Luis Crespo, el vecino de Rivas que lidera a la selección española de tchoukball

por | Nov 5, 2026 | 0 Comentarios

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La selección española masculina de tchoukball conquistó este verano en Suiza la medalla de bronce en el campeonato de Europa de esta especialidad poco conocida que combina muchos elementos del balonmano con algunas normas que se asemejan a las del voleibol. Luis Crespo, vecino de Rivas Vaciamadrid desde hace más de una década, es el seleccionador que ha liderado al combinado nacional que, además de subir al podio europeo, ha conseguido el billete para el Mundial que se disputará en Singapur en 2027.

Luis Crespo, vecino del barrio Centro de Rivas, es el rostro visible en España del tchoukball, un deporte sin contacto en el que juegan siete jugadores por equipo —mixtos en el deporte base— y cuyo objetivo es hacer rebotar el balón en una red elástica tensionada (tchouk) colocada en dos áreas y bote dentro del campo sin que el otro equipo la coja en el aire.

“No tienes que defender una red, sino que atacas en ambas, lo cual influye en cómo se distribuyen los siete jugadores porque tienes que estar preparado a los dos lados para intentar lanzar donde haya menos defensas. Cualquier contacto es obstrucción, no puedes defender al jugador contrario, sino el rechace de la bola. Y tienes tres pases máximo para lanzar, como en el voleibol tienes tres toques para pasar la bola al otro lado”, cuenta Luis, a grandes rasgos, sobre el tchoukball, un deporte creado en 1971 un doctor suizo en educación física que quiso desarrollar un juego similar al balonmano pero con menos contacto y agresividad para prevenir lesiones.


Aficionado polideportivo, Luis Crespo cuenta que siempre ha practicado distintos deportes —en la actualidad, y pese a que padece esclerosis multiple diagnosticada hace 10 años, practica tchoukball, balonmano y judo, en el Judo Club Rivas de Paco Lorenzo—, con el balonmano como eje central de su intensa relación con la actividad física. El balonmano, disciplina que sigue practicando a sus 42 años de edad, fue su trampolín al tchoukball. “A un compañero de equipo le ofrecieron ir al Mundial en 2011 y propuso hacerlo extensivo al equipo de balonmano. Acabamos yendo ocho a aquel Mundial”, explica.

Desde entonces, Luis Crespo ha participado con la selección española en dos campeonatos mundiales, uno de ellos como entrenador-jugador, y múltiples campeonatos europeos. El más reciente, celebrado en el centro de alto rendimiento del Comité Olímpico Suizo, una de las potencias del tchoukball, ha sido en principio el último en el que participará como jugador. “Decidí jugarlo porque fallaron dos jugadores en la convocatoria de doce y mi experiencia me decía que necesitábamos al menos un jugador más”, dice el vecino ripense.

Tenía razón, puesto que España disputó partidos muy igualados contra Alemania y Reino, los equipos de su nivel, con Suiza e Italia uno y dos escalones por encima respectivamente. “Estábamos tan igualados que en la primera fase empatamos con los dos (Alemania y Reino Unido) y en la lucha por el bronce ganamos a Reino Unido con un punto (de Álvaro Barral) a dos segundos del final (51-50)”, relata el deportista ripense.

Aunque en teoría no jugará más con la selección que entrena, Crespo no cierra la puerta a disputar el Mundial. “Los chicos (del equipo) me están insistiendo en que juegue el Mundial, pero ni siquiera sé si voy a poder acudir por cuestiones económicas (es en Singapur) y personales. Lo que está claro es que el equipo va porque nos hemos ganado el billete”, apunta el seleccionador nacional, que aspira a seguir poniendo su granito de arena para que el tchoukball siga creciendo en Rivas y en toda España.

“No me veo en otra cosa. Y quizá esté feo decirlo pero, después de haber hecho la transición para este Europeo, llevando a chicos de 14, 17 o 18 años, creo que no hay nadie que vaya a poder entrenar mejor que yo. Hemos desarrollado una estructura con equipos en la base también y creo que soy la persona que mejor lo puede gestionar con todos los años de experiencia que tengo acumulados”.

La selección española de tchoukball, con Luis Crespo (barba blanca) en el centro de la imagen, tercera en el Europeo 2026
La selección española de tchoukball, con Luis Crespo (barba blanca) en el centro de la imagen, tercera en el Europeo 2026. Foto Mickaël Sauser.

Una evolución técnica de la mano de nuevas generaciones

En sus tres lustros defendiendo la camiseta de la selección y jugando al tchoukball, Luis Crespo ha sido testigo de la evolución técnica de la disciplina. “Ha cambiado mucho desde 2011 que yo empecé porque la mayoría éramos jugadores de balonmano tirando fuerte sin una técnica especial para este deporte. En 2014 surgió un equipo austriaco que empezaron a hacer cosas que entonces no se podían hacer, y cambiaron la forma y la mecánica de jugar a como se hace ahora. No es tirar un pepinazo y adiós, es tirar donde quieres, con el efecto y fuerza que quieras, jugar con amagos, etcétera”, dice Crespo.

