A finales de los 80, Paco Lorenzo recorría la A-3 desde su barrio de la capital, Legazpi, para desplazarse al gimnasio de Arganda del Rey en el que trabajaba dando clases de judo. Rivas Vaciamadrid tenía entonces poco más de 6.000 habitantes. “Yo tenía la ilusión de vivir en un chalé, y pasaba por Rivas, que era campo y ‘cuatro casas’, vi el anuncio de una cooperativa y me apunté”, recuerda el fundador y presidente del Judo Club Rivas. Casi 40 años después, Lorenzo es una institución del deporte ripense: diploma olímpico en Barcelona 92, sigue todavía en activo a sus 65 años, y el pasado otoño sumó a sus títulos nacionales y continentales el entorchado que le faltaba: el campeonato del mundo.
Cuenta Paco Lorenzo que encontró el judo como muchos otros niños, niñas y adolescentes: porque tenía cerca de su casa en el barrio de Legazpi un gimnasio donde se podía practicar. “Me gustaba mucho, sobre todo las caídas. Ahora no se hacen tanto porque, en general, hay más miedo que entonces, pero recuerdo disfrutar mucho saltando por arriba de compañeros tumbados, hacer volteretas… Todo eso me encantaba”.
Preguntado por el punto de inflexión en el que su cabeza hizo clic y decidió convertir el judo en su profesión, Paco Lorenzo hace referencia a sus 17 años. “Debía tener alrededor de esa edad. Había un campeón famoso de judo canario, Santiago Ojeda, y yo recuerdo tenerle como referente para plantearme ser campeón como él”, comenta Lorenzo. “Poco a poco empecé a sacar algunos resultados buenos y entonces me propuse participar en todas las competiciones que hubiera en el mundo… Y mira, lo he conseguido”, añade.
Tras una carrera exitosa sustentada en largas jornadas de entrenamiento —”Hacía una media de 5 horas de judo, preparación física, etc. diarias”, puntualiza— Paco Lorenzo alcanzó la cima profesional para cualquier deportista de una disciplina olímpica como es el judo: participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, donde obtuvo un diploma olímpico —se entrega a las posiciones de la cuarta a la octava—. “Llegué sin ayuda de ningún tipo porque las becas empezaron más o menos en esa época, con el Plan ADO, un año antes de Barcelona 92, pero lo curioso es que se daban por resultados internacionales y yo estaba en el equipo A de la selección: íbamos a las competiciones más exigentes y nos daban por todos lados, y como el equipo B sacaba mejores resultados en sus competiciones las becas iban para ellos”, rememora con una sonrisa. “Después de los Juegos sí obtuve una beca de un año y después me retiré oficialmente de la competición”, agrega.
Lorenzo, al que le han preguntado mucho por ello en los últimos 34 años, sigue emocionándose cuando recuerda cómo fue la experiencia olímpica. “Se me pone la piel de gallina todavía cuando pienso en ello”, reconoce. “Fue una pasada el desfilar en el estadio olímpico, la gente animándote por la calle, cuando cogías el metro o el autobús… Fue una pasada, un ambiente increíble… Nunca se me olvidará”. En YouTube, el Judo Club Rivas compartió en su día uno de los combates de Paco Lorenzo Barcelona 92.
Aunque se retiró muy poco tiempo después de la competición profesional, Paco Lorenzo ha mantenido vivo ese gusanillo en el estómago a lo largo de toda su vida. Prueba de ello es que sigue presentándose cada año a todas las competiciones que puede: desde campeonatos nacionales a campeonatos europeos y mundiales. Los ha ganado todos en categoría máster —en el judo las categorías, además de por peso, se clasifican por lustros; Paco Lorenzo ahora compite en la de 65-69 años—: el broche fue la obtención de su primer título mundial el año pasado. “Tenía la espinita clavada. Había tenido muy mala suerte dos años antes y en la edición de 2024 me destrocé el hombro. Lo pasé muy mal con la operación y la recuperación pero siempre seguí entrenando, haciendo lo que en cada momento podía en función de la lesión, y animado por mi mujer —Ana Roldán, también campeona mundial de judo en 2023—, como soy muy cabezón, decidí participar en 2025. Fui con poca presión porque no sabía cómo me iba a encontrar, fui ganando combates sin ponerme un objetivo y me vi en la final, donde estuve tranquilo y todo salió muy bien”, rememora.
