Miguel Gómez Osuna, vecino de Rivas Vaciamadrid, ha sido uno de los 100 estudiantes que ha recibido una beca de posgrado para estudiar en el extranjero de la fundación la Caixa. El joven de 22 años, que ha invertido la beca en un máster en ingeniería espacial en la Universidad Politécnica de Milán, recibió su beca de manos del rey Felipe VI en una ceremonia celebrada a principios de julio en Madrid.
Por tercer año consecutivo, Rivas Vaciamadrid ha estado representada en la promoción 2026 de cien estudiantes de España y Portugal que han recibido una de las prestigiosas becas de posgrado para estudiar en el extranjero que entrega la Fundación la Caixa.
En 2024, Julia Jiménez Duro recibió la citada beca para estudiar en la universidad de Harvard un máster en sociología urbana. Y en 2025, otro vecino de Rivas, Jacobo Fe Gismera, aprovechó la beca para cursar un máster en Producción Cinematográfica (MFA in Film, Television & New Media) en Mount Saint Mary’s University, en Los Ángeles.
En la edición 2026 del programa, Miguel Gómez Osuna ha tomado el relevo de sus conciudadanos ripenses. Este joven de 22 años residente en Rivas “desde que nací”, lleva un año estudiando un máster en ingeniería espacial en la Universidad Politécnica de Milán, estudios en los que ha invertido la beca de la fundación la Caixa.
Gómez ha atendido a Diario de Rivas unos días después de recibir su beca de manos del rey Felipe VI en una ceremonia celebrada en Madrid. “He podido conocer al rey por mis propios méritos, por haberme esforzado y haber llegado hasta aquí de momento, y también fue una oportunidad de acercarme a mis compañeros, a los que ya conocía de unas convivencias previas, porque este proceso nos ha conectado a lo largo de todo el año aunque no estemos físicamente juntos. Entonces, la ceremonia ha sido como el saber que todo esto es real, como un regalo por lo que he conseguido”, explica.
«Hijo» de la educación pública ripense
El apretón de manos con el rey Felipe VI de Miguel Gómez Osuna es la fotografía final de una historia completamente vinculada a la educación pública. Primero en Rivas, ciudad en la que desea vivir cuando vuelva a Madrid. “He recibido toda la educación en Rivas. Estuve en el colegio Las Cigüeñas y luego estudié en el IES Profesor Julio Pérez, y la verdad es que guardo un recuerdo bonito de aquello. Rivas es donde quiero seguir viviendo después de esta experiencia, cuando vuelva a Madrid. Siento mucho cariño por la ciudad y por la educación que recibí en los dos centros públicos en los que estuve”, cuenta Miguel.
A lo largo de su experiencia escolar, este vecino ripense fue poco a poco encontrando su vocación, la ingeniería espacial. “Es un camino muy largo, no hay un momento en el que me diera por ahí. Fue progresivo. De pequeño me interesé por la astronomía a través de los libros y me interesé por la ciencia. Con el tiempo me especialicé en la rama de física y acabé estudiando en la Universidad de Alcalá un grado de Física e Instrumentación Espacial que justo se incorporó a la oferta académica de la universidad en el año en el que yo salí del instituto, un grado que conocí cuando vinieron al instituto a promocionar su oferta educativa”, relata.
Miguel acertó de pleno con su elección, pero no deja pasar la oportunidad para compartir una reflexión acerca de ese punto de inflexión vital que los jóvenes afrontan cuando salen del instituto. “Lo mejor de que una carrera universitaria sea larga es que tú puedas tener distintos caminos por los que redirigir tu carrera. Creo que es una dificultad muy grande y que nos pone mucha presión a los jóvenes saber qué tenemos que hacer al 100% con 18 años y que si nos equivocamos sea un fracaso. Yo creo que no se pierde un año ni dos si no aciertas; se trata de ir probando y si no te gusta lo que haces es mejor perder, entre comillas, ese tiempo que no corregirlo y obligarte a hacer algo que no te gusta”, argumenta el joven ripense.
El grado que estudió en Alcalá de Henares le terminó de abrir las puertas de su vocación. “Yo antes de saber sobre este grado, iba a hacer física y a especializarme en astrofísica en el máster. Tuve la suerte de encontrar este grado, el primero en España de esta especialidad, y fue la mejor decisión que podía haber tomado”, comparte. El máster, explica Miguel, “tiene dos vías muy grandes: la física orientada al espacio, un ámbito más astrofísico y de construir instrumentos espaciales; y por otro lado, diseñar un satélite que precisamente pueda llevar a bordo esos instrumentos y que puedas construir unos sistemas que puedan garantizar la supervivencia del satélite en las condiciones extremas del espacio”.
Durante sus estudios, el vecino ripense evolucionó hasta interesarse por los sistemas que llevan a bordo los satélites espaciales. “Por ejemplo, el sistema estructural, el control térmico, el sistema de telecomunicaciones con tierra, la orientación del satélite, de la órbita… Todo ese tipo de sistemas. Me gustó muchísimo, pude hacer unas prácticas al final del grado en GMV en las que estuve trabajando en una misión de la Agencia Espacial Europea, y me encantó, así que tuve claro que quería seguir ese camino”, subraya.
