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danza contact improvisación

El periodista ripense José Luis Corretjé acaba de presentar ‘Todos los cuerpos bailan’, el primer libro en español sobre la danza contact improvisación. Se trata de una práctica que hoy cumple medio siglo y que, en palabras de Corretjé, es una fuente de felicidad y aprendizaje para quienes la practican. En esta entrevista, el autor descubre los secretos del contact, que se abre paso como una alternativa al alcance de todos frente a los preceptos de la danza tradicional.

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Acaba de escribir ‘Todos los cuerpos bailan’, coincidiendo con el 50 aniversario de la creación de la danza contact improvisación. ¿Cuáles son los orígenes de esta práctica?

La danza contact improvisación fue creada por Steve Paxton, que es una gran referencia de la danza contemporánea. Y se crea, primero en Ohio, en el Oberlin College, en una experiencia con estudiantes, que es donde experimenta y los convierte en conejillos de indias. Era algo muy salvaje: se tiraban unos contra otros en un tatami para ver cómo reaccionaba el cuerpo. Él venía de la gimnasia y quería experimentar qué pasaba cuando tú no le dejabas al cuerpo reaccionar desde la mente, sino de un modo más animal, extrayendo así la sabiduría del cuerpo para reaccionar ante determinados estímulos como caídas, choques, impactos, etcétera. A partir de ahí, empezó a observar. Era un tipo que sabía de muchas cosas. Venía del aikido, de haber bailado con los mejores, de la meditación y del estudio de la Física. Era un maestro de la danza contemporánea. De ahí pasó a tener una ‘jam’ con profesionales muy jóvenes de la danza en la Galería John Weber en el verano de 1972. La presentación del libro ‘Todos los cuerpos bailan’, el pasado 8 de julio, coincidió con el aniversario y con festivales en Polonia, en Tailandia y en Ohio, que es donde se creó, donde habrá gente bailando. Ha sido una coincidencia, pero, muchas veces, las coincidencias son causalidades y no casualidades.

Se trata del primer libro escrito en español sobre la danza contact…

Sí, aquí se han escrito tesis doctorales y trabajos científicos de estudiantes universitarios de Educación Física, pero un libro que compile la práctica del contact es la primera vez que se escribe. Hay mucha bibliografía en inglés, en francés y en italiano. Y otra peculiaridad es que el libro no lo ha escrito un profesional de la danza, ni un maestro de la danza, sino un apasionado de la danza y una persona curiosa. Yo, como periodista, tengo la necesidad de hacerme preguntas ante todo aquello que me interesa. Entonces, las preguntas y mi práctica física me llevan también a la reflexión, a preguntarme de dónde viene todo esto, y también de haber estado con mi maestra, que es Cristiane Boullosa, que es una maestra hispanobrasileña o, más bien, gallegobrasileña. Yo empecé a estudiar con ella hace once años. Se me ocurrió en Colombia. Había tomado un año sabático y con una amiga suya, me dijo que es una pena que, con toda la sabiduría de Cristiane y todos los cientos de personas que han pasado por sus clases, eso se vaya a quedar solo en la memoria de esas personas, se pierda y no quede nada registrado. Volví a España y propuse a Cristiane escribir un libro sobre sus enseñanzas. Se basa en una frase que ella repite mucho, que es ‘Todos los cuerpos bailan’.

¿Qué quiere decir?

Es una frase transgresora. Vivimos en el mundo de la estética; y, en el deporte y en las prácticas físicas, un mundo basado en la excelencia, la competitividad, la superación. Esto es todo lo contrario: tiene que ver con escucharse, aprovechar lo que tenemos. Las fuerzas físicas, como cuerpo, sangre, músculos, tendones, huesos y carne es todo lo que tenemos. Y la fuerza de la gravedad, que nos acompaña siempre. El contact tiene su raíz en cómo nos relacionamos con la fuerza de la gravedad, desde el intercambio de pesos. Uno de los capítulos es ‘Ojos en la piel’. Es el órgano más extenso que tenemos y el sentido del tacto es uno de los más infravalorados por el racionalismo y el mecanicismo. Siempre la mente va primero. Pero, ¿qué pasa con el tacto? Siempre entra en un terreno peligroso y prohibido, que es el terreno de la sexualidad, de la invasión de la intimidad. En el contact, la intimidad cobra otro sentido, al igual que la sexualidad. Y podemos utilizarlo y sacarle el mayor partido para descubrirlo, reconocer y aprender que, desde nuestra piel, podemos ver, podemos oír y podemos sentir. Y eso es algo que no nos han enseñado de pequeños.