El éxito en el mundial ha sido una forma de cerrar una larga trayectoria en el judo de competición a nivel de veteranos, como lo fue su participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona para su carrera profesional, pero no tiene pinta de que Paco Lorenzo vaya a dejar de competir. Al menos, no a corto plazo. “Ya hice el campeonato de España en noviembre y, aunque voy despacito, la cabeza me sigue diciendo que estoy igual que antes, así que hasta que no vea que el dolor me puede, o que no me veo, no diré ‘hasta aquí he llegado’”, expone mientras piensa en el próximo mundial, donde tendría que defender su corona. “Es en septiembre, muy mala fecha porque en agosto no hacemos casi judo, pero ya veremos…”, dice.
En paralelo, Paco Lorenzo sigue activo con las clases que imparte tanto en el club que fundó y preside —de él han brotado deportistas como Nisrin Bousbaa, triple campeona de España de judo, y María Manzanero, deportista que participó en los Juegos Paralímpicos de París 2024— como en los colegios de Rivas. El judo es su gasolina. “A mí me da igual que tú seas un competidor o una persona que viene a entrenar un rato a la semana. Todos somos iguales. Así lo veo yo. De hecho, una de las cosas que más me gusta del judo es socializar. Yo me llevo mucho a los chicos fuera del tatami. Y tenemos un grupete, el ‘Cervejudo’, que nos juntamos para simplemente hacer judo y tomar unas cervezas. Y hay antiguos alumnos míos, que llevan toda la vida conmigo, desde pequeñitos, y ahora ya están casados. Incluso vienen algunos que no tienen tiempo para hacer judo pero saben que después tomamos algo. Empezamos quedando el primer lunes de cada mes y ahora lo hacemos todos los lunes… No hay mejor forma de empezar la semana”, asegura Paco Lorenzo.

Casi cuatro décadas enseñando judo en Rivas
Paco Lorenzo llegó a Rivas a finales de los años 80, cuando recorría a diario la A-3 para ir a trabajar a Arganda desde Madrid. Es uno de los vecinos y vecinas que puede atestiguar en primera persona lo mucho que ha cambiado la ciudad en apenas cuatro décadas. “Vivir en Rivas era una aventura, pero la verdad es que era muy agradable. Tengo fotos de la avenida de Los Almendros con sembrado a ambos lados. Era una gozada”, cuenta.
Una vez asentado en la ciudad, Paco Lorenzo fundó a finales de los 80 el club de judo de la ciudad (Judo Club Rivas), uno de los más antiguos del municipio. “Empezamos en el colegio La Escuela, a través de la ampa, luego en El Olivar y así, poco a poco, en más colegios, hasta que en el año 91, creo recordar, empezamos a colaborar con el ayuntamiento, que nos dejó primero una instalación más pequeño y luego la que tenemos ahora (en el edificio de vestuarios del estadio de atletismo del Cerro del Telégrafo”, relata.
Desde aquel momento, el Judo Club Rivas se encarga de la escuela municipal de la disciplina y de las actividad extraescolar de judo en la mayoría de los colegios de la ciudad, además de su actividad convencional como club. “Hemos crecido tanto que la instalación actual se queda un poco pequeña: hay niños que empiezan en los coles que luego no pueden seguir porque no hay plazas para todos en la escuela municipal”, se lamenta.
Cuando Paco Lorenzo echa la vista atrás siente orgullo por la labor realizada a través del club que fundó al llegar a Rivas. “Veo que hemos crecido en número de deportistas pero lo que más me gusta es comprobar cómo muchos alumnos de pequeños luego son padres y vuelven a traer a sus hijos o incluso se animan y vuelven a hacer judo ellos y ellas. Me gratifica y me enorgullece”, dice.
Por cosas como estas, mantiene la ilusión intacta, asegura: “Me sigue gustando igual que al principio. Tengo ahora una clase en el colegio Victoria Kent con 30 niños de tres, cuatro y cinco años, y es una gozada ver cómo van haciendo cosas, aunque solo sea cuando se ponen en fila para saludar al comienzo de la clase. […] Quizá tenga menos paciencia que al principio con los peques pero mantengo la misma ilusión y las mismas ganas de enseñar y de hacer judo”.
No todos los niños y niñas de España puede decir que su maestro de judo es un campeón del mundo y diploma olímpico con cinturón negro 9ºdan, la máxima distinción que se puede lograr en vida en este deporte.










0 comentarios