Los olivares de Rivas

por | Nov 25, 2024 | 1 Comentario

OPINIÓN

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Juanma del Castillo

Periodista

No se trata del nombre de ninguna nueva urbanización, solo pretendo que tomemos consciencia de la enorme riqueza que tenemos en nuestra ciudad y la infrautilización a la que está sometida.

Estamos en tiempo de recogida de la aceituna, hasta ahora se recogen las que están ya maduras, pero aún están verdes. Son las que se utilizan para comerlas como aperitivo, en ensaladas u otros platos de mesa.

Cuando las aceitunas se ponen negras, es el momento de la recogida para su prensado y obtención del aceite (así ha sido tradicionalmente), ese oro líquido tan apreciado durante toda la vida, pero últimamente tan caro. Hay algunas personas que disponen de pequeñas prensas caseras, y que saben o se estudian cómo obtener el líquido dorado tan rico para comer en crudo o en los guisos. En ellas prensan su pequeña cosecha. Pero normalmente, si la cantidad de aceitunas obtenidas es suficiente, se lleva a las almazaras, allí lo prensan y nos entregan el aceite obtenido. El trabajo se paga, bien con dinero o con una parte del producto resultante. Así se hacía tradicionalmente.

Las que se llaman ‘aceitunas de mesa’ se suelen ‘rajar’, hacer varios cortes alrededor, a mano o con un útil preparado para ello y luego se ponen en agua. Después de varios lavados, se les va quitando el amargor, y a gusto de quien las va a consumir, se procede a su aliño. El más sencillo es echarles simplemente un poco de sal y comerlas. Pero hay múltiples maneras de aliñarlas, al menos unas cuantas por región, pero se podría decir que una por familia, porque en cada casa las preparan con su estilo propio.

Otra forma de tratarlas es como lo hacía mi padre: en una vasija de cristal o de barro vitrificada, echaba una cebolla partida en dos mitades, una o dos cabezas de ajos sin pelar y con un pequeño corte en cada uno de los dientes y un ramillete de tomillo salsero. Encima ponía las aceitunas, echaba dos o tres
puñados de sal y llenaba el recipiente de agua hasta el borde, lo cerraba herméticamente y lo dejaba reposar durante un año. Sacaba las aceitunas ya curadas, cuando tenía que meter las del año siguiente.

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De todas las maneras, las aceitunas son un delicioso manjar.

Rivas dispone de varios olivares, sobre todo en la zona de La Partija, el barrio de La Luna, la Zona de la Cañada…, y muchísimos olivos que decoran rotondas, medianas, parterres exteriores a las viviendas, etc. En casi todos los casos desaprovechados, y el suelo debajo de ellos, completamente lleno de aceitunas sin ninguna utilidad.

No es la primera vez que lo veo, pero hace unos días, en el olivar de La Partija, había bastantes hombres y mujeres vareando los olivos y recogiendo las aceitunas del suelo, tenían varios sacos llenos. Creo que todas y todos eran árabes. Pensé “qué bien, alguien las va a aprovechar”.

Hace unos años, sé que se puso en marcha un programa para los colegios públicos que lo solicitaban, para que los niños y niñas pudieran acudir al olivar, ver cómo se varea el fruto y después asistir al prensado en la almazara, incluso les regalaban un pequeño botellín de aceite a cada uno. Me parece un buen planteamiento para que los más pequeños aprendan de dónde viene ese producto tan apreciado en la cocina. Si experiencia tan didáctica se ha dejado de hacer ¿por qué no se recupera?

Pero se me ocurre alguna otra propuesta: quizá desde la concejalía de Medio Ambiente, desde la empresa pública Rivamadrid o desde donde corresponda, se podría lanzar una iniciativa, para que todos aquellos vecinos o vecinas, que quisieran inscribirse, en la época de recogida acudan al olivar y, con ayuda de los empleados municipales, vareen y recojan las aceitunas de los olivos que les hayan sido asignados; después los usarán para ‘agua’, para ‘aceite’ o lo que ellos quieran, pero, además de ser una actividad didáctica, el fruto no se perderá.

Eso mismo, se puede hacer con otro montón de árboles que adornan nuestros jardines públicos y cuyos frutos también se pierden, excepto los que cogen los vecinos y vecinas, a riesgo de hacerse daño, entorpecer la circulación cuando están en las medianas, o consumirlos sin el debido tratamiento. Esto lo he visto en los prunos de algunas calles, moreras, cerezos, madroños, etc.

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1 Comentario
  1. SI MI ALMA LO SABE….

    Juanma: soy mas de pueblo que las amapolas , hijo de ganadero y los romeros median mas que yo cuando ya los pateaba arreando ovejas.

    Desde la ciudad se van las cosas «fáciles» o dicho de otro modo como las películas de Disney , son «resilientes» «ecológicas», «de genero» , «sostenibles» en fin, Alicia en el País de las Maravillas o mejor dicho «todo muy guay».

    Tradicionalmente como bien dices se aliñaban aceitunas y berenjenas y se hacía la matanza y se mataba al cordero , hacíamos chorizos y morcillas y hasta el pollo de corral sucumbía al puchero , nos comíamos las liebres los conejos , el jabalí y hasta los gorriones.

    Juanma: por suerte vivimos en otro mundo mejor, no pretendas que volvamos , no queremos volver, yo no quiero volver a esos sacrificios , a pasar frío y calor para poder recolectar y sobrevivir, ahora lo hacen las máquinas y los pollos se crían en naves automatizadas.

    En la actualidad ni siquiera en los pueblos casi nadie «aliña aceitunas» , al menos en el mío, por fortuna ya disponen de lo suficiente para comprarlas y el aceite y el cerdo y todo lo necesario.

    Invito a todos aquellos que quieran «recolectar» aceitunas que vengan a mi tierra conquense una mañana , de esas de helarse hasta la sangre, pero no un rato sino todo el día. La mayoría no vuelven a ir nunca….Mejor compro el aceite en Mercadona , dirían.

    La gente de campo tiene la buena costumbre de «no coger nada que no es suyo», y lo digo Juanma porque las aceitunas que dices recogían tienen dueño y hay que «pedir permiso» y me da igual que sean árabes o cristianos y te aseguro que las aceitunas recolectadas en ese olivar han ido a la venta y nadie las ha triturado en su casa para hacer aceite .

    Yo entiendo a los «urbanitas» que aman el campo sus cosas y sus gentes, pero la realidad es otra , la realidad es que el campo se muere que los pueblos se quedan desiertos, al fin los burócratas de Bruselas y los comunistas-ecologistas han acabado con nosotros, pero todo sea por el «cambio climático» y «la restauración de la naturaleza» o «las energías sostenibles» o el maldito CO2.

    Y si mi alma lo sabe me quedo con la aceituna del olivar….

    Un saludo

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