Cinco años de la pandemia: Carlos, el vecino de Rivas que fue el primer paciente Covid en salir recuperado de la UCI del Hospital del Sureste

por | Mar 19, 2025

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El 18 de marzo de 2020, Carlos, vecino de Rivas Vaciamadrid de 59 años —54 años en aquel momento—, ingresó en el Hospital Universitario del Sureste. Llevaba diez días enfermo, desde que el día 7 de marzo aflorara “un dolor de cabeza que no me dejaba vivir”. Debido a que “no era uno de los síntomas de los que se hablaba”, no pensó que había contraído Covid-19, el virus que estuvo muy cerca de poner fin a su vida apenas unos días después. Carlos es, porque será así para siempre, la primera persona que salió con vida de la UCI del hospital público argandeño tras contraer la enfermedad que paralizó el mundo hace un lustro.

El vecino de la zona de Covibar II, donde llegó en el año 97 —trabaja en Rivas desde 1989—, se rompió el menisco en enero de 2020. “Empecé la rehabilitación en una clínica de Rivas y estoy seguro de me contagié allí”, recuerda. No tiene certezas al respecto de cómo pasó pero sí de lo que ocurrió: el dolor de cabeza “insoportable” de los primeros días le llevó a plantarse en el centro de salud cuando ya no podía más. “Después de que bajaran mi hija y mi mujer, a la tercera lo hice yo y me senté, cuando ya no se podía entrar, y les dije que no me movía hasta que me atendiera alguien”, relata. Su ultimátum surtió efecto: “Una doctora me atendió y me dijo que tenía que irme al hospital”, cuenta.

Carlos hizo un primer trayecto desde Rivas hasta el hospital de Arganda. “Ya vieron que tenía neumonía bilateral pero me mandaron para casa con la medicación a ver si mejoraba”, recuerda. Aquellos días el hospital ya era un espacio en máxima ebullición, como recuerda Enrique Caldevilla, director de Enfermería del Hospital Universitario del Sureste, adjunto a la dirección durante la pandemia. “Recuerdo aquello como una montaña rusa de emociones, con cambios de planes cada dos horas y con la necesidad de ir conquistando espacios del hospital para habilitarlas como zonas de asistencia. A la vez, conseguir camas, colchones, oxígeno… fueron días de mucha incertidumbre, mucha tensión, en los que las poblaciones de influencia del hospital se volcaron de forma altruista y espontánea. […] Personalmente no pensé que iba a vivir algo de esta magnitud, es imposible olvidarlo”, detalla agradecido.

Enrique conocería a Carlos, con quien posó el día que le dieron el alta a este último en una imagen que ilustró una noticia en Diario de Arganda en junio de 2020, poco tiempo después. El vecino de Rivas tuvo que hacer una segunda visita al hospital el día 18 de marzo de 2020: ese día no hizo el viaje de regreso a casa junto a su hija. “Le mandé un mensaje a mi hija, que me llevó, para decirle que me quedaba ingresado, que se fuera a casa, y ya no me acuerdo de más”, dice.

Sala Covid habilitada durante la pandemia en el Hospital del Sureste de Arganda
Sala Covid habilitada durante la pandemia en el Hospital del Sureste de Arganda (foto: Hospital del Sureste. Vía Diario de Arganda)

Más de una semana en la UCI y casi dos semanas sin recuerdos

El día que Carlos ingresó en Arganda del Rey fue el último del que tiene recuerdos hasta que despertó del coma inducido. Pero no entró en la UCI hasta varios días después de su ingreso. “Estuve alrededor de una semana sin respirador, todavía no en la UCI, y no me acuerdo de nada”, reconoce.