El periodista José Luis Corretjé, autor de 'Todos los cuerpos bailan', frente a la biblioteca Gloria Fuertes de Rivas Vaciamadrid

El periodista José Luis Corretjé, autor de ‘Todos los cuerpos bailan’, frente a la biblioteca Gloria Fuertes de Rivas Vaciamadrid (foto: Diario de Rivas)

Entonces, se animó a escribir el libro desde su experiencia…

La idea original del título del libro fue hacerlo sobre Cristiane, pero me di cuenta de que había muchas más cosas que contar desde mi experiencia: lo que he sentido, lo que he adquirido desde una persona que se acerca a la danza desde la pasión, no desde la profesionalidad. No pretendo dar clase, ni enseñar. Además, una cosa bonita del contact es que todo el mundo aprende y enseña desde su práctica. Entonces, una persona que no ha bailado nunca tiene también en su interior una sabiduría corporal que puede compartir. Uno de los términos que está en el vocabulario del contact es ‘compartir’. Lo colectivo, lo común… Eso lo hacemos porque, de alguna manera, compartimos nuestros cuerpos y compartimos nuestras vidas también.

Para una persona que no sepa nada de danza, ¿qué es el contact?

El contact es una práctica que se enseña y se aprende. Hay escuelas de contact. Es España, una de las pocas formaciones que hay dura dos años, en Espacio FCI, que dirige Cristiane Boullosa. Y se baila en festivales. Podríamos decir que, por ahí, tú te puedes acercar al contact, si tienes curiosidad y le quieres sacar partido a una experiencia de danza social. Esto supone entrar en una interacción corporal con otras personas, con música en directo de forma improvisada, a veces en silencio y, a veces, con música grabada. Pero se combina música y cuerpo en un ambiente relajado e interacción, como cualquier otra danza social como puede ser la salsa, el merengue, el swing, etcétera. En resumen, es una danza basada en el contacto y en la improvisación.

¿Cómo se practica eso?

En este mundo, el tema de la improvisación no está desarrollado. Creo que deberían existir estudios universitarios y hasta carreras de improvisación. En un mundo donde prima la incertidumbre y donde todos los esquemas que teníamos ayer no sirven para nada, cuando bailas de manera improvisada y no desde coreografías aprendidas, por no decir cuadriculadas… Aquí no hay uno, dos, tres. Hay lo que surja y debe surgir desde la escucha. Cuando hablo de la transgresión, me refiero a compartir sin monetarizar: decir que todos los cuerpos bailan es realmente antisistema. ¿Qué es escuchar? Cuando tú estás bailando, estás exponiéndote al contacto con otro cuerpo. A priori, debe haber confianza porque pones en juego tu intimidad, que tiene muchas facetas. Quizás, la más obvia es la corporal. Por ejemplo, yo bailo dos horas con una persona que no sé como se llama, de dónde viene, ni sé cómo es… La danza contact improvisación se hace en silencio absoluto para comunicarte de otra manera. Pensamos que la comunicación es razón y habla, pero es mucho más. Cuando tú aprendes a comunicar desde tu cuerpo, estás pasando la barrera de los prejuicios, de los juicios, de los tabúes. Todo eso lo dejas atrás. En realidad, solo lo puedes hacer en un ambiente de seguridad y de confianza. Y eso es muy importante. Seguridad corporal, física, en el sentido de que la comunidad contact no permite abusos.

¿Cómo se consigue ese control?

