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OPINIÓN

Antonio de la Peña

Antonio de la Peña

Doctor en Ciencias Biológicas, licenciado en Ciencias Geológicas y diplomado en Medio Ambiente

He leído en Diario de Rivas que Juan Ignacio Gómez, miembro de la Asociación Laica de Rivas y exconcejal en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, ha escrito una columna de opinión muy interesante (a partir de ahora: Gómez, 2022). Se trata de una respuesta al artículo titulado Biomimesis y libertad religiosa (a partir de ahora: de la Peña, 2022).

Juan Ignacio y yo, considero, somos buenos amigos. Nos gusta debatir y confrontar ideas. Somos vecinos en la misma calle. No es raro que coincidamos paseando juntos con Frida, Raksha y Trampas, por el Parque del Recuerdo. Nuestros perros “nos llevan” al ritmo que marcan ellos. Hablamos en muchas ocasiones de libros y/o lecturas. La penúltima ocasión, creo recordar, de Los Miserables de Víctor Hugo. La última, sobre ambos artículos en Diario de Rivas.

Fue un simple cruce de caminos. “Juancho: ¿Te ha gustado mi artículo? – Antonio: Si. Hablamos”. Digo esto a sabiendas de que tú no te enfadarás. Además, quiero resaltar que se confrontan ideas y modos de ser. Se discuten las obvias discrepancias.  Estas diferencias no empañan las cordiales relaciones de amistad. No hay más cuchillos que las palabras. Juancho te prometo que a partir de ahora no emplearé la primera persona del singular. Seré académicamente correcto hasta el final de la contrargumentación.

Redactado el primer argumento: la cooperación como un modelo adecuado de desarrollo de las sociedades y los individuos que la integran. Valorando el segundo argumento: la gratitud, elemento imprescindible del reconocimiento del que nos sirve. Analizado el tercer argumento: los máximos representantes de un gobierno municipal representan a la totalidad del censo con derecho al voto, no sólo de aquellos obtenidos de afines ideológicamente. Finalmente, considerando que: la libertad religiosa es un derecho fundamental del individuo proclamado en el artículo segundo de los derechos Humanos, (DDH, 1948). Considerando que: el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos (art.26, DDH, 1948). Considerando que: la Constitución española en su artículo 16 garantiza la libertad religiosa (art.16.1.); que nadie podrá ser obligado a declarar sobre su fe o creencias (art. 16.2) y la aconfesionalidad del estado (art. 16.3). Concluimos: alcaldesa y vicealcaldesa deben estar presentes en un acto de gratitud a los miembros de una entidad que, tan honradamente nos sirve. Estos aspectos no deben de ser considerados de “erudición inútil y torticera”. Suponemos que, al menos en los dos primeros argumentos, y los considerandos formulados. Gómez los podrá asumir, también, como propios en cualquier discusión.

Gómez intervino en la redacción de la ordenanza, desde su condición de miembro de la Asociación Laica de Rivas (comunicación personal). Es coherente su posición en favor del Reglamento de Laicidad de Rivas Vaciamadrid (BOCM 32, de 7 de febrero de 2019). No compartimos que “tras un largo periodo de negociación, el Pleno del Ayuntamiento de Rivas del 31 de mayo de 2018, aprueba de forma definitiva el Reglamento de Laicidad” justifique la bondad de la norma. El mencionado texto legal no hizo más que recorrer el desarrollo reglamentario establecido para una ordenanza municipal. Nada más.

Suponemos un “Lapsus calami” de Gómez (2022) la aseveración vertida en su artículo sobre que, en aquel acto legal del 31.05.2018, se aprobará definitivamente. Se trató de la aprobación inicial.  Son tractos legales diferentes en el proceso de aprobación y publicación del texto en el BOCM. Consideramos este aspecto muy importante.

