabajamos con el inconsciente, pero el consultante está en todo momento consciente. Nosotros no hacemos inducción hipnótica. Es como cuando estamos en el cine: tú ves una película y eres consciente de lo que ocurre, que es una actriz la que te cuenta una historia, pero, a la vez, te emocionas por la historia. Aquí, el consultante revive esa historia entrando en una consciencia expandida. Un estado espiritual más lúcido en el que intuyes cosas. Un estado en el que conectamos con nuestras sensaciones y emociones, y llegamos al origen de los problemas. Recuerdos, emociones que, cuando son experiencias de la infancia, estaban ya en la memoria, pero de los que no eres consciente que hay aspectos que se han guardado de manera errónea, que no has procesado correctamente. Por ejemplo, puedes encontrarte con un bloqueo sobre algún aspecto que era bueno para un niño de cinco años, pero no para un adulto. La terapia te permite mover ficha, caerte del burro, entenderlo y soltarlo.

Da orden dentro de un caos.
Siempre digo que esta terapia es la más científica de todas porque trabaja con ambos hemisferios cerebrales. El izquierdo es racional, relacionado con el lenguaje, el pensamiento numérico y la abstracción. Y el derecho trabaja la imaginación, la intuición, etcétera. A través de la entrada en este mundo, podemos acceder a la vida pasada. Da igual si eso se lo está inventando el consultante o no, lo importante es que es una imagen que le está dando su inconsciente y que le enseña el camino para resolver el problema.

Es decir, ¿el consultante en la terapia es capaz de crear pensamientos o solo reconstruye?
El consultante revive una escena. Siempre está la tentación del consultante de preguntar tras la terapia si estamos tratando de la reencarnación, si existe o no existe. Habitualmente, esperando a que les digas que no. Da igual. El inconsciente genera una representación. No obstante, se producen situaciones sorprendentes. Por ejemplo, cuando se revive una escena de útero materno, que es relativamente común, se dan casos en los que las madres corroboran a los consultantes la mayoría de las cosas que se están trabajando. Tuve una consultante con ansiedad a la que traté con terapia cognitivo-conductual. Tras cuatro sesiones sin avances, probé esta terapia y fue al útero materno. Su madre y su padre se casaron de penalti con diecisiete años y su madre estaba todo el día llorando. Ella se dio cuenta que toda esa angustia de su madre, la guardaba ella y la soltó. Cuando terminó la sesión, creía que nos lo habíamos inventado. En la siguiente cita, se presentó con su madre, que me preguntó cómo era posible que supiera tantas cosas sobre la historia familiar.

¿Cuáles son las representaciones que encuentra al realizar esta terapia?
Habitualmente, estas representaciones se centran en la infancia del consultante. Por ejemplo, traté a una madre que tenía muchos problemas con su hijo y, en la regresión, volvió a los 19 años, cuando su hermano tuvo un accidente con la moto y se vio en el hospital. Grabó en su mente que jamás se iba a enfadar y, cuando fue madre, no pudo cumplirlo porque es imposible. Rompió un mandato que se había hecho a sí misma. Cuando se producen los hechos, lo importante no es lo que ocurre sino lo que la mente graba sobre ellos. Cualquier experiencia traumática del pasado, si se sigue manifestando aquí y ahora, hay que sanarla en el presente extrayéndola del pasado. No viajamos al pasado, sino que lo traemos. No tienes que viajar a ningún lado. Si has hecho un viaje a México y quieres revivirlo, vas a tu armario y coges el sombrero que compraste, no haces otra vez el viaje completo. El miedo del consultante al revivir las escenas es si no vuelve.

Son experiencias que, en nuestra cultura occidental, racionalizamos, mientras negamos nuestra parte más espiritual. Somos algo más que huesos y una mente pensando. Evidentemente, en otras culturas, como la hindú, donde está más interiorizada la meditación, la regresión es más sencilla. Seguro que no la usan a nivel terapéutico día a día, pero es más sencillo.

Es como la magdalena de Proust.
Exacto. Vas a una vivencia concreta y allí compruebas qué se ha grabado. Cuando esa supuesta vida o supuestas vidas aparecen, hay tres teorías. En la primera, Brian Weiss, psiquiatra del Hospital Monte Sinaí, en Estados Unidos, experimentó con una consultante que sufría ahogos. Tuvo una experiencia traumática en una piscina a los dos años que no le habían contado sus padres. Pero seguía con los ahogos, con lo que decidieron continuar retrocediendo en el tiempo, y encontraron referencias a otra vida en el Nilo. Se preguntó si eso era el inconsciente colectivo que defendió Jung o era una experiencia particular. Una segunda teoría es que lo revivido sea fruto de la imaginación. Y la tercera opción es que esa vida pudo realmente ocurrir porque el consultante ofrece una serie de datos que es imposible que conozca de otra manera. Lo que yo defiendo es, en realidad, la eficacia de esta terapia. Lo sanador es que es una experiencia que, cuando se vive, es real para tu hemisferio derecho. Cuando tú estás en el cine, la historia que ves es real.

