Doce horas sin luz: así vivió Rivas el apagón

por | Abr 29, 2025

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La península ibérica y parte de Francia han sufrido un corte de luz repentino este lunes 28 de abril a mediodía cuyas causas aún se desconocen. En Rivas Vaciamadrid, donde la alcaldesa coordinó desde el principio de la crisis la situación desde la central de Policía Local, como en el resto de España, familias y negocios se echaron a la calle para tratar de conocer qué es lo que había ocurrido. Esta es la crónica de una jornada de caos, incertidumbre y dudas ante la incomunicación y lo anormal de la situación.

El corte se produjo a las 12:33 horas de la mañana por una pérdida súbita de 15 gigawatios de potencia eléctrica en el suministro, según datos de Red Eléctrica aportados por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y se expandió a toda la península. La responsable de la red realizó un cortafuegos para que el problema no se extendiera a todo el continente. No obstante, dejó a España, salvo en los archipiélagos, y Portugal a oscuras.

Pocos minutos después del apagón que dejó sin luz a toda la península Ibérica, incluido Rivas Vaciamadrid, su alcaldesa, Aída Castillejo, explicó en declaraciones exclusivas a Diario de Rivas el dispositivo dispuesto para la jornada, configurado por el jefe de Policía, el concejal de Seguridad, el director general y la propia regidora, acompañados por la gerente de Rivamadrid con sus grupos operativos.

«Lo que hemos hecho es trasladar a los equipos disponibles y a los que estaban librando, que han ampliado servicio, y las emergencias. Han sacado a personas de los ascensores. Hay patrullas por toda la ciudad pendientes de las emergencias y a patrullas a pie para las cosas que necesiten los vecinos porque el 112 tampoco funciona. Sí tenemos contacto con Guardia Civil porque tenemos un equipo compartido y poniéndonos a disposición de los cuerpos de seguridad e intentando, ante cada cuestión nueva que llega, intentar atajar. Tenemos grupos electrógenos auxiliares en Policía para que este edificio funcione como central. El resto del Ayuntamiento está desenchufado», incidió la primera edil en declaraciones a Jaime Moya alrededor de las 15 horas del lunes.

RIvas durante el apagón
La Policía Local de Rivas patrulló con su Oficina Móvil. En la imagen, en el parque 8M, la tarde del apagón (foto: Diario de Rivas)

A esa hora, Rivas llevaba, aproximadamente, dos horas y media sufriendo las consecuencias del apagón. Los medios de transporte local impulsados por electricidad, como el Metro de Madrid, habían dejado de funcionar, las familias que pudieron llegar a los colegios de sus hijos e hijas se estaban acercando a preguntar e incluso recogerles con antelación y muchos comercios habían tomado la decisión —los que tenían solución manual alternativa al cierre automático— de echar el cierre.

Este digital lo comprobó in situ en el barrio de La Luna y Covibar, donde alrededor de las 12:50 horas, pocos minutos después del apagón, las consecuencias del apagón eléctrico se notaban en los comercios de proximidad, pero no así en las calles: todavía no se veían familias acercándose a preguntar a los colegios, como sí ocurriría dos horas después, y en el polideportivo Supera del barrio de La Luna, entraban y salían deportistas ajenos a lo que pasaba o despreocupados pensando que sería cosa de unos minutos. Supera cerró sus instalaciones por la tarde.

Bien distinto era ya a esa hora el panorama en los comercios del barrio de La Luna. Abiertos, pero con una imagen muy poco habitual en su interior, iluminados apenas por las tenues luces de emergencia. Los trabajadores del AhorraMás de Lolo Rico se reunían de manera improvisada en la zona de las cajas, informando a los clientes de que, “sorprendentemente”, las tarjetas bancarias funcionaban.

Enfrente, en el bulevar de las Madres de la plaza de Mayo, aparecían poco después de las 13:00 horas los primeros rostros de preocupación entre los comerciantes. Algunos decidieron cerrar. En otros, al no disponer de cierre automático, la preocupación era un mayor a esa hora. Y mientras tanto, alrededor de las 13:30 horas, ya había colas en el bazar y la panadería del bulevar, donde la gente buscaba, principalmente, pan y agua.

“Ya no hay agua en casa, así que he bajado corriendo a por ella por si acaso”, decía una vecina mientras esperaba en la cola del bazar. “Es mejor no ponerse nervioso”, se escuchaba comentar a un vecino en la cola de la panadería, donde se había formado una tertulia improvisada que se repitió en todos los comercios visitados entre el barrio de La Luna y Covibar.

