Javier Ortega Martín es el nuevo párroco de Santa Mónica. El próximo domingo 20 de septiembre, tras completar su mudanza desde la parroquia de San Juan Evangelista de Torrejón de Ardoz, tomará el relevo de Jesús de la Cruz, que deja Rivas tras más de dos décadas en la ciudad para recorrer el camino opuesto. El nuevo párroco de Santa Mónica ha recibido a Diario de Rivas en medio de unos días muy intensos en lo personal y en lo profesional, entre despedidas y labores de mudanza previas a su traslado a Rivas.
¿Cómo se encuentra en estos días previos a su traslado a Rivas?
Es verdad que los cambios, por una parte, siempre cuestan. Aunque estamos disponibles y lo hacemos con todo el cariño, llevas años en la parroquia —hace siete años que llegó a la parroquia de San Juan Evangelista—, la gente también te tiene mucho aprecio y lo está pasando un poquito mal. Pero la verdad es que voy (a Rivas) con mucha ilusión y disponible. Es como un reto, pues es una experiencia nueva para mí.
La verdad es que me han cambiado mucho de parroquia, no es como Jesús —por Jesús de la Cruz, párroco de Santa Mónica al que sustituye—, que lleva muchos años ahí. Yo he dado muchas vueltas. Pero, respecto a la parroquia, me siento expectante, con un deseo grande también de ir conociendo a la gente y de seguir intentando hacer lo que yo he intentado hacer en Torrejón, anunciar al Señor y el amor de Dios.
¿Cómo recibió la noticia de su traslado a Rivas?
A mí en concreto el obispo me comentó un poquito en marzo. Me dijo: ‘Oye, estoy pensando…’, y cuando me dijo eso le dije que estaba disponible para lo que él quisiera y ya está. Después, a finales de mayo, se confirmó el traslado una vez se cerraron todos los nombramientos y se dio por definitivo. Me he ido haciendo a la idea y, en ese sentido, gracias a Dios, aunque siempre me da pena dejar a la gente, no tengo ningún apego, así que me voy con mucha libertad y con disponibilidad. Vine a Torrejón muy contento, me voy muy contento de aquí y llego a la parroquia en Rivas también muy contento.
¿Qué destacaría de su figura para que el pueblo de Rivas le conozca?
Pertenezco a una familia de cinco hermanos. Tengo un hermano gemelo, que es también sacerdote —Alberto Ortega Martín, nombrado por el Papa Francisco en 2024 nuncio en Venezuela—. Nuestra madre ha sido una bendición, ha sido muy cristiana, entonces nos llevaba siempre a misa y de jóvenes tuvimos la suerte de entrar en una parroquia en Madrid, la parroquia San Jorge, donde había un grupo de jóvenes estupendo. Allí pudimos compartir la ilusión de ser cristianos, y de esa parroquia hemos salido bastantes sacerdotes.
Estudiamos juntos, hicimos tres años de económicas después la mili, servicio que hicimos voluntario para poder estudiar en Madrid antes de entrar en el seminario, donde pasé años muy bonitos. Me ordené en el año 90, nos ordenamos juntos también y después a mí me mandaron a la Diócesis de Alcalá, pensando un poco ya en la división de la misma en la zona de Alcalá.
Estuve dos años en Meco, he estado después tres años en Roma estudiando, después estuve de formador en el seminario. Y posteriormente he estado también en varias parroquias además de veinte años de vicario episcopal. Además, estuve también colaborando con el obispo. La verdad que he estado dando muchas vueltas con diversos encargos, lo que me ha permitido ir acumulando experiencia. En Torrejón he pasado siete años.
Aunque será su primera etapa en Rivas, es un gran conocedor de la Diócesis de Alcalá y de sus municipios.
