Rivas Vaciamadrid es un municipio que se ha forjado entre ríos. La fuerza del agua ha sido sinónimo de riqueza y de destrucción. Diario de Rivas narra la historia de las avenidas del Jarama y el Manzanares en el territorio que han cincelado la fisonomía de la zona.
Las avenidas e inundaciones de los ríos Jarama y Manzanares no son nuevas. Han sido un fenómeno recurrente en la historia de Rivas Vaciamadrid que ha marcado su evolución. Las fincas de ribera han tenido que admitir que el poder del río era una variable común que, si bien les traía riqueza y podía en parte controlarse a través de molinos como el de Vaciamadrid o el de los condes de Barajas o los caces de Ribas, El Negralejo, El Porcal o el Manzanares, también mantenía muy presente la destrucción de sus dominios.
La documentación es bastante clara al respecto (a medida que se acerca a nuestros días, es mucho más numerosa, lo que no prueba que el fenómeno fuera menos abundante en el pasado lejano), en los ciclos temporales húmedos, eran comunes las avenidas, fundamentalmente, alimentadas por lluvias torrenciales.
Risorios, molinos y puentes
La primera referencia que se conoce en Rivas Vaciamadrid es de 1489. Entonces, Jarama y Manzanares provocaron daños en los puentes y en el soto de El Porcal, por lo que los Reyes Católicos ordenaron realizar sisas para pagar las reparaciones pertinentes. Diez años más tarde, las constantes avenidas obligaban al Concejo a hacer una provisión de repartimiento de cien mil maravedíes para el reparo de las pesas de los risorios, molinos y puentes dañados desde Coslada en adelante. En 1523, la avenida fue de tal nivel que el río Jarama destrozó el puente de Viveros.
Medio siglo más tarde, Felipe II ordenó destinar madera para construir un puente con el que cruzar el río para facilitar su tránsito por tierra a Aranjuez desde su recién adquirida posesión en Vaciamadrid (hasta entonces, el paso se hacía en barcas). Sin embargo, 20 años después estaba impracticable porque el río había podrido la madera y la fuerza del agua lo había hecho caer. Así, el 12 de mayo de 1613, Thomas de Angulo, secretario de la Junta de Obras y Bosques, recomendaba al rey Felipe III que autorizara el gasto de mil ducados para reparar las estacadas y los cuadrales, proponiendo la instalación de cajones de piedra y la plantación de sauces en el cauce para que enraizaran y protegieran los jardines de la casa real de las avenidas del río que estaban arruinando la zona. En 1633, Madrid y Arganda pleiteaban para saber quién debía hacerse cargo del pago del dique y estacada en el río Jarama en la confluencia con Vaciamadrid, tras su destrucción por la fuerza del río.
En 1697, una crecida del río inundó la iglesia de San Marcos de Vaciamadrid, anegándola de barro, por lo que se propuso hacer una pared o una muralla terraplenada, y crear un portal delante de la puerta del edificio que evitase que se colase el agua. En 1714, se propuso trasladar la iglesia de San Marcos de Vaciamadrid de lugar ante las continuas avenidas del río, con cargo a los diezmos de Madrid y de Vallecas. Sin embargo, las resistencias de la capital dejaron el proyecto en punto muerto. Por desgracia, el 13 de junio de 1724, una gran tempestad inundó el templo, se comió los cimientos y rompió las paredes. El cura, Manuel Ariza, desnudo de cuerpo para abajo, entró en el edificio anegado para rescatar el Santísimo Sacramento y llevarlo a su casa.
«Salirse de madre»
El 23 de abril de 1790, una avenida del Jarama destruía los embarcaderos de la barca del Jarama entre Arganda y Vaciamadrid, por lo que se solicitaba una sisa al municipio argandeño. A finales de enero de 1816, se produjo una crecida en el río Jarama por las fuertes lluvias que afectó a la acequia del Jarama, procedente de Vaciamadrid. Un año más tarde, las tormentas del 15 y 16 de septiembre hicieron que el río anegara las casas de Vaciamadrid y malograra las viñas. El 22 de noviembre de 1818, se inauguró una pasarela de madera de diez vanos en el espacio que hoy es el puente de Arganda. Los ataques del río fueron socavando su estructura hasta que se desplomó el 13 de abril de 1831, después de la gran avenida que arrasó el sureste.
