El impacto del rugby en la vida en la cárcel: así es el proyecto del Club Atlético Rivas con las internas de la prisión de Estremera

por | Mar 27, 2025

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A cuarenta y cinco minutos de Rivas Vaciamadrid, en medio de un paisaje típicamente mesetario, ajena al tráfico de ida y vuelta de la carretera de Valencia que atisba en el horizonte, está ubicada la prisión de Estremera, un centro penitenciario mixto de máxima seguridad. En sus instalaciones desarrolla el Club Atlético Rivas Rugby con un grupo de internas desde el pasado otoño el Proyecto Alba, una iniciativa de voluntariado en torno al balón ovalado. Diario de Rivas fue testigo el lunes 24 de marzo de un hito extraordinario que ha sido posible gracias a este proyecto con sello Rivas: el primer partido del equipo femenino de rugby de la cárcel de Estremera.

En un rincón de las instalaciones de la cárcel de Estremera —su nombre oficial es Centro Penitenciario Madrid VII– al que se llega después de perder la cuenta de las puertas que se cierran a la espalda y tras atravesar el patio que distribuye la vida en el penal, aparece el campo de fútbol de tierra de la prisión. Encajado como una pieza de Tetris entre tres imponentes muros en forma de ‘U’, impresiona cuando se observa vacío: el paisaje es real, pero podría ser el de un cuadro del pintor metafísico Giorgio di Chirico, que vaciaba de vida en sus lienzos espacios levantados por el ser humano.

Parece mentira que en apenas unos minutos un escenario tan poco acogedor fuera testigo de una tormenta emocional como la que tuvo lugar en la tarde del lunes 24 de marzo con la visita del equipo femenino de rugby de la facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid.

Dinámicas durante el entrenamiento conjunto del equipo de la cárcel de Estremera y la facultad de Filosofía de la UCM
Dinámicas durante el entrenamiento conjunto del equipo de la cárcel de Estremera y la facultad de Filosofía de la UCM (foto: Diario de Rivas)

Mientras el equipo de personas voluntarias del Club Atlético Rivas Rugby pone a punto el campo para lo que será una jornada muy bonita de rugby —habitualmente se van rotando para cada entrenamiento desde que arrancó el proyecto, pero este día está presente al completo; nadie se lo quiere perder—, aparecen con cuentagotas las internas de Estremera que conforman el equipo de la prisión.

Los abrazos y gestos de complicidad al encontrarse con sus entrenadoras y entrenadores ayudan a liberar una tensión palpable en sus rostros: la mayoría son “veteranas” en el proyecto, si las circunstancias se lo permiten no se pierden el entrenamiento de los lunes desde que arrancaran en noviembre del año pasado, pero lo de esta jornada es distinto: nunca han jugado un partido de rugby contra un equipo de fuera de la cárcel. De hecho, alguna del grupo de 11 habituales —otras 14 mujeres están apuntadas y asisten de manera intermitente—, por “miedo” a hacerse daño, como reconocen sus compañeras mientras reciben su equipación oficial del equipo, se lo va a perder.

No mejora el gesto las mujeres del equipo de Estremera cuando ven aparecer a lo lejos, ya uniformadas, al grupo de jugadoras de la facultad de Filosofía de la UCM, que asoman curiosas, con los ojos muy abiertos, conscientes de estar ante algo desconocido también para ellas, y con una cautela que desaparecerá en cuanto el rugby tome el protagonismo.

Oti Camacho, coordinadora del Proyecto Alba, reúne a todo el equipo en un corrillo de bienvenida y presentación, paso previo a una sesión de rugby en la que las dinámicas iniciales de cohesión, con los grupos mezclados, funcionan en tiempo récord: las risas y el buen rollo son la tónica de un entrenamiento previo al momento cumbre de la jornada, el partido amistoso.

