«Rivas era el escenario definitivo para hacer cine»: José Luis Rojas, director de ‘Érase una vez en Rivollywood’

por | Mar 17, 2026

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José Luis Rojas, director de cine y vecino de Rivas Vaciamadrid, ha presentado recientemente su nuevo documental ‘Érase una vez en Rivollywood’. Se trata de su homenaje a un movimiento cinematográfico alternativo que surgió en las calles y espacios de Rivas en los 2.000, cuando cerca de un centenar de jóvenes ripenses se echaron la cámara al hombro y se convirtieron en directores, actores, productores, sonidistas y montadores, demostrando que el cine tiene espacio fuera del marco de las grandes productoras y estudios.

José Luis nos recibe en una pequeña plaza frente a las casas de la urbanización Pablo Iglesias, tras el colegio de La Escuela. Un pequeño espacio peatonal a la vista de las ventanas donde se fraguó todo un movimiento cinematográfico, en lo que constituye un auténtico «milagro» cultural, dada la formación y medios con los que contaban sus precursores.

Lo que empezó como un pasatiempo se convirtió en una auténtica escuela de cine en la que se formaron algunos artistas que, aún hoy, dedican su vida al séptimo arte. Es el caso de este director, uno de los integrantes originales de Rivollywood que, tras haber estrenado recientemente su primera película, El efecto Darma, se decidió a rendir un merecido reconocimiento a sus colegas de aventuras.

El documental ‘Érase una vez en Rivollywood se podrá ver de forma gratuita este miércoles 18 de marzo en los cines Yelmo del centro comercial H2O. La proyección forma parte del 25 aniversario del Festival de Cine de Rivas.

¿Qué es Rivollywood?

Rivollywood es un movimiento cinematográfico que surgió allá por el año 2000 aquí en Rivas Vaciamadrid, en el que unos pocos adolescentes apasionados del cine decidimos empezar a rodar cortos de bajo presupuesto. En aquella época, las posibilidades de hacer un corto no eran sencillas; se rodaba en 35 mm (celuloide) y económicamente era inviable para nosotros. Tras hacer algunos cursos en Metrópolis o en la ECAM, nos dimos cuenta de que no podíamos hacer gran cosa sin contactos ni dinero, así que cogimos cámaras handycam y mini DV y decidimos hacerlo nosotros mismos.

¿De dónde surge la idea de empezar a hacer cine?

Empezamos tres o cuatro amigos que queríamos ser directores y dedicarnos al mundillo. Algunos nos conocíamos de toda la vida en Rivas y otros a través del trabajo; yo trabajaba en los Cines Yelmo de Parque Rivas y allí vi que había mucha gente a la que le gustaba el cine. Poco a poco nos fuimos juntando y ese grupito inicial de cuatro o cinco personas se convirtió en casi 100 personas con el paso de los años.

¿Cuánto tiempo duró el movimiento de Rivollywood?

Tuvo varias fases: el «boom» potente fue hasta el 2008 o 2009. Luego hubo una segunda fase hasta 2015 donde quedábamos muy poquitos, ya que la mayoría se centró en buscar casa o formar una familia y se apartaron del cine. El último proyecto que se puede considerar de Rivollywood fue en 2016 con la webserie «Cuando cae la noche», grabada íntegramente en punto de vista con una GoPro y siguiendo las mismas reglas de Rivollywood. Ese fue el punto final y solo quedábamos dos o tres de aquella época.

En ese tiempo, ¿Cuántas producciones hicisteis? ¿Fueron todo cortos?

Casi todo cortos. Hicimos más de 50 producciones, la mayoría entre 2001 y 2009. Había muchísimos cortometrajes, mediometrajes de entre 30 y 60 minutos, un par de películas de bajo presupuesto, una webserie, un par de documentales, vídeos sueltos… Había una producción continua.

Erais chicos y chicas que no se dedicaban profesionalmente al cine. ¿Cómo os organizabais?¿Había roles fijos como sonidista o director o hacíais un poco de todo.

Había tres o cuatro personas que nos queríamos dedicar a esto, nos dimos cuenta de que era nuestra vocación, pero la mayoría de la gente venía por diversión o por ayudarnos. Empezamos con cortos muy de bajo presupuesto, «muy cutres», y fuimos mejorando en cada proyecto. Intentábamos que los amigos actuaran mejor, aunque la mayoría no sabía. A veces te tocaba ser actor y luego hacer la fotografía, o si eras el director y no venían los extras, tenías que interpretar a 30 personajes en el mismo corto tapándote la cara e inventando soluciones.

