Andrés Campos, el vecino de Rivas que surfea las olas aunque no pueda verlas

por | Jul 23, 2025

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En Rivas abunda el talento deportivo. La ciudad puede presumir de tener representación en la élite de muchas disciplinas a través de sus clubes y deportistas. Cada final de año se demuestra en la Gala del Deporte, donde el Ayuntamiento reconoce a cientos de atletas del municipio. Entre ellos, a Andrés Campos, doble campeón de España de surf adaptado (parasurf), un vecino del barrio de La Luna con una vida extraordinaria que comenzó en las calles y centros educativos de Rivas, ciudad a la que llegó con su familia con apenas 6 años.

Si cualquier persona de Rivas —con la que dice estar un poco desencantado “por la falta de servicios”— se encuentra con Andrés paseando acompañado por su perro Yoss por el barrio Oeste de Rivas, llevando a sus hijos en el colegio, o en el autobús o el Metro camino de Madrid para acudir a su trabajo en las oficinas de Adif, donde desarrolla su labor profesional —es licenciado en Económicas y Empresariales—, lo último que imaginará es que ocupa una parte de su tiempo libre surfeando. Pero esa es la “magia” de historias como la de Andrés, vecinos y vecinas que tienen unas rutinas cotidianas similares a las de la mayoría de sus conciudadanos… durante casi todo su tiempo. Porque hay una parte de él que lo dedican a hacer cosas tan poco comunes como cabalgar olas siendo invidente.

Para llegar a este punto en la vida de Andrés Campos hay que retroceder muchos años atrás, hasta el año 1989, cuando se mudó a Rivas desde Móstoles. Tenía 6 años. Desde entonces, ha vivido mucho, pero sin moverse de la ciudad. “Estudié en el colegio Los Almendros y en el instituto Duque de Rivas”, recuerda sobre su época de estudiante, faceta que compaginaba con la natación. “Siempre me gustó el deporte. Y ya me federé en natación antes de vivir en Rivas en el Canoe (club de referencia en la Comunidad de Madrid)”, cuenta.

En el instituto acentuó su pasión por el deporte de la mano del profesor de Educación Física, Manuel Traba. “Fue la persona que fundó Diablillos de Rivas. Salíamos a correr en los recreos, entrenábamos en la piscina de Palomeras… se puede decir que soy uno de los cofundadores”, dice Andrés, que con el tiempo se desvinculó del que es uno de los mejores clubes de triatlón del país.

Andrés Campos, con su perro Yoss, en el barrio de La Luna
Andrés Campos, con su perro Yoss, en el barrio de La Luna (foto: Diario de Rivas)

Pérdida de la visión en 2012

Unos años antes, viviendo ya en Rivas pero siendo todavía un niño, Andrés Campos sufrió un derrame cerebral. Cuenta que se recuperó, aunque años después supo que el episodio estaría relacionado con el mismo problema que le hizo perder su visión tras una operación en 2012. “En origen, pensaron que aquel derrame tenía que haber con algún golpe que yo no recordaba, pero era una malformación arterial que con 7 años era muy pequeña, apenas visible, y no la detectaron”, relata Andrés.

La malformación empezó a hacerse visible con los años en forma “de migrañas, pérdida de visión…”, y entonces los médicos detectaron lo que provocaba estos síntomas: “Me dijeron que tenía una maraña de venas, una malformación: el circuito que tiene que hacer generalmente la sangre pasa de las arterias a unos vasos capilares para ralentizar el flujo y en mi caso no lo hacía”, explica. Andrés se lamenta porque su problema de salud “es tan fácil de detectar como hacer una resonancia con contraste”, algo que en su caso llegó tarde.

Tanto que en 2012 entró en el quirófano en una situación límite: “Tenían que quitarme uno de los dos nervios ópticos porque estaba dentro de la maraña de venas, y en el otro tuvieron que poner un clip porque no conseguían parar la hemorragia”, describe Andrés.

Del quirófano salió invidente, pero él fue consciente de que iba a ser así poco antes de entrar a la sala de operaciones. “Me dijeron antes de entrar, el mismo día, que había tres opciones: que era seguro al 100% que saldría ciego, la segunda opción era que hubiera salido postrado en una cama, y la tercera, que no despertara”, continúa relatando con naturalidad. “Y entre la segunda y la tercera les dije que ‘cortaran el cable’ (por sus nervios ópticos) porque no quería ni la una ni la otra, ni por mí ni por mi familia”, añade.

