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Jorge Rochet, gerente de Rivamadrid

Jorge Rochet, gerente de Rivamadrid (©Diario de Rivas)

La pandemia de la Covid-19 ha supuesto un reto sin precedentes para Rivamadrid, la empresa pública ripense que se encarga, entre otras tareas, de la limpieza, la jardinería o la recogida de residuos en la ciudad. Su gerente, Jorge Rochet (Madrid, 1978) analiza para Diario de Rivas los retos que tiene por delante la compañía, que cuenta con una plantilla de unas 500 personas y se ocupa de numerosos servicios esenciales en Rivas Vaciamadrid.

¿Cómo ha afrontado Rivamadrid la crisis de la Covid-19?

Ha sido complicado, porque nosotros trabajamos con muchos servicios esenciales, y más en un momento como este, como el de la limpieza, además de otros como jardinería o recogida de residuos. Y esta crisis tiene mucho que ver con la limpieza y nos ha afectado de lleno. Al principio hubo mucha incertidumbre, porque, como todo el mundo, nos vimos en una situación muy novedosa en la que no sabíamos muy bien lo que estaba pasando. Nuestra prioridad fue poner todos los medios para evitar contagios, empezando por nuestra plantilla, y minimizar los contagios de la población desde lo que estaba en nuestra mano mediante la prestación de nuestros servicios. Así se adoptaron una serie de medidas complejas,pero que al final han dado buen resultado: de hecho no ha habido ningún foco de contagio en la plantilla de la empresa ni, en general, en el municipio. En la plantilla de Rivamadrid apenas han dado positivo dos o tres personas, sin que ello estuviera relacionado con su actividad laboral, por lo que a pesar de todas las dificultades creemos que ha merecido la pena todo lo que hemos hecho.

Rivamadrid cuenta con una plantilla de unas 500 personas. ¿Cuáles son las medidas que se han adoptado frente a la Covid-19?

La Comunidad de Madrid cerró los colegios de un día para otro y establecimos un permiso especial de conciliación para que aquellas personas que no tenían la posibilidad de que su pareja cuidara a sus hijos, y en un momento en el que los abuelos tampoco eran una alternativa, se quedaran con ellos. También, en el momento en que el Ministerio de Sanidad determinó los colectivos de riesgo, se dio un permiso a las personas mayores de 60 años para permanecer en sus domicilios mientras durara esta situación. Para aquellas personas de riesgo según el Ministerio de Sanidad por tener hipertensión u otras enfermedades crónicas, se elaboraron los preceptivos informes desde Prevención de Riesgos Laborales para que se tramitara su baja a través de los servicios médicos. Por otro lado los EPI (Equipos de Protección Individual), que en muchos sitios han faltado, aquí los hemos tenido disponibles para todos los trabajadores, a pesar de las dificultades para conseguirlos: no ha sido sencillo. Hemos facilitado mascarillas, guantes, etcétera, a los trabajadores que los necesitaban, y sorteamos las dificultades para conseguir los equipos de protección habituales, porque también escaseaban. Por ejemplo, en el caso de los monos para el desbroce, el mercado mundial ha sufrido desabastecimiento durante la pandemia. De hecho, sigue siendo un problema para la responsable de compras buscarlos, hablar con unos y con otros, con una labor de persecución y consecución complicada, lo cual nos ha impedido también ir al ritmo que nos gustaría en algunas tareas. O, por ejemplo, tuvimos que retrasar una semana la desinfección de las calles, teniendo ya todos los equipos, porque no había manera de que llegaran las máscaras buconasales. Por fortuna, hemos podido facilitar EPI a todos los trabajadores. Y hemos adoptado medidas de información, cartelería, separación, el teletrabajo desde la primera semana siempre que fuera posible, facilitando equipos a quienes no tenían medios en casa, creando conexiones informáticas, etcétera. Como las distancias que había que mantener en los vestuarios ya no eran las mismas, se escalonaron los turnos de entrada y de salida para evitar la confluencia de muchas personas, a la vez que se facilitaba la conciliación. Por ejemplo, si una persona trabajaba cuatro o cinco horas en el servicio de edificios, a lo mejor se acumuló en turnos de 8 horas para que tuviera que venir menos. También hubo duplicidad de viajes en los servicios, al tener que ir uno solo por vehículo. Una de las medidas que se han tenido que modificar para mantener la limpieza de edificios ha sido modificar los turnos de trabajadores, y por ejemplo gente que estaba de mañana ha tenido que empezar a trabajar de tarde. Aquí quiero hacer un reconocimiento a la colaboración del personal, que se ha comprometido de muy buen grado a esas modificaciones que también han afectado a su vida personal, por lo que quiero que conste el compromiso de los trabajadores para cambiar de servicio o de rutinas y colaborar así con el bien común. Se ha incrementado la limpieza de los vestuarios cada vez que se usan; el personal que está aquí cuidando de manera continua para que pomos, los botones de los ascensores, las barandillas estén limpios de continuo; reuniones por videoconferencia, para lo cual se han adquirido e instalado equipos. Se han ozonizado los vehículos que se utilizaban con frecuencia; se han desinfectado con hipoclorito varias veces por semana y se ha dado instrucciones a los trabajadores para que, en los cambios de turno, pudieran limpiar el vehículo por dentro; se ha facilitado botes de jabón a los operarios que están en la calle para que pudieran limpiarse las manos con frecuencia… Se ha implantado una larga lista de medidas que ha sido compleja, tanto desde el punto de vista organizativo como desde el punto de vista de adquisición y de compras.