Unos días después, un mundo para su familia y apenas un «rato» para él por la ausencia de recuerdos en su memoria, en los “tres o cuatro días” en los que fue la única persona ingresada en el área de neonatología del hospital argandeño, convertida en “zona de intermedios” por la emergencia —“para pacientes enfermos de gravedad pero sin necesidad de UCI”, puntualiza Enrique Caldevilla—, una doctora le hizo una confesión que Carlos no olvida. “Me contó que durante esos primeros días me levantaba al baño, me quitaba el oxígeno, pero estaba tan mal que me desmayé dos veces”. Su vecino de cama avisó las dos veces al personal de guardia, saturado de trabajo en aquellas fechas. “Ahí entendí porque tenía tanto dolor en el coxis, de las caídas por los desmayos”, cuenta Carlos.

Entre su encuentro con la doctora, ya fuera de peligro tras salir de la UCI, y esos desmayos previos a estar en situación crítica, hay un salto temporal de varios días. Salto que Carlos rellena con un relato ajeno: el que le han contado, porque él no tiene un solo recuerdo en su memoria. “El día 23 me metieron en la UCI y me indujeron el coma. Estuve hasta el día 31 marzo, 1 de abril, aproximadamente”.

Su primer recuerdo es cuando le pidió a un médico que le pusiera al día de lo que le ocurría. “Cuando salgo del coma y soy consciente, le pregunto a un médico que pasa por allí cuánto tiempo llevo allí. Mi pensamiento era para la familia, cómo estarán en casa si yo estaba así. Necesitaba ver a mi familia, pero el doctor me dijo que estaban perfectos y que yo era el que estaba mal, que aunque quisiera no me iba a poder mover de allí”, explica Carlos. “Y así fue, me intenté incorporar y no tenia fuerzas, había perdido toda la masa muscular”, agrega. Después supo que una madrugada durante sus días en la UCI, su mujer Cristina recibió una llamada para autorizar que trataran con diálisis a sus riñones porque habían dejado de funcionar: «La dijeron que si no funciona esa noche, todo se acababa. Y funcionó”, dice emocionado.

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Aquel doctor, la primera persona con la que recuerda hablar tras despertar del coma, le facilitó la primera videollamada con su familia tras salir del coma. “Se pusieron los tres: mi mujer, mi hija y mi hijo… Fue emocionante”, reconoce. Durante nueve días, Carlos estuvo pegado al móvil —“cuando lo recuperé porque dio la casualidad de que había cambiado recientemente de móvil y mi hija lo bloqueó intentando activarlo cuando se acabó la batería después de ingresarme”, cuenta el vecino ripense— para hablar a diario varias veces con su familia hasta que el día 10 le dieron el alta. “Pude irme a casa porque tenía la suerte de tener una habitación en la que estar aislado y atendido”, explica.

Durante esos días de recuperación en el hospital Carlos conoció al director de Enfermería del Hospital Universitario del Sureste, con el que inmortalizó un momento histórico justo antes de volver a casa. “Me vio en la salida de Urgencias, vino a despedirse y me dijo si nos hacíamos una foto”, recuerda Carlos. “Dio la casualidad de que estaba de guardia y pasé por delante en el momento en el que se iba y pude despedirle”, apunta Enrique Caldevilla.

Enrique Caldevilla, director de Enfermería del Hospital del Sureste, y Carlos, el día que le dieron el alta tras pasar por la UCI del hospital debido a la Covid
Enrique Caldevilla, director de Enfermería del Hospital del Sureste, y Carlos, el día que le dieron el alta tras pasar por la UCI del hospital debido a la Covid (foto: cedida por Carlos)

La intrahistoria de una imagen para la historia

La foto tiene una intrahistoria detrás que parece sacada de un guion de película. La cuenta el director de Enfermería del hospital: “Soy vecino de Rivas desde el 2002, tengo muchos vínculos afectivos con la ciudad. Lógicamente, durante la pandemia, amigos y vecinos me preguntaban cariñosamente cómo estaba, fueron especialmente sensibles, y una de esas personas que me escribió fue mi compañero de padel de entonces, José. Le dije que estaba muy ilusionado porque el primer paciente de Covid-19 había salido de la UCI y veíamos luz al final del túnel. Él, en cambio, me dijo que estaba muy preocupado por un amigo suyo ingresado en el hospital”.

