Rivas Vaciamadrid estará representada en la gala de entrega de los prestigiosos premios Max (1 de junio), el equivalente a los Goya en el teatro nacional, por Iván López-Ortega. Este joven vecino del barrio Centro de Rivas, a sus 23 años, es finalista en la categoría de Mejor Autoría Revelación por la obra ‘Taxidermia de una alondra’, que también es finalista a Mejor Espectáculo Revelación. En las horas previas al estreno del montaje creado íntegramente por él en el Teatro del Barrio de Madrid, Iván se sienta con Diario de Rivas para repasar su precoz carrera.
Iván López-Ortega está quemando etapas a un ritmo vertiginoso. Tras completar sus estudios en el colegio Hipatia de Rivas, donde cursó el bachillerato artístico, se formó en dirección de escena en la prestigiosa Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD), de la que salió con varios proyectos profesionales en marcha. “He tenido suerte. Es verdad que la gente me dice que me lo he currado, y sí, he trabajado mucho, pero la suerte es necesaria en cualquier ámbito de la vida”, dice.
Desde su infancia, Iván López-Ortega mantiene un idilio con las artes en general. “Además de la buena formación que tuve en el colegio en lo plástico, que también me viene de casa, estudié música en la Escuela Municipal de Rivas, danza en la Escuela de Danza Covibar, pintura también en una escuela de Rivas e interpretación en la Escuela Municipal de Arte Dramático de Madrid”, cuenta. “A mí en el colegio me decía Alberto Martín, que ahora es director en Hipatia, que tenía peor horario que un ministro cuando nos ayudaban a organizarnos las tareas. Pero todo lo hacía porque yo quería, el interés siempre partió de mí y, por supuesto, gracias al apoyo de mi familia, que ha sido esencial. Y la verdad es que, por suerte, siempre fui bien en el colegio, no sé si por el exceso de trabajo que tenía fuera, que me obligaba a organizarme y a ser responsable”, expone.
Por su extensa y multidisciplinar formación artística, completada además con alguna experiencia profesional, ya que trabajó en diversos espectáculos siendo todavía un niño, cuando dio el salto a la RESAD optó por la dirección de escena. “Lo único que me viene de casa es lo plástico, pero también me fascina el apartado escenográfico, porque tienes que pensarlo todo: lo lumínico, lo musical, lo textual… Así que decidí, como ya tenía una base interpretativa, aunque me quede mucho por aprender, de mis años estudiando esta faceta, estudiar dirección de escena porque lo aunaba todo”, explica.
De la RESAD, hace dos años, salió con trabajo. “La verdad es que hay un poco de todo, pero lo habitual es salir sin trabajo, al abismo directamente, porque en nuestra carrera, en lo artístico, la incertidumbre es muy grande porque no hay bolsas de trabajo, empresas a las que mandar el currículum o en las que hacer unas prácticas que luego te permitan tener trabajo”, reconoce Iván. “Yo tuve la suerte —continúa relatando— de salir en un verano en el que ocurrieron muchas cosas buenas, ya que me llamaron para dirigir una obra en el Teatro Español (‘Tormenta’) en el horizonte de un año y medio, y salí también con trabajo en el elenco de Luces de Bohemia. A eso, además, se sumó rápido otro proyecto como actor en el Centro Dramático Nacional (la obra ‘Vulcano’) con Andrea Jiménez, una directora que está en lo más alto en España, donde es referente máxima, y yo había trabajado con ella en la carrera. Y a la par hice diseños de escenografía y luces para otros montajes, así que ha sido un no parar desde entonces”.
Apenas tiene 23 años, pero Iván López-Ortega ya acumula recuerdos profesionales con los que sueñan muchos artistas. “Salir al al escenario del gran Teatro Español, que es el templo del teatro en nuestro país, tan grande, rodeado de algunos de los mejores actores y actrices del país, y recibir el día del estreno de Luces de Bohemia esos aplausos y saludos que se te vienen encima es una sensación que no olvidas nunca. Y encima hemos tenido la suerte de que el teatro se ha llenado las dos temporadas”.
Precisamente del Teatro Español forma parte de su historia ya este vecino de Rivas, porque ha sido el director más joven en estrenar en este histórico complejo cultural. “Eduardo Vasco, actual director del teatro, del que fui alumno en la carrera y por eso me pudo ver y conocer de cerca, confió en mí para formar parte de esa nueva sala que ha abierto para dar cabida a creadores emergentes de todas las edades, porque lo emergente no tiene edad, y la experiencia resultó maravillosa”, señala Iván.