¿Cuál ha sido el coste de la pandemia para Rivamadrid?

La Covid-19 nos ha supuesto alquilar barredoras y baldeadoras, comprar EPIs, hipoclorito, hidrogel… Los gastos dedicados a Covid han supuesto un gasto para la empresa de más de 70.000 euros en estos tres meses.

Además, Rivamadrid ha tenido menos personal disponible para dar servicio en estos meses…

Sí, por varias razones. Por una parte, porque quien tenía que conciliar no estaba aquí; por otro lado, los mayores de 60 años, tampoco; todo el personal de riesgo obtuvo baja médica y por tanto tampoco estaba; además, al más mínimo síntoma compatible con la enfermedad recomendábamos a las personas quedarse en casa, y ya después el médico determinaba si podía venir o no. Todo eso ha reducido el personal disponible. Además, ha habido desviación de personal de unos servicios a otros, lo que ha supuesto otra dificultad. Dentro de las medidas adoptadas se han baldeado las calles con hipoclorito: 1.871 calles solo en abril, y 787 en mayo, es decir, un trabajo importante. Se han adquirido unas mochilas con hidrolimpiadora, donde se mezclaba agua con hipoclorito para desinfectar las calles más concurridas y las inmediaciones de los establecimientos que permanecían abiertos, como alimentación, farmacias o estancos, además de entradas a los centros de salud. También se han desviado jardineros a tareas de baldeo. Además, la eliminación del barrido seco y el paso al barrido húmedo, es decir, el paso de las sopladoras a las baldeadoras, ha añadido más trabajo.

¿Cuáles son los planes a futuro con las sopladoras?

A partir de mediados de marzo, se dejó de soplar y se alquilaron baldeadores y lavaceras, para asegurar la desinfección de la ciudad. Lo que ocurre es que la limpieza húmeda conlleva muchísimo más tiempo que la seca, y eso ha detraído recursos, porque se tarda cuatro veces más en realizar la misma tarea. Por lo tanto, en estos días tienes menos personal, tienes a personal en tareas que no son las habituales, y al cambiar algunos métodos tardas más tiempo en realizar las tareas. Por eso, hemos vuelto a utilizar las sopladoras. Sabemos que este es un asunto polémico, pero no es posible solventar los problemas de polen y hojas, tal y como nos reclaman los vecinos, sin sopladoras. Después del día 13, muchas de las quejas que llegaron eran por acumulación de polen y hojas, y sin sopladoras no se puede quitar eso. Hay vecinos que a lo mejor se preguntan por qué eso se hacía hace 20 o 30 años, pero tenemos que ser conscientes de que la realidad de hoy no tiene nada que ver con la de entonces. El nivel de limpieza no es el mismo y para mantener la ciudad limpia sin ellas habría que volver a una realidad que ya no existe.