Sí, yo he estado mucho tiempo en esta zona. Sobre todo en Alcalá de Henares, donde he pasado más de 20 años. Pero también un año en Zulema, otro año en Mejorada del Campo y los siete años de Torrejón. Es verdad que conozco bien la Diócesis y también la parroquia de Rivas (Santa Mónica) porque había ido a propósito de confirmaciones. Además, la parroquia de Rivas la conozco también porque tengo una hermana que vive en la ciudad y que está muy metida en la vida de la parroquia, y también porque soy consejero de oración carismático y he ido a un grupito en la parroquia para estar con ellos.
Acumula muchas mudanzas y cambios de parroquia. ¿Cómo afronta este tipo de cambios como el que tiene delante con su llegada a la parroquia de Santa Mónica de Rivas?
Yo he tenido ya muchos cambios, y mi deseo cuando voy a una parroquia nueva es ver lo que hay primero antes de hacer nada. Primero ver y escuchar, mantener todo lo que hay construido tal y como está y después, poquito a poco, de alguna forma ir dando también tu impronta personal.
Yo no me he hecho ningún plan todavía, no tengo ninguna idea más allá de llegar, ver, empezar a rezar, rezar juntos y ver también un poco lo que el Señor pueda pedirnos.
A lo mejor hay cosas que pueden surgir, pero en principio la idea es mantener todo lo que hay, y con inmensa gratitud a lo realizado por Jesús.
¿Han hablado ustedes dos estas semanas previas a sus respectivas mudanzas?
He hablado con Jesús. Somos muy buenos amigos, y me ha contado todo lo respectivo a la parroquia. Voy contento porque veo que es una parroquia que está muy cuidada y que ha estado muy bien atendida y ha tenido mucha vida.
Entonces, en ese sentido, una de las cosas que le pido siempre al Señor es, por lo menos, no estorbar; por lo menos, no estropear lo que hay, sino intentar valorarlo, potenciarlo y después ya poquito a poco pues también en diálogo, con el consejo pastoral, con la gente, ver, bueno cómo se puede enriquecer. Dios nos irá diciendo y nos abriremos a lo que Dios quiera.
En cualquier caso, es un desafío y un reto tomar el testigo de Jesús, que lleva más de veinte años en Rivas. Hemos coincidido algunos años porque él ha sido también vicario episcopal, hemos coincidido en la Diócesis… Doy muchas gracias a Dios por todo lo que él ha hecho en la parroquia y mi deseo es respetarlo y cuidarlo.
Después, habrá cosas que no sabré hacer como él. Por ejemplo, su preocupación por la cultura y el arte, pero compartimos muchas. otras, como el protagonismo que él le ha dado a los laicos. En la parroquia, el cura tiene que estar coordinando, sirviendo, pero dejando funciones a los laicos, que asumen gracias a su generosidad, como son los grupos de catequesis. El cura apoya, se hace presente, pero comparto que la responsabilidad recaiga en los laicos, que muchas veces lo hacen mejor que nosotros.
Ha mencionado la palabra “reto”. ¿Eso implica también ilusión por la nueva etapa en Rivas?
Sí, sí. Estoy contento. Ser sacerdote es una bendición, es una cosa preciosa. Y el Señor nos regala el ir viendo cómo Dios actúa, cómo Dios también toca al corazón de las personas, ¿no? Como Dios ha servido de nosotros para comunicar su vida. Entonces, yo voy con mucha ilusión a todos los sitios.
Estoy lleno de ilusión. Pero también con la conciencia de que el problema más grande de la parroquia soy yo mismo; es mi conversión, es mi relación con el Señor. Si yo estoy unido al Señor, si yo estoy en la actitud adecuada, seguirá todo bien. Si yo me despistase, si cayera en el activismo o dejase o buscase cosas mías y no las del Señor, la cosa iría mal. Mi preocupación es sobre todo saber responder. Y también dejar actuar al Señor, responder a lo que a lo que el Señor vaya pidiendo.
Es posible que a algunas personas habituales de la parroquia, precisamente por su vínculo con Jesús de la Cruz, les cueste el cambio. ¿Qué reflexión comparte con ellos?