Nominado a dos premios Max
En medio de la vorágine profesional que ha experimentado desde que se graduara en la RESAD, Iván sintió la necesidad de trabajar en su primer proyecto 100% propio. “Tras aplazarlo porque todo me vino de golpe, en este último año me he pedido a mí mismo trabajar en mis proyectos porque, aunque me encanta trabajar en equipo, cuando es mi texto, mi ‘movida’, disfruto mucho preparando todo, desde los espacios sonoros hasta el diseño de la luz. Y además, me encanta escribir”, dice López-Ortega, que reconoce, eso sí, que en estos proyectos tan personales le cuesta delegar. “Estoy aprendiendo a hacerlo”, puntualiza.
El resultado de estos meses de trabajo se titula ‘Taxidermia de una alondra’, una obra que parte de la peculiar forma de afrontar la escritura de Iván López-Ortega. “A mí todo me nace de una idea, no me nace de lo puramente textual. Tengo un pensamiento, a veces un impulso de lo que quiero hacer sentir al espectador, al que me gusta ponerle en un brete por algún motivo concreto, jugando siempre con lo metateatral y el hiperrealismo para hacerle dudar de si lo que está viendo forma parte del espectáculo o si hay una brecha en la función”.
En este caso, sin desgranar en exceso la sinopsis de la obra, ‘Taxidermia de una alondra’ parte de un detalle muy particular: “El mayor atractivo de la función es que cada noche cogemos una historia que sea pública de uno de los espectadores que han venido a ver la función sin que ellos lo sepan”, confiesa Iván. “Esto implica un trabajo extra en el ensayo matinal porque tenemos que encajar la historia en el espectáculo, que está muy armado, para que no parezca una locura”, añade el artista español, que asume también la producción del montaje. “Lo considero una inversión”, detalla.
El estreno de la pieza, que Iván López-Ortega codirige con Sergio Iglesias y coprotagoniza con Macarena Sanz —”Es un pedazo de actriz maravillosa”, dice de ella— en la sala madrileña El Umbral de Primavera fue un éxito: con tan solo cuatro funciones, ha recibido dos nominaciones a los premios Max de teatro: en la categorías de Mejor Autoría Revelación y de Mejor Espectáculo Revelación.
“Yo no sé si fue el boca a boca o el vídeo que mandamos a la organización a última hora porque no teníamos nada que perder, pero estaba un día en la cama apagando alarmas, de las pocas mañanas en las que podía descansar, y me llamó Sergio para darme la noticia: es una gran alegría y encima la gala será en el teatro romano de Mérida, donde estaremos todo el equipo”.
Los premios Max no tienen dotación económica para los ganadores, pero sí son un gran escaparate para proyectos emergentes como el de Iván López-Ortega. “Ya la nominación es muy importante, es un gran reconocimiento que aporta prestigio porque son premios, para quienes nos dedicamos al teatro, como los Goya para quienes trabajan en el cine”, dice el joven ripense.
En mayo, ‘Taxidermia de una alondra’ aterriza en el Teatro del Barrio, en cuya programación estará hasta el próximo 13 de junio (entradas disponibles desde 14 euros). “Con esta reprogramación el espectáculo va a crecer mucho porque, aunque El Umbral tengo algo precioso que es su austeridad, el Teatro del Barrio es más grande y tiene más dotación técnica”, explica López-Ortega.
La intención de Iván es llevar ‘Taxidermia de una alondra’ a otras ciudades y salas. Se le ilumina la cara cuando escucha el nombre de una que está a cinco minutos caminando de su vivienda familiar: el auditorio Pilar Bardem. “Me encantaría venir a Rivas y al Pilar Bardem. ¡Me encantaría!”, exclama.
En paralelo al estreno de ‘Taxidermia de una alondra, Iván López-Ortega trabaja también en su primer rodaje cinematográfico. “El cine tiene mucho de artificio y a mí el artificio me encanta también. Me apetece mucho hacer cine, y de hecho me está gustando mucho rodar como actor, pero también me apetece mucho dirigir cine”.
Teniendo en cuenta que, en la carrera profesional de Iván López-Ortega el futuro es devorado por el presente, no sería de extrañar que pronto se pusiera también a dirigir detrás de las cámaras. Pero, mientras eso ocurre, el público puede disfrutar de este joven ripense encima de las tablas del teatro con su espectáculo ‘Taxidermia de una alondra’. “Me encanta el teatro y esa sensación de tener el público delante, jamás podría separarme de ello”, concluye.
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