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Antonio Serrano, exalcalde de Rivas Vaciamadrid (Fuente: Diario de Rivas)

Antonio Serrano, exalcalde de Rivas Vaciamadrid (Fuente: Diario de Rivas)

Antonio Serrano fue alcalde de Rivas Vaciamadrid entre 1992 y 1995 con Izquierda Unida. Diario de Rivas continúa con él la serie de entrevistas a los exalcaldes del municipio que pretende encuadrar su evolución durante la etapa democrática.

Tomó el bastón de alcalde tras un período muy convulso en Izquierda Unida que supuso que pasasen tres regidores por Rivas en catorce meses ¿Cómo estabilizó la situación?
La cosa más sencilla que hay: seguir las directrices y el pensamiento que mandaba la asamblea de Izquierda Unida.

¿La de aquí o la central?
La de aquí. En ningún momento caí en el pecado de intentar gobernar solo y a mi aire, con mi pensamiento y manera de ver la vida, como hicieron los dos alcaldes que dimitieron. Y lo hicieron porque no seguían las directrices de la asamblea local de Izquierda Unida. Por eso, se encontraron vacíos y desnudos. Yo tengo una máxima que he seguido siempre: prefiero equivocarme con todos, que acertar yo solo. Para apaciguar los ánimos en la asamblea, lo que hicimos fue empezar a gobernar, como éramos una minoría mayoritaria, haciendo un pacto con la siguiente fuerza mayoritaria de ‘izquierdas’ que estaba en ese momento que era el PSOE.

¿Y cuál era la situación?
Cuando entró Izquierda Unida en el Ayuntamiento yo era primer teniente de alcalde y concejal de Hacienda. Rivas estaba en bancarrota total. Había una cola de acreedores que llegaba hasta las escaleras de la tesorería municipal. La anterior corporación del PSOE había tirado la casa por la ventana. Solo en gastos corrientes inmediatos, de pago de ventanilla, se debían más de 800 millones de pesetas. La deuda a medio plazo también tenía su importancia. Y los créditos sumaban en total más de 2.200 millones de pesetas. Eso era una pasta. Cuando yo me fui de la Alcaldía, dejé el Ayuntamiento con una deuda de unos 1.400 millones. Parte se renegoció y parte se pagó.

Terminó de aprobar el plan general de ordenación urbana.
En mi período se aprobó inicial y definitivamente, junto con la Comunidad de Madrid. Inmediatamente, a resultas de ese planeamiento, empiezan a llegar peticiones de licencia de obras y comienza a moverse el dinero. Por ejemplo, la PSV, que nos ingresó más de 500 millones de pesetas.

Se acusó al Ayuntamiento, en connivencia con el consejero de Ordenación Territorial, de que esa operación no se había hecho conforme a derecho.
La cuestión es que yo no tuve nada que ver. Se recepcionó un dinero por una licencia de obras, como se cobra a cualquier vecino. Luego, el juez quiso embargar al Ayuntamiento los quinientos y pico millones de pesetas por las gestiones que tenía dicha cooperativa, en las cuales yo no entro. Pero nadie le dio un duro porque el artículo 150 de la Ley de Haciendas Locales, que es una ley orgánica, dice que los bienes municipales son inembargables. Es de primero de Derecho. La secretaria municipal, que ahora es juez, hizo una apelación a su auto. El caso es que el juez no insistió. Es más, si no hubieran hecho las obras, la ley dice que si alguien paga la licencia de obras y luego no inicia los trabajos, estos prescriben, por lo que el dinero se lo quedaría el Ayuntamiento.

¿Y el resto?
Principalmente, se intentó hacer devolver mucho dinero a los morosos que tenía el Ayuntamiento. Morosos con muchas propiedades que debían 20 o 30 millones de pesetas cada uno. También se hizo que las cuentas corrientes tuvieran un interés mayor al que yo me encontré para que rindieran. También pagamos durante un tiempo con certificaciones de obra: no podíamos abonar a alguien que nos hacía un servicio y le reconocíamos la deuda certificada y él la podía negociar en el banco, a cambio de un interés.