Corro de bienvenida liderado por la coordinadora del Proyecto Alba, Oti Camacho
Corro de bienvenida liderado por la coordinadora del Proyecto Alba, Oti Camacho (foto: Diario de Rivas)

El primer partido de la historia del equipo femenino de rugby de Estremera

Es durante la segunda mitad de la sesión, después de trabajar, entre otros ejercicios, placajes, juegos en superioridad con balón y la melé, el “paso de baile” característico del rugby, llega el momento esperado: el primer partido de la historia del equipo femenino de rugby de Estremera.

Ni la tromba de agua que cae en medio del entrenamiento puede con el deseo de ponerse a prueba del equipo de Estremera, ahora sí con un rictus mucho más relajado y despreocupado. Formado por el grupo de internas y voluntarias del Club Atlético Rivas Rugby, el equipo del penal demuestra ser un grupo muy cohesionado para el poco tiempo que lleva trabajando. “Son esponjas, todo lo que les enseñamos lo cogen mucho más rápido que la mayoría de personas”, dice orgullosa después del encuentro la coordinadora del proyecto, entrenadora y jugadora del equipo, Oti Camacho.

Proyecto Alba
Disputa del partido en la cárcel de Estremera entre el equipo de la prisión y la facultad de Filosofía de la UCM (foto: Diario de Rivas)

En un ambiente festivo pero competitivo, el partido deja imágenes para el recuerdo para quienes lo observan desde la banda. Algunas provocan alegría, como la celebración del primer ensayo del equipo de Estremera; otras, gestos de asombro, como ver trabajar a la defensa del equipo de la prisión, con su capitana Carla a la cabeza, capaz de parar un tren de mercancías por sus compañeras si fuera necesario.

El resultado es lo de menos, aunque la crónica de un día redondo no estaría completa si el texto omitiera que ganó el equipo de Estremera en el último ataque, como si fuera el final de una de esas películas deportivas que ensalzan el espíritu de superación con las que tantas generaciones han crecido.

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Proyecto Alba
El equipo de Estremera, disputando el primer partido de su historia (foto: Diario de Rivas)

Pero, si esto fuera precisamente la historia de una película como las citadas, el fotograma final de la historia no sería el del ensayo de la victoria de Estremera, sino la piña que hicieron los dos equipos en medio del campo de juego, con las chicas del equipo de la facultad de la Filosofía de la UCM llevando la batuta de los cánticos en un momento de hermandad total con sus anfitrionas de Estremera.

No faltó tampoco el paseíllo honorífico con el que terminan todos los partidos de rugby. Da igual si se celebran en el Stade de France de París, el estadio de Murrayfield, en Edimburgo, el londinense Twickenham, todos templos de este deporte, o en el campo de tierra de una prisión.

Proyecto Alba
Piña final entre el equipo de Estremera y el de Filosofía de la UCM, con Oti Camacho mirando desde la distancia (foto: Diario de Rivas)

El Proyecto Alba, una iniciativa “prioritaria” para el Club Atlético Rivas Rugby

“Ha sido muy bonito”, le dice Ari, una de las voluntarias del proyecto, a Oti Camacho, coordinadora del proyecto, cuando la adrenalina desaparece dejando paso a la reflexión, de vuelta a Rivas.

Antes, durante el viaje de ida, ambas se mostraban ilusionadas pero también expectantes ante lo que iba a suceder. “Hemos hecho pocos entrenamientos, este partido es muy pronto porque no hemos trabajado todas las fases del juego, pero para ellas es un subidón jugar y que vengan chicas de fuera”, decía Oti Camacho antes de llegar a Estremera.

El devenir de la jornada le ha dado la razón. “Ha sido una pasada” era una de las frases repetidas en el ambiente a la finalización del entrenamiento y el partido amistoso. “Siento mucho orgullo de lo que hemos vivido porque han sido muy poquitos entrenamientos y las chicas se han crecido y se han hecho grandes y han jugado el primer partido, que siempre da mucho miedo. Y me siento muy orgullosa, la verdad”, resume la coordinadora del Proyecto Alba, en cuyo desarrollo hay dos figuras importantes que Oti Camacho destaca: el subdirector de Tratamiento del penal, que autorizó la actividad, y Carlos Solla.

