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Pedro Castaño, director general de Parques Regionales de la Comunidad de Madrid (Fuente: Planeta Rivas)

Pedro Castaño, director general de Parques Regionales de la Comunidad de Madrid (Fuente: Planeta Rivas)

Pedro Castaño es el director general de Parques Regionales de la Comunidad de Madrid. Atendió a Planeta Rivas para realizar una entrevista monográfica del Parque Regional del Sureste, un ámbito a regenerar que tiene el potencial para convertirse en uno de los enclaves de biodiversidad más importantes de España en las próximas décadas.

El Parque Regional del Sureste agrupa muchos ecosistemas y muchos usos en un espacio de 31.500 hectáreas. ¿Cómo se concilian tantas realidades?
El Parque Regional del Sureste se declara en el año 1994. Es un parque a regenerar, lo que es una cosa atípica en el mundo de la conservación de la naturaleza, porque lo normal es que sean parques a conservar. Los parques a regenerar tienen el problema de que necesitan ese proceso y, una vez obtenido, lo tienes que conservar y mejorar. El Parque Regional del Sureste es un parque que estaba muy degradado. Sobre todo, se protegieron los cauces de agua de los cursos bajos de los ríos Jarama y Manzanares, y un pequeño tramo del río Henares. De alguna manera, son los ríos que han tributado siempre a Madrid desde la época paleolítica. Los grandes asentamientos poblacionales históricos están en esas zonas y tiene su lógica que se generase una demanda de protección en torno a esos ríos. A partir de ahí, en el momento en que nos centramos en proteger una zona que está muy degradada, porque estos cursos de agua y estos sotos es donde están las extracciones más potentes de grava y arena, las actividades industriales… Eso hace que tengamos que clasificar el ámbito en seis zonas, de la A a la F, cada una con unos usos. Eso se regula a través de un Plan de Ordenación de los Recursos Naturales que se declara en el año 1999, estableciendo los usos con zonas de máxima protección, donde se preserva totalmente la naturaleza, hasta zonas de transición urbana, ordenadas por el planeamiento urbanístico.

¿Ese es el plan de funcionamiento del parque? Hay un plan rector de uso para el parque que está en tramitación desde 2013 que no se ha llegado a poner en marcha.
Existe la ley reguladora del parque, que es la Ley 6/1994. Posteriormente, se establece un período para declarar un plan de ordenación de los recursos naturales (PORN), se ordenan los recursos naturales. Digamos que el plan de ordenación de recursos naturales del Parque Regional del Sureste va más allá de lo que es una mera ordenación. La Ley de Conservación de la Naturaleza habla de que un parque debe tener un plan de ordenación y luego tiene que tener una regulación de esos usos en cada ordenación. Para aclararlo: la primera fase sería ordenar los recursos por zonas y la segunda, decir qué usos se pueden hacer en esas zonas. Entonces, digamos que la Comunidad de Madrid, por exceso legislativo, cuando sacó el decreto de protección y el plan de ordenación de recursos naturales, ya estableció una zonificación en la que vienen regulados los usos. Quizás se hizo así porque el legislador ya fue consciente entonces de la dificultad de sacar un instrumento de planificación y de la posibilidad de que algún sector te lleve a los tribunales y te lo bloquee, y se excedió en la protección de los recursos naturales e integró directamente usos porque, entendió que, si no, sí que tenía un vacío jurídico. A mayores, se puede decir que falta un Plan Rector de Gestión (PRUG) y que, aun así, el parque regional pudo organizar todo el plan de protección porque disponía de una ley declarativa y de un plan ordenador de los recursos con una ordenación en la que ya vienen incluidos los usos. Así, durante veinte años de funcionamiento, existe un comportamiento tácito de la administración en lo que ya se ha interpretado en ese plan de ordenación de lo que se puede y no se puede hacer. Es decir, existe, entre comillas, un vacío legal porque no existe el plan rector de uso y gestión, pero no existe una carencia de un instrumento que nos permita saber qué podemos y qué no podemos hacer. El plan rector de gestión surgió en 2013 y fue derogado por el Tribunal Supremo por motivos jurídicos, derivados de demandas del sector de graveros y extractores, otro por temas relacionados con la caza y otra demanda que no acabó en un trámite por un defecto formal, pero que podía haberlo hecho, por una parte de los grupos conservadores. Ahora estamos elaborándolo y la idea es que se publique en un boletín oficial, sin ningún inconveniente. Este documento nos va a ayudar a poner encima de la mesa cosas que ya estamos utilizando, y siempre ayuda, pero no existe formalmente, ni en la parte dogmática de este hecho jurídico.

