OPINIÓN
Juanma del Castillo
Periodista
Una ideología es un conjunto normativo de emociones, ideas y creencias colectivas que son compatibles entre sí y están especialmente referidas a la conducta social humana. Las ideologías describen y postulan modos de actuar sobre la realidad colectiva, ya sea sobre el sistema general de la sociedad o en uno o varios de sus sistemas específicos, como el político, científico-tecnológico, cultural, moral, religioso, medioambiental u otros relacionados con el bien común. De alguna manera, podríamos considerar que todos tenemos o formamos parte de una ideología, incluso hasta sin ser conscientes de ello.
En la sociedad en la que hoy vivimos me atrevería a decir que muchas personas solo viven el momento inmediato y el siguiente muy a corto plazo. No se plantean por qué hacen las cosas, simplemente las hacen, porque así se hizo siempre, porque es lo que hacen los demás, porque lo dicen en la tele o simplemente porque no tienen otro remedio que hacerlas así. Cuando digo hacerlas, lo amplío también a pensarlas…
Otras personas no actúan así, tienen un código ético pensado y reflexionado, proyectan su pensamiento (ideas, inquietudes, proyectos, previsiones, etc.) más a medio y largo plazo. Esto, tanto en lo que se refiere a su vida personal, como a lo concerniente a lo social y político.
Tanto una como otra, puesto que no somos seres aislados y necesitamos de colectivos con los que identificarnos, nos acercamos a aquellos grupos de pensamiento que más nos representan. Algunas incluso se integran para formar parte de sus estructuras orgánicas.
¿Pero cómo se forma el pensamiento o ideología de cada una? Además de la historia personal de cada cual, las ideas que nos han transmitido nuestros progenitores, enseñantes, el medio en el que hemos vivido o vivimos, etc., un papel fundamental lo cumplen los medios de comunicación, revistas, periódicos, radios y principalmente la televisión. En los últimos tiempos han cobrado un papel muy importante las redes sociales, esos comentarios cortos, casi consignas, que nos llegan continuamente mediante vídeos, audios, viñetas, etc. Creemos que son información, pero solo son consignas.
En otro tiempo, el periodismo ejercido desde los tabloides, los informativos de radio y televisión, mesas de debate, programas de entretenimiento, artículos y/o programas de investigación, eran de rigor indudable observado por todos los autores, participantes, opinadores, etc. Hoy ya no es así. Para desacreditar al contrario, sus ideas o actuaciones, se ha impuesto el ‘todo vale’: insultos, mentiras, noticias falsas, acoso en redes u otros, etc.
Todo vale. El televidente, oyente o lector, tiene pocas posibilidades de distinguir lo falso de lo verdadero, imágenes que parecen reales, pero que están trucadas… y, sobre todo, es muy difícil detectar los contenidos subliminales, intencionados en una determinada dirección o falsos, entre toda la información que cada minuto nos inunda.
La cultura en la que nos hemos educado casi siempre ha ensalzado a los triunfadores, sin cuestionamientos sobre cómo les ha llegado el triunfo. Hoy ese reconocimiento sublime, sometido, llega a tal extremo como para justificar las actuaciones delictivas de aquellos que consideramos referentes o líderes (los delitos de Trump, los desmanes de Bolsonaro, las políticas abusivas y asesinas de EEUU…, o más cercanas, las comisiones del hermano de Ayuso, la corrupción sistemática del Partido Popular, etc.), olvidamos esas cosas como si nunca hubieran ocurrido. Muchos forman parte de ‘la masa’ que sustenta una ideología, aunque en otro momento puedan sumarse a otra. Decirse de una ideología es fácil y, si es necesario, pasarse a otras, es gratis.
Los medios de comunicación nos ayudan a olvidar. Ellos son los que deciden qué noticia es importante y cuál no lo es, de que actuación insignificante hacemos ‘un mundo’ y cómo ocultamos otras verdaderamente importantes. Algunos ejemplos, toda la campaña de la derecha y ultraderecha durante las elecciones municipales se basó en tres eslóganes: ‘el fantasma de ETA’ que desapareció hace doce años; el miedo a que nos ocupen nuestra vivienda, que según los datos ocurre en el 0,04% en toda España (contando incluso con aquellas familias que viven en sus casas de siempre y que por circunstancias ahora no pueden pagar); y que Pedro Sánchez y el Gobierno de coalición quieren romper España, cuando toda la conflictividad en Cataluña, País Vasco… está completamente amortiguada. Esto ha sido difundido por los medios de derechas (casi todos) y por las redes sociales hasta la saciedad. En cambio, nada han hablado de su programa de gobierno en ayuntamientos y comunidades, ni tampoco de los pactos entre Partido Popular y Vox, cediendo cuotas de poder muy importantes a la ultraderecha, tanto que ya se están notando sus actuaciones y consecuencias.
Los órganos de gobierno del Ayuntamiento y Comunidad de Madrid, esperaron unos días después de que pasaran las elecciones municipales y autonómicas para anunciar, el primero, que más de 10.000 niños/as se quedarían sin su plaza en las escuelas infantiles municipales; después de tres años 45 plazas de trabajadores/as sociales están sin cubrir y probablemente despedirán a otros 110 de los actualmente contratados, está claro que pretenden reducir al mínimo sus políticas sociales. Ayuso anunciaba la privatización de la gestión de los comedores escolares y la subida del precio de los menús en un 12,7%; que 30.000 estudiantes de Formación Profesional tampoco obtendrían plaza; más de 1.000 sanitarios han sido despedidos este mes de marzo, a pesar de la precarización y la falta de personal de la sanidad pública. De todo esto (y otras muchas actuaciones), los medios de comunicación no se hacen eco o muy escasamente. Para asegurar el control de la información, la Comunidad es la que más invierte en publicidad (eso sí, en medios afines, además de Telemadrid, que es TV pública autonómica).
