María Antonia Quesada, autora de ‘Tres citas en Davos’: «Por encima del poder político está el poder económico»

por | Jun 3, 2024 | 0 Comentarios

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La escritora y periodista María Antonia Quesada, que visitó Rivas el año pasado para presentar ‘El ingenio de los mediocres’, regresa a las librerías con su nueva novela, ‘Tres citas en Davos‘ (Olé Libros). Una historia, casi una novela negra, que se adentra en la trastienda de las élites financieras que provocaron la gran crisis de 2008. Un momento en el que quienes manejaban los hilos de la economía mundial sintieron cómo la tierra se movía bajo sus pies, cuando los actos que habían llevado a cabo durante décadas comenzaban a desencadenar consecuencias impredecibles. La ambición y el poder oculto salen a la luz en esta trama que pone al descubierto los pensamientos y motivaciones de quienes acostumbran a actuar con total impunidad para conseguir sus objetivos.

¿Qué supone ‘Tres citas en Davos’ en tu trayectoria como novelista?

Un escalón más; un escalón importante. Como escritora, siempre persigo ofrecer algo mejor en términos literarios. ‘Tres citas en Davos’ forma, junto con ‘El ingenio de los mediocres’ e ‘Inventario de otoño’, una trilogía, no en el sentido de que sea una saga, sino que las tres novelas tienen un elemento común. Estudian el devenir de una cierta generación, más o menos la mía, la que en los años 70 y 80 éramos jóvenes, participamos de la transición, y cómo hemos ido evolucionando. En ‘Inventario de otoño’ vemos a los profesionales; ‘El ingenio de los mediocres’ es una historia de familia y de empresarios, y aquí, en ‘Tres citas en Davos’, vemos el mundo de las finanzas. Las tres tienen también en común la visión económica. Esto suele asustar mucho a los lectores, pero que una novela se encuadre dentro de un mundo económico o financiero no significa ni que sea incomprensible, ni que renuncie a ser una novela, porque una novela la hacen sus personajes, su argumento y la creación literaria, es decir, la forma en que está escrita. Si alguno de esos tres elementos falla, nos falla la novela.

¿Qué papel juegan los personajes?

Los personajes son troncales, es decir, son los que dan vida y hacen que los lectores los reconozca por su forma de ser, por las actitudes que toman; son los que de repente provocan un argumento, un pensamiento… Y evidentemente todo eso no funciona sin la creación literaria. Uno puede tener una idea de un cuadro muy bonita, pero si no entiende de dibujo ni de color, nunca podrá conseguir una creación artística. Y con la música lo vemos también: no es lo mismo un violinista que otro, un pianista, un director de orquesta que otro, ya que, aunque toquen la misma pieza, le dan su propia impronta y creatividad. Recalco esto porque parece que nos estamos olvidando de que la literatura es literatura, no un producto comercial. No está reñido que un libro se venda mucho porque guste a mucha gente, pero tenemos una obligación de calidad, de crear arte.

La temática de ‘Tres citas en Davos’ se enmarca en la gran crisis financiera que hubo hace unos años, y muestra la trastienda de esa crisis de la que se hablaba en los telediarios y que impactó en las vidas de la gente…

En los últimos años hemos vivido el terrorismo de los atentados de las torres gemelas y los trenes de Atocha y una crisis económica brutal, brutal, como no habíamos conocido antes, o por lo menos desde el año 1929. Junto a la pandemia, esos han sido los acontecimientos que han marcado este principio de siglo. Y a mí me parecía que había que hablar de ello. ¿Quiénes son esas personas que promovieron esa crisis? ¿Qué pasó con ellos? Sarkozy llegó a decir que aquello era el fin de los paraísos fiscales, pero no hace falta leer mi novela para ver que estos sigue pasando. 

Y sin embargo hubo un momento en que quienes promovieron la crisis y actuaban de manera impune tuvieron miedo…

La novela precisamente comienza cuando al protagonista le tiembla el mundo bajo los pies. Esta es una historia de ambición de poder, pero de verdadero poder, mucho más allá del poder político. Por encima del poder político está el poder económico. No quiero decir que la democracia no exista, ni que los gobiernos no puedan marcar su impronta. Pero cuando alguien llega al poder se da cuenta de que hay muchas cortapisas, de que hay cosas que se quieren hacer, pero tienes que elegir entre dos males, el menor de ellos. Y tienes que enfrentarte a cárteles, a gente que se lleva el dinero de su país, a gente que lo blanquea. En nuestra generación teníamos claro que los impuestos sirven para los servicios públicos: es bueno pagar impuestos. Ahora cualquier persona habla mal de los impuestos. Tenemos que pensar qué estamos haciendo, porque la verdadera carta de ciudadanía la da el hecho de pagar impuestos, y eso debería hacernos sentir a todos muy orgullosos. Pero con esta novela he tenido que contenerme. Los periodistas vemos cosas que a veces no podemos contar, porque para poder contarlas tendríamos que tener hechos, pruebas, y no siempre es así. Pero sabemos que existen, y la literatura nos da la licencia para hablar de ellas. Por ejemplo, de bancos que se compran para blanquear pérdidas y no pagar impuestos en España, o de personas cuya máxima es conseguir el poder. Para las que cualquier herramienta está al servicio de esa ambición. Que se creen por encima de los demás y no se detienen en consideraciones. Todo eso parece ciencia ficción, pero yo lo que quiero es bajar al terreno de la realidad.

En esta novela hay un personaje que es el protagonista, un tiburón financiero que se mueve en las altas esferas internacionales. Pero luego hay una serie de mujeres que, como has comentado en alguna ocasión, son espejos en los que se va reflejando.