Un canal de regatas, campos de golf… El Parque del Sureste tenido muchos novios urbanísticos. ¿Cómo se ha protegido un parque de las características que tiene tanta presión urbanística?
Tenemos la ley declarativa del parque, el plan de ordenación de recursos naturales que ya incluye usos. La Ley de Ordenación de la Naturaleza coloca ya ‘per se’ la planificación del espacio protegido por encima de la legislación urbanística, con lo cual, todas las decisiones normativas en materia urbanística están supeditadas a las normas de planificación y ordenación de un espacio protegido como es éste. Lo que hacemos nosotros es que, en el momento en que nos viene cualquier documento de planificación relacionado con urbanismo, informamos en función de la legislación vigente. Estos textos normativos tienen la suficiente entidad como para poder establecer si se puede urbanizar o no. En este caso, la zonificación ya lo establece. Incluso hasta qué usos deportivos puedes realizar o no. A su vez, hay un comportamiento tácito en la administración de casi treinta años que, de alguna manera, condiciona a la institución. Nosotros no podemos tomar una decisión arbitraria. El plan rector de gestión podrá llegar a ser más concreto en sus usos, o no. Pero mientras no exista, los documentos vigentes marcan el camino.

El grado de propiedad privada es el más alto de todos los parques regionales. ¿Cómo garantizan que se cumple con la normativa y no hace cada uno de su capa un sayo?
El 84 por ciento del parque es privado. Eso dificulta mucho la implementación de medidas de repoblación y conservación con el presupuesto público, pero no quiere decir que estos propietarios no estén sujetos a la normativa de protección. Actualmente, además de los dos textos normativos antes citados, actúa sobre el parque la Red Natura 2000, tiene una Zona de Especial Conservación (ZEC) y una Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). Ambos establecen en sus planes de gestión lo que se puede hacer. Sobre la finca privada, solapamos los usos con la normativa vigente y establecemos que un propietario privado tiene que reclamarnos permiso para llevar a cabo una actividad y nosotros respondemos con todo el aparato normativo y los planes de gestión de las vegas, cuestas y páramos del Sureste; y con la de cortados y cantiles de los ríos Jarama y Manzanares, ambos de la red Natura 2000. Se puede complicar más aún, porque también disponemos de la capa de hábitats, que delimitan los hábitats prioritarios, lo que también va a limitar, a través de la Ley Nacional de la Naturaleza y las directivas europeas. Y, a su vez, también intervienen la Confederación Hidrográfica, el dominio público hidráulico, ya que es un parque muy cerrado en torno a los ejes de los ríos; y también la Ley de Montes Preservados, que se incluye en la Ley 16/1995 Forestal y de Conservación de la Naturaleza; y la capa de vías pecuarias.