Ya están empezando a notarse las actuaciones de los políticos de Vox en los gobiernos locales y autonómicos: un policía en Murcia interrumpe el concierto de la cantante Rocío Saiz por quitarse la camiseta y enseñar el pecho en la canción ‘Como yo te amo’ cosa que lleva haciendo desde hace diez años; un concejal de Vox en Getafe pide que se censure La villana de Getafe de Lope de Vega, obra que consideran una «perversión» por sus «insinuaciones sexuales»; el nuevo gobierno de PP y Vox de Valdemorillo (en Madrid) ha suspendido la obra Orlando, de Virginia Woolf, porque «en la obra hay un hombre que se convierte en mujer»; en Santa Cruz de Bezana (Cantabria), el Ayuntamiento gobernado por PP y Vox ha censurado la película Lightyear de su programación del cine de verano por incluir un beso entre dos personajes femeninos; la concejala de Festejos del Ayuntamiento de Gijón, Sara Álvarez Rouco, de Vox, ha declarado que evitarán contratar artistas que se expresasen en asturiano; el PP cancela una obra de teatro en Palma de Mallorca sobre trastornos alimentarios… Aunque las decisiones de censurar obras culturales suceden no solo donde gobiernan el PP y Vox, se bastan solos los de la formación liderada por Alberto Núñez Feijóo para aplicar su propia agenda en los municipios donde no necesita a la ultraderecha a su lado. En el Ayuntamiento de Briviesca, donde gobiernan con un concejal de Ciudadanos, el gobierno municipal ha cancelado la obra teatral El mar: visión de unos niños que no lo han visto nunca, inspirada en la historia del maestro republicano Antonio Benaiges. En el Ayuntamiento de Palma, han cancelado la obra Nua, programada para el próximo otoño.
¿Cuántos padres y madres que han votado al PP/Vox se han quedado sin plaza para sus hijos? ¿Cuántos tienen aplazadas sus intervenciones médicas o quirúrgicas? ¿Cuántos tendrán que pagar más en los comedores escolares?… ¿Es que los votantes de los partidos de derecha y ultraderecha no ven que nos están robando la cultura, la educación, la sanidad…? ¿Por qué siguen apoyando a sus depredadores?
Miguel Ángel Rodríguez (MAR), el principal asesor y quien mueve los hilos de Isabel Díaz Ayuso, en una entrevista reciente comentaba: “nosotros nos quedamos con lo bueno, la fiesta, las cañas, salir con amigos, la vida. Y para los otros, lo feo, el aborto, la eutanasia…El lema de Ayuso ha sido Ganas, con un doble sentido voluntad+éxito. Solo importan las emociones, les hemos quitado la palabra ‘libertad’ a la izquierda y el contenido de ‘feminismo moderno’. Les quitamos ‘el color rojo’. Ahora les estamos quitando ‘el mensaje sobre el medio ambiente’. Y además nosotros ‘no prohibimos comer carne’…”.
Evidentemente todos sus mensajes son simples, relacionados con lo cotidiano, con lo satisfactorio o apelando al miedo (ETA, ocupas, ruptura de España, inmigrantes que nos invaden…). Todo eso cala, la gente no quiere complicarse la vida y, si además nos bombardean con noticias falsas que nos permitan justificar lo que hacemos, o mejor aún, ‘por qué no hacemos nada’ que pueda mejorar nuestra vida y nuestros derechos, pues mejor que mejor…
Ciñéndonos a Rivas, una ciudad en la que ya somos cien mil las personas que vivimos, la información fluye rápida y eficazmente. Hay seis medios de comunicación: Radio Cigüeña, Zarabanda, Covibar, Zarabanda Digital, Rivas Actual y Diario de Rivas. Además, la web y revista municipal Rivas al día y varios ‘chat’ de opinión en redes sociales. A pesar de esto, hay muchos vecinos y vecinas que solo se informan por lo que escuchan a otros o a través de las televisiones, muchos de ellos en los programas, supuestamente de ocio o entretenimiento, pero cargados de contenidos decididamente intencionados, en la inmensa mayoría de los casos, de derecha o ultraderecha.
Todo esto va generando una forma de pensar, de actuar y después de votar. Las pasadas elecciones han sido la primera vez que el Partido Popular las ha ganado en Rivas. Es un aviso para todas. Si además sumamos a los nuevos vecinos/as que compran viviendas de más de trescientos mil euros los pisos o cerca de ochocientos mil los chalets, podríamos pensar que no son gente que viva con el salario mínimo interprofesional o poco más. Y han elegido Rivas para vivir porque les gusta la ciudad, el alto nivel de servicios, los colegios, las zonas deportivas, las zonas verdes, la oferta cultural, comercial y gastronómica, etc. No se plantean que todo esto lo hemos conseguido los vecinos y vecinas que llegamos aquí hace cuarenta años, donde no había casi nada, junto con los gobiernos de izquierdas que durante este tiempo hemos sabido elegir.
Ya estamos viendo lo que pasa cuando gobierna la derecha. No nos dejemos engañar, los derechos solo los conseguimos peleándolos y solo los conservaremos defendiéndolos…
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