Jorge Rochet, gerente de Rivamadrid

Jorge Rochet, gerente de Rivamadrid (©Diario de Rivas)

¿Cómo se mantuvo la ciudad durante el confinamiento?

Hasta el 13 de abril, durante el tiempo en el que estuvo cerrada toda la actividad no esencial, la ciudad se mantuvo bastante limpia, a pesar de contar con menos gente y de haber desviado recursos. Además, los enseres, que habitualmente se recogen una vez a la semana, los estuvimos recogiendo a diario como medida de prevención sanitaria. Por otro lado, el comportamiento de la ciudadanía, en general, ha sido y sigue siendo ejemplar. A partir del 13 de abril, a pesar de contar con más personal que en las semanas anteriores, ya que empezaron a reincorporarse trabajadores de servicios no esenciales, la gente salió a la calle y se incrementaron muchísimo los residuos en la vía pública, papeleras, parques y jardines… Hasta esa fecha, habíamos tenido problemas de excretas caninas en los parques. En los 15 días en los que el servicio de jardinería no estuvo activo, al no ser esencial, sí se dejó un equipo de refuerzo para limpieza de excretas y vaciado de papeleras caninas en parques y jardines. Pero a partir del 13 de abril se incrementaron los residuos, bolsas de basura en papeleras, plásticos y papeles tirados, además de mascarillas y guantes, por lo que, a pesar de que nosotros habíamos aumentado el personal en esas fechas, la percepción empeoró.

¿Cómo han manejado la situación desde entonces?

Por una parte, hemos tenido problemas de compras y el desbroce, por ejemplo, ha ido más lento por falta de monos, porque ha habido desabastecimiento. Nosotros nos hemos comprado todos los EPI: mascarillas, monos, etcétera, es decir, la Comunidad de Madrid nos dio algunas mascarillas y nos costó más ir a recogerlas que el material facilitado. Por otro lado, hubo escasez de personal y desviación a otras tareas, como hemos apuntado antes. También hemos limpiado los vehículos de Policía Local, Guardia Civil, Protección Civil y el Ayuntamiento de Rivas, varios días por semana, es decir, muy por encima de lo habitual. El personal de limpieza de edificios se ha desviado a esas labores de limpieza y desinfección de vehículos, igual que para que estuvieran debidamente desinfectados. Hemos colaborado también en la limpieza y desinfección de sitios que no son de nuestra competencia: hemos ozonizado los tres centros de salud y la Guardia Civil. Y luego también, que durante el tiempo en que el Gobierno decretó servicios mínimos durante 15 días, el servicio de jardinería no funcionó, salvo para la poda, los riegos y esa limpieza de excretas y papeleras. Aquí, a diferencia de otros municipios, hemos tenido servicio de jardinería durante el estado de alarma, pero no en esos 15 días. Y esto ha ocurrido en primavera, que es el período de mayor trabajo por lo que crecen las hierbas, sobre todo cuando llueve. No es lo mismo mantener segada una pradera o desbrozado un sitio cuando lo tienes mantenido que cuando lo has dejado 15 días sin atender; se tarda mucho más en la puesta al día. Y luego, el hecho de no utilizar herramientas como las sopladoras, lo que nos impide recoger el polen y demás. Y otro elemento más: tampoco podíamos contratar personal temporal, porque no tenía sentido con los vestuarios de los que disponemos, teniendo que escalonar horarios para evitar la concurrencia de muchos trabajadores, contratar a más dificultando las medidas de seguridad. No ha sido una cuestión de no invertir recursos, sino que tampoco ha sido posible en esas circunstancias. Así, desde el día 13 de abril se han ido incorporando paulatinamente al trabajo los mayores de 60 años, los que estuvieron en turnos, quienes han estado con medidas de conciliación…, a medida que hemos ido pasando de fases. También se han habilitado nuevos vestuarios en nuestra sede y en el CFOR y eso nos va a permitir contratar más personal temporal de aquí a finales de mes, para poder ir poniendo todo al día.

¿Van a tirar de la bolsa de empleo?