Aparte de pagar deuda, ¿qué pudieron construir con esas cuentas?
Yo no vi un ladrillo construido pero vi todas las zanjas sobre las que luego se construyó. Me envolví en el barro para que el plan de Rivas saliera adelante. En el pueblo, todo eran máquinas y movimientos de tierras. Me tocó la parte más odiosa del negocio de la construcción, pero así alumbramos el nuevo Rivas. Porque los compañeros que vinieron después, Fausto y Masa, pusieron las paredes, el tejado y los remates del proyecto. Yo comencé la Tenencia de Alcaldía, que me la pararon porque no tenía dinero para construir. Incluso, como no teníamos un colegio en el pueblo, tuve la iniciativa de construir Las Cigüeñas porque la Comunidad no me daba el dinero. Teníamos niños en el pueblo que estaban de mala manera.

¿Fue entonces cuando se pasó de los barracones a los colegios?
Así es. Algunos institutos los inauguré yo, pero, sobre todo, fue un proceso de ir quitando barracones y construyendo edificios. En el caso de Las Cigüeñas, se hizo en seis meses. Hablé con los constructores, una empresa muy seria, San José, que trabajó rápido y bien.

¿Qué más se pudo hacer?
Con los fondos europeos construimos el nido de empresas y para emprendedores junto al polígono. Lo tuvimos que hacer en apenas tres meses. Por ejemplo, con Armando Rodríguez Vallina, negocié que, en vez de construir un edificio de oficinas, se construyera el edificio azul con apartamentos para jóvenes de la propia cooperativa que se quisieran emancipar. Se le dio una planta más de aparcamiento y el Ayuntamiento se quedó con la primera planta que fue la biblioteca, donde hubo también una emisora de radio. A mí, el mejor elogio que me hicieron en ese sentido, me lo hizo un concejal del PP, Santiago de Munck. Cuando nos despedimos en el último pleno de legislatura, después de muchas trifulcas, recuerdo que me dijo: ‘Señor alcalde, con la poca leña que usted tenía y la gran hoguera que ha armado’. Fue el remate de mi gestión. Un año después, vi en un breve de un periódico que el Tribunal de Cuentas había auditado mi mandato y me felicitaban por la gestión. Luego se hizo una comisión de análisis municipal y estaba todo correcto.

Con tanta obra, le hicieron un ‘escrache’ los camioneros.
Hice una ordenanza porque la gente se quejaba de que venían los camiones y aparcaban ocupando siete u ocho plazas de turismos. Aparte, como son muy altos estos vehículos, tapaban la vista a los balcones de Covibar. Lo prohibí y se quejaron.

Salvaron las cuentas con el dinero que dio al Ayuntamiento la construcción. Se creó una ciudad llena de chalés, un modelo que no tiene mucho que ver con el concepto de sostenibilidad económica, ni medioambiental, que defiende Izquierda Unida, ni la lógica urbanística, tal y como demuestran los costes fiscales y de recursos que soporta hoy la ciudad.
Estoy de acuerdo. Eso es una cuestión heredada del plan que se había hecho.

Pero ustedes corrigieron ese plan.
Corregimos lo que pudimos. Intentamos en la revisión traer muchas cosas, como una universidad técnica a Rivas, con un polígono empresarial junto a ella, en la parte de arriba del pueblo. Esos terrenos se reservaron para ello. Pero, sobre todo, huir de los chalés. Lo que hicimos fue montar muchos pisos nuevos en el plan. Toda la parte de la avenida de Pablo Iglesias, Jovellanos en la parte de abajo… Se convirtió en pisos, aumentando edificabilidad. Incluso se cedieron solares a la Comunidad de Madrid para que hicieran allí sus pisos de protección oficial. Y, sobre todo, otra cosa que estaba en nuestro ideario y que quisimos en cierta manera facilitar, fue la cuestión cooperativa. Era imprescindible, fueran chalés o pisos. Intentamos hacer todo en plan cooperativo para huir de los grandes acaparadores. Pero claro, lógicamente, el suelo no era nuestro.

Rivas estuvo muy condicionado por el tema del suelo.
No teníamos suelo. Solo poseíamos el que nos permitía el plan general y marcaba la ley. Lo utilizamos para equipamientos y ajardinamiento. Cuando dejé el Ayuntamiento, tocábamos a unos 112 metros cuadrados de zonas verdes por habitante, aunque algunos estaban en construcción o previstos, como el del Cerro del Telégrafo. Rivas era entonces una ciudad pulmón. Hicimos una reforestación con pinos, vía Comunidad de Madrid, y ni te cuento los árboles que plantamos. Fue difícil porque hubo años de sequía y el terreno de Rivas no se deja querer porque tiene una cantidad muy débil de humus de los cultivos antiguos. Tuvimos que transportar esos cabezos. Cuando abrimos viales, movimos olivos con una brújula para que estuvieran orientados al norte de manera que no se malograran. Nuestra idea era dejar nuestro entorno limpio. Con solo dos inspectores municipales para impedir vertidos. Por la noche, venían de Madrid a echar sus desperdicios en Rivas y, aun así, dejamos todo muy asequible para que se pudiera aprobar el Parque Regional del Sureste.