Colas en un bazar del barrio de La Luna el día del apagón
Colas en un bazar del barrio de La Luna el día del apagón (foto: Diario de Rivas)

Por ejemplo, en la puerta de la peluquería de la calle de Hatshepshut, todavía abierta poco antes de las 14:00 horas pero sin poder trabajar. “Aunque funcione el pago con tarjeta, no podemos utilizar ningún aparato, y de los termos de agua caliente, que también van con electricidad, ya sale fría el agua”, explicaba una de sus empleadas, más o menos tranquila porque el local cuenta con cierre manual.

La hamburguesería cercana a la peluquería muestra a la misma hora, la del inicio de las comidas, una estampa muy poco habitual para un lunes laborable: completamente vacía. Reconocía su cocinero entonces la pérdida económica que el apagón iba a suponer para todos los negocios de hostelería. “Mira cómo está el local, la hora de la comida está perdida”, dice. Aunque a esa hora se mostraba tranquilo, por lo menos, por la comida almacenada: “No abrimos las neveras porque sabemos que cerradas aguantan doce horas perfectamente”, apuntaba. Doce horas tardó, aproximadamente, en volver la luz a esta zona del barrio Oeste de Rivas, donde, según distintos testimonios vecinales, regresó pasadas la 1 de la madrugada.

Una vecina muestra pilas y una linterna, su compra el día del apagón
Una vecina muestra pilas y una linterna, su compra el día del apagón (foto: Diario de Rivas)

Desorientación con el cierre de Metro y la falta de internet

El acceso a la estación de Metro Rivas Urbanizaciones era ya un ir y venir de gente desorientada sobre las 14:00 horas. La estación estaba clausurada con una cinta en su puerta exterior. Y una trabajadora informaba de que el servicio estaba interrumpido a quienes consultaban para saber qué ocurría y qué alternativas tenían. “Desde las 12:40 apenas hemos tenido comunicación a excepción del jefe de estación. Solo sabemos que al menos hemos tenido que ir a rescatar un tren que se ha quedado parado con el apagón camino de Arganda”, contaba a Diario de Rivas la trabajadora de Metro. “En principio, que sepamos no ha habido emergencias, pero trenes parados afectados han sido muchos seguro”, añadía, con gesto de agobio.

El servicio de Metro no se ha podido retomar a las 8 de la mañana del día siguiente al apagón, el martes 29 de abril.

La estación de Metro Rivas Urbanizaciones, clausurada por el apagón
La estación de Metro Rivas Urbanizaciones, clausurada por el apagón (foto: Diario de Rivas)

En la puerta de la estación miraban sus teléfonos móviles —a la desesperada, porque a esa hora no funciona internet— decenas de personas usuarias del Metro. Alguna necesitaba ir a Madrid a trabajar o estudiar —todavía a esa hora la gente intentaba mantener su rutina habitual—, otras iban camino de Arganda a recoger a sus hijos o, simplemente, a su casa, como es el caso de Izan, Raúl y Luca, estudiantes argandeños de la CEM Hipatia que no podían llegar a casa. “Lo peor es que tampoco sabemos cómo volver”, decían a esa hora.

Ante la imposibilidad de consultar el móvil, su alternativa era preguntar a otras personas por si alguna iba destino a Arganda. Una mujer les dijo que iba a coger el bus a Madrid para luego tomar otro hacia Arganda. No sabía que la situación en la carretera de Valencia se estaba complicando por momentos.

Usuarios del Metro en el exterior de la estación Rivas Urbanizaciones
Usuarios del Metro en el exterior de la estación Rivas Urbanizaciones (foto: Diario de Rivas)

Camino de la biblioteca pública José Saramago, ya en Covibar, varias paradas más en los comercios de la zona: en la panadería, una familia se lo tomaba con humor: “Hoy comeremos por lo menos un montadito de sardinas… hay que tomárselo con humor”, decían después de comprar pan y dulces. En una inmobiliaria, con gesto de mucha preocupación, su dependienta contaba que “no vivo aquí y tengo el coche en reserva, no me atrevo a cerrar y cogerlo. Y estoy preocupada por mis hijos; espero que mi madre les recoja, confío porque tampoco puedo contactar con ella”.

Esther, también comerciante, aseguraba no poder despachar porque no sabía qué correspondía a cada cliente, ni qué cobrar, lamentando las pérdidas económicas de la jornada. Aunque la mayor preocupación de los propietarios de los comercios era la falta de suministro eléctrico durante la noche. “Vamos a cerrar, le he pedido a un vecino que si escucha o ve algo que por favor me avise, o que grite”, señalaba Dana, dueña de un bar, ejemplo del sentimiento de inseguridad que experimentaron durante la jornada muchos comerciantes de Rivas, sobre todo quienes solo disponían en sus negocios de cierres automáticos.