La tramitación continuó, en periodo estival, con un escrito de alegaciones realizado por el portavoz en funciones de Grupo Municipal Popular. D. Antonio de la Peña firmaba el documento. Firma en virtud de la “potestas” y “auroritas” que disfrutaba en función de su cargo (Escrito ENTAYTO-2018023379). Consecuentemente, actuaba al mismo nivel que Corrales, del Cura o Gómez, al derecho a réplica y contrarréplica en Pleno. Representaba a un partido político. Todos ellos hablaron en primera persona (No es baladí, Gómez, 2022), ya que todos decían trasladar una opinión de la ciudadanía ripense. En adición, no mostraba opinión de los 1.300 millones de católicos del mundo, ni al 55.4% de católicos, que estima el CIS (2022) hay en la población española. En el escrito de Gómez (2022) se mantiene la tesis “habló en primera persona”, para párrafo seguido sustentar la contraria: “habló arrogándose la representación de los católicos” (del Cura, 2018, en Gómez 2022).

Hemos analizado más de 100 ordenanzas y/o sus modificaciones parciales aprobadas en el periodo legislativo 2007-2019. Se trata de ordenanzas de régimen económico, -ordenas fiscales fundamentalmente-, y ordenanzas de régimen interior. Se puede constatar que, salvo error u omisión, sólo en un 2.33% de las ocasiones otras instituciones y/o colectivos, excluyendo partidos políticos, realizan comentarios, alegaciones y/o sugerencias a las mismas. Basados en este dato, no compartimos que la participación de colectivos en la aprobación de ordenanzas sea un hecho diferencial en el caso de esta norma. La ciudadanía ripense no suele intervenir en el proceso legal de aprobación de las mismas. Esta cuestión refuta la argumentación del alcalde, señor del Cura (2018) y mencionada por Gómez (2022): “…los católicos, ya que estos, ni de forma privada y/o institucional habían manifestado durante la negociación del reglamento problema alguno”. Se detecta otro interesante “lapsus calami”: ha de usar el verbo arrogar (atribuir un derecho) no del verbo abrogar (suspender una ley) en el párrafo.

Ciñéndonos a las discrepancias entre los artículos, de Gómez (2022) y de la Peña (2022), redactados en Diario de Rivas. Comienza de la Peña (2022) manifestando el inadecuado título de la ordenanza. Laicidad versus aconfesionalidad (Constitución art.16).  En adición puede verificarse que el escrito de alegaciones es especialmente duro en los fundamentos de derecho de la exposición de motivos del Preámbulo. Se sugirió eliminar, por inútiles, sentencias de Tribunales que en nada tenían que ver con el texto presentado. Engrosaban el apartado dando mayor visibilidad al mismo. “Nada de esto tiene que ver con la aconfesionalidad de las administraciones públicas, ni justificar la representatividad o no de concejales en sus actos de representación”. El texto fue aprobado definitivamente el 29 de noviembre de 2018 (acta de pleno de Ayto de 29.11.2018).

Los datos evidencian los siguientes aspectos. No fue un Pleno, fueron dos. No fue una negociación. Se trató de una resolución procedimental de alegaciones. No fue un particular en primera persona. Fue un representante institucional con “potestas” para ejercer su cargo, que habla en primera persona. Se constata que si hubo una representación político-institucional que planteara discrepancias (Escrito ENTAYTO-2018023379). A no ser que los portavoces en favor de la ordenanza si sean “representantes de” y los de la oposición no.

La aritmética de los votos emitidos: 68% favor a 18% en contra es sólo el reflejo, muy importante, de un resultado en urnas. Un texto legal no es mejor por los votos que tiene en su aprobación plenaria. “Solo si es sí” establecemos que este en un baremo de bondad de algo. Si los números hablasen podríamos manifestar criterio de utilidad en base a otros aspectos. Por ejemplo, la ordenanza de Laicidad posee 7 páginas, el escrito de alegaciones 43. Se trata de unas tres alegaciones por articulado del texto legal, incluido el preámbulo. Coincidirá Gómez que todos estos numerales no hace mejor, o peor, a ninguno de los documentos.

