Luis Domercq
Abogado y consejero de Jarama Desarrollos Inmobiliarios
Rivas-Vaciamadrid es uno de los ejemplos más notables de transformación urbana en la Comunidad de Madrid. En apenas cuatro décadas pasó de un pequeño pueblo a en una ciudad joven, dinámica y con una fuerte identidad propia. Este crecimiento no fue fruto del azar, sino de una planificación urbanística sostenida en el tiempo, basada en el diálogo y la cooperación público-privada, que permitió anticiparse a las necesidades de miles de familias.
Desde finales de los años setenta, con el impulso de cooperativas como Covibar, y más tarde con el desarrollo de nuevos ámbitos residenciales promovidos por agentes locales, Rivas supo ofrecer vivienda a precios accesibles, combinando tipologías y creando barrios pensados para vivir.
Tuve la suerte de vivir muy directamente -prácticamente a pie de obra- aquellos años de ilusión y compromiso. Y la semilla creció con fuerza. Los planes generales de Urbanismo de 1993 y 2004 establecieron las bases para la vertebración de la ciudad y respondieron a esa lógica: crecer de forma ordenada para dar respuesta a una demanda real, tanto en viviendas como en los servicios y las dotaciones necesarias para una vida digna y confortable.
Hoy, Rivas supera ya los 100.000 habitantes. La ciudad es una de las más jóvenes de la región, con una natalidad elevada y una estructura demográfica que garantiza demanda futura de vivienda, servicios educativos y equipamientos. Rivas lo tiene prácticamente todo para seguir progresando, pero también es un modelo en riesgo.
Los datos actuales son preocupantes. El precio medio de la vivienda en Rivas ha alcanzado máximos históricos, superando incluso los niveles previos a la crisis de 2008. El encarecimiento de la vivienda en compra y alquiler ha sido muy superior al de su entorno inmediato. Entre 2020 y 2025, el precio de la vivienda en la ciudad ha crecido un 41,9%, según el último informe del área metropolitana de Madrid de la tasadora Tinsa, muy por encima de municipios limítrofes como Getafe o San Fernando de Henares. Rivas ya es uno de los diez municipios más caros de la Comunidad de Madrid, el único de la lista al sur de la capital.
No estamos ante un fenómeno coyuntural ni exclusivamente especulativo, sino ante el resultado de un desequilibrio persistente entre oferta y demanda. La escasez de nueva vivienda, especialmente de vivienda asequible, está expulsando a jóvenes y familias que ya viven en la ciudad o que desean establecerse en ella.
Paradójicamente, esta situación se produce en un municipio con baja densidad y con capacidad objetiva para absorber nuevo crecimiento residencial. Mientras la Comunidad de Madrid avanza hacia los diez millones de habitantes y arrastra un déficit estructural de decenas de miles de viviendas, Rivas dispone aún de margen para contribuir a aliviar esa presión. No hacerlo tiene consecuencias: precios más altos, menor movilidad residencial y una ciudad cada vez menos accesible para sus propios vecinos.
Las decisiones urbanísticas adoptadas en los últimos años, con la paralización de licencias y la apuesta por un modelo restrictivo de crecimiento, están teniendo efectos visibles. Limitar la oferta no reduce la demanda; simplemente encarece el acceso. Convertir una ciudad joven en una ciudad inaccesible es una contradicción imposible de sostener a largo plazo.
Rivas se encuentra, por tanto, ante una encrucijada. Puede optar por consolidar un modelo urbano abierto, inclusivo y adaptado a su realidad demográfica y económica, o puede resignarse a ser una ciudad cerrada, incapaz de ofrecer oportunidades a las nuevas generaciones. Recuperar el espíritu de cooperación, planificación y ambición que marcó su desarrollo es hoy más necesario que nunca.
Y no se trata de construir más por construir, sino de garantizar el derecho efectivo a vivir en la ciudad que, entre todos, nos hemos dado. El futuro de Rivas no se juega en los eslóganes, sino en las decisiones urbanísticas concretas. Y esas decisiones deben partir de una premisa sencilla: la colaboración público-privada convirtió Rivas en una ciudad abierta donde encontrar vivienda de calidad a un precio asumible. Adaptemos esa fórmula de éxito a las circunstancias presentes, pero no renunciemos a lo que nos hizo un modelo de éxito.
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