Ahí tenemos una dificultad añadida, que es que la bolsa de empleo actual terminaba en el mes de junio y teníamos que haber hecho una convocatoria. El problema es que al no haber podido hacerlo debido a la situación epidemiológica, cuando hemos solicitado personal temporal la bolsa ya tiene tres años y está muy agotada, con gente que está trabajando ya, o no está interesada, o bien no cuenta con la cualificación y los requisitos necesarios, sobre todo para ciertos puestos. Por eso vamos a empezar con trabajadores temporales, sacando un proceso rápido fuera de la bolsa que nos permita poner al día el municipio lo más rápido posible después de estos tres meses, una vez incorporadas personas de bolsa de empleo. A pesar de eso, seguimos con falta de personal, porque todas aquellas personas que estaban en situación de riesgo y cuentan con una baja médica seguirán así hasta que su médico decida darles el alta, cuando corresponda. En este momento, por tanto, estamos con un 25-30% menos de la plantilla activa.

Durante el confinamiento, además, se ha incrementado mucho la cantidad de residuos domésticos, sobre todo los del contenedor amarillo…

Los envases, sobre todo. Y además, para mí ese es uno de los grandes problemas de hoy día. La pandemia nos ha ayudado, como empresa y como ciudadanos, a reflexionar muchas cosas, y la vida, al final, es lo más importante. Deberíamos poner en valor lo que significa la salud y lo que tenemos: poder respirar aire limpio, beber agua del grifo sabiendo que no está contaminada, disfrutar de la naturaleza… Una serie de cosas que damos por hechas pero que nuestro comportamiento como especie puede poner en peligro. El hecho de haber tenido que estar con una mascarilla sin estar seguros de si el aire que respirábamos nos podía matar debería hacernos conscientes de esa situación. El problema de los residuos es mucho más importante que la mera recogida de basuras. En los últimos 40 años se han producido más residuos que en toda la historia de la Humanidad: es un dato lo suficientemente importante como para darnos cuenta del problema que tenemos. Volviendo a polémicas como la de las sopladoras, mantener la ciudad limpia es una tarea de todos. Nosotros tenemos una responsabilidad, pero es complicado cuando pasas a recoger la basura todos los días y a los dos minutos ya hay diez bolsas de basura. En muchos países de Europa el camión de la basura pasa una vez a la semana y la ciudad está muchísimo más limpia. Es evidente que genera una incomodidad tener que sacar la basura a una hora determinada, pero es mucho más incómodo ver la ciudad sucia. Reciclar y separar también puede ser una incomodidad, pero si al final no podemos beber agua limpia o no sabemos si la comida está contaminada porque los animales han comido microplásticos o metales de las pilas que no hemos tirado donde debíamos, eso es mucho más peligroso. Quedarnos en casa con la pandemia ha sido incómodo, pero es mejor que tener muertes provocadas por el virus. Esa mentalidad es importante: una bolsa de basura que se tira en una papelera, en lugar de en un contenedor, es algo que ya no se recicla. Es verdad que se pagan impuestos y gracias a ellos tenemos que prestar un servicio de calidad, y tenemos planes para mejorar todo, pero hay que entender que como ciudadanos hacemos esfuerzos para muchas cosas, como pagar para que nos traigan la comida casa en una franja horaria o cuando haya disponibilidad, y entendemos que es así; y sin embargo queremos que todo esté limpio, poder bajar la basura a la hora que yo quiera, no separar la basura porque es un rollo, tener un montón de servicios municipales y que todo eso me cueste al año menos de lo que me cuesta una tele. Tenemos que ser conscientes y colaborar en reducir y separar los residuos, y desde Rivamadrid poner medidas para facilitar eso.

Una de las competencias de Rivamadrid es la limpieza de edificios públicos, entre ellos los colegios. ¿Cómo va a reorganizarse la empresa para hacer frente a esta tarea en la era ‘post-Covid’?