Además, durante la carrera realizó una residencia en verano en la universidad de Harvard. “Ofertaron dos plazas y con las calificaciones pude conseguir una beca de verano para estar en un centro de astrofísico asociado a la universidad. Estuve estudiando física solar y pude tener un primer acercamiento a lo que son los resultados de una misión espacial”.
Estas dos experiencias fueron decisivas para que la fundación la Caixa le concediera la beca que le permite seguir su formación en la Universidad Politécnica de Milán. “Elegí esta universidad, de las más prestigiosas en la especialidad, porque se especializa el máster en ingeniería espacial, solo centrado en satélites. Yo estaba muy motivado y convencido de seguir por esta rama de la ingeniería espacial en la que tú tienes unos objetivos científicos que traduces en unos requisitos técnicos que tu satélite tiene que tener, y tienes distintas fases en una misión espacial en la que vas diseñando poco a poco diferentes sistemas, los vas integrando, los vas verificando y los lanzas en el satélites y operas hasta cerrar la misión”.
De la beca, Miguel Gómez destaca su carácter social, de ciencia ciudadana. “No es que nos estén subvencionando irnos fuera y ya está, sino que el objetivo es que nosotros podamos adquirir esos conocimientos de las mejores universidades para ayudar a traerlos de vuelta a España y, con esos conocimientos, poder dotar de esa evolución a la sociedad española. Y yo tengo ese deseo de volver y de aportar, ya sea a la industria o a ser posible, a la Agencia Espacial Española que ha nacido hace poco”, cuenta.
El joven de Rivas incide en que sin esta beca no habría podido estudiar en el extranjero. “Apliqué por si acaso, porque sin la beca no hubiera podido estudiar el máster. Tenía otras opciones en España porque económicamente no me hubiera dado. Y como el proceso de la beca es largo, va de enero a mayo, ya me fui al máster sabiendo que me la daban, pero sin la beca no hubiera podido ir”, reconoce.
Por esta razón, para Miguel fue especialmente emocionante el momento en el que supo que la beca le pertenecía. “Fue emocionante. Estaba en las prácticas, muy nervioso y cuando recibí la notificación me fui al baño de la empresa, abrí el mensaje y busqué mi nombre. Lo encontré y pegué un grito y lo primero que hice fue llamar a mis padres, que me han acompañado en todo este proceso. Me alegré muchísimo porque es algo tan grande que ya no solo son los dos años del máster, sino que me permite conocer a gente muy valiosa y de distintas disciplinas, y además estaba el premio de la ceremonia con el rey, que también me hizo mucha ilusión”, recuerda.
La Universidad Politécnica de Milán en la que todavía estudiará el próximo curso también es pública. Miguel hace hincapié en ello. “Sin la educación pública yo no estaría aquí. He tenido la suerte de poder vivir en un país en el que todos tenemos acceso a la educación independientemente de los recursos que podamos tener y esa es una gran suerte que hace que personas como yo y otras personas que a base de esfuerzo y de ayuda de nuestros profesores, podamos llegar a escalar y podamos llegar a tener este tipo de oportunidades, como puede ser incluso irte al extranjero, adquirir esos conocimientos y traerlos de vuelta aquí y ayudar un poco a la evolución de tu especialidad”.
Como reflexión final, una más de las muchas ideas que reconoce haber madurado en su cabeza durante su primera experiencia viviendo solo en Milán —”Me ha enriquecido a nivel personal muchísimo”, dice sobre ello—, Miguel Gómez Osuna destaca, a partir de su ejemplo, la importancia de la motivación en la educación. “Yo considero que he trabajado muchísimo y que he tenido una motivación muy grande siempre por hacer y aprender. Y verme lograr cada paso me motivaba mucho desde pequeño. Siempre he tenido esa cultura del esfuerzo. Es verdad que he tenido siempre buenas calificaciones, pero una persona muy inteligente, si está frustrada, al final no creo que no sea capaz”.
Miguel Gómez Osuna tiene claro que en el futuro le gustaría volver a Rivas para quedarse a vivir, pero reconoce que todavía quedan unos años para que eso ocurra. “Hasta que me fui a Milán tenía en mi cabeza solo el hecho de seguir superándome a mí mismo y tener esa coherencia en el camino de seguir yendo a por mis objetivos finales. Eran muchas cosas nuevas y quise centrarme en eso porque mi mente me lo pedía y el proceso a nivel de salud mental no ha sido fácil, pero una vez que ya ha terminado este año sí que me permito mirar más a qué va a pasar. La cuestión es que lo hago de una forma distinta: ya no pienso en que tengo que hacer esto porque he conseguido estas otras cosas, por autoexigencia ni por obligación, sino más como una motivación, y si no llegan no pasa nada porque todo está valiendo la pena. Tolerar el fracaso es muy importante y creo que se debería incentivar más en la educación pública”, apostilla.
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