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Al otro lado de la avenida de Covibar, un vecino se asomaba preocupado a la oficina de su entidad bancaria después de comprobar que no podía sacar dinero. “Pensaba que habría alguna alternativa”, decía, mientras le atendía a través de la puerta acristalada un trabajador de la oficina: “No se puede hacer nada sin luz ni internet”, comentaba alrededor de las 14:30 horas; dos horas después del apagón. “Lo primero que cierran… a ver si va a haber retirada masiva”, comentaba medio en broma, medio en serio, un segundo cliente que se había acercado a intentar sacar dinero.

Colas en un bazar de Covibar el día del apagón
Colas en un bazar de Covibar el día del apagón (foto: Diario de Rivas)

Muy cerca de esta oficina bancaria están ubicados dos edificios públicos que dan servicio al barrio Oeste de Rivas: la biblioteca José Saramago y el centro de salud La Paz, donde el apagón también tuvo consecuencias inmediatas. Ambos abiertos, mostraban una estampa que impresionaba: apagados y casi vacíos a una hora en la que suelen estar llenos de vida.

Las bibliotecarias del turno de mañana, ambas veteranas, comentaban que habían vuelto a trabajar como antaño: “Todo manual, registrando a mano. E incomunicadas, porque no sabemos ni siquiera si van a poder venir a darnos el relevo del turno”, contaban en la puerta del edificio, donde había a esa hora dos o tres adolescentes estudiando con su ordenador… Era cuestión de tiempo que no pudieran seguir haciéndolo por la falta de batería en sus dispositivos.

La biblioteca José Saramago de Rivas, vacía y a oscuras, por el apagón
La biblioteca José Saramago de Rivas, vacía y a oscuras, por el apagón (foto: Diario de Rivas)

Por su parte, en el centro de salud La Paz, pocos minutos antes de las 15:00 horas se había formado un corrillo en su puerta exterior entre enfermeras, médicos y personal administrativo que informaba de la situación a las personas —muy pocas ya a esas horas— que todavía se acercaban a sus instalaciones. “Desde las 12:30 estamos sin servicio”, decía una empleada. “No podemos acceder al historial de los pacientes, así que no se puede pasar consulta”, apuntaba una doctora. “La gente que tenía cita, aunque alguna se acerque, ha dejado de venir, entiendo que al ver que no había luz”, apuntaba otra empleada. “Los equipos como los desfibriladores tienen sus propias baterías, así que funcionan”, explicaban al ser preguntadas por la autonomía de los equipos esenciales y la atención de las emergencias.

El Centro de Salud La Paz, con su interior a oscuras, el día del apagón
El Centro de Salud La Paz, con su interior a oscuras, el día del apagón (foto: Diario de Rivas)

Posteriormente, Diario de Rivas confirmó que los grupos electrógenos del centro de salud funcionaron durante todo el resto de la jornada y se pudo atender a los pacientes de urgencia. Especialmente, se resolvió en lo posible la situación de pacientes con necesidad de recibir oxígeno, para lo que necesitaban corriente eléctrica.

Más complicado resultó para las farmacias que se mantuvieron abiertas, donde la pérdida de internet y, posteriormente, la falta de luz, dificultó enormemente la prescripción de medicamentos, incluso con receta. De hecho, alguna farmacia, como la del bulevar de las Madres de la Plaza de Mayo, optó por cerrar poco después del apagón por no poder atender.

La farmacia del barrio de La Luna, cerrada la mañana del apagón
La farmacia del barrio de La Luna, cerrada la mañana del apagón (foto: Diario de Rivas)

Muchas familias recogieron antes a sus hijos de los colegios de Rivas

Con los comerciantes y los vecinos ya en las calles, salvo en los bares, que se usaron refugio temporal, la preocupación aumentaba a medida que pasaban las horas. «No podemos estar así mucho tiempo porque dependemos de la luz para todo», decía Antonio, un vecino de la urbanización Pablo Iglesias. Mark, un obrero que realizaba obras en Covibar, tenía todavía el susto en el cuerpo tras casi quedarse atrapado en un ascensor a causa del apagón cuando subía unos sacos a su lugar de trabajo. Carmen, una jubilada, como tantas otras vecinas y vecinos, se quedó con la comida a medio hacer y preocupada por la comida de la nevera y el congelador. Alguno, como un vecino del Edificio Azul de Covibar, tuvo más suerte: “Aquí cocinamos con gas”, apuntaba asomaba al balcón.

Con el paso de las horas, las baterías comenzaron a ser un problema. Problema menor, eso sí, para los vecinos y vecinas de Rivas que tenían que desplazarse fuera del municipio o llegar a él desde Madrid. Basta un ejemplo de la odisea: una vecina tuvo que caminar dos horas desde Plaza de Castilla hasta Méndez Álvaro para tomar el autobús de camino a Rivas, donde las colas de espera alrededor de las 16:00 horas eran de una hora debido al colapso de las carreteras a esa hora y la cantidad de personas que querían regresar a Rivas. “No he sido una excepción, en la cola del autobús, el señor de detrás de mí había llegado caminando desde Plaza de España”, explicaba después esta vecina. Otras personas ‘atrapadas’ en Madrid recurrieron a casas de amigos y familiares residentes en la capital para pasar la noche.