Esa es la técnica que he utilizado: ellas nos van dando la calidad y la cualidad de ese personaje. Cada una de ellas nos va a dar explicación de por qué es así, cómo han contribuido determinados ambientes o ellas mismas a construir ese carácter, o han frenado la actuación y la evolución de este hombre. Y analizo el papel que jugamos las mujeres en un mundo terriblemente masculino. Hay muchos hombres muy respetables y a los que admiro mucho, pero algunos hombres que se mueven en esos ambientes casposos, rancios, aunque lleven trajes de muchos miles de euros, aunque parezca que lo tienen todo, son los que en cierta forma se han cargado el mundo al que nosotros aspirábamos. Son un peligro para la democracia. No juegan limpio; tienen las cartas marcadas. Lo que he intentado es ver qué se cuece en esa trastienda del sector financiero, y lo digo en la contraportada de la novela, y me di cuenta de que casi estaba escribiendo una novela negra. En esta novela no hay asesinatos, pero sí hay muchos cadáveres. Y además me parecía muy importante ver qué había sucedido años después de la crisis. Los lectores juzgarán si lo he conseguido, pero ese era mi propósito.

María Antonia Quesada, autora de 'Tres citas en Davos' (foto: Maite Cabrerizo)
María Antonia Quesada, autora de ‘Tres citas en Davos’ (foto: Maite Cabrerizo)

La novela comienza con ese miedo al que el protagonista no está acostumbrado, pero luego hay un salto hacia adelante… Y las cosas, en esos mundos de las altas esferas financieras, no han cambiado mucho.

Pues sí, las cosas siguieron exactamente igual. Y entonces hay que preguntarse: ¿no aprendemos nada? Muchos de los males que generaron aquella crisis permanecen e incluso en algunos aspectos hemos ido a peor: a algunas generaciones les han fastidiado la vida. Y esas generaciones lo que tienen que hacer es luchar, como luchamos las anteriores generaciones; arriesgarse a meter la pata como nos arriesgamos los demás a meter la pata. Mi generación venía de una situación muy mala, así que solo podía ir a mejor. Había ilusión; íbamos a cambiar el mundo de verdad, y en determinados momentos sentimos que habíamos conseguido cambiarlo. Aunque no lo hicimos todo tan bien; se hizo lo que se pudo.

Al final, cada generación hace lo que puede…

Claro. Lo que pasa que lo que nos hemos olvidado de que la democracia no es una cosa que dices: ‘Toma, ya la tienes’, y ahí se queda. La democracia hay que trabajarla, renovarla. Y siempre que hablo de este libro surgen estos temas. Dentro de la novela hay historias de abuso,de utilización del matrimonio, mujeres que se han visto abocadas a una determinada vida y otras que son como una carga de profundidad, porque todas tenemos nuestros matices.

¿Cómo es la mujer antagonista?

Es un personaje difícil, pero precioso, porque está lleno de contradicciones. Es una persona que ha querido salir adelante y se da cuenta de que a veces ha emprendido una carrera demasiado alocada, que se ha equivocado, que tenía instrumentos y herramientas para haber hecho las cosas de otra forma y las ha hecho mal. Pero se da cuenta. Y es un personaje que nos ofrece esperanza: no sabemos si colectivamente, pero individualmente se va saliendo. Y para que se pueda salir colectivamente adelante, tiene que haber muchos individuos que mantengan esa llamita.

Esta novela comienza con un episodio impactante, y engancha al lector desde el principio…

Ese episodio es el desencadenante, y se produce cuando los dos personajes, protagonista y antagonista, están en su momento de mayor vulnerabilidad. Los dos se van a equivocar terriblemente, y eso determina lo que va a suceder en el futuro.

¿Se puede hacer una analogía entre la crisis y sus consecuencias posteriores, por un lado, y entre la vida de esos personajes y lo que les pasa a futuro?

Para unos fue bien y para otros mal. Hay cadáveres por el camino. No son asesinos en el sentido literal de la palabra, pero la ambición no pone reparos en nada. Conseguir un objetivo es lo prioritario. El fin justifica los medios, y es una máxima que siguen a rajatabla: les da lo mismo quien caiga por el camino. No creo que sean personajes felices. Si vamos analizando la evolución del protagonista, de sus amigos, sí, va consiguiendo lo que quiere, pero ¿cuántos momentos de felicidad genuina hay en su vida? 

Satisfacción sí hay, pero eso es otra cosa.

Y además ese tipo de satisfacción es insaciable; es como una droga. El poder es una droga, la ambición es una droga; necesitas más y más y no te conformas con nada. Los lectores aquí van a encontrarse con la trastienda de una crisis que nadie entendió muy bien, más allá de sus consecuencias.

La novela describe qué hay detrás de palabras como ‘especulación’, ‘blanqueo de capitales’…

Sabemos lo que es el concepto, pero ¿cómo se hace eso? ¿Qué sienten las personas que están haciendo eso? ¿Sienten que están haciendo algo éticamente reprobable o lo consideran normal? ¿Cuál es la ética que los mueve? Porque, ojo, ellos sí consideran que tienen una ética. Es su ética, y ahí está la cuestión. Las novelas tienen que hacernos pasar un buen rato, pero también nos tienen que aportar algo: no sé si dudas o preguntas,o un conocimiento más profundo de determinados temas. Y provocar una reflexión sobre en qué parte del mundo vivimos, y qué parte de responsabilidad tenemos cada uno.

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María Antonia Quesada visitará dos días la Feria del Libro de Madrid. El miércoles 5 de junio estará de 19 a 21 horas en la caseta de la librería Cervantes y Compañía (bloque 16, caseta 93), y el viernes 14 de junio hará lo propio en la caseta de la librería Taiga (bloque 24B, caseta 327), de 12 a 14 horas.

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