Javier Gil
Concejal del PP en el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid
El Ayuntamiento de Rivas presume de solvencia con cifras que apuntan a una salud financiera envidiable: superávit, ahorro neto y baja deuda. Sin embargo, bajo la superficie de los números brillantes emergen dudas razonables sobre la ejecución del gasto, la sostenibilidad del modelo y el verdadero impacto en la vida de la ciudadanía. Porque tener dinero no siempre es sinónimo de buena gestión… y eso en Rivas Vaciamadrid comienza a notarse.
Ha presentado la liquidación del presupuesto de 2024 como un ejemplo de buena gestión económica. Con un superávit de 5,9 millones de euros, un remanente de tesorería de 13,3 millones y un ahorro neto de 7,9 millones, el mensaje institucional es claro: las cuentas están saneadas. Pero ¿es esta la historia completa? A simple vista, podría parecer impecable. Sin embargo, cuando se escarba en los datos y se examina el contexto, emergen señales que invitan a un escepticismo responsable, y surgen legítimos interrogantes sobre el verdadero estado de las finanzas públicas y la sostenibilidad del modelo.
Aunque el superávit pueda parecer una señal de éxito, la ejecución del 93,46% del gasto corriente sugiere que no se han utilizado todos los recursos disponibles. Dicho superávit, aunque pueda parecer un logro indiscutible, conviene recordar que no siempre es sinónimo de buena gestión, sino muchas veces de ejecución insuficiente del gasto social. El 93,46% de los gastos corrientes ejecutados sugiere que el Ayuntamiento no ha utilizado todos los recursos a su disposición, algo preocupante en un municipio con retos sociales importantes. El Ayuntamiento deja un 6,5% sin ejecutar. ¿Qué parte de ese presupuesto no llegó a servicios públicos básicos? ¿Qué proyectos quedaron sin implementar o se ralentizaron sin justificación clara?
En una ciudad que enfrenta retos de vivienda, movilidad y cohesión social, tener recursos disponibles y no canalizarlos correctamente no es un mérito, sino un síntoma de falta de capacidad operativa.
La estabilidad presupuestaria es el matiz que lo cambia todo. El Ayuntamiento reconoce un incumplimiento del objetivo de estabilidad presupuestaria, aunque loatribuye a criterios técnicos del Ministerio de Hacienda. Sin embargo, la necesidad de aprobar un Plan Económico Financiero revela una tensión entre el discurso de solvencia y la realidad normativa. “No se puede presumir de fortaleza financiera mientras se incumplen reglas básicas de estabilidad”. Esa explicación, revestida de tecnicismo, omite una cuestión clave: si el modelo financiero local depende de interpretar la norma “con flexibilidad” para justificar un desequilibrio, ¿estamos ante una estrategia financiera sólida o ante malabares contables?
Con una ratio de deuda del 24,46%, Rivas está muy por debajo del límite legal del 75%. Pero esa holgura no se ha traducido en una estrategia ambiciosa de inversión estructural. Por ello, con esos datos, nos lo intentan vender como señal de fortaleza. ¿Por qué un municipio tan “saneado” tiene que recurrir a este mecanismo? ¿Es esto compatible con la idea de una economía local sólida?
Según el último Observatorio Urbano de Rivas, solo el 45% de la ciudadanía valora positivamente la gestión municipal, mientras que un 23,6% la considera mala o muy mala. Además, el 33% de los vecinos cree que la ciudad ha empeorado en el último año.
El tono del comunicado no deja espacio a la autocrítica. Todo es salud financiera, responsabilidad fiscal y eficiencia. Pero no se ofrece información sobre las partidas no ejecutadas, el impacto real de las inversiones ni sobre los retrasos o problemas asociados a proyectos como la Escuela Municipal de Música. ¿Puede hablarse de gestión excelente sin evaluar resultados concretos y sin rendición de cuentas transparente?
El Ayuntamiento, en su línea triunfalista, reivindica su capacidad para destinar el superávit a fines sociales y exigiendo al Gobierno de España flexibilidad en el cumplimiento de las reglas fiscales. Pero esta petición pierde peso si no se acompañan de mecanismos de fiscalización rigurosos y transparencia sobre las inversiones reales y sus impactos.
El balance económico de 2024 no puede analizarse solo en términos contables. La ciudadanía necesita saber no solo cuánto dinero sobra, sino cómo se gasta, qué se deja de hacer y por qué. La gestión pública no se mide por los titulares optimistas, sino por su capacidad de transformar la vida cotidiana de las personas. Y en ese terreno, Rivas aún tiene mucho por demostrar.
Más allá del entusiasmo del comunicado oficial, los vecinos merecen un análisis más sobrio y completo de las finanzas municipales. Porque una buena salud económica no debería medirse solo por los números en verde, sino también por la calidad del gasto, la sostenibilidad de las inversiones y la capacidad real de transformar positivamente la vida en Rivas Vaciamadrid.
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