Era una época en la que no se difundían estos proyectos en redes sociales ¿Qué había detrás de cada grito de «Acción»? ¿Qué es lo que os motivaba para crear?

Había dos vertientes. Algunos cortos los hacíamos para nosotros para divertirnos; luego nos juntábamos en una casa a ver pelis de ciencia ficción o aventuras rodadas por nosotros mismos. Era muy divertido. Por otro lado, para mí y para algún otro, era nuestra escuela de cine; yo quería mejorar, trabajar con actores y aprender. Otros simplemente querían pasar un buen rato con amigos. Lo bueno y lo que le daba también riqueza es que había objetivos e historias completamente diferentes.

¿Cuántas personas del movimiento de Rivollywood os dedicáis hoy al cine?

Lo que es en el cine somos dos o tres; si ampliamos al sector audiovisual (grabar vídeos, edición para empresas, etc), somos seis o siete. Yo soy académico de cine a día de hoy gracias a mi película (El efecto Darma). También está Lucía Caraballo, que en la etapa final era una niña e hizo cortos con nosotros y ahora es de las más «top», acaba de hacer hace poquito la serie «Animal» para Netflix. Hay otros como David Gutiérrez que es colorista y director de fotografía, Miguel López que hace vídeos y acaba de terminar un documental sobre el grupo Dover, o Pedro que también hace vídeos. El 80% restante no quería dedicarse a esto; nos ayudaban a cumplir nuestros sueños y se lo pasaban bien.

¿Sigues en contacto con la gente de Rivollywood?

El 98% somos de Rivas. A los que se dedican a esto los veo más; de hecho, parte del equipo técnico de mi película salió de ahí. Con otros he tenido que recuperar el contacto después de mucho tiempo para el documental; como en todo, algunas amistades se rompieron por el camino, pero conservo a bastantes personas.

Has comentado que hicisteis más de 50 producciones. Háblame de ellas, de sus géneros e influencias. ¿Alguien decidía lo que se hacía o cada uno aportaba sus ideas?

Todo el mundo podía dirigir o escribir; si se daba luz verde a una idea, no la paraba nadie. Se hacían pelis de serie B, ciencia ficción con los primeros efectos de After Effects, westerns, terror, dramas y comedias. Yo hice una trilogía de aventuras llamada «El Rey Escalopendra», que era un homenaje a Indiana Jones y La Momia; el protagonista se llamaba Oregón Jones. Nuestras influencias eran Spielberg, Tarantino, David Lynch y Scorsese; absorbíamos lo de los 80 y 90 y lo plasmábamos sin miedo. En la trilogía que te digo, la primera era muy cutre, la tercera parte ya fue más seria y rodamos una escena de acción en el puente de la Poveda que nos llevó un año terminar porque lo hacíamos «de estranjis».

¿Cómo era rodar en la calle o parques sin permisos?

Lo que hacíamos nosotros hoy sería imposible en cualquier sitio, como te decía, rodábamos «de estranjis». Por ejemplo, cerca del Cerro del Telégrafo, donde el rocódromo, hace 20 años no había tanta gente como ahora. Ahí llegamos a rodar persecuciones con coches. Con pistolas por fuera de las ventanas, maleteros abiertos con una persona «disparando». A veces aparecía la policía porque alguien había dado un aviso, pensando que pasaba algo serio y, al llegar decían «si sois vosotros otra vez…». Una vez alguien llamó diciendo que estaban asesinando a alguien porque vieron al actor del Rey Escalopendra con sangre y una mano cortada. Aparecieron cuatro coches de policía. Imagínate al chico «sin mano» y lleno de sangre falsa y a mí con la cámara intentando explicar que estábamos grabando un corto. También es verdad que el Ayuntamiento nos ayudaba siempre que podía y les pedíamos algún local.