Los dos principales agentes de contaminación son la industria y los vertidos. ¿Cómo se limita el impacto sobre el ecosistema de la industria, habida cuenta que es una actividad secundaria que tiene impacto directo sobre el medio ambiente? ¿Ha habido expedientes sanciones en 2017 al sector por incumplimiento de la normativa?
En materia de normativa industrial, todas las empresas tienen que cumplir la legislación vigente en materia de calidad del aire, de ruidos, de actividades industriales, aunque son gestionadas por otras unidades administrativas como la Dirección General de Industria y Minas y la Dirección General de Medio Ambiente. En principio, cumpliendo dicha normativa, hay zonas que admiten el uso industrial. Eso no quiere decir que todas las industrias estén dentro del parque. De hecho, muchísimas industrias están fuera. Pero eso no quita para que, en determinadas zonas, sí se haya integrado. El Parque Regional del Sureste no es un parque que tenga un exceso de zonificación dedicada a estos usos. Es verdad que está muy cercano a las zonas periurbanas, siendo un parque difícil en ese sentido. Digamos que es un parque que protege los ríos en un ambiente muy humanizado, lo que genera cierta distorsión. Eso no quiere decir que no protejas el territorio. Ahí hay industrias que no se pueden poner en un parque nunca, porque la zonificación no lo permite. Lo importante es que hay zonas donde no se pueden hacer crecimientos de polígonos industriales desde 1994 y no se van a poder hacer, salvo que haya una modificación de la norma, que en un espacio protegido no es lo habitual. Eso supondrá, a futuro, la reubicación de polígonos industriales en zonas que estén fuera del espacio protegido. Esa es una de las grandes miras del legislador en el Parque Regional del Sureste: que determinadas actividades industriales y extractivas se hagan fuera del espacio protegido porque determinadas zonas estaban muy saturadas. Es lo que, con el paso del tiempo, se ha ido logrando. De 1994 a 2007 hubo un desarrollo urbanístico brutal a nivel europeo y la normativa de protección del parque impidió que esos crecimientos se produjesen en el parque regional. Por lo tanto, son instrumentos que han funcionado en esas zonas. Incluso hay zonas que eran espacios industriales y que han dejado de serlo y se han demolido. Es el caso del antiguo matadero cercano a Rivas que estaba en el Soto de las Juntas. Si hubiéramos estado fuera de parque, ese matadero hubiera tenido la posibilidad de volver a tener otra actividad. Muchas veces cesa la actividad industrial preexistente para siempre, lo que supone una mejora.

La otra actividad que afecta al parque son los vertidos, con ejemplos muy graves como la ‘laguna del aceite’ de Arganda del Rey, las lagunas de Velilla de San Antonio, los lodos en Pinto… En este sentido, se comparte la responsabilidad con los ayuntamientos ¿Se está logrando ponerle puertas al campo para frenarlos?
El tema de los vertidos es una competencia municipal, del propio industrial y, luego, de los órganos competentes en materia de cuenca. Nosotros ahí, lo único que hacemos es requerir la legislación vigente.

¿Cómo están desarrollándose los trabajos en la ‘laguna del aceite’?
Esta labor está encomendada a Gedesma, una empresa pública, adscrita a la Consejería de Medio Ambiente. Nosotros tenemos constancia de que ya hay un plan de recuperación y restauración de la laguna del aceite, lo cual es una cosa de la que nos debemos sentir orgullosos porque llevaba muchos años el tema muy enquistado, y sabemos que se van a acometer los trabajos en un cronograma ya aprobado. Lo que nos importa es que se ejecute, para lo que hay una dotación presupuestaria.

¿Qué ocurre en las lagunas de Velilla?

En Velilla de San Antonio, el Ayuntamiento manifiesta tener un problema con sus lagunas estacionales, no vinculadas a un cauce. Han surgido por la extracción de grava en su día y que, de alguna manera, queda como una laguna porque se tocó el nivel freático mucho antes de que se declarara el parque, y la laguna va a evolucionar hacia ese hábitat. En estos momentos, actuamos apoyando al Ayuntamiento, porque la laguna es municipal, haciendo un estudio con la Universidad de Alcalá de Henares para ver qué es lo que tiene ese agua. Lo importante no es que veamos la laguna de mejor o peor color, sino si está atrofizada fuera de lo que es un ecosistema natural, de manera anormal. En función de ello, podremos ver qué medidas tomar, como suavizar taludes, aumentar la flora de los macrófitos, etcétera. Ese tipo de estudios dura entre seis meses y un año. A partir de ahí, se decidirán las medidas a implementar. Hacemos ese estudio previo, aunque no es de nuestra competencia para, de la mano del parque, saber qué es lo que se debe o no se debe hacer. No se puede funcionar desde la ocurrencia, que es donde podríamos equivocarnos. El sentido común nos puede llevar a pensar que hay que conectarlas con un río cuando, a lo mejor, el índice de salinidad es altísimo, y estamos haciendo de manera indirecta un vertido sin saberlo. Para eso contamos con personas expertas en la materia y vamos de la mano con el Ayuntamiento. La Comunidad de Madrid lo que quiere es conocer el diagnóstico.