Todo ha cambiado. La pandemia ha demostrado la importancia de la limpieza, que antes estaba infravalorada socialmente. Durante la crisis se han incrementado los niveles de limpieza en todas las instalaciones, con personal permanente durante gran parte del día en edificios como la sede de la Policía Local, bibliotecas, lugares municipales con presencia de personas, polideportivos, y tendrá que verse en los colegios. Hay cierta incertidumbre, porque estamos pendientes de la normativa estatal a este respecto. Hemos planteado un incremento de la limpieza de aquí a septiembre y estamos pendientes de la nueva normativa para ver necesidades a partir de ese mes. Seguramente, en muchas instalaciones va a hacer falta mayor presencialidad. También entiendo que hará falta mayor implicación de todo el mundo en esa limpieza, porque por muchos recursos que destinemos no es posible desinfectar un libro cada vez que alguien lo toca; pero hará falta un incremento, seguramente no a los niveles que tenemos a día de hoy, con personal permanente, pero tendremos que adaptarnos. Y eso significa que habrá que destinar a esta tarea más recursos. Estamos echando cálculos con las distintas concejalías para tenerlo todo listo y preparado cuando se abran los colegios; ya se ha estado haciendo en las instalaciones que han abierto, con limpiezas con hipoclorito y un mantenimiento del servicios superior al que había.

Rivamadrid se encuentra en pleno proceso de elaboración de su plan estratégico. ¿Van a tener que modificarlo mucho tras la pandemia?

No creo. Lo tenemos ya bastante avanzado y está adecuado a las necesidades que podemos tener hoy en día. En él nos planteamos siete metas, de carácter interno y externo. Entre las primeras está la digitalización de la empresa, para sustituir todos los procedimientos manuales posibles por métodos que nos ayuden a ganar en eficiencia. Esa necesidad, incluso, se ha incrementado, por ejemplo, por el teletrabajo, y porque si vamos a necesitar más recursos para la limpieza, cuanto más los podamos medir con procesos digitales, más eficientes seremos: por ejemplo, en lugar de dedicar recursos a hacer partes de trabajo, dedicarlos al servicio al ciudadano, que es nuestra función. La segunda meta interna clara es la mejora del sentimiento de pertenencia, un cambio cultural dentro de la plantilla; una cultura más participativa, donde la plantilla participe cada vez más en las decisiones y se sienta responsable.Cuanto más implicada esté la plantilla, más eficiente será, y cuanto más participe, más rápido detectaremos las necesidades ciudadanas, en una situación de cambio y de incertidumbre: de esta forma, podremos adaptarnos muchísimo más rápido. Y la tercera meta interna es ganar en eficacia y eficiencia en los servicios, mejorando nuestras competencias. Eso implica una revisión de nuestros procesos de trabajo, que estamos en ello, para ver si hay cosas que podemos hacer mejor con menos recursos, desde la distribución de las rutas hasta la colaboración de jardinería con limpieza viaria, por ejemplo, para no duplicar esfuerzos.

¿Y cuales son las metas de cara a la ciudadanía?

Una es la prestación, posibilidad y estudio de nuevos servicios mediante municipalizaciones que puedan suponer una mejora de competitividad y ahorro al Ayuntamiento de Rivas. Por ejemplo, estamos estudiando si el vidrio, que ahora lo recoge Ecovidrio, podríamos recogerlo nosotros y compensar los costes con lo que nos pagaría Ecovidrio a la entrega del material. Esto mejora el servicio a la ciudadanía y si logramos hacerlo sin coste, mejor. Hay varios estudios de otras iniciativas en este sentido. El segundo, ir hacia la economía circular. Los residuos son el gran problema del siglo XXI, que tiene que ver con el mantenimiento de los ecosistemas porque ponen en riesgo la vida en el planeta. Ahora que con la Covid-19 se habla de hacer caso a los expertos, el 90% de los expertos a nivel mundial llevan años diciéndonos que hay que reducir los residuos y que el cambio climático es un problema para ya, no para dentro de 200 años; y a los jóvenes, niños y niñas no les estamos asegurando el futuro. Por eso, una de las cosas que hay que hacer es mejorar los sistemas de separación; un sistema de compostaje incorporando un quinto contenedor; mejorar la recogida separada también en la vía pública… Y aquí volvemos a insistir en que es necesario un gran compromiso social que implique a todos los actores políticos, sociales, empresariales, sindicales y a toda la ciudadanía. Nosotros vamos a poner los medios de aquí a 2023, y está en nuestro pan estratégico, pero necesitamos una colaboración para que esos proyectos funcionen. Hay que separar y además reducir lo que va al vertedero.