Eran días de escasa información para las familias de las personas ingresadas, a las que no podían visitar. “Cuando me dijo el nombre de Carlos me quedé paralizado y no dije nada, solo que iba a intentar saber algo más y que pudieron llamar a la familia, que era la forma de hacerlo por la protección de datos”, rememora Enrique Caldevilla, que en su fuero interno se sentía distinto porque sabía que esa historia podía tener un final feliz. “Busqué a Carlos en la zona de intermedios y se lo dije, que había hablado con su amigo José. Se emocionó. Estaba afónico por haber estado intubado tanto tiempo y seguía con oxigeno pero me dijo que sí cuando le ofrecí hacer una videollamada con nuestro amigo en común”, relata el director de Enfermería del hospital argandeño.

Aquella videollamada “fue un momento especialmente bonito”, reconoce Enrique Caldevilla, que el día 10 de abril, más de una semana después, pudo despedir a Carlos cuando salió por la puerta del hospital en silla de ruedas con destino a su casa en Rivas. “Al poco tiempo pudimos quedar los tres, comimos juntos y nos contamos la experiencia desde nuestros puntos de vista, y fue muy bonito porque esto es muy duro de pasar pero muy bonito de poder contar”, reconoce.

Carlos no se acuerda pero seguramente le contaría aquel día a su amigo José, la persona que le facilitó el teléfono con él pudo estar conectado Carlos con su familia hasta recibir el alta, y el director de Enfermería del hospital, cómo fue su llegada a casa: “Me estaba esperando Cristina, mi mujer, que fue quien peor lo pasó junto a mi hija. Me estaban esperando los vecinos, que aquí somos vecinos vecinos… fue muy emotivo, se me pone la piel gallina”, subraya el vecino ripense.

Hospital del Sureste
Hospital del Sureste (foto: Comunidad de Madrid)

Las secuelas del virus perduran en Carlos

No fueron ni mucho menos tan motivos los meses siguientes a su llegada a casa. Las secuelas del Covid-19 fueron muchas e intensas. “Salí del hospital con trombos en los pulmones, con oxígeno todavía, estuve tres meses con oxígeno y un mes y pico pinchándome heparina. Y di positivo en el virus hasta dos semanas después de volver a casa. A los nueve de baja, que tenían que haber sido más, pedí volver a trabajar porque ya no tenia trombos y yo no podía estar más tiempo parado”, expone.

Tal fue la gravedad del estado de salud de Carlos por el Covid-19 que algunas secuelas le siguen dando guerra cinco años después. “Tengo problemas respiratorios, poca capacidad pulmonar, tengo palpitaciones muy fuertes en las que parece que el corazón parece que se quiere salir, y también lapsus mentales aunque esto último ha mejorado mucho últimamente. Se me dañaron el hígado, los riñones , el páncreas, se me cayó muchísimo pelo y hasta se me partieron muelas por las secuelas… pero estoy trabajando afortunadamente y como me gusta mucho andar por el campo, esto me ha ayudado mucho”, señala Carlos.

El vecino de Rivas, pese a falta de recuerdos de los días en los que su vida corrió peligro, es plenamente consciente de lo que vivió. “Hablé con los médicos en alguna revisión posterior y me dijeron que podía decir bien alto que estoy aquí porque nunca he fumado y me he cuidado, que habían visto pulmones menos dañados por la enfermedad que ya no estaban aquí…”, dice.

Carlos, la primera persona que salió de la UCI de Arganda en la pandemia tras ingresar por Covid-19, cierra su relato con un recuerdo para todo el personal del Hospital Universitario del Sureste: “Me gustaría saludarlos a todos… se ganaron el cielo”, concluye.

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