La intención de Jesús y mía es que exista un contacto entre ambas parroquias. A veces damos la sensación de francotiradores, damos la sensación de que uno llega a la parroquia, hace un poco lo que quiere como si la parroquia fuera tuya, cuando la parroquia es de los parroquianos, y nuestra labor es estar al servicio.
Creo que es bueno que la gente vea que hay continuidad, que los curas nos queremos, que somos amigos, que no hay ningún tipo de de competencias o de envidias o de rivalidades, sino que estamos juntos y nos gozamos en lo que el otro ha hecho, y lo valoramos.
En ese sentido, yo creo que estamos en una disposición buena y, aunque eso no quita que a la gente le vaya a costar, lógicamente, estoy convencido de que en Torrejón le van a coger con mucho cariño y de que Jesús lo va a hacer muy bien. Y espero que Rivas ocurra parecido.
¿Ha pensado en lo que dirá en su primera homilía en Rivas?
Todavía no lo he pensado. Tengo pendiente la despedida en Torrejón (el viernes 18 de septiembre), así que va a ser un fin de semana intenso. Lo que sí haré será dar gracias al Señor por su amor, por su fidelidad. Y sobre todo, anunciar a Cristo. Yo creo que la palabra definitiva siempre es el Señor. De alguna forma, la parroquia es suya y en ella donde tenemos que mirar todos es al Señor.
Además, mi deseo también es intentar transmitir que vengo con ilusión, con un deseo de valorar y de apoyar todo lo que se ha hecho. Y le pido a la gente que tenga toda confianza de ayudarme y de corregirme, me gusta dejarme ayudar, puesto que es algo que tenemos que vivir entre todos, de modo que no tengan apuros ni corte decirme algo, que la gente se sienta en la libertad de opinar, de decir y de sugerir.
¿Cómo ve usted la figura del párroco con respecto a la sociedad en la actualidad? Llega a una parroquia muy vinculada también al tejido social de Rivas y, en concreto, Jesús de la Cruz también ha sido reconocido en su despedida por el Ayuntamiento de Rivas.
Dios ha puesto en nuestras manos lo más grande, el corazón de la gente, la relación con Dios, que es lo más grande de cada persona. Cada alma vale más que el mundo entero. Y Dios nos ha puesto al servicio de la salvación de la gente, ¿no? Al servicio de que la gente se pueda encontrar con el Señor. Entonces, es una responsabilidad muy grande.
Por una parte, tenemos la responsabilidad de intentar que en la parroquia las personas se abran ante un lugar de encuentro con el Señor donde uno experimente la vida de Dios. Y por otro lado, es verdad que también el párroco tiene una tarea no solamente con la gente de la parroquia, sino también a nivel social.
Yo en Torrejón he tenido una experiencia muy bonita al colaborar con las asociaciones locales, con las hermandades, con el Ayuntamiento, con el que tenemos una relación excelente, como sé que la tiene Jesús en Rivas. A mí me gustaría que esta relación cordial se pudiera mantener con el Ayuntamiento (de Rivas), aunque sea de otro signo político al de Torrejón. Tengo el deseo de mantener esa relación, siempre al servicio de la gente, que para eso estamos todos.
Le invito a cerrar esta conversación con sus primeras palabras hacia el pueblo de Rivas, que en unos días le recibirá.
Les recuerdo que vengo con un deseo grande, y que tengo también el deseo de que la gente se encuentre con el Señor. Y si tuviera que decirles algo más, me gustaría recordarles que Dios nos quiere mucho, que Dios quiere que seamos felices, Dios ha venido para que tengamos vida, y vida en abundancia.
Tenemos que intentar llevar esa alegría del Evangelio a todo el mundo, no solo a la parroquia. Y por eso el deseo que también tengo es que, por las circunstancias que tiene la parroquia de Sant Mónica, esta siga siendo una parroquia de salida, que es algo de lo que ahora se habla mucho.
Y les animo también a ver el cambio, aunque siempre cuesta, como una ocasión positiva, como una llamada a la conversión.
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