Jesús Martínez
Concejal del PP en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid
Con los calores del incipiente verano y los primeros chapuzones del año, llega también una tradición de estas fechas: los boletines de notas. Muchos de vuestros hijos llegarán estos días a casa con aprobados, notables, sobresalientes o alguna que otra asignatura para recuperaciones. En definitiva, la evaluación de todo un año de trabajo realizada por un tercero, con criterios objetivos y, al menos en teoría, independientes.
Parece que nuestra alcaldesa, que no se pierde una tradición, también ha querido sumarse a estas fechas tan señaladas y presentar su propio boletín de notas. Para ello ha recuperado el «Observatorio de Ciudad», nuestro particular CIS ripense (Castillejo’s Institute of Statistics, por sus siglas en inglés) que incluye, por supuesto, una sucesión de sobresalientes, matrículas de honor y casi algún que otro cum laude. Júbilo y alegría en el despacho de Alcaldía.
Sin que nadie lo esperara, la misma alcaldesa que fue incapaz de ganar las últimas elecciones municipales aparece convertida en la alumna aventajada de la clase. La estudiante que llevaba todo el curso aprobando por los pelos regresa en junio con un expediente digno de optar al Premio Extraordinario de Bachillerato. Y uno se pregunta: ¿qué ha ocurrido? ¿Una gesta académica sin precedentes? ¿Meses de estudio espartano, sacrificio y esfuerzo silencioso?
Permítanme que lo dude. Todos sabemos que el alumno del cinco raspado no llega a casa en junio coleccionando matrículas de honor. Aunque, claro, también es verdad que pocos alumnos tienen el privilegio de elegir quién les examina, encargar el examen, pagarlo y comparecer después para explicar lo brillante que ha sido su resultado. Y ahí, quizá, empiece a entenderse mejor el truco.
Tras años sin publicarse, junio de 2025 nos trajo de vuelta el llamado «Observatorio de Ciudad», una encuesta sufragada por el propio Ayuntamiento para, según reza la web municipal, «analizar y difundir todos aquellos datos que puedan ser de interés a la hora de conocer mejor la ciudad y, por lo tanto, ser un instrumento para mejorar en la planificación de la ciudad«. Confieso que la definición ya produce cierto vértigo. Aun así, como politólogo apasionado por el análisis electoral, recibí la noticia con interés. No todos los municipios cuentan con una herramienta de estas características y, además, el trabajo había sido encargado a 40dB, una empresa con presencia habitual en el panorama demoscópico nacional.
La ilusión, por desgracia, duró exactamente el tiempo que tardé en abrí el cuestionario. Para mi sorpresa, el Observatorio carecía de una de las preguntas más elementales de cualquier estudio sociológico mínimamente serio: el recuerdo de voto (RdV), es decir, la pregunta de ¿a quién votó usted en las últimas elecciones generales/municipales? Puede parecer un detalle menor, pero no lo es en absoluto. El recuerdo de voto es una de las principales herramientas que permiten comprobar si la muestra entrevistada se parece razonablemente a la población real que pretende representar. Y es que, si en una ciudad unos partidos tienen un determinado apoyo electoral y la muestra recoge muchos más votantes de unos que de otros, los resultados quedan inevitablemente distorsionados. Dicho de forma sencilla: el recuerdo de voto permite asegurarse de que quienes responden a la encuesta se parecen mínimamente a Rivas, antes de analizar lo que piensa Rivas.
Por esta misma cuestión, interpelamos a la alcaldesa en el pleno hace justo un año, y parece que en esta ocasión el Gobierno ha decidido incorporar finalmente esa pregunta. Y entonces, comprobamos lo que sospechábamos.
Los resultados muestran desviaciones enormes respecto a la realidad electoral del municipio. Los votantes de Izquierda Unida y PSOE aparecen sobrerrepresentados, mientras que los votantes del Partido Popular aparecen infrarrepresentados de forma masiva. No hablamos de uno o dos puntos, algo normal en cualquier encuesta. Hablamos de diferencias que en el caso del PP superan ampliamente los veinte puntos porcentuales respecto a los resultados reales de las urnas.
Y es que todos conocemos aquella vieja historia del padre preocupado por las notas de su hijo que, llegado junio, aparecía por el colegio con un jamón 5 Jotas bajo el brazo. En esta ocasión, el profesor obsequiado ha sido la empresa 40dB, que, renunciando a cualquier compromiso de rigurosidad y profesionalidad técnica, ha preferido aceptar una jugosa pata de jamón ripense de casi 200.000 euros, que es lo que nos ha costado a todos los vecinos estos propagandísticos “Observatorios de ciudad”.
La ventaja de la propaganda es que suele funcionar hasta que se cruza con los datos. Por eso, la mejor manera de desmontar la propaganda es haciendo ciencia. Ciencia de datos. Y los datos son devastadores.
Comencemos por las elecciones generales, que el PP ganó en Rivas con un 32,2% de los votos. Sin embargo, cuando observamos la composición de la muestra utilizada por el Observatorio, descubrimos que, de los 800 encuestados únicamente un 13% afirma haber votado al Partido Popular. Es decir, casi veinte puntos porcentuales menos. Traducido a términos comprensibles: de cada tres votantes populares que existen en la realidad, dos desaparecen misteriosamente cuando llega el momento de contestar la encuesta municipal.
Por si alguien piensa que puede tratarse de una casualidad, acudamos a las elecciones municipales. Allí el resultado es todavía más grotesco. El Partido Popular ganó también las elecciones en Rivas con un 31,3% de los votos. Sin embargo, en la muestra del Observatorio apenas representa un 11%. Pensemos un momento en lo que esto significa. Si la muestra está formada por unas 800 personas, los votantes populares deberían rondar los 250 entrevistados para reflejar mínimamente la realidad electoral del municipio. Sin embargo, apenas aparecen alrededor de 80, por debajo de los votantes socialistas ¡que fueron tercera fuerza!