¿Va a llegar este año el quinto contenedor?

Cuando las cosas implican un cambio tanto en la empresa como en la ciudadanía, no pueden hacerse como elefante en cacharrería. Vamos a intentar arrancar este año con proyectos piloto, pero si no fuera posible por plazos, probablemente ese proyecto piloto estará a principios de 2021.

Jorge Rochet, gerente de Rivamadrid

Jorge Rochet, gerente de Rivamadrid (©Diario de Rivas)

¿Cómo van a conseguir reducir los vertidos de la ciudad?

La idea es que a vertedero, es decir, a enterrar, vaya lo mínimo, y principalmente sean residuos inertes. Eso se hace recogiendo de manera separada todo lo que se pueda: vidrio, envases, ropa, residuos peligrosos… La idea es que al vertedero lleguen solo inertes y en la mínima cantidad posible. Para eso habrá que reforzar la recogida y clasificar lo que se recoge. Ahí hay muchas medidas que se pueden poner en marcha y estamos estudiando, porque no se trata solo de poner un contenedor más en la calle, sino de que ese contenedor tiene que ser eficiente; hay que lograr que realmente el ciudadano solo eche lo que se puede echar ahí. Una pila en el contenedor de residuos orgánicos puede contaminar gravemente todo el producto, y además lo haría venenoso. Y luego queremos experimentar otras medidas, como las compostadoras comunitarias, proyectos piloto en colegios, estamos valorando comprar una trituradora para que la poda pueda dar estructura al compost, poder separar en eventos deportivos y culturales… Estamos estudiando medidas que nos permitan implantar un plan integral de residuos del municipio, porque queremos huir de medidas que queden bien pero realmente no sirvan para nada: queremos que todo sea útil, coherente y funcione, teniéndolo todo claro y estructurado. Si tú pones un quinto contenedor y al final solo el 30%, como pasa a veces en Madrid capital, es materia orgánica, ese contenedor no sirve para nada. Nosotros tenemos que poner un quinto contenedor que garantice que lo que hay ahí se utiliza realmente para compostar, para biogás o lo que sea. Eso requiere concienciación ciudadana y medidas por nuestra parte, si tiene que ser abierto o cerrado, si se recoge todos los días…, para equilibrar los recursos que hay que invertir con la efectividad de la medida. Y luego además de todo lo que tiene que ver con la separación y el reciclaje, nos parece fundamental, dentro de ese plan de la economía circular, la reutilización. Queremos ver si es posible que haya asociaciones que puedan reutilizar las cosas que otros tiran: no solo el reciclaje, sino que se reparen los muebles y se vendan; o a través del punto limpio. Esto tiene sus dificultades, porque tú puedes instalar un mercadillo en el punto limpio, pero tienes que garantizar que el que se lo lleva lo reutiliza, y no lo revende o deja la chatarra tirada en mitad del campo. Otra cuestión es la reducción de residuos: reducir implica un acuerdo con todos los actores económicos para que no den bolsas. No tiene sentido que en la carnicería te den una bandeja que tiras nada más llegar a casa: ha sido utilizada durante 25 minutos como mucho. La ciudadanía, igual que cuando ve que alguien no lleva una mascarilla y es consciente de que le va a generar un problema, cuando ve que en un establecimiento le ponen un plástico que no deben debe decir que no lo quiere. Y los propios establecimientos deben adquirir el compromiso de eliminar todos esos plásticos de un solo uso: reciclaje, reutilización y reducción. Todo eso requiere medidas impulsadas por el conjunto de la corporación municipal, no solo por Rivamadrid, y por toda la ciudadanía. Las estamos estudiando para poder hacer un gran pacto de ciudad en línea con lo que se ha trabajado en los foros locales.

¿Qué otros objetivos tiene Rivamadrid?