Era una iniciativa que se había planteado en Rivas.
Sí. Fue un proyecto planteado por anteriores corporaciones, que todo hay que decirlo. Lógicamente, Rivas estuvo con este plan y contábamos con el apoyo del concejal de Los Verdes en este aspecto.

Tuvieron problemas medioambientales con Madrid por el tema de Valdemingómez.
Tuve muchos encontronazos con Esperanza Aguirre, que era la concejala de Medio Ambiente de Álvarez del Manzano. Sobre todo, por la cuestión de la incineradora. Yo iba a la televisión a debatir con ella. Le planteaba que ella tenía una casa muy bonita pero me ponía los cubos de basura en la puerta de la mía. Yo le decía que los cogiera y pensara que hacía con ellos. Entendíamos que tuvieran que gestionar su basura pero no a nuestra costa. Sé cómo se trata la basura y tengo una cierta especialización en esto. La Comunidad de Madrid me invitó a Chile para ver cómo se trataban los residuos. Vi cómo, cuando se sacaban las basuras, se usaba el metano para el servicio urbano. Con las basuras se pueden hacer estas y muchísimas más cosas. Lo que no se puede es matar de cáncer a las personas y la incineradora está echando dioxinas constantemente.

Con el tiempo, ¿se ha demostrado que la incineradora es cancerígena?
Aquí tenemos una cantidad de cánceres de la leche. Si no es de una cosa, es de otra. No es una enfermedad que salga de un día para otro, pero va saliendo.

Tuvieron una pelea con el Ayuntamiento de Arganda del Rey por el ‘mojón 24’.
Era una reivindicación antigua. Vinieron los viejos del pueblo a decirme que tuviéramos cuidado con los de Arganda porque siempre habían venido a dar la lata con esta historia. La Comunidad de Madrid estaba trazando las lindes entre los municipios y tuvimos una pugna por ese dichoso mojón porque decían que uno de los tajamares del puente de Arganda era suyo con el argumento peregrino de que se llamaba puente de Arganda. Nosotros decíamos que era todo el puente nuestro y que el mojón se debía instalar al terminar el puente. No sé cómo quedó porque no llegamos a un acuerdo en las reuniones que tuvimos con el alcalde de Arganda, pero era una guerra inmemorial. (Nota del entrevistador. Según fuentes del Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, actualmente, el límite entre ambos municipios en ese punto establece que dos tercios del puente pertenecen a este municipio y un tercio a Arganda del Rey, aunque no consta informe del Instituto Geográfico Nacional al respecto).

Sí, al parecer, a Rivas le tocaba recoger los ahogados en esa zona.
Sí. Hubo un hombre que encontraron muerto en el arcén de Rivas de la A-3. El caso es que, como estaba allí, tuvimos que darle todos los servicios en el cementerio, que, por cierto, en mi legislatura ampliamos con una pared de nichos que costó seis millones de pesetas porque no teníamos espacio. Pues lo del río era igual con la gente que se ahogaba. Cuando yo era niño, íbamos el 18 de julio con la camioneta de mi padre a pasar el día al río, ponían una cuerda para indicar hasta dónde podía entrarse en el río porque era peligroso, y esa seguridad la tenía el Ayuntamiento de Rivas. No obstante, la linde definitiva tuvo que decidirla Comunidad de Madrid. También hubo problemas en la finca de El Porcal porque, al parecer, se movían los mojones y perdíamos terreno. Ahora, al parecer, el amojonamiento es por GPS y no hay dudas. Pero las peleas de los mojones también eran entre fincas dentro de Rivas para construir casas, etcétera.