No se permite que un chico baile con una chica y aproveche su fuerza física para hacer algo más que bailar. Eso se puede dar, como se da en otros ámbitos. Pero es un principio básico del contact: la protección de lo sensual y del género. Se produce un hecho curioso, que es que empiezas a bailar con una persona sin saber qué piensa y, de repente, solo en el contacto personal y físico, conoces mucho más e esa persona que si hubieras estado tres meses hablando con ella. Porque conoces algo que no se puede ocultar, que no se puede disfrazar, que es cómo es esa persona. Entonces, el contact genera las condiciones para que se produzca esa comunicación, desde un ambiente de no competitividad, relajación… Es una fiesta de endorfinas, oxitocina, dopamina… Hormonas de felicidad. En un mundo en el que todo es estrés y efectividad, entras en un espacio de relajación. De hecho, el creador del contact recomendaba un ejercicio para empezar a bailar que consiste en estar de pie con los ojos cerrados, en silencio absoluto, quieto en un sitio, con lo cual el propio cansancio de tu cuerpo te obliga a dar el primer paso y, a partir de ahí, entra algo como mágico que es que el cuerpo va tomando sus propias decisiones, sin que tú digas: ‘ahora quiero ir a la derecha o la izquierda’. Partes de un estado meditativo de diálogo contigo mismo, y ahí empiezas el diálogo con el otro.

Quizá es necesario alcanzar un determinado estado para entrar en contacto con otra persona diferente, que siente de otra manera…

Exactamente. Y eso es lo bonito. Se produce desde el no juicio. En una jam, hay gente que se conoce y otra que no, y todos observan cómo son y qué hacen los demás y los juzgan. Y eso no sucede en el contact porque, como todos los cuerpos bailan, lo importante es la experiencia de cada uno en lo personal y en lo que compartes. Y eso te da libertad y te quita las cadenas de los juicios y los prejuicios. Te permite ser tú. Tú no tienes que dar una exhibición, no tienes que ser excelente. Hay gente que hace acrobacias y hay gente que baila casi sin moverse. Decía un maestro que uno puede bailar como un guerrero ninja o como un monje tibetano. En esa horquilla tan amplia cabe todo el contact. Hay personas que bailan lentamente y se pasan así toda la jam. Y hay personas que corren, se mueven, se tiran, levantan a otras personas. Hay personas más físicas y otras más interiores. Pero las dos experiencias son experiencias magníficas porque son elegidas y no impuestas. Nadie te dice que esto es una bachata y que esto es un, dos, tres, un, dos tres. O que un hombre domina a una mujer, porque en la mayoría de las danzas, el patriarcado marca quién manda: el tango, la salsa… Aquí, no. En las danzas contemporáneas, ves muchos hombres bailando, algo que no ves habitualmente, al igual que en la danza clásica y en la moderna. Son las danzas en las que no dominamos.

¿Qué le ha enseñado el contact?

Otro aprendizaje para mí como hombre es que he interactuado por primera vez desde que soy pequeño con otro cuerpo masculino en contacto total y, al principio, me costaba, porque mi educación era muy cerrada sobre qué significan los órganos sexuales y la relación con un cuerpo de hombre, que solo puede ser en tres vías: la competición deportiva, la familiaridad y en la violencia. El contact me descubrió una cuarta, que es la cooperación, el gozo, la comunicación, sin ninguna connotación sexual. Te rompe los esquemas. Descubres que los hombres podemos bailar juntos en contacto sin que haya pelea o familiaridad. Es una nueva dimensión. En el contact, puedes dejar de bailar con una persona sin dar ninguna explicación. Decides dejar de bailar con alguien, bailar con otra persona o bailar solo. Hay un respeto absoluto de las decisiones, las tomes como las tomes. Es una regla no escrita del contact, que es romper esquemas con las disciplinas de danza. Del mismo modo, aquí no necesitas bailar perfecto para bailar, ni hay competiciones, ni premios, ni concursos. Aquí hay reuniones de personas que se ponen de acuerdo en un lugar y un tiempo determinados.

¿Cómo son esos festivales de contact?