Algunos municipios denuncian que la calidad del agua es deficiente. Una parte importante de los manantiales están contaminados; agua que no está en condiciones tras pasar por zonas de baño humano… La Comunidad no es responsable del río como tal pero sí debe hacer análisis de aguas, dentro de las atribuciones que tiene en el parque. ¿Qué resultados obtienen y qué medidas están tomando de la mano de la Confederación Hidrográfica del Tajo?
Nosotros no somos los competentes, sino la Confederación. El parque es un instrumento que regula usos, insta a organismos competentes a que procedan y que actúen, si es necesario, a nivel disciplinario. De hecho, no tenemos potestad ni atribuciones para poder entrar a trabajar en una cuenca si no nos lo permiten. En unos casos es la Confederación y en otros, los ayuntamientos. Sin embargo, el parque sí que intenta fomentar que se actúe en determinadas medidas.  De nuestra propia cosecha, hemos analizado el índice QBR de todos los ríos que atraviesan el parque. Lo que nos dice este índice es dónde tenemos las zonas que están muy bien conservadas y las que están muy mal, en función del índice de vegetación. Eso nos ha permitido saber dónde tenemos que actuar y dónde no. En la Dirección General de Medio Ambiente, tenemos un plan de riberas y humedales donde vamos a programar y llevar a cabo determinadas actuaciones para mejorar las riberas y los humedales de toda la región y, en concreto, en lo que me atañe, del Parque Regional del Sureste. Esas actuaciones se desarrollan en dominio público hidráulico, que pertenece a la Confederación, pero, no obstante, siempre es bueno sumar entre las administraciones. Intentar apoyar para mejorar el cauce. Todo lo que suponga mejorar la ribera del cauce y mejorar que suavicemos taludes en los cauces, quitemos muros de defensa y motas, recuperando la conducción natural del río, va a permitir que la vegetación sea un filtro de la calidad del agua. Tenemos que saber que la propia ribera se comporta a través de sus raíces como un filtro y una mejora de la calidad del agua. De hecho, tener un río desprovisto de vegetación en tramos ayuda poco a que el agua tenga mejor calidad. Ya se han hecho intervenciones sobre la restauración ecológica de los ríos. Concretamente, nosotros ya hemos intervenido en doscientas hectáreas de riberas y humedales en los últimos años. Y ahora trabajamos en conservar los 123 humedales que tiene el Parque Regional del Sureste en 400 hectáreas de lámina de agua. Eso supone, insisto, que es terreno que no es de nuestra titularidad, pero lo estudiamos y hacemos un seguimiento.

En ese diagnóstico, ¿coinciden con los ecologistas en que ha habido una reducción de los caudales de los ríos y afluentes? ¿Está el ecosistema evolucionando?
Quien más conoce el cauce es la Confederación Hidrográfica del Tajo, que es el organismo que tiene todos los datos en materia de aguas. Nosotros podemos trabajar desde la planimetría y la intuición. Lo que sí podemos decir es que ha aumentado la biodiversidad y la fauna, y eso es porque ha mejorado la ribera. Eso es de sentido común. Pero eso no quiere decir que no sea mejorable. Puede y debe serlo. En eso todos queremos que los ríos estén mejor de lo que están, pero los indicadores de los últimos años no nos están diciendo que vamos a peor. Vamos a mejor, aunque recordando que es un parque regenerar y eso lleva tiempo.