Hablando del cementerio, hubo una profanación de tumbas en su período de Gobierno a ritmo de ‘heavy metal’.
Fue una profanación que se produjo en el mes de diciembre de 1993. Unos chavales, con estas películas que hay, se fueron al cementerio y rompieron lápidas, dieron vuelta a las cruces en plan satánico… Se acusó a unos chicos. Actuó la Guardia Civil y parece ser que se pasó con ellos porque, cuando se dieron cuenta de quienes eran, hasta fueron a detenerlos al instituto. Esto sentó muy mal por este sentimiento de mi hijo en el cuartelillo. Así, la gente se llenó de razones. Lógicamente, los muertos eran de gente del casco histórico de Rivas. Y los chavales y sus familias eran los otros, los de las urbanizaciones, que eran considerados de fuera. Que viniera gente de fuera a hacerles una putada en el cementerio, les llenó de indignación. Pero que los chiquillos, menores de edad, pasasen la noche en el calabozo, hizo que el pueblo se dividiera. Ese día se hicieron dos manifestaciones: unos a favor de la Guardia Civil y de castigo al culpable, y otros en contra de las tropelías de los agentes. Yo, como alcalde, me quedé en mi despacho. Intenté tender puentes de diálogo. Son cosas que pasan.

La Cañada en esos años empieza a crecer.
Era una cañada de cordel de tiempos de la Mesta que había sido okupada, con ‘k’, porque, como no era de nadie… Me vinieron unos abogados que decían que los habitantes querían regularizar su situación. Y yo no podía regularizarla y cobrarles contribución para tener como un derecho porque las cuestiones de las antiguas cañadas reales habían pasado a las comunidades autónomas. Había una política dispar en ese sentido. Por ejemplo, en Coslada los ayuntamientos cobraban e incluso se han edificado torres allí. Aquí, no. Porque esto no es nuestro, ni de nadie. Pero las invasiones de las cañadas se han intentado llevar a cabo desde tiempo inmemorial para plantar o construir, y por eso el mayoral usaba el cordel para delimitar el espacio para el tránsito del ganado. Como no ha habido una política general para atajar el problema, pues así está la cosa.

¿Rivas se convirtió en ciudad en la legislatura que usted remató?
Yo cojo Rivas con 11.400 habitantes y la dejo con unos 22.700. Se dobla la población. Pero, aparte de eso, dejo aprobado el plan general. Lógicamente, pasamos de ser una ciudad dormitorio a un proyecto de ciudad para vivir, para estudiar y para vivir. Para no tener que salir de allí. Rivas todavía tiene un alto porcentaje de personas que van a trabajar fuera de sus ciudades, pero las industrias y los servicios que proyectamos pretendían que la gente trabajara aquí.

Explíqueme eso de que usted le dio el gentilicio a Rivas.
La palabra ripense se me ocurrió a mí. No teníamos gentilicio.

¿Ripense no vendría de la Ripa Carpetana?
Sí, claro. En los azucarillos del café venía de dónde procedían las ciudades. Decía que Rivas venía de la antigua Ripa Carpetana. Entonces incluí el término en los bandos como encabezamiento para referirme a los vecinos.

Que se los publicaba ABC.
Vi una falta de ortografía grave en un bando que me escribieron y se había colgado en los tablones municipales y me dije que desde ese momento los escribiría yo. Letizia Ortiz era entonces becaria del ABC y hacía información de Rivas. Le hizo gracia el tema de los bandos y consiguió que me los publicaran en el periódico, en la sección de Local. Me empezaron a llamar de universidades y programas de televisión porque les parecía que los hacía similares a los de Tierno Galván, con ese regusto de castellano barroco. Finalmente, se recopilaron y se editó un libro que le debo a la reina.

Una última pregunta. Vivió la crisis de Izquierda Unida en Rivas de principios de los noventa y vivió la de 2014, yendo luego en las listas de Pedro Del Cura ¿Cómo vivió esa segunda crisis?
Vuelvo a repetir: prefiero equivocarme con todos que acertar yo solo. Siempre he estado con lo que dice Izquierda Unida y los compañeros. Esta crisis la viví con pena porque eran y son íntimos amigos míos los componentes de la crisis. Y Pedro Del Cura es un chiquillo que yo lo tenía en Protección Civil desde jovencito. Le conozco y le quiero. Es un currante y lógicamente había que cambiar este modelo de mi generación para dejar pasar a los jóvenes. Además, se estaba moviendo la cuestión de Podemos de fondo y se dieron casos como el de Tania Sánchez, que es una chica valiosísima y que ahora la tienen detrás de una columna en este partido no sé muy bien porqué. Todos estos chicos que están ahora son muy valiosos y la crisis que hubo fue una cuestión de que -los que gobernaban- tenían que dar cuenta de cosas a la asamblea local y quisieron acertar solo ellos y no equivocarse con todos.

¿Se olvidaron de algo?
De los principios que ellos habían mamado. Digo yo que se olvidaron de ellos pero supongo que tendrán sus razones. No se puede simplificar en política.

 

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