En los festivales de contact, tú puedes bailar durante dos horas por tres euros, por ejemplo. No hay lucro económico. Los festivales de contact no son como los de música, a los que vas a que te den. Aquí tú vas a aprender y a compartir. Entonces, hay talleres por la mañana, jams por las tardes y hay, sobre todo, mucho intercambio, mucha relación de hablar sobre temas. Te encuentras con personas con una visión de la vida desde una perspectiva no muy convencional. No es algo para hippies. Hay policías, ejecutivos, catedráticos… Cualquiera lo puede hacer. Además, el contact tiene unas enseñanzas para tu vida, no solo en la danza, sino en el conocimiento de ti mismo y de los demás. Al hacerlo a través del cuerpo y no de la mente, adquiere una relevancia y una dimensión, una claridad, que no tienes muchas veces hablando con una persona. Es posible tener más conocimiento de las personas bailando danza contact improvisación que viajando, hablando o viviendo con ellas. Porque, cuando tú rompes las barreras de la razón, el lenguaje, el postureo, el terreno limitado… estás expuesta en lo más auténtico y puro de ti, que es tu cuerpo. No hay envoltorio, no hay barreras, no hay disfraces. Todas las personas tenemos patrones de comportamiento. Parten desde nuestro ego y son nuestros cimientos y nos permiten tener nuestra personalidad. Son patrones que repetimos y que nos cuesta cambiar. En la danza, ocurre lo mismo. Cuando tú tienes una forma de hacer una espiral o de ir al suelo, lo haces de una determinada manera. Sin embargo, lo que hace el contact es proponerte que bailes con tus propios patrones. Y eso hace que los conozcas y te da la oportunidad de cambiarlos, si quieres. El descubrimiento de ‘yo iba a hacer esto, pero voy a hacer lo otro’, te da una sensación de libertad. Eso lo haces desde la improvisación. El contact no vale nada si no es improvisado.

Entonces, el contact no es apto para personas rígidas…

Mis hijos me decían que soy una persona muy cuadriculada. Yo era así. Y ha sido un aprendizaje vital porque en la vida, como en el contact, suceden cosas que no estabas esperando, pero que, si tú eres capaz de escucharlas, puedes sacarles más provecho que a algo que sepas que va a suceder. Tú sabes que la secuencia es A, B, C. Pero, de repente, viene una W, te quita la B, la pone boca abajo, etcétera. Puede reaccionar desde muchas maneras: desde la rigidez o desde la adaptación. El libro tiene un capítulo final en el que me pregunto si vivo como bailo o bailo como vivo. Es una pregunta histórica dentro de la danza. La danza no puede ser un espacio separado de mi vida en el que asumo un personaje, como si estuviera en ‘El lago de los cisnes’. Si tú consigues aprender de la danza, recibes unas enseñanzas alucinantes en un montón de cuestiones vinculadas a la relación con los demás. El poder suavizar los juicios y los estereotipos, cambiar los patrones, transformar cada circunstancia en una oportunidad que depende de cómo las cojas. El contact es adaptación a los pesos, a las velocidades… En la vida te pasa igual. Te viene un acontecimiento y tú puedes hacer de muro de ladrillo y eso te daña cuando impacta. En cambio, si tú lo coges y lo manejas, lo dejas fluir, pues el flujo en el contact es muy importante, también puedes fluir en la vida. Es un aprendizaje. No quiero dar a entender que sea algo mágico o místico. Nada de eso. Es puramente físico. Trabajas con tu cuerpo, que es tu herramienta. Podemos hacer muchas entelequias, pero, al final, eres tu cuerpo y tú. Como naces y como mueres. Lo físico. Por eso, el contact está basado en la fisicalidad. Y por supuesto, como seres humanos, también tenemos mente y tenemos emoción. Y hay gente que piensa que tiene una dimensión espiritual.

El periodista José Luis Corretjé, autor de 'Todos los cuerpos bailan', frente a la biblioteca Gloria Fuertes de Rivas Vaciamadrid

¿Es posible hacer danza contact improvisación con cierta distancia mental o emocional?

Por supuesto. El contact es una danza muy libre, que no te pone reglas. Tú puedes hacer lo que tú quieras hacer, siempre que respetes la seguridad de los demás. Eso es fundamental. Las comunidades de contact cuidan esas normas de convivencia y se actúa de manera inmediata. En las jam se ponen en la pared de la sala. La primera norma es la seguridad de tu cuerpo y el de los demás. La segunda, el respeto a los otros cuerpos, no solo desde la seguridad física, sino desde su intimidad. No puedes obligar a alguien a que haga algo que no quiere hacer. Por ejemplo, hay gente que tiene la tendencia de levantar a la gente, como me pasaba a mí. Había gente a la que levanté a la que no la habían elevado desde la infancia. Ahí estás jugando con la gravedad. Cuando tú te separas del suelo, la sensación es maravillosa, si te fías de la otra persona, porque ahí está la confianza. No tienen que tener miedo. Mi maestra me decía que, cuando vayas a elevar a una persona, tienes que preguntarle a su cabeza, a su corazón y a su cuerpo. Eso significa escuchar. Y, entonces, si ves que quiere, adelante. Si tú sientes que vas a levantar a una persona y hay un mínimo de resistencia, cambias, porque eso es la improvisación. No impones eso. Esas normas son fundamentales para la convivencia y la satisfactoria. Es una danza bonita y gozosa, pero no todo el mundo entra en éxtasis. No somos derviches que entramos en un estado alterado de la conciencia. No tiene nada que ver con eso. Si todos los cuerpos bailan, cualquiera puede tener esa experiencia. Solo que, eso sí, te tienes que atener a esos principios del contact: el principio de no jerarquía, un principio antisistema y rompedor; el principio de no juicio, el principio de respeto de la seguridad y, sobre todo, en un mundo tan ruidoso, la escucha.