¿Han hecho un cálculo de cuántos años van a necesitar para que el parque se recupere del todo?
Sería una aventura decir eso. Lo que sí puedo decir es que la mera declaración de un espacio en el que se limite un uso inapropiado de los recursos naturales va a hacer que se regenere el ecosistema fluvial. Con la acción humana, cuando repoblamos y forestamos, aceleramos un proceso que va a venir. El proceso en las zonas protegidas va considerablemente a mejor. De hecho, son zonas forestales, en muchos casos, consolidadas, donde se ha superado el estrato arbustivo y, en muchos casos, sin haber intervenido ¿Cuánto tarda? Depende de si hablamos de una zona deforestada o no. No podemos decirle a un árbol que crezca más rápido. Lo que podemos hacer es regarlo en sus primeros estadios para que no se pierda y para que tenga cierto crecimiento. Por ejemplo, zonas muy castigadas como el Soto de las Juntas de Rivas, donde confluyen los ríos Jarama y Manzanares, donde había una antigua gravera de 90 hectáreas, la Comunidad de Madrid actuó expropiando la zona con un trámite complejo en el año 2000 y desde 2005 hasta hoy hemos pasado de una zona muy degradada a tener unas zonas densamente pobladas de ribera, con un nivel de porte considerable porque, como están junto al cauce, es como si trabajasen en regadío. Tenemos allí desde populus hasta tarays, y una biodiversidad bastante considerable. Es un espacio que se ha regenerado mucho más rápido porque es una ribera, que es un ámbito mucho más agradecido que otros terrenos más yermos y complicados, donde hay que regar, porque el Sureste es un terreno muy yesífero, como los altos de El Piul, donde hemos intervenido con una repoblación potente y donde, seguramente, en no muchos años, se verá en foto aérea y desde abajo de los cortados, se verá el efecto de la intervención. Ahí sí que es una intervención regional con riegos de apoyo para evitar que eso se pierda y, además, necesitamos que coja un estrato mínimo para que la repoblación sola funcione por sí. La repoblación nunca es rápida, porque depende de lo que tarde un árbol en crecer y en colonizar un hábitat que, a su vez, haya generado un estrato arbustivo y arbóreo que permita que el árbol esté allí. La idea es que con las láminas de agua y la biodiversidad que tiene, puede dentro de unos años convertirse en una de las zonas más potentes de biodiversidad acuática del país.

¿Cuál es la situación de la fauna en el parque?
En el año 1994 había una serie de hitos o especies que no existían en el parque, como la nutria. Dejó de existir en los ríos porque la calidad del agua era muy baja y eso provocó que toda la fauna piscícola mermara considerablemente. La nutria es un mamífero que se alimenta de peces y, si no tiene alimento, desaparece. También desapareció, en cierta medida por la persecución a la que era sometida por su piel. Hoy hemos recuperado la nutria y va en aumento porque hay más fauna piscícola. Hay más peces porque hay una mejora de la calidad del agua y, donde antes no podía vivir un pez, hoy sí puede. Con lo cuál, las medidas que vienen implementadas desde Europa en materia de vertidos y de calidad de las aguas, son medidas que están funcionando. Seguramente, no esté la calidad de las aguas como nos gustaría a todos. Estamos todos de acuerdo en eso. Pero la senda que hemos tomado no es un camino a peor sino a mejor. La prueba es la recuperación de especies.