El tercer gráfico sintetiza bien la gravedad de las desviaciones. No es solo que el Partido Popular esté infrarrepresentado, es que lo está de manera masiva y sistemática, junto la mayoría de formaciones, a excepción del partido de nuestra alcaldesa, IU/Sumar, y sus socios socialistas. Curiosa casualidad. En cualquier estudio serio, unas diferencias de esta magnitud obligarían a explicar detalladamente qué ha ocurrido, cómo se ha construido la muestra y qué mecanismos de ponderación se han utilizado para corregir los sesgos detectados. Aquí, en cambio, parece que se ha optado por una solución mucho más sencilla: publicar los resultados, repartir sobresalientes y esperar que nadie mire las tripas del examen. Al final, una encuesta es tan buena como la muestra sobre la que se construye. Y cuando el partido que obtuvo más de un 30% de los votos apenas representa un 10% de los encuestados, lo razonable no es preguntarse qué piensan los vecinos de Rivas, sino cómo se sostiene la credibilidad del propio estudio.
No deja de resultar irónico (e incluso cómico si no fuera por los más de 190.000 euros que esta ocurrencia demoscópica cuesta a los vecinos de Rivas) que nuestra alcaldesa termine recurriendo exactamente a las mismas prácticas que tantas veces critica cuando habla de la educación privada. Durante años han tratado de instalar el mantra de que algunos centros inflan artificialmente las notas de sus alumnos para aparentar un nivel académico superior al real. Según ese relato, el problema aparece cuando llega una prueba externa como la Selectividad, y la realidad se encarga de poner a cada uno en su sitio.
En este caso, el Observatorio de Ciudad reparte sobresalientes con una generosidad admirable, hasta que llega el momento de la verdad, el examen de las urnas. La última vez que Aída Castillejo se presentó a él, lo hizo después de años de autocomplacencia institucional, convencida por su propio entorno -y su maestro y alcalde en la sombra, Pedro del Cura- de que todo marchaba sobre ruedas. El resultado fue histórico: Izquierda Unida perdió por primera vez unas elecciones en Rivas desde 1991.
Y desde entonces las cosas no parecen haber mejorado precisamente para el Gobierno municipal. El desgaste acumulado por años de imposiciones ideológicas absurdas, una inseguridad creciente y la imposibilidad de los jóvenes para irnos de casa de nuestros padres; unido a una gestión cada vez más alejada de las preocupaciones reales de los vecinos son solo algunos de los muchos ejemplos que lo evidencian.
Más aún cuando durante años el Observatorio permaneció guardado en un cajón y solo ha resucitado ahora, casualmente, cuando el desgaste del Gobierno municipal es cada vez más evidente y el horizonte electoral comienza a asomar por el retrovisor. Porque cuando la realidad acompaña, no hacen falta observatorios para demostrarlo. Cuando los vecinos están satisfechos, basta con salir a la calle y escucharlos. El problema aparece cuando uno lleva demasiado tiempo instalado en el poder, rodeado de los mismos discursos, las mismas caras y las mismas -endebles- certezas. Entonces llega un momento en el que se deja de escuchar a los vecinos normales y corrientes y se empieza a escuchar únicamente a quienes dependen política, ideológica o profesionalmente de que todo siga igual.
Y esa es precisamente la sensación que transmite hoy el Gobierno de Rivas: la de un proyecto agotado tras décadas aferrado al sillón, sin impulso, sin ideas nuevas y cada vez más desconectado de la realidad cotidiana de la ciudad. Un Gobierno que necesita encuestas pagadas por todos para convencerse de que sigue contando con el respaldo que ya no percibe en la calle.
Entiendo que esta sea una decepción más para muchos vecinos de Rivas, especialmente para quienes durante años depositaron su confianza en Izquierda Unida convencidos de que representaba algo distinto. Se les prometió un proyecto que encarnaba los verdaderos valores de la Izquierda: honradez, cercanía, transparencia y defensa de los servicios públicos por encima de cualquier interés partidista. Se les dijo que aquí no encontrarían los viejos vicios de la política nacional.
Sin embargo, episodios como este demuestran, por desgracia, que aquellos tiempos han quedado muy atrás. La IU de Aída Castillejo se parece cada vez menos a la de aquellos alcaldes que construyeron buena parte del prestigio político de Rivas, y cada vez más a los peores hábitos que hoy identificamos con la escena nacional: un proyecto agotado, sin ideas nuevas, encerrado en la autocomplacencia, rodeado de cargos aferrados al sillón y obsesionado con controlar el relato antes que con resolver los problemas.
Por eso, este Observatorio de Ciudad no deja de ser el particular CIS de nuestra Aída Tezanejos. Un instrumento concebido no tanto para observar la realidad como para intentar sustituirla; bajo una premisa tan sencilla como peligrosa: “no creas lo que ven tus ojos, cree lo que te cuenta Aída en el Observatorio”
Sin embargo, la experiencia reciente invita a la prudencia. A juzgar por los resultados que viene cosechando el Tezanos original elección tras elección, no parece la estrategia más prometedora.
Y es que, al final, las encuestas incluso servir de refugio para gobiernos agotados que hace tiempo dejaron de escuchar a los vecinos normales y corrientes. Pero no pueden cambiar la realidad, que tiene la mala costumbre de acabar siempre llamando a la puerta de todos aquellos que viven ajenos a ella.
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