Queremos ser una organización mucho más centrada en el ciudadano. Creemos que lo somos, pero queremos mejorar, que toda la organización interiorice que todas nuestras actuaciones y decisiones deben enfocarse a crear valor a la ciudadanía, desde reorganizar nuestra web para poner los contenidos útiles para el ciudadano en primera línea como estudiar todas las reclamaciones que llegan, clasificarlas, ver cuáles podemos evitar antes de que se produzcan, cómo informar mejor… Hemos reducido el tiempo de respuesta a esas quejas ciudadanas: en 2020 estamos respondiendo prácticamente al 90% de las quejas en menos de 15 días, lo cual es un esfuerzo de gestión importante. Queremos hacer un estudio de experiencia del ciudadano, para ver cómo es su proceso de tirar los residuos, hablando con ellos y viendo cómo podemos mejorarlo y cómo volcamos nuestro trabajo hacia él. Y la última cuestión del plan estratégico es que Rivamadrid sea una referencia externa, no solo con medidas de residuos, etcétera, sino que todas esas medidas sean un referente de cara al ciudadano. Por eso estamos estudiando en todas estas áreas experiencias nacionales e internacionales, aplicando experiencias piloto en algunas cuestiones que nos permitan ser una referencia como empresa pública. Creo que eso puede lograr la valorización de lo público, que puede poner medidas en marcha mucho más allá que cualquier tipo de empresa. Así, tenemos una serie de certificaciones; en 2020 queremos certificarnos en el club de excelencia europea; y cada vez más participar de conocimientos y buenas prácticas de otras empresas del sector, tanto públicas como privadas, para poder incorporarnos a nuestra forma de trabajar. Estas son las ideas del plan estratégico, y desde la Covid-19, si algo ha cambiado, es que este plan hace más falta y más rápido.

¿Cuáles son los planes es de futuro para la planta de Ecohispánica?

Dentro de ese estudio del plan de economía circular y hacia vertidos 0 del municipio, habrá que darle un papel a la planta. Un papel que puede ser mantenerla, o no. En el último estudio que hicimos sobre la gestión de residuos de la ciudad se planteaban las distintas alternativas que tenemos para esa planta. Ahora, en el marco integral de todo lo que hay que hacer, veremos cuál es su eficiencia respecto a otras medidas. Es algo que quedará resuelto en esta legislatura pero hay que plantear con rigor, y presentaremos en su momento una propuesta con datos, argumentada y bien cimentada.

Acaban de relanzar BicinRivas. ¿Cuáles son las principales novedades?

Se ha hecho un relanzamiento del servicio de BicinRivas con el incremento del horario y la mejora de la aplicación. Detectamos una serie de deficiencias en el servicio y hemos estado trabajando para mejorarlo. Además, se ha mejorado la cualificación del personal que teníamos, la eficiencia en la reparación y sistemas de mantenimiento de las bicicletas, y se ha lanzado además con un incremento del horario que ha significado un esfuerzo en recursos. La idea es seguir ampliándolo y que en cuanto sea posible se pongan a disposición más bicicletas eléctricas y más bancadas para que sea más útil al acercarse a donde tenga que desplazarse la ciudadanía. Se están viendo los recursos necesarios para ello y, no tardando mucho, se sacará la licitación pública para ampliar el servicio.

El Desafío Rivas Recicla está a punto de terminar. ¿Cómo ha funcionado?

La experiencia ha sido positiva, porque configurar ese proyecto piloto que primero requirió configurar todo el sistema, ver cómo funcionaba la aplicación, ver a dónde llevaba el vecino la basura, pero una vez estructurado es positivo. Hemos incrementado los datos de reciclaje desde el año pasado. Respecto a la colaboración ciudadana, hay que destacar que Rivas es una ciudad muy comprometida con el reciclaje: reciclamos más que la media de la Comunidad de Madrid y que la media española. Hemos estado en un 75% de productos que deben estar en el contenedor amarillo frente al 60,4% de la Comunidad de Madrid y el 72% de la media española. El año pasado estábamos en un 69%, con lo que hemos subido seis puntos. No tenemos aún los datos cerrados de 2020 pero vemos que en estos meses se ha producido un incremento de los pesajes en el contenedor amarillo, por lo que creemos que es una buena iniciativa. Ahora, cuando termine el 30 de junio, haremos el análisis para ver lo que ha funcionando y lo que no, para poder continuar con esta u otras medidas que potencien el reciclaje. El comportamiento de la ciudadanía en este sentido es bastante ejemplar.

 

 

 

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