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El agua, su vía de escape

Después de la operación, hace poco más de una década, Andrés encontró una vía de escape en el agua, el medio en el que tanto había disfrutado durante la infancia y parte de la adolescencia.

“Fue una vía de escape. En la ONCE, un amigo mío (Pablo), que era director de deportes, me animó a volver a nadar”, apunta Andrés. Habían pasado unos años desde que el vecino de Rivas no lo hacía y, además, detalle no menor, disponía de un sentido menos para manejarse en la piscina. “Volví a nadar e incluso a competir, y vi que me encontraba muy, muy a gusto”, reconoce.

Campos llegó a ser campeón de España en su categoría en dos distancias distintas: 100 libres y 200 mariposa. Y ya nunca dejó de nadar, aunque tuvo que compaginarlo con otras responsabilidades. “Volví a trabajar, seguí estudiando, me seguí formando y, al mismo tiempo, seguía haciendo deporte”, apunta. No lo dice, pero se sumó una variable más a la ecuación: la paternidad —Andrés tiene dos hijos pequeños—.
Y, en medio de esta vorágine cotidiana, casi de repente, durante unas vacaciones de verano, se topó con el surf adaptado. “Creo que fue en 2017 o 2018, cuando empezó el boom del pádel surf. Probé y hablé con varios clubes para ver si me podían echar una mano. Y acabé en el norte, en Cantabria, y un muy buen amigo mío desde entonces, Pedro Gutiérrez (director deportivo de la Federación Cántabra de Surf), me dijo: ‘Tú vas a surfear’”, relata Andrés. “Obviamente, yo, incrédulo, dije: ‘¿Cómo voy a surfear? Si soy ciego’. ‘Que sí, que sí, que vas a surfear’, me insistió. Y ahí está”, apostilla.

A partir de su encuentro con Gutiérrez, Andrés Campos probó el surf adaptado, un deporte en el que se ha proclamado dos veces campeón de España (en la edición de 2025 ha sido subcampeón), campeón del circuito nacional y campeón de Europa por equipos con la selección española. Además, ha participado en campeonatos mundiales. “Me picó el bicho. […] Todo el mundo me pregunta cómo es, y es que es una locura porque, de verdad, es una sensación de libertad”, dice sobre las emociones que siente al coger una ola.

Lo hace completamente solo encima de su tabla: “Nadie puede tocarme a mí o a la tabla”, subraya. Sí tiene, como en tantos otros deportes que practican personas invidentes, un guía. “Dependo de una tercera persona que es mis ojos. Entro con él al agua y me va me va indicando a través de la voz, esperamos al pico (de la ola) y, como conoce el mar como si hubiera nacido en él, me dice que me prepare porque la ola va a venir y me hace una cuenta atrás que es cuando yo ya tiro para adelante”, explica Andrés Campos.

Se costea los gastos sin ayuda externa

Para este vecino de Rivas, el surf es un hobby porque le cuesta dinero practicarlo. Como el que va al gimnasio, alquila una pista de tenis o se apunta a una maratón, pero con algunos hándicaps añadidos que encarecen los costes: los viajes que requiere la disciplina para poder entrenar y competir en el mar, y el material. “No hay partners, o al menos yo no conozco a ningún sponsor, para lo que tienes que tener un nivel top, y aparte es un deporte muy desconocido todavía, al que las marcas y demás empresas no le prestan mucha atención todavía, y tampoco hay muchas marcas que se dediquen en exclusiva a este deporte”, expone Andrés.

Por ello, sus entrenamientos en el mar se limitan a escapadas que hace —”casi siempre al norte porque hemos hecho un grupo muy bueno y conozco la zona”, dice— cuando puede. “Es complicado entre el trabajo y la familia, porque claro, se queda aquí mi mujer con los dos niños y muchas veces hasta con Yoss (su perro guía) también, así que tenemos que hacer encaje de bolillos”, reconoce.

En Rivas, hace entrenamientos de fuerza en casa y los complementa con la natación, que no ha abandonado, y el judo, que practica bajo la batuta de Paco Lorenzo, fundador del Judo Club Rivas. Andrés, que es cinturón amarillo, se encuentra en algún entrenamiento con María Manzanero, judoka invidente que participó en los últimos Juegos Paralímpicos. “Es una máquina”, dice de ella Andrés Campos, otra máquina, aunque él no lo diga, en su caso de cabalgar olas pese a no poder verlas.

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