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Una operación de la Policía Nacional contra una red dedicada a producir y distribuir cocaína ha dejado un detenido en Rivas Vaciamadrid, dentro de un operativo que se ha saldado con 27 arrestos y la desarticulación de cuatro laboratorios clandestinos.

Un detenido en Rivas dentro de una operación con 27 arrestados

La Policía Nacional ha desarticulado una organización criminal asentada principalmente en la Comunidad de Madrid y presuntamente dedicada a producir cocaína en España para suministrarla a otras redes. La operación, desarrollada durante aproximadamente un año y medio y culminada el pasado 23 de junio, incluyó 11 registros en distintos puntos del país, uno de ellos en Rivas Vaciamadrid. En total, fueron detenidas 27 personas, 23 en España y cuatro en Australia.

En el operativo se intervinieron 12 vehículos, casi 98.000 euros, un arma de fuego, 14 dispositivos móviles, 163 kilos de cocaína, 100 gramos de marihuana, 20 gramos de droga sintética, 1.000 litros de precursores químicos, cinco kilos de sustancia de corte, dos envasadoras, seis prensas, cuatro básculas de precisión, diversos sellos y moldes para la elaboración de cocaína.

También se procedió al bloqueo de bienes patrimoniales que tenía en su poder la red con una cuantía de casi 115.000 euros en vehículos y 258.000 euros en inmuebles. 

La red ocultaba la droga en mercancías

La investigación comenzó en febrero de 2025, cuando los agentes detectaron una organización criminal que destacaba por su estructura jerárquica y su capacidad para ocultar sus actividades. La red introducía grandes cantidades de droga ocultas en cargamentos de madera, fruta, chatarra o cemento a través de puertos europeos como Bélgica, donde se pudo constatar que tenían al menos un confidente que trabajaba para ellos.

Una vez en territorio europeo, la mercancía era trasladada por carretera hasta España mediante vehículos con compartimentos ocultos. Los agentes localizaron cuatro laboratorios clandestinos en Don Benito, Madrid, Leganés e Illescas, donde se extraía la cocaína y posteriormente su tratamiento para aumentar el volumen de la sustancia.

Laboratorios clandestinos instalados en domicilios

Una vez obtenida la cocaína, la organización trasladaba parte de la sustancia a segundos laboratorios ubicados en domicilios particulares. Allí se llevaba a cabo el proceso de adulteración y corte, mezclando el clorhidrato de cocaína con otros productos químicos de menor coste y aspecto similar.

Con este procedimiento, la red conseguía aumentar el peso de la droga y, por tanto, sus beneficios económicos. Después, el producto ya preparado era trasladado a almacenes situados cerca de las ciudades donde se encontraban los compradores para facilitar su distribución.

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El líder, un experto en el proceso químico

La investigación permitió determinar que la organización criminal contaba con una estructura jerarquizada y un elevado grado de especialización. Al frente se encontraba un hombre conocido como «el gordo» o «el quemado», considerado experto en los procesos químicos relacionados con la extracción y adulteración de cocaína.

Su apodo estaba relacionado con las quemaduras que había sufrido en el rostro y las manos años atrás durante uno de estos procesos. Según la Policía, era el encargado de seleccionar y alquilar las fincas donde se instalaban los laboratorios, además de contratar y formar a las personas que trabajaban en ellos.

El líder también habría establecido contactos con organizaciones de narcotráfico colombianas, especialmente con el cartel de Cali. Los investigadores constataron además sus frecuentes viajes a Colombia y sus conexiones con Panamá y Bélgica, países utilizados dentro de la ruta para introducir y sacar la droga oculta en diferentes tipos de mercancías.

«El artista» y «el llanero», hombres de confianza

Dentro de la estructura destacaban dos personas de confianza del líder. Una de ellas era su sobrino, conocido como «el artista» por sus conocimientos técnicos para adulterar, cortar y procesar la cocaína.

El segundo era el denominado «llanero», que se encargaba de gestionar los almacenes clandestinos, contactar con los proveedores de precursores químicos y recaudar el dinero procedente de la venta de los estupefacientes.

Por debajo de este núcleo se encontraban los llamados «cocineros» o «artistas», personas con conocimientos específicos para desarrollar los procesos químicos en los laboratorios.

Junto a ellos trabajaban los encargados de transportar y custodiar la droga hasta naves industriales o domicilios situados cerca de grandes núcleos urbanos.

Transportes «GO-FAST» para mover la droga

Para estos desplazamientos, la trama utilizaba el denominado sistema GO-FAST. La organización recurría a vehículos de carga y turismos preparados con compartimentos ocultos, conocidos como «caletas», para transportar la mercancía por carretera y dificultar su detección.

Esta estructura permitía a la red controlar las distintas fases del negocio, desde la llegada de la sustancia y su procesamiento hasta el almacenamiento y posterior distribución a otras redes de compradores.

Tres de los líderes ingresan en prisión

La estructura contaba con personas encargadas de los laboratorios, el transporte, el almacenamiento y la distribución. La Policía señala además que algunos de sus integrantes mantenían contactos internacionales para facilitar el movimiento de la droga.

La investigación terminó con 27 detenidos, entre ellos uno en Rivas Vaciamadrid. Tres de los arrestados, considerados líderes de la red, ingresaron en prisión por orden judicial.

La operación permanece abierta y la Policía Nacional no descarta nuevas detenciones relacionadas con esta trama de tráfico de estupefacientes.

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