Bernabé Fernández, actor y vecino de Rivas: “El cine de Covibar era mi refugio y mi ventana para asomarme a otras realidades”

por | Dic 12, 2025

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La tarde noche de este sábado 13 de diciembre será especial para el actor Bernabé Fernández, uno de los muchos niños y niñas de los 80 que poblaron las calles y plazas de Covibar. A sus 44 años, el artista se subirá al escenario del Pilar Bardem por primera vez en su vida. Lo hará acompañado de otra vecina ilustre de Rivas Vaciamadrid, Esther Acebo (‘La casa de papel’), con la que coprotagoniza la comedia teatral que pone fin al abono de otoño en el auditorio ripense: ‘Una cuestión de formas’ —entradas en la web entradas.rivasciudad.es y en taquilla del auditorio—.

Bernabé Fernández, que en 2024 fue homenajeado por el Ayuntamiento de Rivas en el marco del Orgullo LGTBI, atiende a Diario de Rivas con el gusanillo en el estómago antes de actuar en casa, apenas a un paseo a pie de distancia del barrio que le vio nacer y crecer, un barrio que sigue recorriendo y viviendo junto a su madre en la actualidad. 

¿Cómo recuerda el Covibar de su infancia?

Para mí Covibar era el universo concentrado en unas pocas manzanas peatonales. Tenía una libertad que uno no sabe que es un privilegio hasta que crece: vecinos que se mezclaban en un ambiente muy de comunidad, un sitio donde se jugaba y vivía con las puertas abiertas. Ese paisaje de yeso, arena y obras constantes alimentaba la imaginación; cada calle nueva abría una posibilidad y cada expansión del barrio coincidía con mi desarrollo. Hasta los siete años, cuando empecé el colegio en Madrid, yo pensaba que el mundo funcionaba así: como un lugar donde lo colectivo era el centro. Ese Rivas que se agrandaba a nuestro alrededor era también mi propio mundo abriéndose.

¿Ha cambiado mucho Covibar en estas cuatro décadas que han pasado desde que empezara a pisar sus calles? 

Ha cambiado, claro —y es inevitable—. La zona de los primeros edificios, donde crecimos muchos, tenía bastante más actividad, con una sensación de absoluta seguridad, de apoyo mutuo, calidez y una manera muy particular de convivir. Pero lo curioso es que, a pesar de la transformación, aún queda algo profundamente reconocible: la manera en la que nos tratamos entre quienes vivimos aquello. Esa complicidad, ese sentir que compartimos una historia muy concreta. Creo que sigue latiendo una identidad común hecha de orgullo, de implicación y de un lazo invisible que nos une a quienes venimos de la aldea gala.

Su primer colegio, El Olivar, ha celebrado este año su 40 aniversario precisamente. Es uno de sus alumnos ilustres. ¿Echa la mirada atrás cuando pasa por su puerta?

Sí, lo sé; estuve allí el mismo día de su inauguración, con cuatro años justo en mi primer día de colegio. Paso por delante y, aunque solo estuve un tiempo, siento que esos tres años fueron muy significativos: hay recuerdos de esa edad que se quedan fijados como fotografías, los míos del Olivar permanecen como algunos de los más bonitos de mi infancia.

Le he leído y escuchado en varias ocasiones  citar el “cine de al lado de casa”, en relación al cine de Covibar. ¿De verdad iba tanto durante su infancia? ¿Se acuerda de la última vez que fue?

¡Y tanto que iba! Me tragaba las películas de la tarde dos, tres veces; y también alguna de las sesiones de la noche con mis padres. El cine de Covibar era mi refugio y mi ventana: un lugar donde podía salirme de mi vida y asomarme a otras realidades. Allí aprendí a mirar de otra manera, a viajar sin moverme de la butaca. Y sí, sigo yendo de vez en cuando con mi madre. Creo que las últimas que vimos fueron Cónclave o Queer. Cada vez que entro siento una continuidad muy emocional con el niño que se sentaba allí a soñar.

El cine de Covibar o el auditorio Pilar Bardem, a cuyo escenario se subirá este sábado, son ejemplo de espacios culturales de barrio. ¿Qué le transmiten este tipo de cines y teatros? ¿Cree que se deben potenciar?