En el capítulo 1 del libro hablamos del alma. Ese inconsciente es lo que Platón y Aristóteles llamaron el alma. Esta ahí y graba cosas. Podría ser eterno y podría tener esas vivencias. Estaría mal decir regresión a vidas pasadas porque, si el alma es eterna, no tiene vidas pasadas, sino una con distinto envoltorio. Es como el actor que interpreta a Don Quijote y, cuando termina de actuar, mantiene algunos aspectos de su don Quijote. Una de las cosas que hacemos en terapia es pedir al consultante que deje en el otro cuerpo esas vivencias y esas emociones pasadas. Por ejemplo, en el libro narro el caso de una consultante adolescente que sufre de migrañas y se encuentra en la regresión que le clavaron una flecha justo donde le duele. Cuando lo entiende, lo abandona. Pero, para eso, debe dejarse llevar por la imaginación, ya que la imaginación es el lenguaje favorito del hemisferio derecho, del inconsciente y, por ende, del alma.

Libro 'El Alma sin Velo' sobre terapia regresiva (Fuente: Diario de Rivas)

Libro ‘El Alma sin Velo’ sobre terapia regresiva (Fuente: Diario de Rivas)

¿El terapeuta induce lo que el consultante revive?
No, acompaña al consultante. Tenemos prohibido ir por delante, aunque hay algunos, muy pocos, terapeutas que tienen una cierta videncia al respecto. El terapeuta deja que el consultante vaya a donde quiera en su inconsciente pero, luego, tiene sus armas para detectar posibles elementos problemáticos dentro de lo narrado y regresar a ellos. Hay veces que no hay más información que trabajar, pero otras, sí. Mi primera terapia fue con una mujer que no podía tener hijos. En la regresión, fue a la Prehistoria y se encontró, en el momento de su muerte, rodeada de sus hijos y nietos. Es decir, había podido tener hijos. Volvimos entonces al momento en que había dado a luz a su primer hijo. El consultante vive experiencias muy traumáticas y el terapeuta hace que se dé cuenta de sus reacciones físicas, emocionales y mentales ante ellas, y cómo eso influye en su vida actual.

En el libro, usted pone en valor este tipo de terapia en la adolescencia, ya que es una de las etapas de la vida en la que es más fácil conectar con su inconsciente ¿Por qué el adolescente es más proclive a entrar en esta dinámica?
La etapa más sencilla es con los niños de cero a siete años. Los niños tienen una especial sensibilidad, una capacidad especial para conectar con ese mundo ma´s espiritual. Otro terapeuta estadounidense, Iverson se encontró con regresiones sorprendentes. Por ejemplo, un niño que hablaba de su familia en la India y que, luego, comprobó que esa familia existía y que miembros de esa familia corroboraban aspectos privados que el niño manifestaba. A partir de los siete años, esa capacidad se va cerrando. En el caso de los adolescentes, su hemisferio izquierdo todavía no está analizando lo que le ocurre con la misma intensidad que los adultos, que no relajan su mente tan fácilmente. De hecho, una de las cosas que les relaja racionalmente es que les grabe en audio. El adulto lucha contra la vivencia por su mente racional, pero el adolescente, no. No se hace preguntas. La chica del libro no se preguntó por qué había ocurrido, solo se preguntó si la terapia le podía ayudar. Prueban, experimentan. El adulto es más científico. Ella lo vio como algo natural. Recuerdo que le pregunté si lo había hablado con sus padres y me dijo que no se lo había contado porque iban a pensar que estábamos locos.

¿Es necesario combinar esta terapia con otras?
Puede funcionar por sí sola y es muy útil para bloqueos muy fuertes. Una fobia, un bloqueo puntual o una ansiedad leve puede tratarse yendo al síntoma. Cuando un consultante tiene varios síntomas, en varias sesiones, la regresión puede ser suficiente. Por otra parte, cuando un consultante procede de un tratamiento psicológico o psiquiátrico de años, trabajamos ese bloqueo para facilitar esa terapia. En estos casos, somos cautos porque hay que respetar su tratamiento y, si existe, su medicación. La mayoría de los que aplicamos esta terapia somos psicólogos y psicopedagogos. Sabemos que no es contraproducente para un consultante el tratamiento, sino que puede ser un complemento adecuado. Muchos consultantes que acuden a pedirnos ayuda, lo hacen porque llevan años de terapia y consideran que ha perdido su utilidad.

¿Además de la terapia presencial, es eficaz este método a través de internet?
Dado que el consultante está todo el tiempo con los ojos cerrados, es igual de eficaz, mientras el canal auditivo sea correcto. La única diferencia es que, si se pone a llorar, no le puedo ofrecer un pañuelo.

Más información en www.regresionesonline.es

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