Hicieron un censo de fauna. ¿Se llevaron sorpresas? ¿Qué aspectos hay que mejorar?
El censo forma parte de nuestro trabajo ordinario. Tenemos dos biólogos dentro del parque que hacen ese trabajo. También lo hacemos en flora, gracias a un botánico. Nos concentramos mucho en nuestro trabajo en las especies en peligro de extinción y vulnerables, como no podría ser de otra manera. Son prioridades, aunque no se desatiende al resto. Mayoritariamente, nos encontramos con un incremento del censo. La fauna va a mejor, como he comentado. En algunos casos, nos encontramos con un censo no esperable. Identificamos por qué hay especies que van para mal, aunque muchas veces es difícil saberlo. Hay situaciones que se trata de problemas externos, del cambio climático o de que hay unas especies que desplazan a otras. Por ejemplo, el hecho de que venga un búho real a un cortado, supone un desplazamiento de otras especies porque son territoriales. El hecho es que la propia cadena trófica también supone cambios que no nos importan tanto, porque forman parte de la evolución de un ecosistema, siempre que sean a causa de especies autóctonas y no alóctonas. Hay alguna especie puntual con problemas, como el cernícalo primilla, para el que hemos hecho primillares y hemos intensificado la acción un poco más. En este sentido, hemos trabajado con la Sociedad Española de Ornitología (SEO), que nos ayuda mucho y hace un seguimiento más potente que el nuestro, si cabe. También es verdad que hay conservadores que nos dan llamadas de atención sobre determinadas especies y nos ayudan también. Toda la información que nos viene siempre es buena y positiva. Lo interpretamos como una ayuda porque personas que conocen el territorio nos alertan de algo y nos permiten actuar. Se trata de tener ojos en todo el territorio, para el bien de todos. Lejos de enfadarse, hay que atender a estas organizaciones y personas porque, en muchos casos, están muy implicadas y acostumbran a tener razón. Eso no quiere decir que le des la máxima. Hay que ir, diagnosticarlo y verlo. Y ese es el trabajo que realizamos con los medios escasos que tenemos. En todo caso, estamos en la senda de la recuperación mayoritariamente que en la de la regresión. Si estuviéramos en este segundo caso, podríamos encontrarnos que el punto de inflexión está en el suelo, como ha pasado antes de 1994, que había especies extinguidas en el territorio del parque, como la nutria, el galápago europeo o el búho real, que no se habían visto desde los primeros años de los ochenta.

Desde 2007, hacen controles de especies invasoras. ¿Están trabajando en este momento para frenar alguna en concreto en el parque?
Se trabajó mucho en su día con el mapache. El Parque del Sureste fue pionero en esa especie y luego ya se trasladó el trabajo al Área de Fauna y Flora que es, en este caso, quien coordina el asunto de las especies invasoras y tiene el Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS). Los resultados del mapache han sido buenos. Es una especie invasora potente que se asentó en los tramos bajos de los ríos y que, de alguna manera, afectaban mucho a la fauna autóctona. A día de hoy está más controlada la situación, ya que no hay esos niveles tan altos y la tarea ya está delegada. Otra especie invasora, en este caso, vegetal, es el Ailanthus Altissima, que es muy propia de zonas degradadas, pero es una especie que no va a mucho más. Es una especie que entró hace treinta años, que es dura y muy difícil de eliminar, pero que su crecimiento no va más allá las zonas degradadas. Es verdad que aparece en la ribera pero no anula al resto de las especies. Se trabaja con ella con acuerdos con voluntarios para el control de esta especie. Pero son más preocupantes casos como el del mapache, que acaba con crías y con huevos de animales en peligro de extinción.

El parque es una auténtica reserva de aves acuáticas. ¿En qué estado se encuentran las colonias?

El Parque Regional del Sureste posee 220 especies de aves, de las que unas 120 son acuáticas. Ahora mismo, se concentra en el parque el 60 por ciento de las aves acuáticas de toda España. Eso supone ser uno de los entramados de mayor biodiversidad de todo el país. El ave acuática está cerca de láminas de agua que, lógicamente, le permitan coexistir y vivir. Entre algunos de los hitos que se han conseguido en este sentido, se puede decir que la garza imperial ha pasado de tener una pareja el día de la declaración como parque regional y hoy tenemos más de cuarenta. El cálamo en el año 1994 apenas existía y hoy tenemos una gran expansión con siete colonias en el parque y es donde más se concentra este animal en toda la región. En el año 1994, solo accidentalmente había zampullín cuellinegro. Hoy tenemos diez parejas reproductoras con carácter permanente y más de cincuenta invernantes censadas. Hay 2.000 aviones zapadores en diez colonias asentadas, siendo el Parque Regional del Sureste uno de los grandes centros que albergan esta especie, cuando en 1994 existían en mucha menor medida. En esos años, el cernícalo primilla estaba en franco declive. Sigue estando en situación precaria pero, cuando ante sapenas existía, hoy tenemos cincuenta parejas identificadas. Teníamos 50 parejas de milano negro en 1994 y hoy tenemos 250. Y de milano real tenemos cerca de 400 individuos en un dormidero. El búho real, que se concentra en los cortados de los ríos, estaba desaparecido y ya tenemos treinta parejas. Sucede lo mismo con el galápago leproso y el galápago europeo. Estaban desaparecidas y la tenemos, de alguna manera, en nuestros días en la laguna del Campillo y el soto de las Juntas. Muchas de estas especies estaban en peligro de extinción y hoy están en un incremento considerable. Eso nos da indicadores de la mejoría del parque. El papel lo aguanta todo pero el indicador real es el regreso de las especies a un sitio en el que ya no estaban. Y han vuelto por la mejora de la calidad de las aguas, por la mejora de la vegetación y los hábitats.