En España, Luis destaca el cambio generacional que ya se aprecia en la selección masculina, con jugadores desde los 14 años. “Fuimos enseñando a los chavales desde los 10 y 11 años y han aprendido a jugarlo de una manera superefectiva y supereficiente. Además, esta es una disciplina física, en la que no hay contacto pero sí muchos saltos y caídas, y necesitas unas cualidades físicas que los veteranos ya no tenemos”, apunta.

Para Crespo, además, ha sido clave para completar el relevo generacional, el trabajo de gestión de grupo. “Quedamos también terceros en 2024 en el Europeo pero todavía con varios veteranos en el equipo. Por motivos ajenos a mi voluntad no pude asistir a los dos últimos torneos y fue complicada la gestión técnica, así que este año hice reuniones individuales con cada uno, formalizamos por escrito las labores de cada parte, y también sellamos un contrato grupal después de tratar en una reunión de equipo los problemas que habían existido».

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El seleccionador nacional explica que en esas reuniones «todos vieron que era necesario tener una figura clara de entrenador y es justo lo que ha pasado en el Europeo, donde además de completar la transición generacional los jugadores no se han preocupado en nada más que en jugar». «El resultado —concluye— es que hemos ganado a selecciones que eran mejores este año que en 2024 cuando nosotros teníamos un equipo mucho menos experimentado que hace dos años”.

Acción típica de un partido de tchoukball, con un lanzamiento en suspensión sobre la red tensada
Acción típica de un partido de tchoukball, con un lanzamiento en suspensión sobre la red tensada. Partido de España en el Europeo 2026. Foto Daniel Go.

Enseñando tchoukball en Rivas y toda la Comunidad de Madrid

Aunque sea el responsable de la selección absoluta, Luis está muy vinculado al trabajo con la base y con la divulgación de una disciplina que todavía es poco conocida en España pese a que se juega ya en más de 40 países de todos los continentes.

Prueba de ello es que Crespo, y también su mujer, Rocío, que forma parte del cuerpo técnico de la selección española, han dado a conocer a lo largo de los últimos años el tchoukball en el colegio de sus hijos, La Escuela, y en casi todos los institutos de Rivas. “Es difícil que los chavales de Rivas que han cursado recientemente primero y segundo de la ESO no conozcan el tchoukball porque hemos estado en casi todos los institutos. Y del trabajo que hicimos en La Escuela salió la base del equipo del equipo local, el Club Deportivo Elemental Balonmano Tchoukball Fusión. “Tenemos un equipo formado por chavales que ahora son de los primeros cursos de la ESO que empezaron en la liga de formación y ahora ya compiten en la de desarrollo, y el objetivo es que lleguen a la liga nacional”, afirma.

Adolescentes que conforman el equipo de desarrollo de tchoukball en Rivas
Adolescentes que conforman el equipo de desarrollo de tchoukball en Rivas. Foto: cedida por L.C.

Luis está abierto a colaborar con los centros educativos de Rivas y de toda la Comunidad de Madrid que quieran introducir el tchoukball a su alumnado. “Es una de las cosas que hacemos por toda la Comunidad de Madrid —Crespo ejerce también como vicepresidente de la Asociación Española de Tchoukball— así que estamos encantados de hacerlo con quien nos quiera contactar”, se ofrece.

Para Crespo, el tchoukball es un deporte ideal para trabajar en los centros educativos por múltiples razones. Así las argumenta: “Este es un deporte en el que hacen amistades reales porque nadie puede hacer prevalecer su fortaleza física. Todo el mundo está igualado, el chico y la chica juegan juntos en el mismo equipo, y vale que el chico puede tirar más fuerte, pero la chica suele ser más inteligente a la hora de defender. Además, es un deporte que se puede practicar con relativa facilidad en cualquier sitio, y es fácil empezar a jugar rápido; no a ser de los buenos, pero sí a jugar con cierta destreza cuando empiezas a practicarlo. Además, el ambiente es ideal también entre equipos porque no hay fricciones al no haber contacto directo”.

La UNESCO reconoció en 2001 el tchoukball como «Deporte de la Paz» por sus valores de respeto e integración. “Es un deporte con tres árbitros, pero el carácter deportivo de este deporte se traduce en que, si tú ves que el árbitro se equivoca y eres honesto, como lo somos la mayoría de jugadores, le ayudas. Es una norma no escrita en el campo, pero incluso en el reglamento se deja constancia de este espíritu”, concluye Luis Crespo.

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