Carta a Aída Castillejo

por | Jun 16, 2025

OPINIÓN

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Francisco González

Procurador en los tribunales

Mi querida alcaldesa:

Otra vez este medio me brinda la oportunidad de expresarme libremente y ahora para dirigirte esta carta, esperando su lectura, guardándote el debido respeto que mereces como ciudadana de Rivas, como nuestra Alcaldesa y representante de todos los vecinos de Rivas.

Siempre he creído que las ideas son inocuas, inofensivas, y en sí mismas su intercambio enriquece a los interlocutores, propiciando el entendimiento y favoreciendo los puntos de encuentro.

Ahora en estos tiempos en los que el ejercicio de la política se ha alejado de la realidad en la que se encuentra nuestra nación, es el momento en el que todo el arco político se pare a reflexionar si vamos por el buen camino, si estamos poniendo en peligro lo que a nuestros antepasados tanto les costó construir.

Aída, aprender de lo vivido no cometiendo los mismos errores es imprescindible para la convivencia entre todos los españoles y la no imposición de unas ideas sobre otras es la clave de cualquier democracia para que no revierta en una nueva dictadura.

Debemos de aprender de todas estas vivencias, comenzando con la ahora perseguida y denostada “transición española”. En aquellos tiempos y tras la sangrienta guerra civil y la posterior dictadura militar , los españoles que vivieron el desastre y el enfrentamiento, decidieron amnistiarse los unos a los otros, no querían, Aída, que sus hijos padecieran los mismos horrores, nunca nadie olvidó lo ocurrido, y a pesar de ello, franquistas y comunistas se unieron para construir ese nuevo proyecto democrático. Recuerdo aquella fotografía de Manuel Fraga Iribarne, ministro franquista, con Santiago Carrillo jefe de seguridad del Madrid de 1936, cuando el primero presentó al segundo en el Club Siglo XXI de Madrid; aquella foto creó asperezas en uno y otro lado, sería el principio de lo que después fue acordado por todos los españoles.

La realidad de lo acontecido antes y ahora, es pétrea, inamovible y revestirla de un color u otro no la altera. Al final reconocerla es misión de todos, el comienzo de la solución de cualquier problema.
Aída; tu eres mi alcaldesa, ostentas mí representación, y a pesar de las diferencias ideológicas entre nosotros, reconocer tu legitimidad por la suma de la mayoría del consistorio es el principio para abrir cualquier diálogo; el encuentro será posible, yo nunca renunciaré a ello.

Siempre he creído, Aída, que la buena fe se supone y la mala hay que acreditarla, tus actuaciones en Rivas ni, de manera generalizada, son erróneas, ni tampoco siempre estás acertada; reconocer que nadie está
en posesión de la verdad absoluta y que lo acordando por mayoría no siempre es atinado es el principio para evitar los errores propios y ajenos.

Los últimos acontecimientos en España son el resultado de la degradación de la “clase política”, de los que ningún grupo está exento, los españoles en general muestran su hartazgo y desilusión, que pudiera ser aprovechado por los enemigos de nuestra democracia, para asaltar la convivencia entre nosotros.

Aída, vivimos en una gran Ciudad y a pesar de las carencias que pudiéramos tener y los problemas cotidianos particulares o municipales, nuestra meta es la plena convivencia entre todos los ciudadanos, en transmitir a las nuevas generaciones que llegar hasta aquí ha costado mucho sacrificio, que se perdieran muchas vidas a manos de los enemigos de nuestra nación, de su democracia, y que la ley y el Estado de Derecho es nuestro pilar fundamental como Estado democrático.

España es la suma de millones de ciudadanos que comparten el mismo territorio, la misma historia, que se entienden en la misma lengua, que pertenecemos a la misma familia, y tú, Aída, como ciudadana española también perteneces a la mía.

Una vez alguien me dijo que España será una verdadera democracia cuando un español sea capaz de dar su vida por la libertad de otro, sin conocerlo, Aída, yo también defenderé tu libertad y ese será el principio para volver a creer en España.

Un abrazo.

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