Del 4 al 9 de noviembre de 1819, las «exorbitantes lluvias», según los agentes de la Casa Real, provocaban que el río Jarama «saliese de madre» y extendiera sus inundaciones mucho más de lo que acostumbraba, causando daños en toda la vega. La década siguiente fue de cierta sequía, pues las crónicas hablan de la colocación de unas compuertas en el río para introducir el agua en el canal. Una fuerte tormenta a principios de septiembre de 1827 causó que se desprendiera del cerro del Dominado una masa de tierra y piedra que formó una isla en el río que no dejaba paso libre al agua por las compuertas. La intensidad de la crecida rompió la presa del rey, cuya estructura soportó en parte los embates del agua y salvó El Porcal de una total devastación.
Como decíamos, los días 21 y 22 de enero de 1831, la tormenta provocó una nueva avenida extraordinaria. El encargado de despacho de la mayordomía mayor del Real Sitio de Aranjuez, Francisco del Pino, narraba así los hechos: «La avenida ha sido tal que estos naturales aseguran no haberla visto mayor. Se han inundado la mayor parte de las vegas y sotos, habiendo perecido toda la caza, lo mismo que la del Tembleque, en el que se arruinaron también las casas construidas en su nueva planta por su arrendador José Arroyo. Las aguas subieron más de una vara sobre el camino real de Aranjuez a la inmediación de las huertas del resto… Las siembras quedan en parte sepultadas entre légamos. El río ha vuelto a su casa, y a pesar de que el tiempo amenaza lluvia, siempre que las nieves de los puertos no se deshagan con la prontitud que se ha verificado, no debemos recelar otras avenidas tan terribles. Estoy dedicado al desagüe de algunas tierras, cuyas aguas han quedado embalsadas sin otro objeto que ver si pueden aprovecharse las siembras y si en el interin alguna cosa de nuevo ocurriese…». De tal modo, se elevó un informe al rey para construir malecones en zonas más altas del río (es decir, en la linde con Vaciamadrid) por valor de 53.000 reales para evitar que las crecidas destruyeran la acequia de Aranjuez.
Destrucción del estribo de la presa
El 21 y 22 de enero de 1834, las lluvias provocaban una nueva crecida que arruinaba la extracción de arenas, destruía algunos plantíos de frutos verdes de particulares y ahogaba casi toda la caza. Para facilitar el paso seguro ante un río tan traicionero, en 1840, se comenzó a construir un puente colgante de hierro colado en Vaciamadrid que soportase el ímpetu del curso de agua. En estas circunstancias, el 21 de septiembre de 1841, el río atacó con tanta fuerza que destruyó sotos, arrancó terrenos y convirtió algunas zonas en guijarrales. El 31 de octubre de 1843, se terminaron las obras de un nuevo puente de Arganda, bajo diseño del ingeniero José María de Lerma. El 26 de noviembre de 1853, la fuerza del agua en una crecida destruyó el estribo de la presa del rey y socavó parte de la estructura de la misma, amenazando la Real Acequia y obligando a invertir en obras urgentes. Y, cinco años más tarde, el 1 de octubre de 1858, una de las pilas de soporte del puente de Arganda se hundió por idéntico motivo.
En abril de 1884, el Manzanares sufrió una crecida, momento en que se empezaba a hablar en Vaciamadrid de construir un nuevo puente. Once años más tarde, el Jarama tuvo otra crecida extraordinaria que obligó a parar las líneas de tren a su paso por Vaciamadrid. En 1900, otra riada, esta vez del Jarama, alcanzó los cinco metros y obligó a hacer transbordos en los trenes a su paso por Vaciamadrid. Del 26 al 28 de febrero de 1902, una gran avenida del Jarama arrasó las obras de modernización de la Real Acequia, destruyó huertos y molinos harineros junto al río. El proyecto de puente de Arganda, se concretó en febrero de 1905, cuando la Dirección General de Obras Públicas sacó a subasta la construcción del elevado. Se hizo con el contrato Manuel Victoria de Lecea, que concluyó los trabajos el 12 de diciembre de 1910. En ese ejercicio, las lluvias provocaron un fuerte torrente que hizo estragos en Madrid y se llevó por delante el puente provisional de madera de la carretera de Madrid a Castellón. Anegó casetas de obreros del ferrocarril, dañó fincas e inundó más de un kilómetro cuadrado, fenómeno nunca visto en la comarca. En 1917, hubo otra crecida desde el Manzanares que inundó las praderas del río durante días. El ‘aprendiz de río’ mostró su fuerza en 1906 llevándose por delante varios puentes de Madrid e impactando con fuerza en la entrada del término de Vaciamadrid.