Rivas era un lugar diferente hace 20 años, eso lo hizo posible…

Rivollywood no habría existido en otro sitio; en el centro de Madrid no habría sido posible. Ofrecía localizaciones increíbles: zonas para pelis del oeste, de aventura, de guerra… tienes chalés, la Cañada, las lagunas. Rivas era el escenario definitivo para hacer cine. Si sacamos un mapa habría una chincheta en cada calle de todo lo que hemos rodado. Hemos tirado en las calles de Pablo Iglesias (ambientando cortos de los años 20, de Lovecraft, de apocalipsis o de invasiones zombis), la laguna del Campillo la hemos aprovechado al 100%, el Cerro del Telégrafo, la vía del tren, Covibar… Incluso rodábamos bajando por el acantilado o en las vías del tren jugándonos la vida.

¿Cómo es el cambio de hacer ese tipo de cine con pocos medios, pero total libertad, a hacerlo más profesionalmente?

Con la película, me ponía muy nervioso tener que esperar permisos y cortar calles; eso ralentiza todo. En Rivollywood grababas muchísimo material utilizable en una sola noche, aquí no era posible. Pero El efecto Darma se rodó también en gran parte en Rivas y conocerlo tan bien me facilitó elegir localizaciones para la película. El efecto Darma es una consecuencia directa de ese movimiento. Lo que aprendimos allí nos permitió terminar la película en 42 días cuando solo teníamos presupuesto para 27; fue una escuela de cine de batalla total. Hubo momentos de crisis total en la película en los que salimos adelante gracias a los trucos que aprendimos en Rivollywood.

Hablemos del documental ¿En qué consiste «Érase una vez en Rivollywood»?

Surgió mientras terminaba la webserie en 2016. Ahí me di cuenta de que eso se había acabado y de que Rivollywood me había dado todo lo que me podía dar y que tenía que dar un salto. Quería hacer un homenaje a toda esa gente que me ayudó desinteresadamente pasando frío en los rodajes y salvar ese movimiento para que no se perdiera en el tiempo. Recuperé y digitalicé material en VHS, mini DV, guiones y storyboards. Todo lo que pude. Me centré en entrevistar al «núcleo duro» y dividir el documental en lo que nos hacía diferentes: nuestra propia industria con productoras, actores fetiche y premios propios. El tema es contar todo lo que fue Rivollywood a través de la mirada de sus protagonistas, aunque con un toque personal por todo lo que supuso para mí. El enfoque es también motivacional; que quien quiera hacer cine vea que se puede hacer sin medios. La gente ve el documental y me dice «me apetece hacer cine».

¿Y qué aporta al público general más allá de la gente que participó en el movimiento?

Es verdad que hace un llamamiento directo al público al que le gusta el cine y quiere hacer cine. Es ese enfoque motivacional que comentaba. Sin embargo, también es un retrato de lo que ha sido la evolución tecnológica de los últimos años en los que se ha pasado de editar con moviola de VHS a grabar una película entera con un móvil, que hoy es posible. Además, trata sobre la autosuperación y de una manera distinta de vivir la juventud. En una época en la que todo el mundo estaba pensando en salir de discotecas, nosotros rodábamos cortos. Utilizábamos nuestro tiempo libre de una manera creativa y como medio para construir nuestros sueños. Es un documental diferente a lo social o de personajes conocidos que se suele ver hoy. Pero sobre todo, la gente va a poder disfrutar de algo que les va a hacer reír mucho.

¿Dónde se puede ver el documental?

Ha estado en los cines Embajadores hasta el sábado y el miércoles 18 de marzo se proyecta en Yelmo Cines dentro del Festival de Cine de Rivas. Es gratis para todo el que se quiera acercar. Además, estamos en proceso de buscar una plataforma de streaming para que tenga mejor aceptación online.

¿Y los cortos y el resto de material de Rivollywood?¿Es posible verlos en algún sitio?

Todo el mundo pregunta por ellos. Tenemos algunos cortos que podemos dar a conocer, pero otros tienen problemas con la banda sonora, porque utilizábamos música de Hans Zimmer, John Williams y ese tipo de compositores. Estamos trabajando en un Blu-ray con extras que incluirá los cortos con música que permita darlos a conocer legalmente.

¿Se ha presentado el documental a algún festival o a los Goya?

Estuvimos en el festival de Yopal en Colombia y aquí, al haber estado una semana en cartelera, tenemos la opción de presentarnos a los Goya y lo vamos a hacer, porque eso nos permitiría hacer pases para académicos. Aunque como distribuidor sé que estos documentales no siempre funcionan bien en festivales, estamos en ello.

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