Los cines y teatros de barrio sostienen algo esencial: comunidad. No son espacios neutros. Ver una película en casa nunca será lo mismo que entrar en una sala a una hora concreta, con otras personas que respiran la misma historia. Ese ritual de atención compartida transforma la experiencia de lo que ves. Creo que las grandes cadenas han encarecido demasiado las entradas y tienden a repetir las mismas películas en varias salas. Por eso es tan importante cuidar espacios como el de Covibar: programaciones cuidadas, precios accesibles y diversidad de historias. Ésto sostiene buena parte de la salud cultural de un barrio.

Y con el teatro no queda otra que ir. Tiene una verdad muy viva, hecha de proceso, descubrimiento y riesgo. Cada función es irrepetible y hay un intercambio directo entre escenario y público que es mágico. Cuando el público respira, ríe o tose… la función cambia. Perder esos espacios sería amputar una parte esencial de la vida de muchos. La cultura de proximidad teje identidad, cohesión, memoria compartida y alma en un barrio.

Bernabé Fernández y Esther Acebo (Foto: Jesús Romero. Cedida por B.F.)
Bernabé Fernández y Esther Acebo (Foto: Jesús Romero. Cedida por B.F.)

Cuando se suba al escenario del auditorio Pilar Bardem estará actuando al lado de su casa familiar. ¿Qué emociones y sentimientos tiene en estos días previos, a medida que se acerca la fecha y cómo ha imaginado que será?

Me da un poco de vértigo, la verdad. Nunca he actuado allí, aunque sí varias veces en la Sala Covibar, que es como jugar en casa y en familia. Pero el Bardem tiene otra cosa, con otro tipo de público y una dimensión diferente. Hay algo muy emotivo en llevar un proyecto a un escenario tan emblemático cerca de casa: es como cerrar un círculo o devolver algo al lugar que me formó. Y además esta función podría ser la última de ‘Una cuestión de formas’ después de dos años, así que inevitablemente se me mueven muchas cosas.

MÁS  Letizia Ortiz, corresponsal en Rivas Vaciamadrid

¿Qué verá, sin hacer spoiler, quién se acerque al Bardem a disfrutar de la obra?

Cada espectador verá algo distinto, según lo que lleve dentro y deposite en ella. Siempre es así, pero en esta obra es particularmente llamativo como el público ve solo una o varias de sus capas. En la superficie es una comedia ligera con algo de humor negro muy americano, pero si rascas un poco más aparecen temas como lo voluble del autoconcepto, de cómo nos traicionamos sin querer cuando amamos, de los límites éticos del arte, del narcisismo contemporáneo, del poder y su potencial para pervertir lo que parece esencial de uno. Es una obra que juega a varios niveles y que dialoga mucho con lo que cada uno esté dispuesto a mirar.

Quizá no lo sepa mucha gente aunque lo ha publicado el Ayuntamiento de Rivas: la obra es especial también porque comparte escenario con otra vecina ilustre de Rivas, Esther Acebo. ¿Qué tal la química entre vecinos? No sé si se conocían previamente y si Rivas sirvió de algún modo para romper el hielo entre los dos.

Coincidimos en un corto hace años, así que ya nos conocíamos; ser vecinos ayudó, sin duda. Antes de ensayar quedábamos para trabajar el texto en nuestras casas, y eso generó una complicidad muy bonita. A pesar de que nuestros personajes tengan energías distintas, la química es extraordinaria y trabajar con ella ha facilitado muchísimo todo. Y aunque no suelo decir estas cosas, creo que me llevo a una amiga además de una compañera con la que sería feliz de repetir en cualquier proyecto futuro.

Has compaginado el teatro con papeles en el cine y la televisión. En tu currículo figuran trabajos en series como ‘Aída’, ‘El barco’, ‘El internado’, ‘Amar es para siempre’, ‘Servir y proteger’, ‘Al salir de clase’, y también ‘Yo, adicto’, serie multipremiada que además ha llevado a su protagonista, Oriol Plá, al Emmy. Y aún así, ha afirmado en alguna ocasión que no siempre ha tenido continuidad en la profesión. ¿Esta es la realidad del actor/actriz en España? ¿Cómo valoras tu carrera hasta la fecha? 