En 1912, la crecida jarameña fue la más violenta que recordaban los vecinos de la zona. Arrastró la Barca de Mejorada, dejando sin comunicación toda la zona noreste, se inundaron las casas de los guardas de las fincas y la fábrica de yeso de La Sopeña. Los vecinos fueron desalojados o quedaron aislados en los pisos superiores de sus casas. Los sotos se convirtieron en lagunas temporales. El Manzanares también cursó destrozos en todo su cauce a su paso por la capital hasta Vaciamadrid. El 21 de agosto de ese mismo año, el notario Calisto García Lablanca levantaba acta de la protocotización de la presa del rey, señalando que las crecidas provocaban que el agua del Jarama saltase por encima del dique vaciamadrileño. Ese mismo año, el industrial Manuel Suardíaz, propietario de la finca de El Porcal, hizo defensas para preservar la finca de las crecidas del río. A pesar de ellas, las riadas de 1914 y 1947 anegaron la finca y hubo que evacuarla. En 1936, la crecida fue tal que el Manzanares estuvo a punto de superar el nivel del puente del Rey y llegó embravecido hasta Vaciamadrid. En 1946, Manuel Rodríguez Acosta obtuvo autorización gubernativa para ejecutar las obras de defensa de la finca de El Piúl ante las acometidas del río Jarama. El 5 de marzo de 1947 también hubo una riada que devastó Madrid, por lo que los vecinos que vivían junto al puente de Arganda pidieron la construcción de defensas ante la fuerza del agua. También atacó la naturaleza en 1960 y 1966. El 24 de junio de 1995, las aguas del Manzanares inundaron la M-30 y arrasaron la linde entre la capital y Rivas Vaciamadrid. También, en 2006, 2008 y 2019. El último episodio de destrozos ocasionados por los ríos se produjo en octubre de 2023, cuando las lluvias torrenciales y la apertura de las exclusas del Manzanares en Madrid hicieron que el cauce fluvial arrasaran el Soto de las Juntas, provocando desmontes de varios metros de altura.
Bibliografía y webgrafía:
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NEGACIONISMO CLIMATICO
El término «negacionista climático» es utilizado por toda la «izquierda-climática» que antes era comunista y ahora reconvertida, para la persecución del «disidente» que por ahora no está recluido en algún «gulag» , previo paso por alguna «cheka-climática» , todo se andará.
Este interesantísimo artículo solo refleja la realidad de acontecimientos vividos en España y en particular en Madrid, en relación con las diversas inundaciones del Manzanares a lo largo de la historia.
En particular desde el siglo XV tenemos referencias al respecto y de modo coloquial podemos concluir que estas inundaciones no fueron debidas a alteraciones del clima por causas «antropogénicas» , es decir, por la acción del hombre , como consecuencia del desarrollo industrial.
La teoría del «cambio climático» iniciado por este organismo perfectamente inútil que es la ONU y avalado por el IPCC , como consecuencia del aumento del CO2 como origen del «calentamiento global», es solo la «excusa» de la oligarquía política , que esencialmente es comunista para otra vez «planificar la vida ajena»,
Europa es el vértice de esta «montaña climática» como referencia de la «salvación de la humanidad » que nos conducirá al declive de nuestra «civilización occidental» para erradicar la libertad individual primero y democrática al final.
La «agenda urbana 2030» de nuestro Ayuntamiento es fiel reflejo ,y con «decretos autárquicos» , nos quieren imponer la «nueva dictadura progresista», sustituyendo un «generalísimo» por otro, eso si, «sostenible».
Reconozco ser un «negacionista» pero de la nueva «dictadura» municipal y nacional , además de «revolucionario» de la ahora cruzada por la libertad.
Un saludo
Sabiendo esa historia de inundaciones de este nuestro Ayuntamiento.
Quien es el lucido que construyó el centro de interpretación, a ka orilla de la laguna del campillo.
Me imagino que se le pedirá responsabilidades.
O lo pagamos los contribuyentes?
Ese centro llevaba ahí 25 años y nunca había pasado nada relevante. Además pertenece a la Comunidad de Madrid, el ayuntamiento poco tiene que ver.
El problema no ha sido la laguna en sí (la fábrica de vigas también está muy cerca de la orilla y se ha salvado), sino que el río ha entrado en la laguna por la zona por donde se bifurca el camino para ir al puente verde, que está algo retirado del centro y el agua ha ido pasando por donde ha querido y ha pillado al centro en todo el medio. La «suerte» es que el agua ha reventado el camino por otra zona para encontrar la salida, que si no lo hubiera hecho sí que se podría haber inundado todo más, incluso llegando a las fincas de vacas que hay al otro lado del río, la carretera, etc.
Ahora no sólo hay que reconstruir el centro, ya que el agua llega mucho más arriba que en la imagen, también hay que reconstruir los caminos y volver a empezar todos los proyectos que estaban realizando desde hace un año para mejorar la zona.