Este último, al que ensalza mucho en su discurso la coordinadora del Proyecto Alba, es una figura decisiva en la implantación y crecimiento del rugby en los centros penitenciarios españoles, y es también el fundador en 2012 de la Escuela Madiba, el equipo masculino de Estremera. “Sentía que el proyecto estaba cojo de una pata sin el equipo femenino y sabía que Oti iba a trabajar de maravilla”, dice Solla, árbitro del primer partido del equipo femenino de la cárcel donde trabajó como funcionario de prisiones.

Este enfoque feminista del proyecto es una de sus señas de identidad. ”Yo me involucré con la condición de que estuviera centrado en las mujeres, y de hecho, entre las personas voluntarias también intentamos que la mayoría seamos mujeres”, apunta Oti Camacho al respecto.

Proyecto Alba
Entrenamiento previo al partido en la cárcel de Estremera (foto: Diario de Rivas)

La viabilidad económica del Proyecto Alba

Para el Club Atlético Rivas Rugby, que cuenta con 200 deportistas de todas las edades y lleva el rugby a cuatro colegios de Rivas como actividad extraescolar, el Proyecto Alba es “transversal y prioritario”. Por eso, hitos como el del primer partido del equipo suponen un gran empujón moral para el equipo de voluntariado. “Estoy feliz y con muchas más ganas todavía que antes de seguir con el proyecto”, apunta Oti.

A corto plazo, la continuidad del proyecto está garantizada. El club reserva una parte de su presupuesto a costear los gastos derivados de él, pero su coordinadora reconoce que le gustaría crecer a través del impulso económico. “Me encantaría poder tener algo de dinero para poder pagar la gasolina a quienes vienen, venir dos días a la semana a entrenar y hacer más grande el proyecto”, reconoce.

Para ello están trabajando buscando vías de financiación. “Estamos trabajando con la Universidad Camilo José Cela para poder desarrollar un estudio de investigación en torno al proyecto y cuantificar los beneficios que tiene para las internas que participan”, explica Camacho, que le pide a otros clubes de rugby españoles con proyectos similares en marcha —la mayoría de rugby masculino— que se unan para poder crecer. “Para los proyectos de clubes humildes y pequeños como el nuestro esto sería muy importante”, asegura.

Entrenamiento previo al partido en la cárcel de Estremera
Entrenamiento previo al partido en la cárcel de Estremera (foto: Diario de Rivas)

Ganas y compromiso no le faltan al equipo de voluntariado del Club Atlético Rivas Rugby, y más después del exitoso primer partido del equipo: “Ahora a la vuelta tengo muchas más ganas de de empujar esto”, afirma convencida Oti, que pone en valor todo lo que el proyecto ayuda a las internas. “Es una actividad prioritaria también para el centro porque se trabaja la reinserción en la sociedad, ya que trabajamos aspectos como el respecto a las normas, la jerarquía positiva, el sentimiento de pertenencia a un grupo que te necesita incluso si tienes un mal día, normas de convivencia esenciales como la puntualidad, el respeto a rivales y a una figura como la del árbitro, al que en el rugby no protestamos…”, señala Oti Camacho.

Las internas avalan los argumentos de Oti. “Yo tengo un carácter fuerte, agresivo, y me ayuda mucho a controlar esa parte de mí”, dice Carolina. “Me gusta mucho. Es una gran vía de escape para desconectar del día a día”, reconoce Lorena. El grupo, como demuestran en el campo al jugar juntas por primera vez, funciona. “No nos conocemos todas de fuera porque (en la prisión) hay módulos distintos, pero aquí hay muy buen rollo”, agrega Lorena. “Aquí aparcamos todo lo que pasa fuera”, sentencia Carolina.

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