Más de 500 personas participaron en la sexta edición de la San Ripense celebrada este domingo. Los alrededores del Miguel Ríos se llenaron de deportistas en una carrera en la que los corredores mejor disfrazados también obtienen un reconocimiento.
La San Ripense cumple seis ediciones, convirtiéndose en su corta trayectoria en una tradición navideña más. A pesar de la fría mañana, en torno a 550 personas acudieron a retirar sus dorsales al interior del auditorio Miguel Ríos, en cuya platea se instalaron tanto la línea de salida como de meta.
A las 11:30, los deportistas comenzaban a correr, recorriendo los alrededores del auditorio en un trayecto similar al de otras muchas carreras celebradas a lo largo del año. Sin embargo, esta prueba es muy diferente al resto, ya que en ella se pueden apreciar gorros de Papá Noel y todo tipo de disfraces relacionados con la Navidad.
La San Ripense no solo premia a los corredores y corredoras más rápidos, sino que reserva trofeos para el grupo de corredores más numeroso de la edición y para los mejores disfraces, que este año reconocieron a un grupo de deportistas caracterizados como dulces navideños.
En lo deportivo, se planteó un circuito de 4,2 kilómetros de extensión que los corredores pudieron elegir recorrer una o dos veces, dando lugar a un segundo itinerario de 8,4 kilómetros. Todos los participantes, independientemente de su categoría o marca recibieron una medalla conmemorativa.
Tras la entrega de trofeos, protagonizada por la alcaldesa Aída Castillejo y los concejales José Luis Alfaro y Pilar Gabina, se procedió con las pruebas infantiles, aunque también se permitió la participación de niños y niñas en la carrera principal.
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