Es la realidad, sí. Muy pocos actores pueden dedicarse solo a actuar. Los proyectos duran lo que duran y eso implica mucha inestabilidad. Y aunque España ha avanzado, todavía arrastramos una cuestión estructural complicada: no siempre se protege al actor ni se cuida la continuidad laboral como en otros lugares en que sí se tiene en cuenta ese aspecto. Pero en mi caso me siento muy afortunado: siempre he trabajado, con épocas más tranquilas y otras más movidas, pero siempre he trabajado. Aún así creo que es importante hablar de esto con claridad, no desde el victimismo sino para que el sector mejore y se entienda mejor lo que implica y necesita esta profesión. 

¿Cómo se presenta el futuro, tienes algún proyecto entre manos próximamente?

No puedo contar mucho todavía, pero el año que viene se estrenan dos películas en las que participo. Y eso siempre da alegría al horizonte.

A nivel personal, su vínculo con la ciudad se vio reforzado más si cabe el año pasado, cuando el Ayuntamiento de Rivas le homenajeó en el marco de la semana del Orgullo LGTBI. ¿Cómo recibió  la noticia, qué supuso aquello para usted y cómo lo ve con el paso, aunque sea poco, del tiempo?

Fue un regalo tremendo, y absolutamente inesperado. Nunca imaginé que mi trabajo de visibilidad LGTBI fuese a tener un reconocimiento institucional, y que viniera de mi ciudad, y de manos de Aída Castillejo —con quien compartí mi infancia— lo hizo aún más simbólico. El Rivas de hace años no era tan LGTBIQ+-friendly, y ver ese cambio tan claro fue emocionante.

Bernabé Fernández, junto a Mimi Chamorro y Aída Castillejo, el día que fue homenajeado por el Ayuntamiento de Rivas con motivo del Orgullo LGTBI 2024 (Foto: Ayto. Rivas).
Bernabé Fernández, junto a Mimi Chamorro y Aída Castillejo, el día que fue homenajeado por el Ayuntamiento de Rivas con motivo del Orgullo LGTBI 2024 (Foto: Ayto. Rivas).

El paso del tiempo hace que quizá muchas personas no recuerden que usted protagonizó junto a Alejo Sauras el primer beso entre dos hombres en una ficción española (‘Al salir de clase’). ¿Cómo lo recuerda 25 años después? ¿Cree que los jóvenes son conscientes de que hubo que esperar al año 2000 para verlo en televisión?

Aquel primer beso —y sobre todo que la relación se mantuviera un año entero en horario de máxima audiencia— fue un punto de inflexión. Para los jóvenes quizá quede lejos, pero no hace tanto. Y su impacto fue enorme, especialmente en lugares donde el respeto a la diversidad tardaba más en llegar.

Como persona que ha demostrado un compromiso público en la visibilidad LGTBI a todos los niveles, también el municipal, en Rivas, ¿le preocupa la realidad política y social actual —según el CIS, Vox sería la fuerza más votada por los jóvenes de 18 a 24 años— o es optimista?

Me preocupa, sí, la deriva actual: discursos de odio que creíamos superados han vuelto con fuerza, especialmente entre parte de la juventud. No es alarmismo; es responsabilidad. Hay que estar atentos, activos, presentes. A veces me encuentro noticias que que me parece que estemos entrando en una distopía tipo El cuento de la criada o Years&Years.

Pero también quiero mirar con luz: las generaciones jóvenes viven la diversidad y el respeto a la mujer con mucha más naturalidad, aunque a veces el discurso político sea contradictorio. La historia no avanza políticamente en línea recta: es pendular, pero su naturaleza es avanzar hacia lugares más justos. Pero eso lo hacemos entre todos, hemos de mantenerlos firmes frente al retroceso y continuar luchando; ahí todos tenemos responsabilidad: formar nuestro criterio con información, votar, difundir, luchar, amplificar miradas nuevas, construir activamente la realidad que queremos.

Ahora que estamos en fechas de pedir, ya sean regalos o deseos, a modo de cierre, ¿cuál es el suyo para Rivas?

Que sigamos cuidando lo nuestro. Los lugares de barrio, los cines, las salas, los teatros… son el pulso de una ciudad. Y que mantengamos la conversación y el compromiso: la cultura nos conecta, nos mejora, nos hace mejores vecinos y nos recuerda que somos comunidad.

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