Javier Gil
Concejal del PP en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid
Hay campañas que decoran marquesinas. Y hay decisiones que destrozan vidas. Rivas Vaciamadrid habla de sostenibilidad, de participación ciudadana, de ser una ciudad “solidaria”. Pero detrás del cartel bonito, hay 65 familias abandonadas por su Ayuntamiento. Y esto no es una exageración. Es la realidad de una herida abierta.
Estas familias, miembros de la cooperativa Beltenebros, llevan más de dos años esperando que el Ayuntamiento firme una simple licencia de obra. No piden un favor. Piden que se les permita construir los hogares que ya tienen planificados y soñados. Cumplieron con todo: planos, pagos, trámites, requisitos… Pero el Ayuntamiento lo paralizó todo. Y lo hizo sin mirarlos a los ojos.
Soñaron con vivir aquí. Con criar a sus hijos en una ciudad moderna, verde, amable. Apostaron por ello. Vendieron sus casas. Dejaron todo atrás para construirlo todo de nuevo. Y al día de hoy no se ha puesto un solo ladrillo. Otros viven de alquiler, con la angustia al cuello. Nadie les avisó de que el mayor obstáculo no sería financiero, ni técnico… sino humano.
Porque si algo rompe de verdad, no es un expediente paralizado. Es la indiferencia institucional.
¿Dónde está la ciudad solidaria de la que presume la alcaldesa? ¿Dónde queda su sonrisa cuando habla de futuro, si hay 65 familias que le imploran el suyo? ¿Es solidario jugar con la vida de familias trabajadoras? ¿Es ecológico dejar morir un proyecto que ya fue validado por técnicos y que comparte planos con otro que sí está en marcha, pared con pared?
No hay explicación que lo justifique. No hay investigación judicial que pueda sostener este castigo colectivo. No hay ética pública que tolere tanta insensibilidad.
La política no puede permitirse esta cobardía. Porque detrás de cada expediente hay una vida. Y porque negarse a mirar a los ojos a 65 familias no es gestionar… es fallar.
Al gobierno de Rivas le pedimos lo más humano que se puede pedir desde el dolor: que no rompan más sueños. Que den la cara. Que firmen. Que escuchen. Que devuelvan la esperanza.
Rivas aún está a tiempo de demostrar que no es solo cemento y campañas bonitas. Está a tiempo de demostrar que tiene corazón.
¿Dónde está la participación ciudadana, alcaldesa? ¿Dónde ese “gobierno que escucha” que tanto repite en sus discursos? Porque cuando 65 familias gritan y nadie responde, eso no es participación: es abandono.
Este no es un expediente más. Es una herida abierta. Una mancha que ni mil campañas verdes podrán tapar. Si la alcaldesa quiere gobernar desde la empatía, desde la justicia, tiene una última oportunidad: firmar esa licencia y reparar el daño.
Este gobierno local, tan preocupado por la imagen, ha olvidado lo esencial: que gobernar es escuchar. Es proteger. Es actuar con justicia.
Hoy, 65 familias levantan la voz. No quieren lástima. Quieren dignidad. Exigen ser reconocidas. Exigen respuestas. Porque ya no basta con el “párate a pensar”. Es momento de actuar. Antes de que estos sueños se rompan del todo.
Y si se rompen, no será por una sentencia. Será por la cobardía de quienes tenían en sus manos la solución… y no quisieron firmarla.
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