El nivel de propiedad privada alienta una ingente cantidad de cotos de caza. Hay organizaciones ecologistas que denuncian la superación de niveles de captura varios años seguidos. ¿Cuál es la situación y qué se está haciendo para controlar esa situación y para que se cace fuera de terrenos protegidos?
La caza viene regulada como uno de los usos permitidos en determinadas zonas del parque. La caza es problemática en un espacio protegido porque, evidentemente, da pie al debate sobre si debe o no haber caza. Es una actividad tradicional y así la recogieron los juzgados en varias sentencias. Es una de las actividades que nos viene de la mano de lo humano desde hace miles de años. Eso no quiere decir que en espacio protegido se tenga o no que cazar. Tenemos una legislación que dice dónde se puede cazar. Nosotros no tenemos constancia de que se superen los límites de captura. Desde luego, no son los datos que nos da el Área de Fauna y Flora, que es la competente. Tenemos unos planes cinegéticos que se aprueban con unas limitaciones y, en principio, esas limitaciones no deberían superarse en cada coto. Si hubiera estas superaciones, actuaríamos con la vía disciplinaria, el cuerpo de agentes forestales y lo que correspondiera. La caza, es verdad, es uno de los cuellos de botella de uso y gestión en el parque regional, que provocó, por parte de los cazadores, tumbar el PRUG en el Tribunal Supremo; y, por otro lado, podría haber sido objeto por parte de los grupos conservadores de su caída. Por eso, se intenta buscar el equilibrio a ambas demandas para que, de alguna manera, se tenga una seguridad jurídica.

Hay previstos o en marcha varios planes de repoblación y reforestación en el parque, como los cerros de La Marañosa o los Altos del Piul. ¿En qué estado se encuentran estas intervenciones?
La repoblación en los Altos del Piul está bastante consolidada, hay una biodiversidad potente de especies porque hicimos una apuesta potente de repoblación en este sentido. Se intervino en riego los cinco primeros años y creo que la repoblación va a tener un buen camino, a pesar de que es una zona muy difícil del parque por su exposición al sol, su carencia de zona umbrífera para poder intervenir en ella pero, aún así, ha ido muy bien. Y la zona de La Marañosa se repobló, funcionó muy bien la regeneración natural, aunque también hubo repoblación artificial que casi no habría sido necesaria. Ahora estamos haciendo un tratamiento silvícola para consolidar la masa forestal. Lo que sí ocurre es que tenemos poco suelo público para poder intervenir en reforestación, más allá del dominio público hidráulico, con el permiso de la Confederación, o algunas zonas nuestras como el Soto de las Cuevas o el Soto de las Juntas, o como pueden ser los Altos del Piul o algún monte consorciado, como es el caso de La Marañosa. El resto es una cuestión de esperar.

Hicieron un estudio del grado de conservación de los sotos y las riberas a nivel vegetal. ¿Qué resultados arrojó?
Resultados diversos. Forma parte del estudio QBR que comentaba. Este estudio previo es importante tenerlo para poder trabajar porque si no, trabajas a ciegas. Hay zonas que están en un adecuado estado de conservación, otras en un estado malo. Nosotros trabajamos por colores para conocer cuál es la situación. Cuanto más rojo, más a regenerar, con lo que podemos establecer acciones y medidas compensatorias.

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