Decía que el contact se puede bailar incluso sin música…

Sí, es una de sus peculiaridades. Se baila muchas veces con música improvisada, lo que es precioso: desde un saxo o un contrabajo, porque los músicos entran a bailar con sus instrumentos. También con música grabada, pero, muchas veces, se baila en silencio. Estamos acostumbrados a que la danza es ritmo, pero, en el contact, el ritmo no tiene ningún valor. Tienes que escuchar tu ritmo interior y el de los demás.

Si la gente quiere probar el contact, ¿dónde puede hacerlo?

En Rivas, el contact no se enseña aún. En Madrid hay varias escuelas, y en Barcelona. Pero, perfectamente, podrían montarse grupos de seis u ocho personas. Solo hace falta que haya personas que tengan la práctica desarrollada y gente que quiera aprender. Solo con eso, las personas pueden luego reunirse en Madrid para las jam. Practicar la danza contact improvisación es algo muy recomendable para gente que esté en un proceso de crecimiento personal, autorreconocimiento y para personas que quieran hacer un ejercicio suave que tonifica los músculos. Yo no he pisado jamás un gimnasio. Tengo 57 años y hago festivales de una semana y no acabo agotado, ni con agujetas. Y yo no soy diferente al resto de mis compañeros. Crea una dinámica física que es muy satisfactoria, en la que sudas un montón, te diviertes un montón. Es una danza en la que se ríe mucho bailando, sin que haya chistes, ni bromitas. Se puede hacer en familia. Hay tango-contact, hay contact con caballos y contact-kid con familias, que se propone para colegios. Imagínate lo transgresor que sería que los niños y las niñas aprendieran a bailar en contacto con sus cuerpos desde el no juicio, la no jerarquía, el autoconocimiento, la escucha… Estamos hablando de cuestiones fundamentales para crear una sociedad diferente. Y eso te lo enseña el contact. Si lo aprendiéramos de pequeños, el mundo sería muy diferente a como es.

¿Cree que es posible romper esa barrera?

Siempre hay resistencias que tienen que ver con los tabúes. Puedes hacer deporte dándote golpes, que es muy respetable, pero no puedes bailar con otro porque quizás eso significa restregarse con alguien. A los ojos críticos de una sociedad en la que todavía lo judeocristiano y el nacionalcatolicismo lo tenemos muy metido en la cabeza: eso no es respetuoso, es pecaminoso… Se acercan desde el desconocimiento. Pero, si te paras a escuchar y a ver, y te das cuenta que no tiene un objetivo sexual, ni de manipulación y ve que la gente es feliz, termina y cada uno se va a su casa, realmente les cambia la perspectiva. Las relaciones que creas a través del intercambio corporal se desarrollan a través de un contacto tan bonito que se convierte en adictivo. Tengo muchos amigos que no pueden parar de buscar el momento para bailar contact. No van de vacaciones más que a festivales porque les da tal felicidad y se crea un ambiente tan sano, que les da algo que no encuentran en otro sitio. Aquí la gente no se droga, no se bebe alcohol. Luego, cada cuál, fuera de los festivales, puede hacer lo que quiera.

¿Cree que sería posible crear algún grupo de danza contact improvisación en Rivas Vaciamadrid?

Espero que en Rivas, que es una ciudad que adoro y en la que llevo viviendo desde el año 2000, y en la que he tenido mucho contacto con el tejido asociativo, alguien se anime a ponerlo en marcha. Ojalá.

 

Más información sobre el libro en la web ‘Todos los cuerpos bailan’

 

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