RIvas durante el apagón
Cola en Méndez Álvaro para tomar el autobús 333 el día del apagón (foto: Diario de Rivas)

A esa hora a la que consiguió subirse al autobús camino de Rivas, sobre las 16:00 horas, en muchos colegios las familias que no habían ido antes —por decisión propia o por imposibilidad, ya que la A-3 estaba colapsada en dirección Madrid, lo que retrasó mucho los horarios y periodicidad de los autobuses interurbanos— recogían a sus hijos e hijas en los colegios de la ciudad. “Estábamos en el comedor y varios padres han empezado a formar revuelo porque venían a por sus hijos, nosotros no nos habíamos enterado de nada y al ver la situación nos hemos preocupado, evidentemente nos estábamos perdido algo”, señalaba Álvaro, monitor del comedor de un colegio de la localidad.

En la CEM Hipatia, por ejemplo, Diario de Rivas fue testigo del dispositivo de emergencia montado por el personal docente del centro: dos horas antes del final de la jornada se habilitó una recepción exterior para atender esta situación anómala y garantizar así que las entregas del alumnado se hicieran de forma segura.

Recepción improvisada el día del apagón en el colegio Hipatia
Recepción improvisada el día del apagón en el colegio Hipatia (foto: Diario de Rivas)

Por la tarde, los supermercados, que se mantuvieron abiertos gracias a los generadores, se llenaron de vecinos y vecinas que se acercaban para comprar comida precocinada, latas de conservas, agua, y, sobre todo, velas, pilas, radios y linternas, generando colas de cerca de una hora de espera. “Es lo típico que vas a echar mano pero no sabes ni dónde, o que ya ni funciona de los años que tiene”, señalaba Jose, un vecino. En los bazares y tiendas deportivas, lo más buscado eran los aparatos de gas para cocinar.

Otras grandes superficies de Rivas, en cambio, decidieron cerrar durante la jornada del lunes. Lo hizo, por ejemplo, el centro Comercial ParqueRivas. “Por recomendación de la Guardia Civil hemos cerrado todos los establecimientos, pero al no haber luz sus cierres no bajan. Estamos forzando los cierres, quitando los frenos, para poder garantizar la seguridad”, señalaba Lucía, gerente de ParqueRivas.

El supermercado de Parque Rivas, la tarde del apagón
El supermercado de ParqueRivas, la tarde del apagón, funcionando con generadores (foto: Diario de Rivas)

Por su parte, en el Centro Comercial H2O las tiendas permanecieron cerradas, a excepción del Mercadona, al que los vecinos y vecinas también han acudido para comprar. “Nos venimos a por la comida porque no podemos cocinar en casa”, comentaba María, una vecina, en declaraciones a Rebeca García.

Comercios cerrados y apagados en el centro comercial H20, el lunes 28 de abril
Comercios cerrados y apagados en el centro comercial H20, el lunes 28 de abril (foto: Diario de Rivas)

A medida que se acercaba la noche, la presencia policial se hizo visible en las calles de Rivas. Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Local, que incluso puso en marcha su oficina móvil, patrullaron las calles del municipio, coordinadas por el dispositivo de seguridad organizado a nivel municipal, que ha reforzado la vigilancia y el control durante esta noche con todos los efectivos disponibles de Policía Local, Guardia Civil y Protección Civil.

El dispositivo tuvo especial incidencia en las zonas comerciales de la ciudad. En el caso de la Guardia Civil, las patrullas del puesto de Rivas han sumado activos de la USECIC (Unidad de Seguridad Ciudadana de la Comandancia) y de GRS (Grupos de Reserva y Seguridad). Y el Ayuntamiento de Rivas ha garantizado, en la sede de la Policía Local, durante toda la jornada suministro eléctrico a todas aquellas personas que necesitaban respiradores o de maquinaria de asistencia sanitaria.

Una patrulla de la Policía Local, durante la noche del apagón, por el barrio de La Luna
Una patrulla de la Policía Local, durante la noche del apagón, por el barrio de La Luna (foto: Diario de Rivas)

Entretanto, ya con noche cerrada en Rivas, la luz fue volviendo a algunas zonas del municipio, si bien no lo hizo por completo hasta la madrugada de este martes 29 de abril, cuando regresó el suministro eléctrico tras más de 12 horas de apagón a barrios del municipio como La Luna.

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