Armando Rodríguez Vallina, fundador de Covibar, presentó este viernes su último libro ‘Hallaré un camino. De la posguerra al exilio y la democracia’, que narra sus memorias desde la infancia, marcada por la dictadura, hasta su compromiso con el cooperativismo y el desarrollo del barrio. El acto, celebrado en Rivas Vaciamadrid, en el Centro Social que lleva su nombre, reunió a decenas de personas.
Durante la apertura, el presidente de la Cooperativa de Covibar, José Jorge García, subrayó el carácter simbólico de la cita. “Más allá de una obra literaria, es testimonio de una vida atravesada por algunos de los momentos más duros de la historia reciente: la guerra, la represión, la clandestinidad, el exilio, pero también la esperanza y la lucha por la democracia”, señaló.
Por su parte, la alcaldesa de Rivas Vaciamadrid, Aída Castillejo, reivindicó el legado colectivo vinculado a Covibar: “Estamos hechos de una pasta especial, una pasta que habla de lucha vecinal, de conquistas, de solidaridad, de compromiso”.
Castillejo puso el foco en el valor testimonial del libro. “El libro cuenta a corazón abierto las conversaciones que mantenían los padres con sus hijos sobre el peligro que corría en sus vidas y cómo era crecer en un entorno marcado por el miedo, la pobreza y la represión”.
En ese sentido, Castillejo destacó que la obra permite observar “a una familia en su más profunda intimidad”, así como entender la clandestinidad, las redes de apoyo, el dilema entre la cárcel o el exilio y la esperanza.
“Cuando una lee todo este libro en conjunto se da cuenta de por qué Armando soñó un Covibar así, porque viene de eso, de la esencia de una familia comprometida con la libertad y de cómo fue creciendo hasta poder volver a su querida tierra”, añadió la alcaldesa.
Por último, tomó la palabra Vallina, que profundizó en una memoria marcada por la violencia de la posguerra. “Yo, de nueve años, iba al colegio y en el camino veía muertos. Eso es inolvidable”. También relató la implicación familiar en la resistencia: “Nuestros padres nos decían que eran tíos, pero en realidad eran aquellos que aparecían en la prensa o en la radio diciendo que eran bandoleros”. Con el tiempo, él y su hermana pasaron a colaborar: “Llevábamos pequeñas notas en los bolsillos para que ellos no tuvieran que salir y correr peligro”.
El autor explicó que el libro también recorre su etapa en el exilio y su posterior regreso, momento en el que comenzó a gestarse el proyecto de Covibar. “Al llegar a Rivas y verlo desierto pensé en qué se podía hacer aquí. En mi cabeza tenía lo estudiado durante un par de años y decía, ¿qué puedo hacer para el país que me echó y al que ahora puedo regresar libremente? Quiero hacer algo”.
Ese compromiso se tradujo en la creación de una cooperativa “para los trabajadores”. “Estaba yendo a las comisiones de empresa para explicarles lo que quería hacer y dónde podían tener una vivienda a su alcance. 950 personas habían puesto 6.000 pesetas y además habían firmado 35 letras de 15.000 pesetas para pagar el suelo”, recordó, subrayando el carácter colectivo del proyecto.
Una iniciativa que, explicó, iba más allá de la vivienda: “La vivienda es una parte de la vida, pero las necesidades para que la gente conviva, se reúna y tenga espacio para divertirse, eso siempre estuvo en mi proyecto”.
Más de medio siglo después, Vallina reivindicó la vigencia del modelo. “La cooperativa sigue siendo la casa de sus trabajadores hoy día. Más de 50 años es la única que puede resistir en esas condiciones en nuestro país. Algo será cuando es la única”.

El acto concluyó con la inauguración de un busto en su honor a las puertas del Centro Social, una obra de Gonzalo Sánchez Mendizábal. “Es una forma de decir gracias. Gracias por las ideas, por el trabajo, por la constancia, por haber creído que la participación ciudadana y el cooperativismo podían transformar un territorio y construir barrios”, se destacó durante la intervención inicial.










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