Efectivamente, coincidimos con Gómez (2022), en que el incumplimiento de la norma es manifiesta por parte de los concejales que asistieron al acto. Existe total consenso en este punto. Además, se menciona así en el escrito (de la Peña, 2022). En cambio, no compartimos con Gómez (2022) cuando afirma: “incumplir lo acordado viene siendo práctica habitual en la derecha cuando algo no le gusta”. Se trata de una afirmación sin dato alguno. Salvo este aspecto desconocemos datos sobre concejal alguno de Rivas Vaciamadrid, del bloque de derechas, que fuera inculpado y condenado por incumplir la ley. En cambio, si conocemos concejales del bloque de izquierdas, de esta localidad, en esa situación. Además, el bloque de izquierdas también, al menos en una ocasión, incumplió esta norma de “laicidad” en 2019.

El problema está en su raíz. Los concejales asistentes al acto lo fueron en virtud de su cargo. El protocolo, de pura cortesía institucional, establece un saluda de invitación del comandante del puesto de la Guardia civil a los cargos electos. En la Iglesia se reserva un espacio para estos cargos en las primeras bancadas del templo. También, lugar para otras instituciones: Policía, Protección civil y Policía Nacional. Los representantes de las instituciones se disponen en los asientos de protocolo. Consecuentemente, ninguno de ellos acude, y se posiciona en el templo, a título personal. Están representado una institución. No aplica el artículo 3.2 del Reglamento de Laicidad. Es evidente la inutilidad de la ordenanza, y del artículo 3.2., en este concreto caso.

Consecuentemente a todo lo expuesto anteriormente. Reafirmamos nuestra tesis: el reglamento de laicidad ripense es desafortunado desde su título. Nos basamos en los considerados mencionados en el articulado de la Declaración de los Derechos Humanos y nuestra Constitución. También, en el dato objetivo del incumplimiento discrecional de los concejales. Gómez podrá asumir que el cumplimento de la Ley, del estado de derecho, es la base de toda democracia moderna.

Concluida la exposición paso hablar en primera persona. Juan Ignacio haces consideraciones de carácter más íntimo. No argumentativas hacia al texto, y si hacia la persona. Juancho empleas adjetivos calificativos para escribir entre líneas (Cassany, 2019). Siendo sinceros, en estricto descalificativos.

Es cierto que conozco a personas creyentes. Algunas pertenecen al Opus Dei, y otras no. Sí, es verdad que conozco a agnósticos, algunos miembros de mi extensa familia lo son. Sí, es verdad que conozco a ateos, es tu caso, creo.  Lo cierto es que no suelo preguntar. Además, no los elijo basándome en su contestación al respecto. Todos ellos son buena gente, muy buena gente. Son maravillosos. Tu eres un gran tipo. El que tú y yo nos llevemos bien no me hace menos católico o más ateo, o agnóstico, y viceversa.

Juancho, considero no acertado que estigmatices a nadie con los calificativos de retrogrado y radical. En las creencias religiosas y/o laicas todos somos radicales. Tu visión de la “no existencia de Dios” es tan radical como la mía, al creer que existe. Yo no podré demostrar científicamente la existencia de Dios. Tu no podrás, jamás, mostrarme un experimento que verifique que Dios no existe. La fe es definida, con cierta frecuencia, como: “tener certeza de lo que no se puede demostrar”. Tú tienes una enorme fe en que Dios no existe. Yo una pequeñita y minúscula fe, menor que un grano de mostaza, de que existe. Ambos somos tremendamente radicales y dogmáticos. Es nuestra verdad. Estarás conmigo en que la radicalidad y la ortodoxia, en ocasiones, tienen su belleza. En este aspecto debe ser así. Hace personas coherentes con un ideal de vida.

Si me consideras radical y retrógrado, aquí si hablo en primerísima persona, por ser defensor de posiciones contrarias a muertes programadas de seres humanos: aborto, eutanasia y penas de muerte, recibo encantado el descalificativo. Sí, sí considero que la vida es el bien más preciado del hombre. Sí, sí considero que nadie puede arrogarse el derecho de decidir sobre la vida de nadie (aunque sea un cigoto). Sí, sí considero que este principio es absolutamente progresista. Permite el progreso de la humanidad hacia el bien común. Es simple y sencillo. Es bueno.

En definitiva, se trata de nuestros maravilloso, inútiles y muy torticeros argumentos.

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