Hay algo que muchas personas empezamos a notar al aproximarnos a los 40 años que nos hace pensar inmediatamente en nuestros padres: la mayoría, con 60 años, veinte más que nosotros, seguía leyendo el periodico sin demasiadas complicaciones. ¿Usaban gafas algunos? Sí, por supuesto. Pero su relación con la visión parecía más sencilla y estable. Es inevitable pensar que tenían la vista más eficaz que nosotros a la misma edad.
La forma en la que usamos nuestros ojos, que ha cambiado radicalmente en una sola generación, hace que tengamos la vista más cansada que nuestros padres si comparamos los 40 años de cada generación. “Nuestros padres no vivían rodeados de pantallas. No cambiaban constantemente entre móvil, ordenador, pantalla del coche, tablet… Su visión funcionaba durante más tiempo enfocada en distancias similares y en un entorno más estable. Sin embargo, hoy, nuestros ojos trabajan desde muy jóvenes de manera frenética, alternando diferentes distancias de trabajo constantemente”, argumenta Mari Ángeles Muñoz, fundadora y directora de Atenea Optometría.
Muñoz incide en que, por todo lo expuesto, nuestra vista está sometida “a un esfuerzo silencioso y acumulativo” que explica por qué muchas personas adultas sienten que sus padres veían mejor a su edad. “Somos muchos, yo incluida, los que sentimos los ojos cansados más de lo que nuestros padres los sentían a esa misma edad. Y no es una percepción, ni tampoco es casualidad”, asegura la óptico optometrista.
A medida que nos acercamos a los 40 años, o poco después de superarlos, aparecen pequeños síntomas en nuestra vista. “Se empiezan a notar pequeños cambios como alargar un poquito el brazo para leer un mensaje, buscar más intensidad de luz, se nota la visión menos cómoda que antes aunque sigamos viendo relativamente bien”, cuenta Mari Ángeles Muñoz. Todo esto, subraya la experta, “es normal que ocurra, pero no tenemos que estar incómodos con nuestra visión”.

Uno de los grandes avances en los últimos años en el ámbito del cuidado de la vista ha sido comprender que “no todo el mundo necesita lo mismo, ya que cada persona utiliza su visión de forma diferente”, asegura Mari Ángeles Muñoz.
La directora de Atenea Optometría pone el ejemplo de las personas que trabajan muchas horas frente a un ordenador, que suelen notar cansancio, tensión e incluso dolor de cabeza. “En estos casos existen lentes especialmente diseñadas para trabajar con ordenador que permiten una postura natural, reducen el esfuerzo de enfoque y mejoran el confort durante la jornada”, dice Muñoz, que incide en el objetivo concreto que tienen estas personas: “No es ver mejor, sino acabar el día menos cansado visualmente y con menos fatiga”.
Es muy distinto el problema que enfrentan hacia los 40 años las personas que no ven bien de cerca. “Otras personas, entre las que me incluyo, ven bien de lejos, pero están incómodas de cerca. Es una de las situaciones más habituales desde los 35 años o alrededor”, apunta Mari Ángeles Muñoz. La óptico optometrista explica que para esta casuística “existen lentes específicas que nos permiten ver bien de lejos y recuperar el enfoque de cerca de forma más relajada y amable, evitando el esfuerzo continuo que realizamos casi sin darnos cuenta pero que nos sobrecarga al final del día”.
Una tercera situación que se da a menudo es la de aquellas personas que necesitan ver bien a varias distancias a lo largo de la misma jornada. Para conducir, mirar el móvil, leer, hablar con alguien, leer la carta de un restaurante, ver la televisión, el ordenador, etcétera. Para estas personas también existe una solución en el mercado, cuenta Mari Ángeles Muñoz. “Cuando la visión necesita adaptarse constantemente, existen lentes que integran varias distancias y potencias en una sola lente. Esto evita poner y quitar las gafas todo el rato, y permiten una visión más fluida y natural”.
Lentes progresivas personalizadas: ya no son como antes

En definitiva, y esto es lo que muchas personas a partir de 40 años todavía no saben, las lentes progresivas ya no son como antes. “La tecnología ha evolucionado. Hoy se diseñan teniendo en cuenta cómo mira cada persona, cómo se mueve y cómo usa su visión en la vida real, lo que da lugar a lentes progresivas personalizadas con adaptación mucho más cómoda y natural. Y sobre todo, permite recuperar algo que muchas personas no se dan cuenta que pierden, la comodidad visual”, indica Mari Ángeles Muñoz.
Con la solución adecuada, la vista deja de ser un hándicap hacia los 40 años. “Nos acostumbramos a ver sin esfuerzo, pero buscando la solución adecuada encontramos el bienestar y la visión deja de ser algo en lo que hay que pensar. Al final la diferencia no está en nuestra edad, sino en cómo estamos viendo el mundo y si podría mejorar”, concluye Mari Ángeles Muñoz.
En Atenea Optometría, el centro de referencia en Rivas en todo lo que tiene que ver con el cuidado de la vista, incluida la terapia visual, su equipo de profesionales cualificados realiza exámenes visuales personalizados y avanzados. “En ellos, entre otros detalles importantes, también miramos fondo de ojo y presión intraocular. y si lo necesitas buscamos la mejor solución visual según tu tipo de vida y necesidades. No dejes que tu visión te limite”, concluye Mari Ángeles Muñoz.

Atenea Optometría

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